SANGUINO (I)

8 junio, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El sanguino (Rhamnus glandulosa) pertenece a la familia de las ramnáceas y es un árbol pequeño de hasta 10 metros de altura.

Las hojas son alternas, simples, de color verde intenso, de forma ovadas con bordes aserrados, presentando glándulas pequeñas y prominentes en las axilas de los nervios.

La corteza es de color pardo oscuro, algo rojiza, con grietas verticales casi blancas. Cuando el árbol es adulto, de estas grietas mana algo de savia, que se vuelve rojiza, dando así nombre a esta especie.

Los frutos son una drupa globosa pequeña de hasta 5 mm. de diámetro, carnosos, de color rojo oscuro o negro brillante cuando maduran.

Las flores son pequeñas, de color amarillento, dispuestas en racimos axilares.

Este árbol habita en los bosques de laurisilva, en zonas degradadas o inferiores del mismo, donde puede ser localmente abundante, también en el fayal-brezal y en el pinar mixto hasta los 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar, distribuyéndose con mayor o menor abundancia por todas las islas canarias. Se reproduce fácilmente por semillas.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La magarza plateada tiene las hojas bi o tripinnatisectas, de color gris plateado, de ahí su nombre, muy tormentosas.

Flores muy vistosas y abundantes en el extremo de las ramas, floreciendo entre mayo y junio y fructifica en agosto, reproduciéndose por semillas, aunque su mantenimiento en cultivo resulta difícil, al menos en las zonas más bajas.

Es endémico de Gran Canaria, habitando en la zona central de la isla, entre los 1.300 y 1.800 metros de altura, en los bordes de la Caldera de Tejeda y en los Altos de Tirajana.

Por tanto se conocen dos poblaciones naturales en la isla, de extensión no demasiado grande, lo que conduce a aumentar su grado de amenaza. Como síntoma positivo, desde que se suprimió el pastoreo en la zona de los Riscos de Chapín, el estado de conservación de la especie ha mejorado.

Crece en laderas coluviales pedregosas y andenes de la zona alta montañosa, en los dominios del pinar seco, acompañada de otras especies como la retama amarilla (Teline microphylla), chaorra (Sideritis dasygnaphala y Carlina texedae.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La cresta de gallo del pinar (Isoplexis isabelliana) es una especie vegetal endémica de Gran Canaria, muy rara con escasas poblaciones aisladas y dispersas por la zona central y noroccidental de la isla, en los dominios del pinar y en peligro de extinción por lo que se encuentra incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, precisando de un plan de recuperación.

Se trata de una especie asociada al pinar canario, habitando entre los 600 y 1.600 m. de altitud, prefiriendo zonas cálidas, en áreas de elevada pendiente con suelo escaso y pedregoso, como Cazadores, Hoyas del Gamonal y Camareta, Cueva Grande, Llanos de La Pez, Riscos de Pino Gordo, Riscos de Tenteniguada, Riscos de Guayedra y Tirma. 

El hecho de tener poblaciones dispersas aunque escasas se puede interpretar como una reliquia botánica de una vegetación más abundante en tiempos pasados.  Es un arbusto de hasta 80 cm. de alto, ramificado con las hojas brotando de los extremos de las ramas, de forma estrechamente lanceolada, más o menos brillantes y con bordes aserrados.

Inflorescencias densas, formando racimos terminales y erectos, con flores de color rojizo oscuro y naranja que florecen de mayo a junio.

Frutos en forma de cápsula marrón que se abre con el calor veraniego, dispersando multitud de diminutas semillas.

Asimismo, es una planta de gran interés científico debido a su biología reproductiva, ya que los agentes en su sistema de polinización son los pequeños pájaros que comparten su hábitat, sobre todo el hornero o mosquitero canario (Phylloscopus collybita canariensis), el herrerillo común (Parus caeruleus teneriffae) y la curruca capirotada (Sylvia atricapilla obscura), atraídos por el abundante néctar de estas flores para completar su dieta.

Las crestas de gallo son utilizadas en la medicina popular por su poder anestésico en procesos odontológicos, para la diabetes y como cardiotónico.

FAYA (MORRELLA FAYA)

26 mayo, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La faya o haya (Morrella faya) es un endemismo macaronésico que además habita en algunas zonas del oeste de la Península Ibérica.

Este árbol pequeño puede alcanzar los 10 metros de altura. Pertenece a la familia de las miricáceas. El tronco es retorcido y presenta la corteza rugosa, de color parduzco.

Tiene una ramificación densa y follaje de tonos oscuros. Las hojas están dispuestas de manera alterna, de forma oblanceolada, de entre 4 y 12 cm. de largo, base cuneiforme (forma de cuña), bordes algo revolutos, ondulados y aserrados irregularmente, y de color verde mate y coriáceas (correoso) al tacto.

Flores dioicas, floración abundante en amentos ramificados y alargados, las masculinas de color amarillento. Las flores femeninas son menos visibles al estar escondidas bajo las hojas, agrupándose de forma menos apretada que las masculinas.

Frutos globosos en forma de drupa, de color rojizo a negro al madurar, conocidos como “creces”, con una superficie carnosa, áspera y cerosa. Estos frutos de algo más de 5 mm. de diámetro son comestibles.

 

Es una especie muy abundante en el monteverde o laurisilva, desde los 500 hasta los 1.600 m.s.n.m., alcanzando su climax en el fayal-brezal, junto al brezo, formando masas forestales monótonas, también en los bosques de laurisilva degradados, y menos frecuente en el pinar mixto y barrancos húmedos fuera de hábitat potencial.

Se distribuye por todas las islas canarias, siendo muy rara en Fuerteventura y Lanzarote.

Un pariente de la faya es la faya herreña (Myrica rivas-martinezii), arbolillo muy raro, considerado como el árbol más raro de Canarias, que se diferencia de la faya común en que tiene las hojas espatuladas y los bordes menos aserrados que su pariente próximo.

 

Se conocen poblaciones residuales en La Palma, La Gomera y El Hierro, habitando entre los 400 y 800 m.s.n.m.

 

También es un árbol dioico (ejemplares masculinos y femeninos por separado), de hasta 8 metros de alto, muy ramificado, con las últimas ramificaciones dispuestas a modo de umbela, con hojas pequeñas y espatuladas, aunque las hojas jóvenes son de forma aovada.

La población más abundante de las tres conocidas se encuentra en El Hierro, correspondiendo a formaciones climácicas de fayal-brezal en estado óptimo, en situación de contacto con pinares potenciales dentro del Parque Rural de Frontera.

Los escasos ejemplares de La Gomera y La Palma, se localizan, respectivamente, en la zona de preparque del Parque Nacional de Garajonay, y dentro del Parque Natural de Las Nieves.

 

BENCHIJIGUA (LA GOMERA)

24 mayo, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El hábitat rupícola formado por abruptos y verticales paredones encuentra en la Reserva Natural Integral de Benchijigua una óptima representación, limitando enforma de herradura la amplia cabecera del Barranco de Santiago. En este espacio protegido reside una alta concentración de especies botánicas endémicas y amenazadas, muchas de las cuales están protegidas, como una especie de chahorra (Sideritis marmorea), el taginaste azul gomero (Echium acanthocarpum) o una especie de siempreviva (Limonium redivivum).

Por otro lado, los acantilados y el pitón basáltico de Agando, una antigua chimenea volcánica que emerge en la cabecera del largo y amplio Valle de Santiago, son elementos geomorfológicos representativos, singularizados del paisaje y de elevado interés científico y estético.

Existen varias rutas senderistas como la que une el Roque Agando con el caserío de Benchijigua, en el fondo del Valle de Santiago:

La senda desciende de forma pronunciada desde lo alto de la divisoria entre el Barranco de La Laja y el de Santiago, al lado del Roque de Agando, entre paredes invadidas de pinos canarios, árboles que también nos acompañan durante el primer tramo de la bajada, además de escobones, margaritas, chaorras y tajinastes gomeros.

Más abajo este bosque se abre y los pinos se van entremezclando con las esbeltas palmeras canarias, configurando un genuino entorno gomero formado por roques, paredones laterales que limitan la cabecera del Barranco de Santiago y extensos palmerales, recordándonos que estamos en una isla surcada por profundos tajos que surgen desde las cumbres insulares, tajos que albergan extensos palmerales; y es que barrancos y palmerales parecen formar una unidad indivisible en la isla colombina. Cerca de la ermita de San Juan y de las casas típicas canarias que se agrupan en el bucólico y entrañable caserío de Benchijigua, el paisaje resulta sumamente atractivo. Parece un oasis de palmeras flanqueado por escarpadas paredes laterales, las cuales encierran el Valle de Santiago y se encuentran separadas a una considerable distancia la una de la otra. Dando un vistazo atrás, el Roque Agando domina en lo alto con su atrevida y espigada silueta, formando un fondo incomparable sobre las palmeras que hemos dejado atrás y de paso un lugar donde guardar los más profundos sentimientos senderistas y nostálgicos. Pocos valles gomeros pueden presumir de este mágico, genuino, encantador, entrañable y señorial marco paisajístico que muestra la armonía entre el hombre y la naturaleza, ya que a pesar de encontrarse ésta parcialmente humanizada, la ocupación humana no corrompe la admirable belleza natural, sino que más bien se suma a ella

Desde el conjunto de casas (algunas dedicadas a turismo rural) que se agrupan en Benchijigua se puede continuar bajando por el fondo del Barranco de Santiago hasta el siguiente caserío de Lo del Gato, y aún más abajo hasta Pastrana, donde comienza el asalto que nos conduce a Playa Santiago, en la costa sur de la isla.

Desde las casas de Benchijigua, otra opción es salir del Barranco de Santiago por Las Toscas siguiendo una larga pista forestal que nos saca por la vertiente oriental, ruta que permite apreciar la amplitud del valle y de su cabecera.

Otra posibilidad es abandonar el barranco por la vertiente occidental del tajo, ascendiendo a la cresta que lo divide del vecino Barranco de Guarimiar, a la altura de las casas abandonadas de Lasadoy, con posibilidad de luego ir a Imada o seguir subiendo recorriendo un camino que nos devuelve a las cumbres insulares cercanas a Tajaqué, en la parte más elevada de la cabecera del Barranco de Santiago, completando de esta manera un inolvidable circuito montañero con maravillosas, completas y extasiantes panorámicas.

Desde las cumbres de Tajaqué un corto y nuevo sendero nos conduce al mirador del Morro de Agando, atravesando la carretera de la cumbre mediante una pasarela a modo de puente sobre la calzada, mirador que nos ofrece aún más espectaculares panorámicas sobre los roques de Agando, La Zarcita, Carmona y Ojila, grisáceos y basálticos pitones que afloran del extenso manto verde del bosque de Garajonay que los rodea, y de los Barrancos de Santiago y de La Laja profundizándose y alargándose en diferentes direcciones.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Hierba perenne, leñosa y muy ramificada desde la base, de hasta 1.5 m. de alto.

Hojas opuestas, pubescentes, de forma oblongo-lanceolada, obtusas y los bordes toscamente dentados.

Inflorescencias erectas, frecuentemente ramificadas por la base, de color azul-morado, a veces blanca, con el lóbulo medio del labio inferior más largo que los laterales.

Habita en la zona subalpina de Las Cañadas del Teide, entre los 2.000 y 2.500 m.s.n.m., y también en las Cumbres de la Caldera de Taburiente.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es una especie fisurícola que habita en grietas de riscos y rocas antiguas, siendo un endemismo exclusivo de Gran Canaria, en la zona oeste y noroeste de la isla y en altitudes comprendidas entre los 400 y 800 metros.

El cabezón de Gran Canaria es un arbusto de hasta 3 metros de alto y con tallos leñosos. Las hojas de forma lanceolada, algo coriáceas y frecuentemente pegajosas, con los bordes dentados o aserrados. Flores vistosas de color rosado-morado, sobre apéndices largos, floreciendo normalmente entre abril y julio, fructificando durante el verano.

Esta especie, al igual que otras representantes del mismo género, presenta poblaciones muy localizadas y con reducido número de individuos.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Dracaena tamaranae o drago de Gran Canaria, es una especie vegetal endémica de la isla de Gran Canaria, emparentada con el drago, Dracaena draco, y otras especies de Dracaena del este de África. Desde 1972 (Günther Kunkel) se han identificado ejemplares de drago en Gran Canaria con ciertas peculiaridades. Estos inicialmente fueron identificados como ejemplares de Dracaena draco. Sin embargo, un estudio más detallado y su cultivo permitieron reconocer que se trataba de una especie diferente. Fue descrita por primera vez en 1998 por F. Marrero, A. Almeida, R.S. & Gonzalez-Martín.

Descripción:

Este drago tiene hojas rígidas, acanaladas, aguzadas hacia la punta y de un color más azulado y grisáceo que las de D. Draco. Su porte es menos denso y ramificado, alcanzando más de 8 metros de altura. La corteza es amarillo-grisácea y algo lustrosa. Las inflorescencias, de color verde blanquecino, se disponen en una inflorescencia ramificada de hasta 80-100 cm de larga. Las semillas son globosas y ligeramente comprimidas de unos 6-7 mm de diámetro.

Muestra similitudes con especies del este de África, como Dracaena ombet y Dracaena schizantha, y de Arabia, como Dracaena serrulata. Se cree que la especie podría haber llegado a Canarias durante el periodo Mioceno.

Familia: Agavaceae.

Género: Dracaena.

Se trata de una variedad de drago descubierta mucho antes de que fuera descrita como nueva especie endémica de Gran Canaria en noviembre de 1999. Presenta marcadas diferencias con sus parientes más cercanos, el conocido ‘Dracaena draco’, con el que se había confundido hasta ahora, dada la inaccesibilidad de los escasos ejemplares existentes en la Isla. De hecho, se conocía la presencia de dragos silvestres en Gran Canaria desde principios de los años 70 del siglo XX. Fue descubierto por Kunkel en los riscos y escarpes del suroeste grancanario, sin que, como se ha dicho antes, hasta 1998 se confirmara que se trataba de una especie diferente.

Diferencias con Dracaena draco: Hojas acanaladas, de color más azulado y grisáceo, aún en ejemplares juveniles. Inflorescencia más ramificada. Flores con diferentes características. Rutas y semillas más pequeñas. Guarda mayor similitud con especies del este de África y Arabia, mientras que D. draco las tiene con el drago de la isla de Socotra, en el Océano Índico.

Distribución y hábitat:

Los dragos encontrados están en el suroeste de la isla de Gran Canaria, en zona más xérica de la habitual para Dracaena draco.

El drago de Gran Canaria se ha descrito como propio de las comunidades vegetales termo-esclerófilas, de la región tropical-subtropical. Son realtivamente xerofilos, habitando zonas con precipitaciones de entre 200 y 500 mm anuales. Los ejemplares encontrados se localizan en las zonas geológicamente más antiguas de la isla, en riscos y paredes de barrancos del sur y suroeste de la isla, generalmente inaccesibles. Estas zonas albergan restos de sus ecosistemas originales: sabinar y jarales. En ellas convive con especies como sabinas, jaguarzos, acebuches, pinos, etc.

Se encuentra en peligro de extinción y figura en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

Cultivo:

Debido a la escasez de ejemplares aún no es posible su cultivo fuera del ámbito científico. Se recomienda, sin embargo, no introducir ejemplares de D. draco en la zona susceptible de albergar o ser reforestada con esta especie.

Taxonomía:

Dracaena tamaranae fue descrita por Marrero Rodr., R.S.Almeida & Gonz.-Mart. y publicado en Botanical Journal of the Linnean Society 128: 294. 1998.1.

Etimología:

Dracaena: nombre genérico que deriva del griego drakaina = “dragón” refiriéndonos a la “Dracaena draco”. Este árbol en la población local de la Islas Canarias, fue considerado un dragón y le atribuyeron propiedades mágicas.

Tamaranae: relativo a Tamarán, nombre aborigen atribuido a Gran Canaria.

Con toda seguridad son muy pocos los canarios y por ende los surgrancanarios que tienen conocimiento de que, refugiados en los riscos más inaccesibles del sur de la isla, quedan los únicamente 79 ejemplares que existen en el mundo en estado silvestre del Dracaena tamaranae, una nueva especie de drago, que fue descrita por primera vez en 1998 por Aguedo Marrero, Rafael Almeida y Manuel González Martín.

Es por todo ello que siguiendo la filosofía de nuestro blog, exponemos estas breves líneas con el fin de difundir este descubrimiento y sensibilizar a los lectores, sobre el valor del mismo.

Aunque los especÍmenes ya eran conocidos desde hacía tiempo, se observó que eran diferentes de los de la especie habitual de las islas, la dracaena draco, el drago común, especie mundialmente conocida.

Así, en la década de los 60 del pasado siglo los grupos montañeros Grupo Universitario de Montaña y Grupo Montañero de San Bernardo los habían localizado en los barrancos del sur y suroeste de la isla, lo que comunicaron a Günther Kunkel, el célebre naturalista y botánico alemán, quien los dio a conocer en distintas publicaciones de 1972 y 1973, aunque como hemos indicado, identificándolos con el drago común.

Hasta la fecha se conocía la existencia de cinco especies distintas de dragos, que únicamente sobrevivían en estado silvestre en las islas de la Macaronesia y en el noreste de África, en el entorno del Mar Rojo y en la isla de Socotora en el Océano Índico, en el borde oriental del continente.

Es en 1762 y 1767 es cuando el célebre naturalista Linneo describe al que conocemos como drago común. Las otras cuatro especies de dragos se describen en la segunda mitad del s. XIX, resultado de las diversas exploraciones realizadas en el este de África, consecuencia de la expansión colonial inglesa en plena época victoriana, que alcanzó en esas fechas su máximo apogeo.

El drago común, que también recibe otros nombres en castellano como dragón, drago macaronésico, drago canario, drago de África, dragonero, árbol de la sangre de drago, árbol del drago o árbol gerión es un árbol que puede alcanzar alturas hasta de 15 y 20 metros, bastante escaso en su medio natural y que vive en los archipiélagos de la Macaronesia: en las islas de Cabo Verde, Canarias y archipiélago de Madeira.

Poco antes de darse a conocer el drago grancanario, se había descubierto en 1996, una subespecie del drago común en Marruecos, donde se localizó, refugiado en inaccesibles riscos del Anti-Atlas Marroquí, al igual que el drago de Gran Canaria.

Este descubrimiento replanteó a su vez el origen de unos dragos existentes en Gibraltar, que se creían llevados allí desde las islas, de los que actualmente se sospecha que pudieran ser un remanente de poblaciones silvestres habidas en tiempos pasados y se les encuadra dentro de la subespecie marroquí que recibe el nombre de científico de dracanea draco aigal

Lo paradójico del drago de Gran Canaria, es que tiene más similitudes con los dragos del Océano Índico, que se encuentran a muchos miles de kilómetros, que con los del drago común de la Macaronesia.

Este hecho refrenda un origen único de estas especies calificadas en otra época de antidiluvianas, origen que se debió situar en el actual desierto del Sahara, en otros tiempos constituidos de selvas y bosques de laurisilvas.

Fotos tomadas en los Andenes de Cortadores (Barranco de Arguineguín) y en jardín canario Viera y Clavijo.

INFORMACIÓN Y TEXTO OBTENIDO DEL JARDÍN CANARIO VIERA Y CLAVIJO, DE WIKIPEDIA Y DE PABLO GUEDES GONZÁLEZ.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este impresionante barranco surge del bosque de Garajonay en el sector suroccidental del parque nacional y es uno de los tres que desembocan en el de Valle Gran Rey aguas abajo. 

El Barranco del Agua adquiere su verdadera personalidad en un lugar situado entre los pueblos de El Cercado y Las Hayas. El salto existente en el lecho del barranco por debajo de El Cercado es sobrecogedor, divide el tajo en dos mundos antagónicos, como si fuera un punto de discontinuidad espacial en la faz de este planeta y en el propio barranco: por encima de dicha caída, el barranco se disfraza de suave y verde vaguada invadida por la vegetación; por debajo de ese brutal y vertical desplome de cientos de metros, dirigido al centro de La Tierra, el barranco parece que fue abierto a hachazos o producto de un desplome masivo súbito. Pensándolo bien, el susodicho salto debe tener un nombre que por más que busco en el mapa no lo encuentro

 

Si empezamos a caminar en El Cercado, podemos descender hasta el fondo del valle de Valle Gran Rey por la ladera sur de este descomunal tajo. A pesar de andar siempre con un ojo puesto en esa tremenda herida en la piel de La Tierra, que se abre al otro lado del camino, éste es bastante ancho, pues fue hecho para las bestias y además está empedrado, lo que nos hace ver su uso tradicional.

Algunas palmeras, formando pequeños grupos, piteras, sabinas y más arbustos se aferran a los verticales paredones que parecen advertirnos de la nota de vértigo que presenta aquí la vida mostrándonos las huellas de desprendimientos recientes. Parece mentira que por estas laderas existan caminos que comunican las poblaciones del fondo del valle con las de las alturas.

Al final, entre bellos y densos palmerales, el sendero llega al barrio de La Vizcaína, abandonamos los dominios de este barranco de corto pero intenso recorrido, y penetramos en la parte más baja, ensanchada, poblada y fértil del valle, donde los bancales han domesticado las verticales laderas del barranco para cultivos agrícolas, algunos de ellos actualmente abandonados.

Para volver a El Cercado, se puede subir por el camino del Lomo de la Laja, que comienza en el Retamal, a poca distancia de La Vizcaína, el cual asciende por la otra ladera del cañón. Nos dirigimos a ese lugar por asfalto.

La senda asciende de forma zigzagueante, empedrada y empinada, sobre todo al principio, y por supuesto, según se gana altura, las panorámicas del fondo del valle ganan en interés paisajístico, con la depresión enfocada al litoral y al océano, litoral flanqueado por sendas y empinadas vertientes, con los acantilados de Teguerguenche y La Mérica a cada lado, antes de que el Barranco de Valle Gran Rey muera plácidamente en el mar. Nos sentimos espectadores de excepción, como si estuviéramos cerca del palco presidencial que parece dominar este encantador paisaje en el que las dispersas y variadas infraestructuras humanas repartidas por el fondo quedan empequeñecidas frente a la magnitud vertical de las paredes del valle abierto a nuestros pies.

En la parte alta del barranco, mientras transitamos por el borde norte del Barranco del Agua, ya en suave subida en dirección a Las Hayas, se distingue el camino de bajada por la vertiente opuesta, y por supuesto, la vista se recrea en las entrañas de La Tierra siguiendo una angosta y larga fisura en el fondo del descomunal tajo, tapizada de una hilera frondosa y verde y, cómo no, en las fugas, cortados y andenes que dan forma a un impresionante imperio vertical que se adueña de este barranco de ensueño y de paso conquista nuestros sentidos y pensamientos.

En el tramo final, atravesamos la parte alta del barranco, por encima y a poca distancia de unas palmeras que embellecen el cañón y del salto al abismo comentado al principio de la ruta, que no solo hace que el barranco deje una marcada huella en la corteza terrestre, sino también en las retinas y en la memoria del senderista.

LAUREL I

14 mayo, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El laurel canario (laurus novocanariensis) es un árbol perteneciente a la familia de las lauráceas, al igual que el barbusano, viñátigo y el tilo. Es un endemismo macaronésico que puede alcanzar los 20 metros de altura, cuyo tronco es bastante ramificado desde la base. La corteza es grisácea o parduzca, más bien lisa pero presentando lenticelas (pequeñas protuberancias).

 

Hojas lanceoladas, en disposición alterna, con el margen entero, acabando en punta aguda, presentando pequeñas glándulas a ambos lados y a lo largo del nervio central, de color verde oscuro por el haz y más pálidas por el envés, y de hasta 10 cm. de largo y 3 cm. de ancho. Estas hojas son menos aromáticas y más amargas que las del laurel tradicional (Laurus nobilis), aunque también pueden emplearse como condimentos en las comidas.

 

Las flores son dioicas, de color blanco-amarillentas, vellosas, dispuestas en grupos, tanto las masculinas como las femeninas.

 

Fruto ovoide de 1 a 1.5 cm. de longitud, de color negruzco brillante en la madurez.

 

Esta especie da nombre a los bosques de laurisilva (bosque de laureles) del archipiélago canario. Es una de las especies más comunes y un árbol característico de la laurisilva, encontrándose, además, en el fayal-brezal, pinar mixto y barrancos húmedos situados fuera de hábitat potencial, el cual se localiza entre los 500 y 1.000 metros de altitud de las fachadas influenciadas por el manto de nubes originado por los vientos alisios, en las islas de mayor relieve. En Canarias se distribuye por todas las islas excepto Fuerteventura y Lanzarote.

 

Al igual que otras especies ligadas al monteverde canario, como el viñátigo, barbusano, palo blanco y sanguino, se reproduce fácilmente por semillas.