Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Algafitón de La Aldea es un arbusto pequeño con hojas compuestas imparipinnadas, hojuelas glaucas, bordes aserrados, con estípulas grandes, dentadas y lacinadas.

 

Flores monoicas, con las femeninas en la parte superior de la espiga y las masculinas por debajo.

 

Florece en verano y fructifica en septiembre-octubre, reproduciéndose bastante bien por semillas y esquejes.

 

Frutos en forma de pequeña nuez, cuadrangulado y dura, mayores, de hasta 5 mm., que en el pariente D. menendezii.

Es un endemismo muy raro de Gran Canaria, limitado a la región oeste de la isla, habitando entre los 300 y 500 m. de altura, con un hábitat de distribución muy restringido y muy pocas localidades conocidas.

 

Tiene carácter rupícola, creciendo en grietas de paredes rocosas basálticas, lo que contribuye a su conservación natural, a pesar de lo cual se encuentra en peligro de extinción, siempre en la zona alta del cardonal-tabaibal, frecuentemente acompañadas de chaorras, coles de risco y otras especies rupícolas.

Al igual que el Algafitón de Tamadaba, tiene gran interés científico desde el punto de vista evolutivo y biogeográfico.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La adelfa o tabaiba de monte es una Euphorbiácea de porte arborescente, propia de las zonas más profundas y húmedas de los bosques de laurisilva, y que llega a alcanzar 10 metros de altura.

Tiene la corteza lisa y gris. Ramas largas y frecuentemente arqueadas, en cuyas puntas se agrupa el ramillete de hojas terminales, cuya forma es estrechamente lanceolada, de obtusas a agudas, con nervio principal bien marcado, y de color verde intenso por el haz, más apagado por el envés.

Inflorescencias también terminales y de forma paniculadas, poco vistosas.

Fruto en forma de cápsula grande y semilla con una carúncula sésil, en forma de plato.

Es endémica de Madeira y Canarias, reconociéndose en generalmente dos variedades.

En Canarias está presente de manera testimonial y sumamente rara en las islas de La Gomera, La Palma y Tenerife, estando por tanto en peligro crítico de extinción.

VOLCÁN CHINYERO (TENERIFE)

28 septiembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Desde el pueblo de San José de Los Llanos, un sendero asciende hasta el Volcán Chinyero, la última erupción ocurrida en Tenerife, en el año 1909.

Al principio la senda transcurre por pinar mixto, para luego empobrecerse a medida que nos acercamos a la zona volcánica de la Montaña Negra, que es una oscura zona de lapilli, antesala del Chinyero, el cual se encuentra rodeado por sus ásperos y siniestros malpaíses situados un poco más arriba.

Al abrirse el pinar en la extensa piconera que rodea la Montaña Negra, el estratovolcán Teide-Pico Viejo luce en todo su esplendor, coronando este inmenso campo minado de volcanes que es la dorsal volcánica de Abeque, la cual se alarga hasta la base oeste del Pico Viejo.

Poco después llegamos al circuito senderista que rodea el Volcán Chinyero, pasando por extensas zonas de lapilli y por malpaíses vomitados por el desfigurado cono, sobre todo la vertical fachada oriental del cráter, y de esta manera andando sobre el terreno geológicamente más joven de Tenerife.

Estos volcanes y el pinar que va reclamando sus antiguos dominios, bosque que forma oasis vitales en medio de la desolación volcánica, constituyen una hilera de contraste entre el verde y el negro, a la vez que entre la vida y la destrucción, hilera que alcanza hasta la base del complejo Teide-Pico Viejo, edificio volcánico que se contempla formando una bella estampa detrás del Chinyero y de los ríos de lava petrificada que vamos pisando mediante un sendero bien marcado.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Montañón Negro y la caldera de los Pinos de Gáldar constituyen dos estructuras geomorfológicas bien conservadas, de gran singularidad e interés científico y representativas del volcanismo insular. Desde el punto de vista paisajístico, el Montañón Negro es una formación natural de gran belleza que domina y da carácter a la zona como elemento referencial.

El Montañón Negro es uno de los volcanes más recientes de Gran Canaria, alzándose sobre los Pinos de Gáldar, en la parte alta de la vertiente norte de la isla, a unos 1.616 m.s.n.m., diferenciándose de la Caldera de Los Pinos de Gáldar por el aspecto estromboliano, más fluido y menos explosivo que aquella, hecho que queda patente por la forma del cráter de la caldera.
Un sendero parte de Fontanales y asciende hasta dicha zona volcánica pasando por las verdes colinas de Pavón.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es un camino alternativo al sendero del Aserrador que también une el caserío de Ifonche con Adeje, y de la misma manera se trata de un sendero con un gran interés geológico y botánico.

Desde Ifonche la senda se acerca al borde oriental del Barranco del Infierno, divisando su parte más espectacular, encajonada y profunda, junto a una casa de labranza y una era. Poco más abajo el sendero penetra en la parte superior de la vertiente oriental del tajo y sin llegar a descender demasiado se alcanza una degollada (en la que aflora una colada pumítica o de jable) junto al Roque Abinque, que es un potente escarpe vertical que surge súbitamente desde lo más profundo del Barranco del Infierno. Algunos brezos, además del pinar, junto a bicácaros, escobones, cerrajas, tabaibas mejoreras, magarzas, tajinastes, cardoncillos y multitud de plantas rupícolas encuentran refugio en las empinadas laderas del barranco.

Desde aquí el encajonado tajo hunde nuestra mirada en el abismo, mientras en su vertiente opuesta unos curiosos acantilados estriados adornan la pared.

Mirando en sentido opuesto y fuera de los límites del Barranco del Infierno se contemplan los escarpes del Roque de Los Brezos, Nariz de García, Imoque y Roque del Conde, constituyendo los roques más emblemáticos del Macizo de Adeje, que junto a los macizos de Anaga y Teno son las zonas más antiguas desde el punto de vista geológico.

La senda, en algunos puntos algo confusa y derruida, sigue descendiendo, bordeando las laderas oriental y sur del Roque Abinque, y pasa sobre una profunda y angosta garganta enfilada hacia la zona baja del municipio de Adeje. Además diques, roques, almagres y arcos quedan al descubierto por procesos erosivos acontecidos durante varios millones de años, todo ello en un paisaje de gran desnivel que contrasta con la plataforma costera divisada al fondo, zona sumamente urbanizada a lo largo y ancho de todo el suroeste insular. 

El pinar ha quedado atrás y van apareciendo árboles aislados propios del bosque termófilo como sabinas, acebuches y almácigos, y arbustos como guaydiles, granadillos, cornicales y jaguarzos que finalmente se entremezclan con la vegetación xerófila del cardonal-tabaibal dominante en la zona baja de la isla.

En la parte final del descenso, después de que el sendero vuelva a aproximarse al borde del Barranco del Infierno pero sin llegar a alcanzarlo, y de atravesar un canal, el camino seguido da paso a una pista agrícola que nos conduce hasta un parque próximo al cementerio, a la entrada del pueblo de Adeje.

PALO BLANCO I

3 agosto, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Palo blanco (Picconia excelsa) es un árbol de corteza blanquecina de hasta 10 metros de altura

Tiene las hojas opuestas, simples, enteras, obovadas o lanceoladas, glabras y coriáceas, bordes revolutos y de color verde oscuro.

Flores hermafroditas de color blanco pálido, pequeñas y agrupadas en racimos terminales.

El fruto es una drupa ovoide negra en la madurez de hasta 2 cm. de longitud.

Este árbol es un endemismo macaronésico que normalmente forma parte de los bosques de laurisilva, localmente dominante en las zonas inferiores del monteverde, apareciendo también en el fayal-brezal y en el pinar mixto. Pertenece a la familia de las Oleáceas, su reproducción resulta sencilla y en Canarias se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El oro de risco es un arbusto alto, muy ramificado y deciduo de hasta 3 -5 m. de alto con flores amarillas grandes y hojas trifoliadas, cada hojuela tiene forma lanceolada o estrechamente ovada, de unos 5 o 6 cm. de largo.

Flores amarillas grandes, abundantes y llamativas, con líneas rojizas sobre el estandarte, floreciendo entre diciembre y enero.

Fruto en forma de legumbre grande, de color marrón claro al madurar aproximadamente en abril y mayo, indehiscente, con las semillas separadas por tabiques.

Es un arbusto raro de la zona media o baja, habitando entre los 200 y 800 m. de altitud sobre el nivel del mar. En ninguna de las 4 islas donde habita (Gran Canaria, Tenerife, La Palma y La Gomera) es abundante y solo es posible observar ejemplares aislados en zonas sometidas a actividades humanas como pastoreo y roturaciones, además la mayoría de las poblaciones están fuera de áreas protegidas, lo que pone en peligro su supervivencia.

Está ligada a los bosques termófilos de sabinas y acebuches y más raramente en zonas de transición a pinares secos en las vertientes meridionales.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este arbusto o arbolillo (Maytenus canariensis) recibe este nombre porque recuerda a un pequeño peral. Pertenece a la familia de las celastráceas y es un endemismo canario. Puede alcanzar los 5 metros de altura en condiciones óptimas de suelos ricos y con suficiente humedad. El tronco, bastante ramificado desde la base, posee una corteza rugosa de color gris claro con finos pliegues tranversales paralelos, largos y muy juntos. Brotes de ramas jóvenes de color rojizo. Las hojas jóvenes son de color verde pálido y verde oscuro las viejas, correosas, coriáceas, brillantes, de forma redondeada con ápice obtuso a retuso y borde algo serrulado o aserrado. Las flores son pequeñas, de color amarillo-verdoso pálido y abundantes alrededor de las ramitas formando inflorescencias cimosas. Frutos en forma de cápsulas globosas triloculares (se abren en tres partes al madurar o en los días de calor), de color verdoso o marrón claro, muy parecidos a garbanzos, que contienen varias semillas de color marrón-castaño, ovaladas, con un arilo (a modo de envoltura) blanco y lanudo, formando una copa basal.

 

El peralillo es un ejemplo de árbol de ambientes termófilos y de las zonas más bajas de los bosques de laurisilva, también en zonas bajas y medias de barrancos orientados a los vientos alisios, bastante más raro en riscos y barrancos orientados al sur y oeste, habitando entre los 200 y 800 m.s.n.m. En general se trata de una especie dispersa y poco común que se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote. Su crecimiento es más bien lento, soporta bien las podas y su reproducción por semillas es algo difícil.

 


Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto de hasta 2 metros de alto. Hojas compuestas, grandes, pecioladas y lanudas con pelos rizados; hojuelas anchamente lanceoladas a ovadas, obtusas, con nervios muy acentuados y los bordes revolutos hacia el envés.

Inflorescencias terminales densas con el cáliz campanulado y de color amarillo. Florece de febrero a abril.

Fruto en forma de legumbre vellosa grisácea y con una alta producción de semillas.

La retama peluda es un endemismo de la isla de Gran Canaria en estado crítico de conservación. Cuenta con 2 poblaciones con escaso número de individuos, una de ellas de un tamaño ínfimo, y en total no cubren una superficie superior a una hectárea. 

Sus poblaciones potenciales se sitúan en comunidades rupícolas del margen superior del bosque termófilo, en zonas de dominios de acebuchales y lentiscos, en la región nordeste de la isla, viviendo entre los 550 y 700 metros de altitud.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La sabina (Juniperus turbinata sp. canariensis) es una subespecie endémica de Canarias, perteneciente a la familia de las cupresáceas. Es un arbusto o árbol pequeño de crecimiento lento y muy longevo que puede alcanzar hasta los 8 metros de altura en las condiciones más favorables, aunque lo normal es que no supere los 2 o 3 metros de alto.

Su tronco es muy ramificado y frecuentemente retorcido, con una corteza marrón-rojiza cuando es joven, la cual se torna grisácea, agrietada y quebradiza al envejecer.

La copa es muy ramificada, adquiriendo un porte achaparrado en las zonas ventosas.

Las hojas son escuamiformes, disponiéndose a modo de escamas imbricadas, cuya forma es más o menos triangular, muy apretadas junto a las ramitas, aromáticas y de color verde intenso en la madurez.

Es un árbol monoico. Tanto las flores masculinas como las femeninas son muy pequeñas y poco llamativas; las masculinas son pequeños conos pardo-amarillentos que aparecen en el ápice de los brotes de las ramas nuevas. Las flores femeninas son conos de color verde pálido, sentados sobre ramillas cortas.

Los frutos son parecidos a una baya globosa o esféricos, de aproximadamente un centímetro de diámetro, de color rojizo, rojo oscuro o marrón cuando maduran, conteniendo en su interior un número que varía entre 4 y 10 semillas ovoides. Algunas aves, como el cuervo, al ingerir los frutos, favorece la diseminación y germinación de las semillas al pasar por su potente tracto intestinal. Al margen del cuervo, con el que la sabina muestra una simbiosis especial, para el éxito de su reproducción se requiere dar un tratamiento químico a las semillas, por lo que su germinación es lenta y difícil.

En Canarias esta especie se encuentra en las islas centrales y occidentales, formando parte de la vegetación termófila, en las medianías bajas del territorio insular, por encima de la vegetación del piso basal (cardonal-tabaibal), y a menor altura que el pinar o el monteverde, dependiendo de la orientación dentro de cada isla. Debido a la casi total desaparición de estos bosques termófilos, es frecuente encontrarla de forma aislada o formando pequeños grupos, en laderas de barrancos y riscos inaccesibles de la zona media, también rara vez en la zona de cumbres de las islas más elevadas. Lugares como Afur (Tenerife), La Dehesa (El Hierro) o Vallehermoso (La Gomera), especialmente éste último, son ejemplos de bosques termófilos bien conservados, donde es la propia sabina la que domina este espacio arbóreo de carácter abierto.