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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Desde Vilaflor, a casi 1.500 metros de altura, el sendero de Gran Recorrido tinerfeño prosigue su avance hacia las cumbres insulares. Un poco por encima del pueblo, se adentra en los extensos pinares chasneros a través de la conocida pista de tierra de Madre del Agua, pero sin llegar al citado campamento, un desvío señalizado permite acortar camino mediante una senda que en primer lugar nos conduce al pintoresco Paisaje Lunar, donde unas vistosas y pálidas agujas pumíticas, producto de la erosión llevada a cabo por los agentes atmosféricos, contrasta con el pinar y los roquedos circundantes.

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Seguimos ascendiendo por la vertiente sur de la volcánica Montaña de Las Arenas, aumentando la inclinación del sendero para llegar a una zona mucho más abierta y volcánica por donde la subida parece interminable y muy cansina, dejando la loma antes citada al oeste, la cual se eleva bajo la vertiente sur de la Montaña Guajara y a la cual nos acercamos. No hay que subirla sino flanquearla por el este en dirección a la Degollada de Guajara, lugar en el que nace un gran barranco que arruga y serpentea hasta la costa sureste de la isla, el Barranco del Río, y divisoria natural entre los municipios de Arico y Granadilla de Abona.

Desde la Degollada de Guajara ya se divisa la plenitud de la Caldera de las Cañadas del Teide y el alargado anfiteatro que la rodea por el sur, entre la Montaña del Cedro al oeste y la Montaña Cerrillar a oriente.

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Una alternativa no menos espectacular a este tramo desde Vilaflor es ascender a la redondeada Montaña de Las Lajas desde el campo de fútbol del pueblo, siempre por senda entre pinar maduro, lo que permite, además de transitar por caminos menos frecuentados, apreciar el atractivo etnográfico al pasar junto a viejos refugios pastoriles y pinos resineros, distinguibles por la oquedad en el tronco y de los cuales se obtenía resina como combustible antiguamente.

Se atraviesa el Barranco del Cuervo antes de la subida inclinada a la Montaña de Las Lajas, la cual ofrece unas vistas de ensueño de la costa y medianías del suroeste de Tenerife, con los roques del Macizo de Adeje resaltando ladera abajo, y el inmenso pinar que hemos dejado atrás.

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Desde la zona recreativa de Las Lajas no queda más remedio que continuar un pequeño tramo por carretera en dirección a Vilaflor, hasta llegar a un refugio junto a la calzada y un camino que seguimos, subiendo hacia el Sombrero de Chasna, una amesetada loma a las puertas de las cumbres del Anfiteatro de Las Cañadas. Resulta fácil su coronación, quedando todo el sur insular a nuestros pies. Retomando el sendero, llegamos por fin al borde del Circo de Las Cañadas, divisando la espectacular Caldera de Las Cañadas que se desploma vertiginosamente desde aquí arriba, en una panorámica que abarca desde los Roques del Cedro al oeste hasta la cima de Guajara al este, la cota máxima de este espectacular, empinado y erosionado arco montañoso. Todo lo que hasta ahora era ascenso continuado y más o menos llevadero entre pinares, retamares y codesares se desploma casi de golpe y de forma abrupta hacia la vertiente norte en una brutal caída de unos 400 metros de desnivel por término medio, reteniendo el aliento ante la grandeza del paisaje y haciendo liberar la adrenalina acumulada de forma repentina.

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A partir de aquí se crestea hacia oriente pasando por las Cumbres de Ucanca y el Llano de Las Mesas hasta la Degollada del Riachuelo o de Ucanca, teniendo justo delante la vertiente oeste de la Montaña Guajara y al sur el Valle de Ucanca, por donde también se puede subir a esta degollada desde el Paisaje Lunar.

GR-131: IFONCHE-VILAFLOR

22 febrero, 2017

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

1530588_651136384952050_199142908_nEste tramo del sendero de Gran Recorrido (GR 131) comienza en el caserío de Ifonche mediante una pista asfaltada al principio, para continuar mediante un sendero bien marcado durante todo el trayecto en el que el pinar no nos abandona, transcurriendo gran parte de la caminata dentro del Paisaje Protegido de Ifonche, con una longitud total de 11 km y un desnivel neto de unos 500 metros positivos.

 

1525695_651136701618685_157908438_nAl comienzo de la senda, ésta sube por la divisoria comprendida entre el Barranco del Agua (al oeste) y el Barranco Seco (al este), en el cual destacan poco más arriba unos imponentes farallones que rompen súbitamente la monotonía del pinar y hunden el cauce del barranco en el abismo.

 

1530507_651136391618716_478415882_nPosteriormente se cruza el Barranco Seco y comienza un descenso seguido de un viraje hacia el este, atravesando viejas terrazas de cultivos abandonadas. Nos encaminamos al siguiente barranco que hay que cruzar, el Barranco del Cuervo o Guayero, éste mediante un puente de hormigón.

 

A partir de aquí comienza la subida más pronunciada de la ruta hasta las estribaciones de la Montaña Ciruelita, pasando por viejas eras y cerca de viejas casas de labranza, algunas restauradas.

 

1507842_651136488285373_631452737_nDesde el punto más alto de la caminata se disfrutan de buenas vistas del pueblo de Vilaflor, bajo la Montaña Ciruelita, y del que ya solo nos separa un último descenso hasta llegar al campo de fútbol, dejando gozar a la mirada también con los extensos pinares de la Corona Forestal en su vertiente sur y con las cumbres que culminan el pinar, como la Montaña de Las Lajas, los Roques del Almendro, el Sombrero de Chasna y la Montaña de Guajara.

12744755_1080208068711544_2742079613724295261_nTexto y fotos de Salvador González Escovar.

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Esta interesante caminata por el pinar de Vilaflor empieza junto al campo de fútbol de esa localidad, coincidiendo los primeros pasos con parte del sendero de Gran Recorrido que atraviesa la isla de sur a norte (GR131). Ascendemos primeramente entre huertas de papas hasta llegar a un gran estanque, punto a partir del cual ya no abandonamos el maduro pinar canario con sotobosque de jaras, chaorras, corazoncillos, margaritas, codesos, escobones…, el cual nos acompaña hasta el final de la subida.

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El sendero ofrece buenas panorámicas del suroeste de Tenerife, del Macizo de Adeje, del que destacan las montañas del roque del Conde, la Pica de Imoque,el Roque de Los Brezos y el Roque Abinque. Más cerca aparece la planicie de Trevejos, importante por su producción vinícola, a modo de llanura rodeada por los pequeños volcanes de Funes y Mohino.

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Durante el recorrido, algunos paneles nos informan de las peculiaridades de este pinar, flora y fauna asociada, historia geológica, así como de los antiguos usos por parte del hombre, presentando, por tanto, un interés etnográfico, como son los asentamientos estacionales o refugios pastoriles en forma de amontonamientos de piedras construidos bajo los pinos, de forma más o menos circular y de no demasiada altura. Otro uso destacable del pinar era el “sangrado” de los árboles más viejos para extraer resina que tenía diversas aplicaciones en aquella época, como por ejemplo combustible, aceite medicinal o para la obtención de aguarrás.

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Estos pinares abiertos y maduros permiten divisar el paisaje más allá del bosque, y además la desfigurada forma que van adquiriendo los pinos según envejecen rompe la monotonía de la típica forma cónica de los árboles jóvenes. También nos hacen reflexionar sobre los incendios forestales acontecidos al percatarnos de las negras y calcinadas cortezas de los ejemplares más longevos, y que felizmente no acabaron con ellos.

Antes de ascender a la amesetada Montaña de Las lajas por su ladera sur, se atraviesa el Barranco del Cuervo, un angosto y no demasiado profundo tajo que parece formar una discontinuidad en el pinar con sus cortados laterales.

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La subida final a la montaña es el tramo más inclinado y cansino de la ruta, sensaciones que paulatinamente se van olvidando al contemplar el espectacular y grandioso panorama que se desliza hacia el sureste, sur y suroeste insular, incluida la lejana costa, apreciando la inmensidad de estos pinares de la Corona Forestal que rodean las Cañadas del Teide por el sur. De hecho estamos cerca de las cimas que nos separan de ese parque nacional, distinguiendo los Roques del Almendro, El Sombrerito y el Sombrero de Chasna a lo largo de dicho cordal cimero, mientras ladera abajo salta a la vista el matiz volcánico de la Montaña Colorada, al otro lado de la cabecera del Barranco del Infierno, y elevada justo encima de la Loma de Teresme.

CAMINO DEL PINO ENANO

23 octubre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

14642048_1275460365852979_7399027992102252360_nEsta corta ruta senderista comienza junto al campo de fútbol de Vilaflor. El itinerario asciende a través de un tramo del sendero que comunica el pueblo con las cumbres del municipio, cuyo origen podría estar vinculado a la actividad pastoril de la población prehispánica, aunque también pueden observarse otros ramales utilizados por usos más recientes del territorio como la extracción de la pinocha con ayuda de bestias.

La senda bien definida y marcada asciende por un lomo donde abundan las lajas o piedras de mediano tamaño, de forma aplanada, color marrón claro y bordes recortados, utilizadas muchas veces para la construcción de goros o refugios pastoriles, pudiendo además observar algunos pinos resineros de gran tamaño, con una oquedad en su tronco para la extracción de la resina que sería utilizada como combustible hasta mediados del siglo pasado, uno de los aprovechamientos de este pinar, uno de los más maduros de la isla.

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Más arriba la senda enlaza con una vieja pista forestal o camino más ancho que muere en la carretera que sube a Las Cañadas del Teide, cruzándola y avanzando unos 100 metros por ella podemos seguir subiendo por otro sendero o la continuación del anterior hasta el Sombrero de Chasna, ya superando los 2.400 m.s.n.m. y en la bolconada espectacular sobre la Caldera de Las Cañadas del Teide, después de una larga subida por este pinar abierto y longevo.

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Antes de ese objetivo más ambicioso, y después de cruzar la carretera a la altura del Mirador sobre El Pinalito, observamos como algunos pinos, como el Pino Enano, crecen directamente sobre el duro sustrato rocoso y adquieren un porte más reducido, mientras la mirada goza a mayor distancia con unos fotogénicos, alargados, verticales y estriados riscos desplomándose bajo el Sombrero de Chasna, la mole amesetada que parece el altivo centinela del municipio de Vilaflor, y junto al inmenso pinar que nos envuelve, nos invitan a descansar en un lugar en el que la altura, el silencio y una atenta observación del paisaje nos recogerán en sensaciones inolvidables.