Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El madroño canario (arbutus canariensis) pertenece a la familia de las ericáceas. Es un árbol que puede alcanzar los 8 metros de altura, aunque lo normal es de 3 a 4m.

Su ramificación es abierta dejando ver su singular tronco liso de color rojizo o anaranjado, recubierto con una delgada cutícula que se desprende a modo de escamas con facilidad en los ejemplares adultos.

Las hojas son lustrosas, de forma oblongo-lanceoladas, bordes dentados, coriáceas y largas.

Flores abundantes, vistosas, blanquecinas, verdosas o rosadas, con forma de campanas abombadas, olorosas dispuestas en racimos terminales y colgantes.

Los frutos, agrupados también en racimos colgantes, son bayas de hasta 4 cm. de diámetro, de color naranja al madurar, parecidas a pequeñas mandarinas, cubiertas de papilas, con multitud de minúsculas semillas; estos frutos son comestibles (se piensa que fueron aprovechados por los aborígenes canarios), pudiéndose emplear para la elaboración de mermeladas.

El madroño canario es un endemismo canario con parientes en Europa, que habita en las zonas más bajas, degradadas y soleadas de los bosques de laurisilva, siendo una especie poco frecuente, apareciendo localmente y preferiblemente en la zona de transición a los bosques termófilos, y también de manera ocasional en pinares húmedos, siempre entre los 700 y 1.500 metros de altura sobre el nivel del mar. Se distribuye por todas las islas excepto Fuerteventura y Lanzarote.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es un arbusto de pequeño porte que raramente supera el metro de alto, con ramas semipéndulas y caducifolio.

Hojas trifoliadas de forma obovada o elíptica, entre 2 y 4 cm de largo.

Flores bancas, llamativas, con estípulas sésiles unidas por la base, cáliz glabro y de desarrollo primaveral.

Fructificación abundante pero frecuentemente aniquilada por larvas de insectos.

Habita entre los 200 y 500 m.s.n.m., en las islas occidentales, siendo muy rara en todas ellas, además existe una cita antigua no confirmada en Gran Canaria.

Es una especie acompañante de zonas arbustivas de ambientes termófilos como sabinares y acebuchales de las islas donde habita, siendo vulnerable a las actividades humanas, y por tanto estando sus poblaciones mejor conservadas en lugares abruptos como barrancos y riscos, en suelos pocos desarrollados o en grietas de barrancos semisombríos, y al igual que ocurre en muchas otras especies amenazadas, en situación de refugio frente al pastoreo y roturaciones.