Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Montaña de Tauro, dominada por un pinar canario maduro, alcanza los 1.226 metros de altura sobre el nivel del mar y pertenece al Monumento Natural de Tauro, en la región suroeste de Gran Canaria.

La redondeada montaña se eleva entre los barrancos de Mogán, al oeste, y el de Arguineguín, al este, depresiones que a ambos lados de la loma alcanzan su máxima y sobrecogedora profundidad. Bajo la mole se despliega hacia la costa suroeste el Barranco de Tauro, de menor entidad y recorrido que los dos tajos vecinos.

Resulta fácil ascender a la cima de la montaña por un sendero bien marcado y parcialmente empedrado que parte desde cerca del Embalse del Perro, al que se llega por la sinuosa y estrecha carretera que se dirige a los caseríos de Soria y Barranquillo Andrés, localizados en el tramo medio del Barranco de Arguineguín y cerca del mayor embalse de la isla.

Como vegetación acompañante del pinar encontramos palmeras, jaras, inciensos, cerrajas, corregüelas, escobones, retamas, tajinastes, cardoncillos, bejeques, salvias, cornicales, magarzas, tomillos, damas, mosqueras, mostazas, flores de mayo…

Desde los alrededores de la amesetada y amplia cima de la Montaña de Tauro, las profundas vistas de los tres barrancos que convergen en esta mole montañosa son impresionantes, sobre todo las de las vertientes que se desploman hacia el fondo del Barranco de Mogán y al de Arguineguín, las cuales no solo suponen un brutal hachazo en la corteza terrestre sino que también, tras el inicial shock visual y emocional al asomarnos al abismo, paralizan la respiración y los sentidos de quien las admira desde los filos de los profundos cortados laterales de los respectivos tajos. Atraídos por el vacío espacial a nuestros pies que rodea buena parte de la montaña y por las panorámicas fotogénicas con las que nos obsequia la atalaya de Tauro, pensamos en el más que acertado interés ceremonial y ritual que despertó el lugar desde tiempos de los aborígenes isleños, aunque fuera debido a otros motivos o creencias.

En horizontes más lejanos se disfruta del encanto visual de una buena parte del parque rural del Nublo y de prácticamente toda la zona sur y oeste de la isla, de las cumbres insulares como el Roque Nublo, del Pico de Las Nieves, de la cuenca de las grandes presas insulares y de las cimas del Pinar de Pilancones, y también de las presas que alberga esta zona, como la de Las Niñas y el cercano embalse del Salto del Perro, así como del alargado cresterío de Inagua, Ojeda y Pajonales, cuya vertiente sur invadida por el pinar se domina visual y completamente desde esta panorámica y estratégica montaña.

Mirando hacia el oeste desde la Degollada de Las Lapas, un sobrecogedor hachazo sobre el abismo del Barranco de Mogán, en uno de los cortados laterales de la Montaña de Tauro, se divisan las aristas afiladas y salvajes de los macizos del Suroeste y de Guígui, más allá de los barrancos de Mogán y de Veneguera, con la piramidal silueta de la Montaña Adlobas, y la más extensa y llana cumbre de Horgazales, coronando dos de los puntos álgidos de esos respectivos macizos.

El macizo de Tauro constituyó en época prehispánica lugar ceremonial y de culto cívico-religioso por parte de los antepasados isleños; testigo de ello es un almogarén o construcción aborigen bastante amplio, levantado a base de muretes de piedras cerca del borde del Barranco de Arguineguín, lo que añade a la zona un destacado valor etnográfico.

Si se quiere alargar el recorrido senderista existe la opción de adentrarnos en la parte alta del Barranco de Tauro a través de uno de sus ramales que se despliegan bajo la mole de Tauro, hasta llegar a los Llanos y Degollada de Cortadores, punto a partir del cual se enlaza con el aéreo sendero de Cortadores, transitando por panorámicos andenes entre grandiosos paredones, camino que nos baja a la ladera oeste del Barranco de Arguineguín.

Para ello, desde el almogarén de la Montaña de Tauro el sendero empieza a descender cerca del borde que divide un barranquillo tributario del Barranco de Tauro y el Barranco de Arguineguín. Más adelante el camino se adentra en el citado barranquillo hasta desembocar en el de Tauro, mientras disfrutamos de otra perspectiva de la mole de Tauro, de la que nos vamos alejando al descender.

Luego ladereamos por la vertiente oriental del Barranco de Tauro, el cual ya se muestra bastante amplio pero su profundidad no resulta tan abrumadora como la de los tajos vecinos de Arguineguín y Mogán.

Poco más adelante subimos levemente y nos acercamos nuevamente al borde compartido con el Barranco de Arguineguín atravesando una zona repoblada con pinos y sabinas, un lugar llano cerca de la Degollada de Cortadores.

Desde la degollada bajamos por los Andenes del Zurrado, dentro del Barranco de Arguineguín, tramo muy aéreo y vertical, aunque con un recorrido no demasiado inclinado ya que el trazado de la senda aprovecha la relativa horizontalidad de dichos andenes existentes entre las imponentes paredes que se desploman desde el borde y la inclinada vertiente occidental que sucumbe en el fondo del tajo. El espectáculo paisajístico formado por el Barranco de Arguineguín, amplio y profundo, poblado y humanizado a lo largo de su cauce pero salvaje y vertiginoso en sus vertientes laterales, junto a la gran mole rocosa del Montañón aguas arriba y el Roque Nublo y otras cumbres insulares al fondo supone un éxtasis total transmitido a través de la mirada al resto de los sentidos, sensaciones y pensamientos del caminante.

En estas paredes del barranco sobrevive el amenazado y exclusivo drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae) con unos pocos y longevos ejemplares.

Finalmente llegamos a la carretera que asciende cerca del fondo del valle hacia el caserío del Barranquillo de Andrés.

 

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Montaña de Tauro, dominada por un pinar canario maduro, alcanza los 1.214 metros de altura sobre el nivel del mar y pertenece al Monumento Natural de Tauro, en la región suroeste de Gran Canaria.

 

206527_148451271887233_4708434_nLa redondeada montaña se eleva entre los barrancos de Mogán, al oeste, y el de Arguineguín, al este, depresiones que a ambos lados de la loma alcanzan su máxima y sobrecogedora profundidad. Bajo la mole se despliega hacia la costa suroeste el Barranco de Tauro, de menor entidad y recorrido que los dos tajos vecinos.

 

216785_148451905220503_1035985_nResulta fácil ascender a la cima de la montaña por un sendero bien marcado y parcialmente empedrado que parte desde cerca del Embalse del Perro, al que se llega por la sinuosa y estrecha carretera que se dirige a los caseríos de Soria y Barranquillo Andrés, localizados en el tramo medio del Barranco de Arguineguín y cerca del mayor embalse de la isla.

 

217433_148451558553871_7705946_nDesde los alrededores de la amesetada y amplia cima de la Montaña de Tauro, las profundas vistas de los tres barrancos que convergen en esta mole montañosa son impresionantes, sobre todo las de las vertientes que se desploman hacia el fondo del Barranco de Mogán y al de Arguineguín, las cuales no solo suponen un brutal hachazo en la corteza terrestre sino que también, tras el inicial shock visual y emocional al asomarnos al abismo, paralizan la respiración y los sentidos de quien las admira desde los filos de los profundos cortados laterales de los respectivos tajos. Atraídos por el vacío espacial a nuestros pies que rodea buena parte de la montaña y por las panorámicas fotogénicas con las que nos obsequia la atalaya de Tauro, pensamos en el más que acertado interés ceremonial y ritual que despertó el lugar desde tiempos de los aborígenes isleños, aunque fuera debido a otros motivos o creencias.

 

206243_148451765220517_236249_nEn horizontes más lejanos se disfruta del encanto visual de una buena parte del parque rural del Nublo y de prácticamente toda la zona sur y oeste de la isla, de las cumbres insulares como el Roque Nublo, del Pico de Las Nieves y de las cimas del Pinar de Pilancones, y también de las presas que alberga esta zona, como la de Las Niñas y el cercano embalse del Salto del Perro, así como del alargado cresterío de Inagua, Ojeda y Pajonales, cuya vertiente sur invadida por el pinar se domina visual y completamente desde esta panorámica y estratégica montaña.

 

216351_148452468553780_5813331_nMirando hacia el oeste se divisan las aristas afiladas y salvajes de los macizos del Suroeste y de Guígui, más allá de los barrancos de Mogán y de Veneguera, con la piramidal silueta de la Montaña Adlobas, y la más extensa y llana cumbre de Horgazales coronando dos de los puntos álgidos de esos respectivos macizos.

 

El macizo de Tauro constituyó en época prehispánica lugar ceremonial y de culto aborigen con algún almogarén levantado a base de muretes de piedras, lo que añade un destacado valor etnográfico.

 

16105639_1375214555877559_4689966817713318617_nSi se quiere alargar el recorrido senderista existen las opciones de avanzar por la cresta que mira al Barranco de Arguineguín hasta enlazar con el empinado y aéreo sendero de Cortadores, el cual nos baja a la ladera oeste del tajo, o también descender a Mogán siguiendo primero cerca de la arista del Barranco de Mogán y luego bajando en marcados zig-zags por su vertiente oriental de Laderones.