ROQUE FANEQUE

14 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

11150377_920683334664019_7775686849198298575_nEl Roque Faneque es una espectacular atalaya que se eleva 1.008 m.s.n.m., coronando un vertiginoso acantilado que emerge directamente del mar, en el sector occidental del Macizo de Tamadaba, y alzado en el extremo de un espolón que separa el Barranco del Risco de los Andenes de Guayedra.

 

10420400_859486284117058_7138620099115174073_nOfrece sublimes panorámicas de la costa noroeste de la isla, de Tirma, Andén Verde, El Risco, Guayedra, y de los Picos de La Bandera y de Altavista, cumbres tapizadas de densos pinares.

MONTAÑA DE ALTAVISTA

13 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Montaña de Altavista se eleva con sus 1.376 m.s.n.m. en el sector oriental del Parque Natural de Tamadaba. Constituye un excelente mirador natural no solo de esa zona, sino de la escarpada Caldera de Tejeda, ya que una de sus paredes se desploma vertiginosamente en el interior de esa gran depresión geológica, también de la cara norte del alargado macizo de Inagua, Ojeda y Pajonales, y del Valle de La Aldea al coronar la cima de Altavista.

 

10922569_857444397654580_5607739635088197516_nUn sendero permite alcanzar la cima desde Artenara o, si se quiere acortar el recorrido, desde la Degollada del Sargento, ascendiendo en un primer tramo hasta alcanzar la crestería aledaña a la montaña de Altavista, pasando por la cabecera del Barranco del Risco, continua cresteando por las Lajas del Jabón, y contemplando en todo momento el Barranco del Risco, la loma redondeada y extensa del Pico de La Bandera (1.444 m.s.n.m.) y el característico Roque Faneque en el extremo occidental del macizo, cumbres envueltas en frondosos pinares.

 

10917325_857444350987918_8611897456108054968_nLas vistas no tienen desperdicio 360º a la redonda; al oeste de la línea cumbrera por donde transitamos el pinar invade las laderas del Barranco del Risco, en cuya desembocadura se adivinan las casas de El Risco, aportando una pizca de sutil humanidad a esta abrumadora naturaleza. El Roque Faneque se divisa al final de la prolongación del Macizo de Tamadaba hacia occidente, cuyo borde se desploma a pico a una altura vertiginosa sobre el océano.

 

10923589_857444980987855_885769382881241374_nAl este, al otro lado del mar y de los pinos, aparecen paisajes de pura, desgarradora e imperturbable roca que parecen estar ahí desde el principio de los tiempos o propios de otro mundo; brutales hachazos geológicos en la corteza terrestre, nada repentinos sino esculpidos a la largo de millones de años de incesante erosión y desmantelamiento del relieve insular, con barrancos como el del Juncal o el de Siberio que contornean espigados roques respetados por la erosión, como la mole de la Mesa del Junquillo, tajos que arrugan el interior de la Caldera de Tejeda y buscan camino a través del encajonamiento de la cuenca aguas abajo.

 

A lo lejos el Roque Bentayga permanece prácticamente alineado con el Roque Nublo, elevado éste en el otro extremo del anfiteatro de la caldera, y a poca distancia del Pico de Las Nieves, la máxima cota insular.

 

10917322_857445157654504_4209505643201695831_nLas tierras más secas de Tirma y más cercanas al Valle de La Aldea van apareciendo más allá de estos pinares a medida que nos acercamos a la montaña, a la vez que la sensación de vértigo acompaña a la vertical vertiente oriental de Altavista, aún así poblada de pinos, que parece hundirse en lo más profundo del esqueleto petrificado, indómito y siniestro de la Caldera de Tejeda, donde sorprende las planicie cimera de la Mesa de Acusa, en medio de tantos riscos verticales, barrancos desgarrados y enfilados hacia el Valle de La Aldea en la única escapatoria al océano.

 

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La hilera montañosa de Inagua, Ojeda y Pajonales limita esta gran cuenca de Tejeda por el sur, distinguiendo de oeste a este la ladera de El Viso, la Montaña de Inagua, la de Las Monjas, la Montaña de Alsándara, la Montaña de La Negrita y el peculiar Morro de Pajonales.

PICO DE LA BANDERA

11 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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El circuito pateado comienza en los Llanos del Mimbre, en lo alto del Macizo de Tamadaba, desde aquí se desciende al Barranco del Palmar, uno de los barranquillos laterales del Barranco del Risco, para lo cual en un primer tramo se sigue el camino que va a Faneque desde la casa forestal de Tamadaba, desviándonos hacia la vertiente del Barranco del Risco antes de llegar a las estribaciones de ese puntero roque.

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La senda desciende por la vertiente norte de ese espectacular y amplio valle hasta cruzar el Barranco del Palmar, luego se sube por Los Morrillos, pasando por esos pintorescos y desgastados roques que afloran entre el pinar, ascendiendo hasta la Degollada de Las Lajas, con espectaculares vistas en todo este recorrido del Barranco del Risco, de los extensos pinares que tapizan su tramo medio y alto, de la cresta que se recorta hasta la montaña Altavista y de la espectacular caída que sucumbe bajo el Roque Faneque.

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Al llegar a la Degollada de Las Lajas, cruzamos la carretera que circunvala Tamadaba, seguimos subiendo hasta la cumbre del Pico de La Bandera por su cara oriental y bajamos por su vertiente occidental al punto de partida. Esta montaña es la máxima altura de Tamadaba con 1.444 m.s.n.m y ofrece inolvidables panorámicas de la zona de Artenara, Lugarejos, del perfil montañoso que culmina en Moriscos, del tramo alto del Valle de Agaete y de los roques que emergen de las profundidades de la cuenca de Tejeda, como el Roque Nublo y el Roque Bentayga. Coronando el paisaje y más allá de esa gran depresión se avistan las cumbres insulares del Pico de Las Nieves y del Campanario, mientras al oeste el denso pinar apenas permite dejar escapar la mirada hacia la atalaya de Faneque y hacia la costa noroeste de la isla.

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Finalmente en los Llanos del Mimbre, conviene acercarse al borde del precipicio, dejando atrás la zona de acampada, apreciando los impresionantes cortados que se desploman sobre la zona de Guayedra, formando angostos tajos, y a pesar de ello, invadidos por el pinar, como el Barranco Oscuro. La contemplación recuerda a la percibida desde el Roque Faneque, desparramándose la mirada a través de los brutales farallones que se elevan por el sector occidental del Macizo de Tamadaba, hasta sucumbir en la recortada línea costera y en el azul marino y aparentemente apacible.

SENDERO DE LA RAMA-TAMADABA

10 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Esta ruta comienza en el barrio de San Pedro, dentro del Valle de Agaete, de la que impresiona su vertiente sur, formando una imponente pared basáltica que se eleva vertiginosamente hasta el encuentro con el pinar de Tamadaba

Desde esa localidad parte el conocido y tradicional “Camino de La Rama” que asciende hacia Tamadaba.

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Mientras la vista se recrea en los puntiagudos, verticales e impresionantes escarpes rocosos que recortan el cielo o las nubes que frecuentemente barren la parte alta del macizo, vamos ascendiendo sobre el fondo del valle y en primer lugar a la Montaña Bisbique, situada a media ladera del barranco, formando un saliente en la misma y donde hay una era.

A partir de esa loma que ofrece buenas vistas de la costa noroeste insular y del fondo del Valle de Agaete, la senda se acerca a las laderas de Guayedra, en la parte occidental de Tamadaba que se derrumba sobre el mar. Una vez en la arista que nos une a esa salvaje vertiente de Guayedra y más allá de esa ladera, el inconfundible Roque Faneque forma el saliente montañoso más occidental y destacable del macizo, en un marco incomparable que hace volar los sentidos y pensamientos.

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Seguimos subiendo siguiendo la arista y entramos en el pinar de Tamadaba, pinar denso y relativamente joven que oculta las bellezas del paisaje. Una variante de este tramo permite, desde poco después de pasar por Montaña Bisbique, subir a la Presa de Los Ancones a través de un empinado trayecto por rocas, salvando una barranquera repleta de helechos y otras plantas rupícolas como el amenazado algafitón de Tamadaba, fuga que desciende desde la parte cimera de Tamadaba.

Ya en pleno pinar de Tamadaba desciende la pendiente de las pistas y senderos que nos marcan la ruta a seguir, pudiendo transitar sobre los cortados que hasta las estribaciones de Faneque separan el pinar de las laderas semidesnudas de Guayedra, y llegando hasta la zona recreativa de los Llanos del Mimbre, enclavada casi en los bordes del continuo precipicio.

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La vista a través de colosales fugas y vertiginosos y angostos barrancos como el Barranco Oscuro nos hacen flotar sobre el abismo en grado superlativo y cientos de metros sobre las tierras costeras de Tamadaba, en el mejor de los vuelos virtuales, sintiendo como el vacío trasmite sensaciones contrapuestas a la vez, como son la intimidación y la atracción.