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Este es uno de los pateos más espectaculares del norte de Tenerife, debido a las maravillosas vistas desde lo alto del Valle de La Orotava, de la vertiginosa vertiente norte de la Cordillera Dorsal de Pedro Gil, culminando la extasiante panorámica en el Teide, más allá de la uniforme Ladera de Tigaiga.

Esta vereda forma parte del sendero de Gran Recorrido GR 131, que enlaza el sur con el norte de la isla.

 

El recorrido comienza en la zona recreativa de La Caldera, por encima de Aguamansa, en pleno Valle de La Orotava. Al principio hay que seguir las indicaciones del peregrino “Camino a Candelaria”, por lo que hay que ascender en dirección a la Montaña de La Crucita, situada en lo alto de Dorsal de Pedro Gil. Por supuesto en este pateo no hay que ganar esa considerable altura que separa el norte del sur de la isla, sino desviarse a la izquierda mediante el cartel que indica a “la Casa del Topo”, después de subir por un espeso bosque de pinar mixto con brezos, fayas, follaos… “adornado” con eucaliptos dispersos.

 

 

Después del desvío, nos adentramos en la auténtica y espectacular zona risquera que nos acompañará hasta el final y que vertiginosamente se derrumban por la vertiente norte de la Dorsal de Pedro Gil, pasando por encima de los estriados Riscos de Los Órganos, ganando altura paulatinamente, pero de manera más sosegada que la primera subida decidida del pateo. Según avanzamos por el sendero, en algunos tramos esculpido en la roca, vamos atravesando progresivamente los enfilados, angostos y vertiginosos barrancos como el del Pasito Malo (algunos pasos del sendero caen sobre el abismo existiendo cables de seguridad enclavados en la pared), del Guanchijo, de Jilargo, de Las Madroñeras, de las Madres del Agua y del Infierno, siendo este el último y el más vistoso de todo el tramo, hundido entre el Lomo del Topo y el Lomo de La Resbala, cerca de la parte alta de la Ladera de Santa Úrsula, prominente escalón montañoso que cierra el Valle de La Orotava por oriente. Los Roques Blancos son unos distintivos riscos que afloran en medio del pinar, cerca del final de este inovidable sendero, tramo que finaliza en la pista forestal que sube por la Ladera de Santa Úrsula, la cual comunica con la carretera dorsal de La Esperanza a Izaña a la altura de la Montaña de Joco.

 

 

Entre barranco y barranco, convulsos y espigados riscos hacen elevar la mirada al cielo, como la agrupación formada por los Roques Guanchijo, del Goliete y Jilargo, mientras el amesetado Lomo del Topo queda más adelante y a menor altura del sendero, entre el Barranco de las Madres del Agua y el Barranco del Infierno.

 

 

Los grandiosos y verticales farallones cobijan una variada flora rupícola, como bejeques, bejequillos, cerrajas, chaorras, coles de risco, flores de mayo, moralitos, morgallones, patas de gallo, zanahorias silvestres, bencomias,… además de otras propias del pinar como corazoncillos, poleos, tajinastes, escobones, jaras, retamas y codesos.

 

 

Foto y textos: Salvador González Escovar

11800238_974285505970468_5449955340940396437_nEsta ruta comienza en el barrio de San Pedro, dentro del Valle de Agaete, de la que impresiona su vertiente sur, formando una imponente pared basáltica que se eleva vertiginosamente hasta el encuentro con el pinar de Tamadaba.  Desde esa localidad parte el conocido y tradicional “Camino de La Rama” que asciende hacia Tamadaba.

Mientras la vista se recrea en los puntiagudos, verticales e impresionantes escarpes rocosos que recortan el cielo o las nubes que frecuentemente barren la parte alta del macizo, vamos ascendiendo sobre el fondo del valle y en primer lugar a la Montaña Bisbique, situada a media ladera del barranco, formando un saliente en la misma y donde hay una era.

A partir de esa loma que ofrece buenas vistas de la costa noroeste insular y del fondo del Valle de Agaete, la senda se acerca a las laderas de Guayedra, en la parte occidental de Tamadaba que se derrumba sobre el mar. Una vez en la arista que nos une a esa salvaje vertiente de Guayedra y más allá de esa ladera, el inconfundible Roque Faneque forma el saliente montañoso más occidental y destacable del macizo, en un marco incomparable que hace volar los sentidos y pensamientos.

Seguimos subiendo siguiendo la arista y entramos en el pinar de Tamadaba, pinar denso y relativamente joven que oculta las bellezas del paisaje. Una variante de este tramo permite, desde poco después de pasar por Montaña Bisbique, subir a la Presa de Los Ancones a través de un empinado trayecto por rocas, salvando una barranquera repleta de helechos y otras plantas rupícolas como el amenazado algafitón de Tamadaba, fuga que desciende desde la parte cimera de Tamadaba. Ya en pleno pinar de Tamadaba desciende la pendiente de las pistas y senderos que nos marcan la ruta a seguir, pudiendo transitar sobre los cortados que hasta las estribaciones de Faneque separan el pinar de las laderas semidesnudas de Guayedra, y llegando hasta la zona recreativa de los Llanos del Mimbre, enclavada casi en los bordes del continuo precipicio.

La vista a través de colosales fugas y vertiginosos y angostos barrancos como el Barranco Oscuro nos hacen flotar sobre el abismo en grado superlativo y cientos de metros sobre las tierras costeras de Tamadaba, en el mejor de los vuelos virtuales, sintiendo como el vacío trasmite sensaciones contrapuestas a la vez, como son la intimidación y la atracción.

Texto y foto: Salvador González Escovar

MONTAÑA DE GUAJARA

21 junio, 2015

Montaña de GuajaraLa montaña de Guajara, con sus 2.715 metros de altura sobre el nivel del mar, es el punto más elevado del Circo de Las Cañadas del Teide, anfiteatro que rodea el parque nacional por el sur. El pico se localiza en la parte central del circo montañoso, el cual presenta un perfil prácticamente vertical en la vertiente que se desploma en el fondo de la caldera de Las Cañadas, siendo más suave en la cara que se eleva sobre los extensos pinares de la vertiente sur de la isla.

Desde el parador de turismo se puede ascender a la cima de Guajara, pasando en un primer momento por las inmediaciones de la Cañada del Capricho, curiosas formaciones geológicas de matiz ocre que resaltan en el entorno puramente volcánico.

Posteriormente se asciende por la ladera norte del anfiteatro hasta la Degollada de Ucanca o del Riachuelo, que es una encrucijada de senderos que nos permiten tantas opciones como puntos cardinales existen en un mapa; elegimos el sendero que va hacia oriente subiendo por el lado oeste de la montaña, para luego transitar por uno de los andenes de la vertical y escarpada cara norte de Guajara. El sendero se eleva paulatinamente sobre y bajo las paredes verticales que parecen estrechar el cerco en dichos andenes localizados entre farallones.

Esta abrupta vertiente se reparte entre pared rocosa vertical y vertiginosas laderas formadas por amontonamientos de caóticos derrubios y desprendimientos, que alcanzan el cada vez más lejano fondo. La senda transita por el reducido espacio entre pared y pared, como si se tratara de vigorosos escalones unidos por angostos andenes que se elevan hasta la cumbre.

La panorámica desde la cumbre de Guajara permite extasiarse y es sublime, al encontrarnos en el punto más alto del continuo despeñadero de las laderas del anfiteatro, debido a la amplitud de miras desde Izaña hasta el Roque del Cedro, contemplando la desolada y primigenia tierra volcánica y el brutal contraste entre las apacibles y pálidas cañadas con las sepultadoras coladas de lava, inmortalizadas en oscuros y siniestros malpaíses como el Tabonal Negro y el Valle de Las Piedras Arrancadas, los cuales surgieron de las laderas de Montaña Blanca, en el flanco suroriental del Teide.

A nuestros pies tenemos un entorno lunático y caótico, como si el infierno estuviera cerca en el espacio y en el tiempo, pero esa sensación de violencia interna vomitada desde la morada de Guayota consigue trasmitirme todo lo contrario, paz y serenidad, como si los vestigios de la furia del destructivo y a la vez renovador interior terrestre me condujeran al paraíso terrenal.

Cada cañada o planicie de pálida piedra pómez tiene un nombre, y se reparten por la base del anfiteatro y por el vasto territorio comprendido entre los Roques del Cedro, al oeste y los de La Fortaleza, al este, divisando desde arriba algunas como la Cañada del Capricho, la de La Grieta, la del Montón de Trigo, la de La Camellita y la de La Mareta. La más extensa es el Llano de Ucanca, bajo las Cumbres de Ucanca, que une la base del anfiteatro con la del complejo Teide-Pico Viejo.

La primavera llega tardía a estas cumbres, pero cuando lo hace, reviste el paisaje con todo su esplendor. La belleza geológica se adorna con las flores violetas del alhelí y de la tonática, las flores amarillas del codeso, del turgayte, de la flor de malpaís, de la hierba pajonera y de la estornudera, las flores blancas o rosadas de la retama, el perejil de cumbre, de la chahorra y de la margarita, las flores rojas del tajinaste rojo y las flores malva claro del rosalito.

Se puede descender de la Montaña Guajara por su flanco oriental hasta la Degollada de Guajara, que es la cabecera de un gran barranco que agrieta la vertiente sur de Tenerife, el Barranco del Río, contemplando su recortado y vertiginoso tramo alto, que progresivamente se va invadiendo por el pinar canario conforme serpentea y se retuerce hacia las medianías, formando una cicatriz abierta en la corteza terrestre. Encontrarse en la cabecera de un tajo importante como éste siempre me resulta especial, ya que parece tener vida propia: nace, se ahonda, se ramifica y finalmente sucumbe violenta o apaciblemente en el océano. El paisaje insular no sería lo mismo sin ellos. El tajo se divide en dos ramales en el tramo alto rodeando cada uno de ellos la Montaña Pasajirón por el este y por el oeste.

Desde la degollada se puede seguir cresteando hacia el este por el Filo de Las Cañadas, subiendo los siguientes escarpes de Pasajirón y el Roque de La Grieta, recorriendo de esa manera la parte más elevada del Circo de Las Cañadas, aparte de Guajara, con alturas que superan los 2.500 metros en esas cotas elevadas.

También se puede descender a la pista de Las Siete Cañadas, retornando al punto de partida de la ruta, o el tramo más largo, bajar a la zona de pinares de Madre del Agua, descendiendo por la ladera sur de Guajara y el Volcán de Las Arenas, pasando también por las pintorescos y curiosos enclaves geológicas del Paisaje Lunar, testigo de la incesante erosión de los agentes atmosféricos sobre formaciones pumíticas.

Texto y foto de Jesús Salvador González Escovar

RETAMA PELUDA

28 mayo, 2015

RETAMA

Arbusto de hasta 2 metros de alto. Hojas compuestas, grandes, pecioladas y lanudas con pelos rizados; hojuelas anchamente lanceoladas a ovadas, obtusas, con nervios muy acentuados y los bordes revolutos hacia el envés.

 

Inflorescencias terminales densas con el cáliz campanulado y de color amarillo. Florece de febrero a abril.

 

Fruto en forma de legumbre vellosa grisácea y con una alta producción de semillas.

 

La retama peluda es un endemismo de la isla de Gran Canaria en estado crítico de conservación. Cuenta con 2 poblaciones con escaso número de individuos, una de ellas de un tamaño ínfimo, y en total no cubren una superficie superior a una hectárea.

 

Sus poblaciones potenciales se sitúan en comunidades rupícolas del margen superior del bosque termófilo, en zonas de dominios de acebuchales y lentiscos, en la región nordeste de la isla, viviendo entre los 550 y 700 metros de altitud.

 

Texto y foto de Salvador González Escovar

PALO BLANCO

4 noviembre, 2011

PALO BLANCOPalo blanco:

El Palo blanco (Picconia excelsa) es un árbol de corteza blanquecina de hasta 10 metros de altura.

Tiene las hojas opuestas, simples, enteras, obovadas o lanceoladas, glabras y coriáceas, bordes revolutos y de color verde oscuro.

Flores hermafroditas de color blanco pálido, pequeñas y agrupadas en racimos terminales.

El fruto es una drupa ovoide negra en la madurez.

Este árbol es un endemismo macaronésico que normalmente forma parte de los bosques de laurisilva, localmente dominante en las zonas inferiores del monteverde, apareciendo también en el fayal-brezal y en el pinar mixto. Pertenece a la familia de las Oleáceas, su reproducción resulta sencilla y en Canarias se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote.

Texto y foto de Salvador González Escovar

¡Hola mundo!

25 agosto, 2011

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