Texto y fotos de Salvador González Escovar.

En el sur de Tenerife, concretamente en el término municipal de San Miguel de Abona, el cono volcánico de Montaña Amarilla constituye un elemento geomorfológico de evidente singularidad, formando parte, como estribación más meridional, de un conjunto paisajístico de volcanes alineados del sur de la isla. Además, su origen freatomagmático, originado por la interacción entre el magma y el mar, junto a la presencia de una duna fósil en su base, le confiere un notable interés científico.

 

Los constituyentes volcánicos del monumento son principalmente traquibasaltos de la Serie III. Sin embargo, en el sector oriental del cono, hay materiales del mismo periodo pero de naturaleza basáltica derivados de otros volcanes próximos. La cercanía del mar, aparte de inducir erupciones de tipo explosivo en el momento de su génesis, ha provocado una fuerte erosión, desmantelando el edificio parcialmente. El constante proceso erosivo ha dejado al descubierto importantes estratos piroclásticos de un llamativo matiz ocre y una característica duna fósil en la base de la estructura.

 

La vegetación es escasa en el lugar. Tan sólo destaca, de algún modo, la abundante muestra de tabaibas dulces (Euphorbia balsamifera) existentes. Ya con carácter menos representativo se encuentran especies vegetales que ocupan las zonas más afectadas por la acción de las mareas. Entre ellas cabe citar un endemismo como es la piña de mar (Atractylis preauxiana) y la lechuga de mar (Astydamia latifolia), cuyas hojas fueron pieza fundamental en la dieta de antiguos marineros ya que facilitaba la digestión y contenía un elevado porcentaje de vitamina C. Finalmente también hay presencia de ejemplares de salado (Schizogyne serícea).

 

Análogamente a como ocurre con la vegetación, este ecosistema no presenta una abundante representación faunística. No obstante, en estos términos, habría que destacar especialmente la presencia de cernícalos (Falco tinnunculus). También habitan otras dos especies de aves como las currucas tomilleras (Sylvia conspicillata orbitalis) o las palomas bravías (Columba livia)

 

La montaña puede ser pateada con facilidad, tanto bordeando su línea litoral (con marea baja) pasando por la duna fósil y bajo los coloridos y verticales estratos, como ascendiendo y recorriendo el borde del desfigurado y ensanchado cráter.