Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Paisaje Protegido de Orone en La Gomera se caracteriza por contener elementos de alta valoración estética y cultural. Conforma un paisaje armónico donde confluyen asentamientos de tipismo tradicional insertos en un paisaje rural con sectores de laderas profusamente abancaladas y palmerales. No faltan tampoco elementos geológicos singulares como los Roques de Los Cocos, Imada, Eretos y Teremoche.

En conjunto, el espacio protegido se articula en dos barrancos radiales y las cabeceras de otros tantos secundarios, que nacen en la zona central de la isla y avanzan hacia la costa sur y suroeste, como son el de Erque, el de La Negra y el de Guarimiar, los dos primeros conectados en su cabecera por una cuenca común.

Algunos senderos recorren el lugar, como el que parte de la Cumbre de Tajaqué, casi en el límite meridional del Parque Nacional de Garajonay. Al comienzo se desciende por una pista forestal inmersa en el fayal-brezal de cumbre, transcurriendo por el borde oeste de la amplia cabecera del Barranco de Santiago, delimitada por las verticales paredes de la Reserva Natural de Benchijigua. Más abajo, cuando seguimos bajando y abandonamos la pista, el Roque de Agando nos obsequia con una visión diferente, destacando entre el pinar, escobones, magarzas y tajinastes, el palmeral y las laderas que se precipitan hacia el ancho cauce del Barranco de Santiago. Entonces surge uno de los ramales del Barranco de Guarimiar, tajo que bastante más abajo se une al de Santiago.

Después de haber dejado atrás el desvío al pueblo de Imada, el camino prosigue hacia Lasadoy, donde la la belleza y la profundidad del paisaje, junto al conjunto de casas de piedra, abandonadas, semiderruidas e invadidas por la vegetación, atrapan los sentidos del caminante, formando una imagen que parece anclarnos en tiempos pasados.

Desde ese lugar, en la cresta que divide el Barranco de Guarimiar del de Santiago, se puede descender al fondo de este último, para llegar al caserío de Benchijigua, o bien continuar descendiendo hacia el fondo del Barranco de Guarimiar hasta la Ermita de Guarimiar, ubicada cerca de la confluencia de los dos barrancos, sendero que enlaza con el que baja por la otra vertiente del tajo de Guarimiar desde Imada.

Esta es la zona más espectacular del barranco, ya que un colosal salto lo hunde repentinamente en el abismo, en pos del cauce invisible desde esta cresta, desnivel acrecentado en la vertiente opuesta bajo la imponente pared que culmina en la Montaña de Los Cocos, la cual se eleva bastantes cientos de metros directamente sobre el fondo.


El pueblo de Imada se extiende por la parte alta del Barranco de Guarimiar, villa a la que nos dirigimos después de llevarnos en las retinas y en la memoria la fascinante esencia salvaje del tajo.

Se percibe que estamos en la isla de los barrancos y de los palmerales que revisten sus laderas, y de pueblos perdidos, como Imada, mientras la fascinante esencia salvaje del Barranco de Guarimiar invade los sentidos al hundir la mirada en sus encajonadas entrañas que parecen formar un precipicio sin fondo.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Se trata de una franja de terreno acantilado de gran valor paisajístico que se extiende desde Arure hasta los altos de Epina y que constituye el referente escénico de las poblaciones de Taguluche y Alojera, y posee gran monumentalidad e interés geológico y geomorfológico.

El cortado del Lomo del Carretón, catalogado como Monumento Natural en la red de espacios protegidos de La Gomera, se precipita y salva repentinamente el desnivel existente entre la parte más occidental de la masa forestal del Parque Nacional de Garajonay y la base del acantilado, desde la que se abren hacia la costa occidental gomera, escarpados barrancos como el de Taguluche, Guariñén y del Mono, en Alojera, divididos por recortadas crestas como la del Risco de Heredia y la de Tejeleche, constituyendo todo el espacio un conjunto de singular belleza adornado por esbeltas palmeras, que mayoritariamente formando grupos numerosos colonizan las laderas y cauces de los barrancos.

Su riqueza florística y el hecho de conformar una excelente muestra de hábitats rupícolas y risqueros le confiere además valor científico añadido, ya que contiene también especies amenazas y protegidas como la tabaiba gomera (Euphorbia lambii) y una especie de cardoncillo (Ceropegia ceratophora).

Existe un sendero que discurre por los andenes de una parte del acantilado, que es el camino de Las Correderas, que enlaza Arure con Alojera, y otro que desciende vertiginosamente desde Arure a Taguluche por el Camino de Las Vueltas, bajando por la cara norte del prominente Risco de Heredia, el cual parece retener y aislar, en el espacio y en el tiempo, el pueblo de Taguluche y su suculento y vistoso palmeral en la más asombrosa profundidad insular.

Camino de Las Vueltas y de Las Correderas:

Estas dos sendas parten de Arure. El camino de Las Vueltas baja a Taguluche, tras un descenso vertiginoso al principio por el vertical, escarpado y espigado Risco de Heredia. 

El pueblo costero de Taguluche se encuentra enclaustrado por altivos riscos por todas parte menos por el mar; por la izquierda por el Risco de Heredia, por arriba por los andenes del Lomo del Carretón, y por la derecha por la recortada lomada de Tejeleche, formando todo este conjunto rocoso, con su consiguiente desplome, uno de los paisajes más entrañables de esta isla.

El camino, empedrado al principio, desciende en zig-zag, atravesando una pequeña zona de pinar canario y de almagre. Más abajo suaviza su desnivel y penetra en un extenso palmeral que se fusiona con las, un tanto desperdigadas casas que dan nombre a este pueblo, limitado, más que ningún otro, por las verticales laderas que lo encierran. Se puede regresar a Arure por otro sendero, salvando el descomunal desnivel existente entre ambos pueblos, camino que sigue prácticamente una línea recta pendiente arriba, por lo que resulta bastante fatigoso. Este camino enlaza directamente con el Camino de Las Correderas, tramo que une Arure con Alojera, localidad ubicada al noroeste de la isla. 

Este trayecto de Las Correderas discurre por los andenes del Lomo del Carretón, conjunto geológico que destaca por los precipicios y laderas que se turnan a la hora de salvar el desnivel existente entre la alta meseta insular del bosque de El Cedro y la costa. En la parte alta se distinguen pinos y manchones de fayal-brezal. En las laderas, se desarrollan palmerales, pinares, tabaibales, etc..y en los cortados que fusionan los andenes a distinto nivel, solo cabe la existencia de plantas rupícolas, amantes de los riscos y del abismo.

Al principio, el camino desciende suavemente, recorriendo una parte de la longitud de estos andenes de Alojera, permitiendo el Barranco de Guariñén lanzar la mirada a lo largo de su corta longitud hasta el mar. Más allá, se percibe la recóndita costa de Tazo, en el lugar más aislado de esta isla. Cuando tenemos a la vista Alojera, el camino desciende de manera más pronunciada, primero a la carretera, y luego hasta el pueblo.

 

LOS ROQUES (LA GOMERA)

22 abril, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El conjunto de Los Roques, formado por el Roque Agando, el de Carmona, el de La Zarcita y el de Ojila, situado en la parte central de la La Gomera y dentro del Parque Nacional de Garajonay, representa un vestigio de antiguas chimeneas volcánicas de la isla y que la erosión posterior no ha logrado desmantelar, lo que acrecienta su interés geológico.

Este Monumento Natural constituye un enclave de gran interés científico por albergar elementos naturales de singularidad, valor paisajístico y enorme significación para la isla. Además contiene numerosos endemismos botánicos con especies catalogadas y protegidas, como el tajinaste azul (Echium acanthocarpum) y la flor de mayo o Senecio gomero (Senecio hermosae), que tienen aquí una de las pocas localidades donde se conocen.

El corto sendero del Reventón Oscuro recorre las proximidades de estos recios pitones basálticos, partiendo desde cerca del mirador del Bailadero, subiendo y acercándose entre un denso bosque de laurisilva a la parte posterior del Roque de La Zarcita y contemplando el mayor y más distante Roque de Ojila desde lo alto de la frondosa lomada, formando un bello contraste entre esos islotes rocosos y grisáceos y el manto verde circundante.

Fotos y texto de Salvador González Escovar.

Esta subespecie de jara es un arbusto de pequeño porte de hasta 1 metro de alto, muy ramificado, con hojas glaucas o subglaucas y débilmente tomentosas.

Floración abundante con pétalos de color rosado muy vistosos, floreciendo en mayo-junio normalmente y fructificando en verano. Fruto en forma de cápsula vellosa que alberga multitud de diminutas semillas. Parece menos pirófilo que otros congéneres afines como el jaguarzo (Cistus monspeliensis).

Esta subespecie de jara es un taxón endémico de La Gomera, con poblaciones muy mermadas y en grave peligro de extinción. Parte de la subespecie gomera se vio afectada por el incendio de 1984 y actualmente progresa lentamente debido a su escaso poder colonizador, encontrando refugio en riscos inaccesibles, como en el Roque Agando, a unos 900 m.s.n.m., y otra pequeña población se ubica en otros riscos cerca del pueblo de Imada.

Tanto en un escarpe de la Sierra de Anaga en Tenerife (donde habita la otra subespecie Cistus chinamadensis ssp. chinamadensis) como en La Gomera, esta especie de jara sobrevive en sectores marginales del monteverde, asociada en ambas islas a un singular sustrato geológico formado por domos sálicos y antiguas, robustas y basálticas chimeneas volcánicas. Pequeñas colonias de esta planta se desarrollan en terreno pedregoso al pie de estos escarpes e incluso colonizan las paredes de elevada pendiente en un auténtico ambiente rupícola.

Información extraída del libro rojo de especies vegetales de Canarias.

 

GARAJONAY (LA GOMERA)

22 abril, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La altiplanicie central de La Gomera alberga, al amparo del manto de nieblas que durante buena parte del año la envuelve, una tupida selva de monteverde o laurisilva, cuyo verdor permanente contrasta con los paisajes resecos de las zonas bajas de la isla. Las nieblas tienen un importante papel en el funcionamiento del ecosistema, reduciendo las pérdidas por evaporación y depositando agua sobre la vegetación al originar la lluvia horizontal.

 

La laurisilva es un bosque formado por gran variedad de árboles de hoja perenne cuya existencia está ligada a una elevada humedad y temperaturas suaves en torno a 14-15 ºC de media anual, sin heladas salvo en las altitudes mayores, con escasas oscilaciones térmicas a lo largo del año y lluvias comprendidas entre 600 y 900 mm anuales.

 

Estas condiciones de alta humedad ambiental se dan en la zona de nieblas de las fachadas norte de las islas canarias, entre los 700 y 1.200 metros de altura sobre el nivel del mar, debido a la condensación de la humedad oceánica al ser empujada por los vientos alisios y finalmente encontrarse con la barrera geográfica que supone el relieve de las islas centrales y occidentales.

 

El entramado vegetal de la laurisilva es una auténtica esponja viviente, captadora de la humedad de las brumas, favoreciendo la recarga de los acuíferos insulares y, por tanto, el aprovisionamiento de agua para diversos usos humanos.

 

La manifestación más extensa y mejor conservada del bosque de laurisilva canaria se encuentra en el Parque Nacional de Garajonay, en las cumbres de La Gomera, formando una alta meseta central de la que surgen radialmente y en todas direcciones los profundos barrancos que surcan el resto de la isla.

El Parque nacional de Garajonay está situado en la parte central de la isla, entre los 800 y 1.487 m.s.n.m. que alcanza el Alto de Garajonay, la máxima cota insular.

 

La laurisilva es un bosque relíctico y refugiado, única muestra superviviente de los bosques subtropicales que poblaron el área mediterránea hace varios millones de años, durante la Era Terciaria, y que posteriormente desaparecieron como consecuencia de las glaciaciones que apenas afectaron a estas tierras.

 

Aunque el número total de especies de flora vascular de estos bosques está en torno a 400 especies, de las cuales una veintena son árboles, es importante el porcentaje de endemismos botánicos, alrededor de 120, tanto canarios como insulares, especies vegetales que solo sobreviven en Canarias, e incluso solo en La Gomera.

 

Destaca también la abundancia de musgos y líquenes recubriendo los troncos de los árboles y la cobertura de helechos, indicadores de la alta humedad ambiental. Junto a ellos, trepadoras, herbáceas y arbustos como la zarzaparrilla, la gibalbera, la hiedra, el ortigón de los montes, la bencomia, la cerraja, la malfurada, el mato blanco, el morgallón, la cresta de gallo, el poleo, la pata de gallo, el algaritofe, el bicácaro, la reina de monte, la raras adelfa de monte y flor de mayo, y las plantas rupícolas como el tajinaste azul gomero, la bea (que son dos endemismos gomeros) y la melosilla forman el estrato arbustivo del sotobosque.

 

A pesar de su aparente monotonía, la laurisilva de Garajonay contiene varios tipos de bosques. En los valles más húmedos y sombríos orientados al norte, el bosque adquiere su máxima complejidad y exuberancia con las formaciones de la Laurisilva de Valle, donde podemos encontrar la máxima diversidad vegetal y prácticamente la totalidad de las especies arbóreas o los árboles más exigentes en humedad ambiental y edáfica, como tilos, adernos, saúcos, hijas, viñátigos y naranjos salvajes. A medida que ascendemos hacia las crestas más expuestas, el bosque se empobrece gradualmente, perdiendo las especies más exigentes, formando la Laurisilva de Ladera, donde laureles, follaos, acebiños, palos blancos, barbusanos, mocanes, sanguinos, madroños,… encuentran mejores condiciones para su desarrollo. Finalmente el Fayal-Brezal y los Brezales de Cumbre, formados por la faya, el brezo y el tejo, enriquecido con otros árboles citados anteriormente, se extienden por crestas ventosas y orientadas al sur.

En conjunto, la laurisilva domina el paisaje de Garajonay, pero otros hábitats, como los ligados a riachuelos permanentes, como el Arroyo del Cedro, o a los pitones rocosos, restos de antiguos conductos volcánicos, como son los roques de Agando y Carmona, enriquecen el paisaje y son importantes refugios de especies raras, como una especie de margarita, el tajinaste gomero y una especie de col de risco.

 

En cuanto a la fauna, Garajonay cuenta con una fauna que supera las 1.000 especies catalogadas, de las cuales más de 150 son endémicas del parque, lo que constituye una concentración de especies exclusivas por unidad de superficie de las más altas de Europa. La fauna vertebrada es pobre, con un total de 40 especies que corresponden básicamente a aves y reptiles, siendo los únicos mamíferos autóctonos las 4 especies de murciélagos que gracias a su capacidad de vuelo, al igual que las aves, pudieron cruzar el mar que nos separa de África para colonizar estas islas.

 

La mayor parte de las aves pueden encontrarse en el continente europeo, aunque aquí presentan un cierto grado de diferenciación, alcanzando el rango de subespecies, destacando entre ellas las dos especies de palomas endémicas ligadas a los bosques de laurisilva, la paloma rabiche y la turqué, nidificando además en el bosque o en sus inmediaciones aves como mirlos, coloridos pinzones vulgares, canarios, capirotes, herrerillos, petirrojos, reyezuelos, mosquiteros, chocha perdiz, gavilán, búho chico y ratonero.

 

La fauna invertebrada es la que reúne el mayor número de especies, con diferencia, destacando los insectos, entre los cuales sobresalen los escarabajos, seguidos de moluscos y arácnidos.

Fotos y texto de Salvador González Escovar.

El Barranco de La Laja es uno de los ramales superiores del alargado Barranco de La Villa, uno de los grandes tajos de la isla colombina, surgiendo a los pies de Los Roques, en la parte central de la isla, y un largo discurrir hacia el sureste desemboca en la capital insular, San Sebastián de La Gomera.

El recorrido senderista puede iniciarse en La Laja, en el interior del barranco. Cerca de ese pueblo existen presas que recogen el agua que corre desde la cabecera del Barranco de La Laja. El agua corriendo entre la arboleda, formada por pinos canarios, brezos, mocanes, sanguinos, laureles y fayas, constituye un atractivo importante de esta excursión. En el sendero se tiene la opción de desviarse del camino principal, si se quiere pasar por la pequeña presa de La Laja y contemplar el altivo pitón rocoso de Ojila desde su base, subiendo a través de un camino perdido entre la zarza y la hierba, hasta alcanzar un canal que pasa bajo el roque y que más adelante enlaza con el camino principal. Una vez en esa senda, caminar por un trazado de herradura entre el fayal-brezal resulta más llevadero, y se sigue subiendo hasta la carretera que viene de la capital, a la altura del Roque de Agando.

 

Luego se toma el camino que desciende, aunque hay un primer tramo de ascenso a la Ermita de Las Nieves, a la Degollada de Peraza por el borde sur del barranco que hemos recorrido por el fondo, barranco que es bastante amplio y verde, y por su interior serpentean barrancos secundarios que surcan el tramo alto y sus vertientes laterales. A lo largo del cauce se reparten algunos caseríos como La Laja, Los Chejelipes, El Atajo y San Antonio, junto a algunas presas, divisándose la carretera que une esos barrios.

 

El circuito senderista se cierra bajando desde la Degollada de Peraza hacia el interior del Barranco de La Laja por la ladera sur del barranco, mediante un camino empedrado, zigzagueante y adornado de palmeras, hasta el punto de partida de La Laja.

 

Otra opción es, en lugar de descender al fondo del barranco, continuar desde la Degollada de Peraza hacia San Sebastián. Para ello, después de un corto tramo por asfalto, se retoma el sendero, aunque en algunos tramos avanza un tanto perdido entre la maleza. Entonces se puede disfrutar de la vista de otro barranco que se abre al sur, el de Juan de Vera o del Cabrito, al otro lado del de La Villa, y que alberga extensos y bellos palmerales en su cabecera, amén del vistoso promontorio rocoso que da nombre al peculiar Roque del Sombrero, situado en la divisoria entre el Barranco del Cabrito y el de La Guancha, roque que recuerda la forma de la punta de un lápiz.

 

Más abajo, tras pasar la zona de Ayamosna, el sendero se aleja de la carretera que sube desde la capital, descendiendo de forma más pronunciada hasta el destino final.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Los barrancos que configuran la cuenca del Cabrito constituyen un paisaje peculiar de gran tipismo, donde no faltan elementos singularizados destacados como las crestas, diques y roques de interfluvios como el Roque del Sombrero y el Roque de Magro, así como el palmeral de sus laderas, además de numerosas plantas rupícolas, aferradas a los riscos verticales, y otras especies botánicas propias del árido piso basal como balos, tabaibas, aulagas y cardones.

 

En su conjunto, conforma una estructura geomorfológica profundamente desmantelada por la erosión desde hace millones de años, con inclinadas laderas y fondos de los barrancos más o menos planos.

 

En las zonas de Vegaipala y Jerduñe, la presencia humana armoniza con el entorno sin desvirtuar un paisaje de tinte tradicional añadiendo al mismo elementos culturales de interés antropológico.


Este barranco está catalogado y protegido como Monumento Natural.

 

Desde la Playa del Cabrito, un camino asciende y recorre la cresta que separa el vecino Barranco de Chinguarime del Barranco del Cabrito, pasando por el caserío abandonado de Morales, Llano de La Cruz y Tacalcuse, hasta llegar a Jerduñe.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Fortaleza de Chipude es un accidente geográfico de la isla de La Gomera, ubicado en la zona de Chipude en el municipio de Vallehermoso. “Fortaleza” es el nombre que reciben determinadas montañas, de paredes rocosas y cima más o menos plana, asemejadas a un baluarte.

La montaña tiene un origen intrusivo, sin derramamiento de materiales, de traquiandesita, naturaleza ácida y gran viscosidad del magma, lo que le confiere su característica morfología, siendo además una de las más llamativas de Canarias. Alcanza una altitud de 1.243 m.s.n.m., y su diámetro es de 300 metros.

La Fortaleza es un domo de notable valor científico y singularidad, con gran interés geológico por su origen y morfología, constituye además un hito paisajístico referente del territorio donde se encuentra. Sus paredes albergan una buena representación de hábitats rupícolas, provistos de una alta biodiversidad endémica, con muchos elementos amenazados y protegidos como una especie de siempreviva (Limonium redivivum) y otra de cabezón (Cheirotophus satarataënsis)

El único acceso a ella es un estrecho y empinado paso por la cara norte que puede ser fácilmente superado.

Se han hallado numerosos yacimientos arqueológicos precoloniales en la cima. En 1874 Juan Bethencourt Alfonso estudió varias estructuras de piedra e interpretó la fortaleza como una “montaña sagrada”, interpretación a la que se sumó René Verneau. En 1973 el Departamento de Arqueología de la Universidad de La Laguna realizó una excavación y estudio del yacimiento. Para Manuel Pellicer Catalán la mayoría de las construcciones eran meras cabañas pastoriles, interpretando la fortaleza como un asentamiento estacional. En 1994 Juan Francisco Navarro Mederos identifica tanto estructuras habitacionales (cabañas), como goros y otras construcciones dedicadas a rituales religiosos.

Forma parte de la red de Espacios Naturales de La Gomera, catalogado como Monumento Natural.

Esta pequeña excursión, si se comienza en Pavón, permite ascender a esta distinguible atalaya desde la que se domina el suroeste de La Gomera. El camino asciende sin problemas por la ladera norte hasta la base de la pared rocosa que forma el borde de la montaña. Una vez bajo la pared hay que trepar un poco siguiendo la continuación imaginaria del sendero. La cima es llana, existiendo curiosos amontonamientos de piedras que principalmente forman tagorores y dibujan espirales, no en vano se trata de un lugar de rituales de los pobladores prehispánicos de esta isla.

Al este de la montaña se profundiza el Barranco de Erque, que desde poco más arriba avanza hasta la costa suroeste, y cuya desembocadura se halla en la Playa de La Rajita, cerca de la población de La Dama, inmersa en invernaderos y cultivos mayoritariamente de plataneras. Hacia el oeste se distinguen los cortados cimeros del Barranco de Valle Gran Rey.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Además del camino clásico que sube al Roque del Conde existe otro menos frecuentado que salva la arista norte de la montaña desde la Degollada de Los Frailitos.

 

El recorrido comienza en el barrio aronero de Vento y atraviesa el Barranco del Rey, linde natural entre los municipios de Arona y Adeje, sube a la Degollada de Los Frailitos, situada entre la Loma de Suárez y la arista norte del Roque del Conde, desde donde se contempla una espectacular panorámica del abrupto Macizo de Adeje, uno de los más antiguos de la isla, con las montañas del Roque de Los Brezos y la Pica de Imoque destacando en lo alto, al otro lado del Roque del Conde o Ichasagua, por cuya arista norte existe una vereda que sube a la cima de la montaña, aunque a simple vista parezca que no hay espacio por ahí para que discurra un camino; incluso en el ascenso nos encontramos alguna era abandonada entre tabaibas, cardones, etc, viejo testigo del trillado de los cereales que antiguamente se cultivaban en los bancales, invadidos actualmente por la flora autóctona y que aún pueden observarse en la vertiente oriental del Roque del Conde, la ladera menos abrupta de la montaña

 

Un resalte vertical en la parte alta de Ichasagua obliga a la senda a rodear su base por la parte oriental y poco más arriba alcanzar la planicie, ligeramente inclinada hacia el norte que forma la cumbre de esta panorámica atalaya sureña que ronda los 1.000 m.s.n.m.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

En el sur de Tenerife, concretamente en el término municipal de San Miguel de Abona, el cono volcánico de Montaña Amarilla constituye un elemento geomorfológico de evidente singularidad, formando parte, como estribación más meridional, de un conjunto paisajístico de volcanes alineados del sur de la isla. Además, su origen freatomagmático, originado por la interacción entre el magma y el mar, junto a la presencia de una duna fósil en su base, le confiere un notable interés científico.

 

Los constituyentes volcánicos del monumento son principalmente traquibasaltos de la Serie III. Sin embargo, en el sector oriental del cono, hay materiales del mismo periodo pero de naturaleza basáltica derivados de otros volcanes próximos. La cercanía del mar, aparte de inducir erupciones de tipo explosivo en el momento de su génesis, ha provocado una fuerte erosión, desmantelando el edificio parcialmente. El constante proceso erosivo ha dejado al descubierto importantes estratos piroclásticos de un llamativo matiz ocre y una característica duna fósil en la base de la estructura.

 

La vegetación es escasa en el lugar. Tan sólo destaca, de algún modo, la abundante muestra de tabaibas dulces (Euphorbia balsamifera) existentes. Ya con carácter menos representativo se encuentran especies vegetales que ocupan las zonas más afectadas por la acción de las mareas. Entre ellas cabe citar un endemismo como es la piña de mar (Atractylis preauxiana) y la lechuga de mar (Astydamia latifolia), cuyas hojas fueron pieza fundamental en la dieta de antiguos marineros ya que facilitaba la digestión y contenía un elevado porcentaje de vitamina C. Finalmente también hay presencia de ejemplares de salado (Schizogyne serícea).

 

Análogamente a como ocurre con la vegetación, este ecosistema no presenta una abundante representación faunística. No obstante, en estos términos, habría que destacar especialmente la presencia de cernícalos (Falco tinnunculus). También habitan otras dos especies de aves como las currucas tomilleras (Sylvia conspicillata orbitalis) o las palomas bravías (Columba livia)

 

La montaña puede ser pateada con facilidad, tanto bordeando su línea litoral (con marea baja) pasando por la duna fósil y bajo los coloridos y verticales estratos, como ascendiendo y recorriendo el borde del desfigurado y ensanchado cráter.