Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto denso y muy ramificado con hojas enteras, subglabras y bordes doblemente aserrados.

Flores pequeñas, dispuestas en espigas terminales o axilares que sobresalen del resto de la planta, con los sépalos redondeados y corola con 4 0 5 lóbulos de color rojo oscuro a morado.

Frutos en forma de cápsula más o menos ovoides, abriéndose generalmente por 2 valvas o poros, conteniendo muchas semillas diminutas.

Habita en Las Cañadas del Teide, muy común localmente y característica de la zona subalpina de La Fortaleza, Llano de Ucanca, Los Roques, El Portillo, Dorsal de Pedro Gil, pudiendo invadir pinares y zonas más bajas de la isla, normalmente entre los 1.600 y 2.400 m.s.n.m

En la Palma es más esporádica en pinares de Garafía y de Cumbre Vieja.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La cresta de gallo es un arbusto pequeño de hasta 1.5 m. de alto con hojas simples, alternas, brillantes, de forma lanceolada a ovadas, escasamente pubescentes por el envés y bordes serrados.

Flores de color anaranjado vivo, densas y dispuestas en racimos terminales y cónicos, bracteados con caliz pentalobulado, más corto que el tubo de la corola, que es bilabiada con el labio superior más largo que el inferior.

Frutos en forma de cápsula marrón al madurar albergando multitud de diminutas semillas.

Especie característica del sotobosque de los bosques de laurisilva y del fayal-brezal, creciendo también en barrancos húmedos en La Palma, La Gomera y Tenerife.

Texto y fotos de Salvador González Escovar

Este largo circuito senderista de unos 20 kms. de longitud comienza en el barrio isorano de Chiguergue. Al principio se sigue una estrecha pista asfaltada en dirección sur y ligeramente ascendente, hacia el pintoresco pueblo de Chirche.

La pista se abandona en una curva mediante sendero indicado (PR. 69) y limitado por muretes de piedra de malpaís, en un entorno volcánico en el que prosperan almendros, higueras, tuneras, tabaibas, verodes, bejeques, inciensos, tajinastes, vinagreras, jaguarzos, cornicales y demás plantas de la zona seca.

Al llegar a Chirche, atravesamos el pueblo subiendo y continuamos nuestra dirección por el PR 69 hacia El Jaral, sin llegar a él, pasando por pequeños barrancos en los que dispersos pinos canarios van invadiendo sus vertientes.

Cuando alcanzamos la zona conocida como El Frontón en un cruce de senderos nos dirigimos hacia el Barranco de Tágara mediante el sendero PR. 70, con lo que la subida se hace más evidente y pronunciada siguiendo el límite norte del Barranco del Pozo, bastante más profundo que los otros vecinos que hemos dejado atrás hasta llegar aquí. La amplia panorámica de las medianías y costa isorana se desparraman a nuestros pies, visión que además se alarga en dirección norte hasta divisar los escarpes del Macizo de Teno, más allá de los pinares que pueblan la Dorsal volcánica de Abeque, y hacia el sur destaca la Montaña Tejina, poco más allá de los caseríos de El Jaral, de Las Fuentes y del Barranco de Guaría.

Bastante más arriba llegamos al borde sur del Barranco de Tágara, inconfundible tajo que alberga uno de los pinares más maduros de la isla, amén de su profundidad y de los grandes paredones laterales con los que nos obsequia a este nivel altitudinal.

Continuamos subiendo próximos al borde del barranco en un largo y cansino ascenso entre un tupido pinar, pasando por la casa forestal de Tágara, para tras ello adentrarnos decididamente en los dominios del Barranco de Tágara pero siempre próximos a la arista sur del tajo.

El barranco se atraviesa por su tramo alto, a unos 1.800 m.s.n.m., bajo los descomunales paredones que se desploman desde sus vertientes laterales y desde su cabecera, tajo cuyo nacimiento se encuentra por debajo de la Montaña del Cedro y cerca de la torre de vigilancia de incendios, en un desplome súbito y repentino del relieve visto desde arriba. 

Al cruzar el salvaje cañón por su parte más espectacular, nos sentimos aislados del resto del mundo, invadidos por el silencio abrumador que impera entre estos farallones y que reducen el horizonte vital del caminante a una estrecha y caótica franja, percibiendo a la vez como los viejos pinos canarios, algunos muertos, ennegrecidos y secos pero aún erguidos con sus ramas esqueléticas, tras sufrir los efectos de catastróficos y numerosos incendios ocurridos en la zona, junto a otros con los grandes troncos partidos o arrancados de cuajo y arrastrados por las avenidas torrenciales y por desprendimientos de grandes rocas, nos enseñan que esta descomunal fisura en la corteza terrestre puede suponer tanto un refugio como un cementerio forestal.

Después de atravesar el Barranco de Tágara nos encaminamos, ya con tendencia descendente, al siguiente tajo vecino por el norte, el de Las Pegurias, de menor profundidad que el anterior. Tras cruzarlo bajamos continuamente por la lomada repleta de escobones que lo divide del siguiente barranco por el norte, el del Cedro, llegando tras una dilatada bajada a Chirche, completando el circuito montañero, y desde ahí ya solo nos queda poco más de 1 km. de pateo hasta Chiguergue.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto pequeño perenne, de tallo hirsuto muy ramificado, con ramas suculentas, largas, gruesas, muy vellosas y blancas por debajo de las rosetas foliares.

Hojas arrosetadas en el extremo de las ramas, y grandes con glándulas lineares y evidentes, bordes rojizos y crispados, irregularmente ciliados.

Flores normalmente mayores que en otras especies del mismo género, de color amarillo dorado, muy vistosas y abundantes, sobresaliendo del resto de la planta. Florece en mayo-junio, fructificando en verano y al igual que otras especies del mismo género, sus pequeños frutos capsulares de color marrón proporcionan multitud de diminutas semillas, reproduciéndose también por esquejes.

Puede hibridarse con el Aeonium spathulatum.

Es una especie exclusiva de Tenerife, con una distribución dispersa, geográfica y altitudinalmente, por la vertiente sur de la isla, desde los 200 hasta los 2.400 m.s.n.m., entre los que se encuentra la Ladera de Güímar y barrancos aledaños, pinares de Guía de Isora, de Vilaflor y paredes del Circo de Las Cañadas del Teide, siempre desarrollándose en ambientes rupícolas, lo que en cierto modo garantiza su relativamente buen estado de conservación

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto muy ramificado desde la base, de hasta 1 metro de alto. Existen dos variedades con poblaciones aisladas, una de hojas enteras y lanceoladas (var. isoplexiphyllus) y otra de hojas divididas, pinnatilobadas, con los lóbulos lanceolados y obtusos (var. Junonianus). Las hojas son olorosas por la presencia de sustancias amargas.

Pedúnculos de 15-20 cm. de largo, ramificados, portando cabezuelas o flósculos de color rosado-púrpuras, muy abundantes, floreciendo en primavera y fructificando en verano presentando un alto poder germinativo.

Fruto en forma de receptáculo con cerdas, esférico de color marrón al madurar.

Es un endemismo palmero muy local, encontrándose por ello amanazada de extinción, y restringido a la zona volcánica sur de la isla, al sur de Fuencaliente, con dos poblaciones muy próximas entre sí, en torno a los 300 m. de altitud sobre el nivel del mar.

La especie se encuentra amenazada por diversas causas, como la construcción de canales, recolecciones, etc.

Vive en matorrales, acompañada de vinagreras o tajinastes, que se desarrollan sobre las grietas de los roques fonolíticos (como el Roque Teneguía), no apareciendo en el sustrato volcánico circundante. Prefiere las orientaciones soleadas.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto que puede sobrepasar los 2 m. de alto, muy ramificado, denso y de follaje blanquecino.

Floración abundante y vistosa, de color amarillo, parecida a las del género Teline, dispuesta a lo largo de las ramas floríferas, flores que sin embargo originan escasas semillas fértiles.

Es un endemismo palmero restringido a las cumbres que rodean la Caldera de Taburiente, entre lo 1.800 y 2.400 m.s.n.m., acompañando al codesar de cumbre, creciendo sobre suelos arcilloso-pedregosos muy sueltos, en el dominio del piso bioclimático supracanario seco y en lugares soleados.

Especie poco frecuente en su dominio potencial debido principalmente al pastoreo caprino de la zona hasta épocas recientes.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto de hasta 1 m. de alto, muy ramificado. Hojas lanceoladas, enteras, coriáceas, el haz con pequeñas espinas de base ancha, y el envés glabro, de color verde-azuladas.

Inflorescencias de 15 a 20 cm. de largo, muy abundantes, llamativas y corola de color azul-violáceas, con el tubo del cáliz, espinoso, más largo que los lóbulos. Estambres igualando o superando ligeramente la longitud de la corola, y a menudo asimétricos. Florece normalmente en junio-julio, fructificando poco después.

Fructificación abundante en forma de cápsulas abiertas y marrones que portan varias semillas, muy fértiles, pudiendo también hibridarse espontáneamente con el Echium wildpretii ssp. trichosiphon, o tajinaste rosado de La Palma, ya que comparten hábitat en las cumbres de la isla.

Especie endémica y exclusiva de La Palma, distribuyéndose por los escarpes que bordean interiormente la Caldera de Taburiente, fisuras, pedregales en laderas inclinadas e igualmente en los riscos más abruptos de la parte exterior del parque nacional, como en la parte más elevada del Pinar de Garafía, lindando al norte de la Caldera de Taburiente, siempre en lugares luminosos y fuera del alcance de las cabras.

La disminución del pastoreo en la zona ha permitido el aumento de las poblaciones existentes en riscos casi inaccesibles, comenzando también a colonizar terraplenes pedregosos. La introducción del arruí supuso una amenaza extra de cara a la expansión de esta interesante especie de tajinaste.

Habita entre los 1.800 y 2.400 m.s.n.m. de forma natural, aunque puede verse cultivada en algunos jardines de la isla en zonas más bajas.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

 

Pequeño arbusto (antes Senecio palmensis) de hojas carnosas, lanceoladas con los bordes dentados

 

Inflorescencias densa y corimbosa, de color amarillo y capítulos delgados. Florece y fructifica en verano.

Especie endémica de las islas de Tenerife y La Palma, entre los 450 y 2.400 m.s.n.m., apareciendo por tanto en diversidad de ecosistemas, desde el piso bioclimático mesocanario superior y el supracanario, preferentemente en fisuras de acantilados y rocas, como en las paredes y crestas del Circo de las Cañadas del Teide, en Tenerife, y en las Cumbres de Garafía, cumbres de la Caldera de Taburiente, Barrancos de Las Angustias, de Fagundo, de Izcagua, del Jorado, Pico Bejenado, Pico Corralejo, Pico del Cedro y riscos interiores de la Caldera de Taburiente, en La Palma.

Puede llegar a ser frecuente localmente, pero más abundante en zonas de cumbres de Tenerife y La Palma que en cotas más bajas. No parece sufrir ninguna amenaza directa, aunque el coleccionismo o la inestabilidad geológica por derrumbamientos en algunos lugares donde se asienta pueden dañar sus poblaciones.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto pequeño, más robusta y grande que la violeta del Teide, que puede alcanzar los 40 cm. de alto. Ramificación abundante.

 

Hojas pubescentes, alternas, simples, de color verde pálido y de forma ovalada.

Floración abundante con 5 pétalos violetas de más de 1 cm. de largo y con una mancha amarilla en el centro y con un espolón largo y delgado.Fructificación igualmente abundante en forma de cápsulas dehiscentes, de 3 valvas con varias semillas. Diseminación local buena.

Especie endémica y exclusiva de las cumbres septentrionales de La Palma, alrededor de las crestas del parque nacional de la Caldera de Taburiente, donde puede ser localmente abundante, sin que hasta el momento haya sido descubierta dentro de ese espacio protegido, y cuya población natural no parece verse afectada por el pastoreo, aunque una red viaria cercana y la contante afluencia de personas puede afectar a su conservación. Habita entre los 1.800 y los 2.400 m.s.n.m

Prefiere los lugares abiertos y soleados del codesar cumbrero, creciendo sobre pedregales arcillosos o fisuras de las toscas, en comunidades rupícolas del piso supracanario, tanto en basaltos o traquibasaltos conviviendo con los codesos y retamones cuando estos adquieren un porte bajo.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

 

El Marmulán (Sideroxilon canariensis) es un árbol pequeño perteneciente a la familia de las Sapotaceae, pudiendo alcanzar hasta los 8 metros de altura en condiciones favorables de suelo y humedad.

El tronco es delgado, erecto, de corteza algo rugosa y de color marrón claro. Tiene un follaje siempre verde, copa estrecha formada por unas ramas también erectas.

Las hojas son de borde entero, normalmente dispuestas formando ramilletes densos en el extremo de las ramas, hojas pecioladas, gruesas, coriáceas, de forma ovalada, con el ápice redondeado, obtuso a retuso, presentando una nerviación reticulada y nervio central bien marcado, y de hasta 11 cm. de largo (+ 1.5-2 cm. de peciolo) por 3-4 cm de ancho en las condiciones más favorables.

Las flores son pequeñas, aglomeradas en las axilas de las hojas, pediceladas, blanquecinas, con la corola pentalobulada con un tubo corto y los estambres algo más largo que la corola y 5 con sépalos sobrepuestos por los bordes.

El fruto es una baya de forma ovoide, carnosa, monosperma, de color negro-violáceo en la madurez, de aproximadamente 1 cm. De largo presentando una espina terminal.

Este arbolillo forma parte de los bosques termófilos, habitando entre los 300 y 600 m.s.n.m. en las vertientes norte, y entre los 400 y 700 m. en las vertientes sur de las islas donde sobrevive (La Palma, La Gomera, El Hierro, Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura), encontrándose de forma localizada, con poblaciones escasas en barrancos y riscos innacesibles, a salvo de la presión antrópica y por parte del ganado asilvestrado. La dificultad de su reproducción natural por semillas también contribuye a su rareza.