Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es un camino alternativo al sendero del Aserrador que también une el caserío de Ifonche con Adeje, y de la misma manera se trata de un sendero con un gran interés geológico y botánico.

Desde Ifonche la senda se acerca al borde oriental del Barranco del Infierno, divisando su parte más espectacular, encajonada y profunda, junto a una casa de labranza y una era. Poco más abajo el sendero penetra en la parte superior de la vertiente oriental del tajo y sin llegar a descender demasiado se alcanza una degollada (en la que aflora una colada pumítica o de jable) junto al Roque Abinque, que es un potente escarpe vertical que surge súbitamente desde lo más profundo del Barranco del Infierno. Algunos brezos, además del pinar, junto a bicácaros, escobones, cerrajas, tabaibas mejoreras, magarzas, tajinastes, cardoncillos y multitud de plantas rupícolas encuentran refugio en las empinadas laderas del barranco.

Desde aquí el encajonado tajo hunde nuestra mirada en el abismo, mientras en su vertiente opuesta unos curiosos acantilados estriados adornan la pared.

Mirando en sentido opuesto y fuera de los límites del Barranco del Infierno se contemplan los escarpes del Roque de Los Brezos, Nariz de García, Imoque y Roque del Conde, constituyendo los roques más emblemáticos del Macizo de Adeje, que junto a los macizos de Anaga y Teno son las zonas más antiguas desde el punto de vista geológico.

La senda, en algunos puntos algo confusa y derruida, sigue descendiendo, bordeando las laderas oriental y sur del Roque Abinque, y pasa sobre una profunda y angosta garganta enfilada hacia la zona baja del municipio de Adeje. Además diques, roques, almagres y arcos quedan al descubierto por procesos erosivos acontecidos durante varios millones de años, todo ello en un paisaje de gran desnivel que contrasta con la plataforma costera divisada al fondo, zona sumamente urbanizada a lo largo y ancho de todo el suroeste insular. 

El pinar ha quedado atrás y van apareciendo árboles aislados propios del bosque termófilo como sabinas, acebuches y almácigos, y arbustos como guaydiles, granadillos, cornicales y jaguarzos que finalmente se entremezclan con la vegetación xerófila del cardonal-tabaibal dominante en la zona baja de la isla.

En la parte final del descenso, después de que el sendero vuelva a aproximarse al borde del Barranco del Infierno pero sin llegar a alcanzarlo, y de atravesar un canal, el camino seguido da paso a una pista agrícola que nos conduce hasta un parque próximo al cementerio, a la entrada del pueblo de Adeje.

PALO BLANCO I

3 agosto, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Palo blanco (Picconia excelsa) es un árbol de corteza blanquecina de hasta 10 metros de altura

Tiene las hojas opuestas, simples, enteras, obovadas o lanceoladas, glabras y coriáceas, bordes revolutos y de color verde oscuro.

Flores hermafroditas de color blanco pálido, pequeñas y agrupadas en racimos terminales.

El fruto es una drupa ovoide negra en la madurez de hasta 2 cm. de longitud.

Este árbol es un endemismo macaronésico que normalmente forma parte de los bosques de laurisilva, localmente dominante en las zonas inferiores del monteverde, apareciendo también en el fayal-brezal y en el pinar mixto. Pertenece a la familia de las Oleáceas, su reproducción resulta sencilla y en Canarias se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El oro de risco es un arbusto alto, muy ramificado y deciduo de hasta 3 -5 m. de alto con flores amarillas grandes y hojas trifoliadas, cada hojuela tiene forma lanceolada o estrechamente ovada, de unos 5 o 6 cm. de largo.

Flores amarillas grandes, abundantes y llamativas, con líneas rojizas sobre el estandarte, floreciendo entre diciembre y enero.

Fruto en forma de legumbre grande, de color marrón claro al madurar aproximadamente en abril y mayo, indehiscente, con las semillas separadas por tabiques.

Es un arbusto raro de la zona media o baja, habitando entre los 200 y 800 m. de altitud sobre el nivel del mar. En ninguna de las 4 islas donde habita (Gran Canaria, Tenerife, La Palma y La Gomera) es abundante y solo es posible observar ejemplares aislados en zonas sometidas a actividades humanas como pastoreo y roturaciones, además la mayoría de las poblaciones están fuera de áreas protegidas, lo que pone en peligro su supervivencia.

Está ligada a los bosques termófilos de sabinas y acebuches y más raramente en zonas de transición a pinares secos en las vertientes meridionales.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este arbusto o arbolillo (Maytenus canariensis) recibe este nombre porque recuerda a un pequeño peral. Pertenece a la familia de las celastráceas y es un endemismo canario. Puede alcanzar los 5 metros de altura en condiciones óptimas de suelos ricos y con suficiente humedad. El tronco, bastante ramificado desde la base, posee una corteza rugosa de color gris claro con finos pliegues tranversales paralelos, largos y muy juntos. Brotes de ramas jóvenes de color rojizo. Las hojas jóvenes son de color verde pálido y verde oscuro las viejas, correosas, coriáceas, brillantes, de forma redondeada con ápice obtuso a retuso y borde algo serrulado o aserrado. Las flores son pequeñas, de color amarillo-verdoso pálido y abundantes alrededor de las ramitas formando inflorescencias cimosas. Frutos en forma de cápsulas globosas triloculares (se abren en tres partes al madurar o en los días de calor), de color verdoso o marrón claro, muy parecidos a garbanzos, que contienen varias semillas de color marrón-castaño, ovaladas, con un arilo (a modo de envoltura) blanco y lanudo, formando una copa basal.

 

El peralillo es un ejemplo de árbol de ambientes termófilos y de las zonas más bajas de los bosques de laurisilva, también en zonas bajas y medias de barrancos orientados a los vientos alisios, bastante más raro en riscos y barrancos orientados al sur y oeste, habitando entre los 200 y 800 m.s.n.m. En general se trata de una especie dispersa y poco común que se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote. Su crecimiento es más bien lento, soporta bien las podas y su reproducción por semillas es algo difícil.

 


Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto de hasta 2 metros de alto. Hojas compuestas, grandes, pecioladas y lanudas con pelos rizados; hojuelas anchamente lanceoladas a ovadas, obtusas, con nervios muy acentuados y los bordes revolutos hacia el envés.

Inflorescencias terminales densas con el cáliz campanulado y de color amarillo. Florece de febrero a abril.

Fruto en forma de legumbre vellosa grisácea y con una alta producción de semillas.

La retama peluda es un endemismo de la isla de Gran Canaria en estado crítico de conservación. Cuenta con 2 poblaciones con escaso número de individuos, una de ellas de un tamaño ínfimo, y en total no cubren una superficie superior a una hectárea. 

Sus poblaciones potenciales se sitúan en comunidades rupícolas del margen superior del bosque termófilo, en zonas de dominios de acebuchales y lentiscos, en la región nordeste de la isla, viviendo entre los 550 y 700 metros de altitud.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La sabina (Juniperus turbinata sp. canariensis) es una subespecie endémica de Canarias, perteneciente a la familia de las cupresáceas. Es un arbusto o árbol pequeño de crecimiento lento y muy longevo que puede alcanzar hasta los 8 metros de altura en las condiciones más favorables, aunque lo normal es que no supere los 2 o 3 metros de alto.

Su tronco es muy ramificado y frecuentemente retorcido, con una corteza marrón-rojiza cuando es joven, la cual se torna grisácea, agrietada y quebradiza al envejecer.

La copa es muy ramificada, adquiriendo un porte achaparrado en las zonas ventosas.

Las hojas son escuamiformes, disponiéndose a modo de escamas imbricadas, cuya forma es más o menos triangular, muy apretadas junto a las ramitas, aromáticas y de color verde intenso en la madurez.

Es un árbol monoico. Tanto las flores masculinas como las femeninas son muy pequeñas y poco llamativas; las masculinas son pequeños conos pardo-amarillentos que aparecen en el ápice de los brotes de las ramas nuevas. Las flores femeninas son conos de color verde pálido, sentados sobre ramillas cortas.

Los frutos son parecidos a una baya globosa o esféricos, de aproximadamente un centímetro de diámetro, de color rojizo, rojo oscuro o marrón cuando maduran, conteniendo en su interior un número que varía entre 4 y 10 semillas ovoides. Algunas aves, como el cuervo, al ingerir los frutos, favorece la diseminación y germinación de las semillas al pasar por su potente tracto intestinal. Al margen del cuervo, con el que la sabina muestra una simbiosis especial, para el éxito de su reproducción se requiere dar un tratamiento químico a las semillas, por lo que su germinación es lenta y difícil.

En Canarias esta especie se encuentra en las islas centrales y occidentales, formando parte de la vegetación termófila, en las medianías bajas del territorio insular, por encima de la vegetación del piso basal (cardonal-tabaibal), y a menor altura que el pinar o el monteverde, dependiendo de la orientación dentro de cada isla. Debido a la casi total desaparición de estos bosques termófilos, es frecuente encontrarla de forma aislada o formando pequeños grupos, en laderas de barrancos y riscos inaccesibles de la zona media, también rara vez en la zona de cumbres de las islas más elevadas. Lugares como Afur (Tenerife), La Dehesa (El Hierro) o Vallehermoso (La Gomera), especialmente éste último, son ejemplos de bosques termófilos bien conservados, donde es la propia sabina la que domina este espacio arbóreo de carácter abierto.

TILO I (OCOTEA FOETENS)

1 julio, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El tilo o til (Ocotea foetens) pertenece a la familia de las lauráceas, al igual que el laurel, barbusano y viñátigo. Este árbol puede alcanzar los 40 metros de altura en buenas condiciones de humedad ambiental y edáfica.

El tronco es rugoso, pardo oscuro y muy ramificado. Presenta una copa globosa, amplia y frondosa.

Las hojas son alternas, enteras, brillantes y de color verde oscuro, de forma ovada o anchamente lanceolada, de hasta 8 cm. de longitud, con dos glándulas en la base del raquis, a ambos lados del nervio principal, en las primeras ramificaciones de ese nervio, lo que sirve para diferenciarlo de otros árboles de la laurisilva.

Las flores son de color amarillo-crema, normalmente agrupadas al final de las ramas.

El fruto es bastante característico, ya que tiene forma de bellota incrustada en un cáliz basal, de hasta 1.5 cm. de longitud y de color pardo oscuro cuando madura.

 

El Tilo es un endemismo macaronésico que se distribuye en todas las Islas Canarias a excepción de Fuerteventura y Lanzarote. Habita en las zonas más profundas y húmedas de los bosques de laurisilva, ya que es muy exigente en cuanto a humedad ambiental y edáfica para desarrollarse, viviendo entre los 600 y 900 metros de altura, tratándose en general de una especie rara o poco frecuente en los bosques de laurisilva.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Jocamo es un arbusto muy ramificado de hasta 2 metros de alto, con los tallos cuadragulados, hojas de forma lanceolada a ovada, muy vellosas por el envés, con los bordes crenados, serrados o subenteros.

 

Flores axilares dispuestas en racimos de 1 a 4 flores, corola bilabiada de color rosado a rojo, con el labio superior muy corto y bífido, y el inferior casi entero o trilobulado. Estambres largos, sobresaliendo de la corola.

 

Forma parte de las comunidades termófilas de las islas centrales y occidentales, especialmente en las vertientes oeste y suroeste de las mismas.

 

Endemismo canario-maderense: en Madeira se encuentra la subspecie típica (Teucrium heterophyllum subsp. heterophyllum), mientras que en Canarias existen dos subespecies (T. heterophyllum subsp. hierrense, en El Hierro y T. heterophyllum subsp. brevipilosum en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma).

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El almácigo (Pistacia atlantica) es un árbol perteneciente a la familia de las anacardiáceas que también se encuentra presente en África y Europa meridional.

El tronco es robusto, con la corteza rugosa de color gris oscuro que se cuartea con los años, pudiendo alcanzar hasta los 15 metros de altura.

Los ejemplares adultos presentan una copa amplia, muy ramificada, tupida y de forma semiesférica característica.

Las hojas son compuestas imparipinnanadas (número impar de foliolos, lo que lo diferencia del otro pariente existente en Canarias, el lentisco), de color verde tierno cuando son jóvenes, oscureciéndose y curvándose al envejecer. Los foliolos tienen borde entero, con 4 o 5 pares de foliolos, y uno terminal en la punta, por cada hoja, hoja que puede alcanzar una longitud de unos 12 cm. en conjunto. Es un árbol caducifolio, y junto al sauce canario son los únicos árboles, no introducidos por el hombre en las islas, que pierden las hojas en otoño.

Flores dioicas. Las flores masculinas dispuestas en racimos colgantes en las ramas, numerosas, y de color crema-rojizo. Las femeninas formando racimos axilares densos.

Los árboles femeninos dan frutos duros, rojos en la madurez, de forma ligeramente apepinada, de entre 4 y 6 mm. de tamaño, y cada uno de ellos contiene una semilla, que suele germinar fácilmente ayudada por la acción dispersora de las aves.

El almácigo forma parte de los bosques termófilos de las islas, principalmente entre los 300 y 600 metros de altura sobre el nivel del mar, más habitual en las vertientes norte, noreste y noroeste. Mucho más esporádica en las fachadas orientadas al sur de las islas, donde se refugia en laderas de barrancos y riscos inaccesibles.

Se distribuye por Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Desde la localidad de El Portillo, este sendero sigue la ruta nº 6 del parque nacional hacia Montaña Blanca, pasando por las Montaña de Los Tomillos y de Los Conejos, dos vetustos y desfigurados conos volcánicos que destacan sobre el pálido, vasto y lunático terreno pumítico, todo ello en lo que es el Camino Viejo de subida al Teide, con una aproximación más larga de lo que es el camino de ascensión típico al estratovolcán desde el aparcamiento situado en la base de Montaña Blanca. Tras una apacible y sostenida subida desde el comienzo a través de una senda bien marcada con piedras en sus bordes, el sendero aumenta la inclinación al aproximarnos a la base de Montaña Blanca y enlaza, al final, con la pista que sube por la ladera oriental de esa pálida mole satélite del Teide, mientras se divisan mirando al sur las caóticas y desgarradoras estribaciones de la Montaña Rajada. Siguiendo la larga y citada pista se sube hasta la amplia cima de Montaña Blanca, pasando al lado de las espectaculares y oscuras bombas volcánicas de los Huevos del Teide, desperdigados en medio del terreno pumítico, lo que añade un nítido contraste cromático al pálido entorno. Allí empieza el zigzagueante y polvoriento sendero de subida al Teide, que nos lleva primero al Refugio de Altavista (3.260 m. de altura) después de unas 3 horas de ascenso continuado. En la parte final el camino es empedrado, entre oscuros y ásperos malpaíses que esconden algunos túneles y recovecos como la Cueva del Hielo, alcanzando posteriormente La Rambleta, a 3.500 m.s.n.m., junto a la estación terminal del teleférico.

Ya solo queda superar el corto pero empinado tramo de El Pilón, el Pico del Teide (3.718 m.s.n.m.), de forma cónica, mediante el sendero “Telesforo Bravo”, con el permiso pertinente (trámite necesario por culpa del jodido teleférico, instalación turística que fomenta el turismo masivo en el corazón de todo un parque nacional, dos conceptos que deberían ser incompatibles y excluyentes entre sí, además de la contaminación visual que suponen las torretas y los cables que trasladan el funicular a lo largo de la ladera sur del Teide).

El Cabildo de Tenerife, como accionista mayoritario del teleférico, parece más preocupado por explotar turísticamente el parque nacional (ya más bien convertido en parque temático o de atracciones) y por recaudar pingües beneficios económicos que velar por el interés general de la isla y por la conservación del lugar. No es extraño que presuman de que es uno de los parques nacionales más visitados de España, lo cual resulta normal con la gestión llevada a cabo, pero no por ello necesariamente beneficioso para Las Cañadas del Teide. Sin embargo pocos hablan de las amenazas al espacio protegido como la proliferación de especies exóticas (conejos y muflones) que atentan contra la flora endémica, o de la descontrolada afluencia de visitantes en determinadas zonas del espacio volcánico.

¿Qué prevalece en un parque nacional, la conservación de la biodiversidad y del territorio o el negocio de unos cuantos?

¿Alguien se imagina un funicular en el Monte Perdido, en el parque nacional de Ordesa, o en el Pico Urriellu, en el parque nacional de los Picos de Europa o en el Pico Mulhacén, en el parque nacional de Sierra Nevada?

La Montaña debe ser para montañeros y con instalaciones de este tipo pierde parte de su atractivo, magia y encanto.

El camino de vuelta a El Portillo, una vez bajamos de nuevo hasta la falda de Montaña Blanca, puede variarse con respecto al de ida, siguiendo, desde poco más abajo de su unión con la pista de Montaña Blanca, el sendero nº 22, el cual se dirige casi directamente a los Riscos de La Fortaleza pasando por el Llano de Las Brujas, para luego seguir el sendero nº 1 que desde allí nos devuelve a El Portillo.

Los Riscos de La Fortaleza y el vecino de El Cabezón (que es la cúspide de la arista de la Ladera de Tigaiga, o escalón montañoso elevado uniformemente desde la costa hasta las cumbres insulares) resultan fáciles de ascender, y desde la cima de El Cabezón se tienen buenas panorámicas del Valle de La Orotava y de la Dorsal de Pedro Gil perfilando la vertiente opuesta del valle.