Texto y fotos de Salvador González Escovar.

En la vertiente sureste de El Hierro existe un espectacular acantilado de forma semicircular de unos 5 km. de longitud, abierta al océano, y que se desploma desde una altura de algo más de 1 Km sobre la costa de Las Playas.

Los acantilados herreños, tanto los que dan a la vertiente norte como a la sur de la isla, parecen descomunales en relación a la reducida superficie insular.

Camino de Las Playas:

El sendero, en buen estado, que asciende desde la costa, abandonando la carretera que se dirige al parador de turismo, para alcanzar el mirador de Isora, lo hace por las inmediaciones del fugaz Barranco del Abra, mientras vamos contemplando como tajinastes, vinagreras, tabaibas y bejeques se aferran a estas descarnadas y verticales laderas, además de pinos canarios y sabinas, éstas de forma aislada. Estos árboles se retuercen austeramente en los hostiles roquedos, sobre los que ningún otro árbol puede vivir, desafiando al abismo, perviviendo a medio camino entre el mar y un cielo que se ve surcado por bandadas de cuervos.

Algunas barranqueras y gargantas de vértigo surgen de los cortados cimeros que separan el Risco de Las Playas del resto de la isla, aumentando la sensación de paisaje salvaje, virgen, inexpugnable y sobrecogedor, y finalmente desaparecen al acumular derrubios en el pedregoso litoral, antes de ocultarse definitivamente bajo el mar.

Al finalizar la empinada subida al mirador de Isora, el sendero continúa por terreno más favorable hacia Isora. Antes de llegar al pueblo, un desvío nos encamina a circundar el borde del acantilado, volviendo a ganar altura siguiendo pistas asfaltadas, para finalmente encontrarnos de nuevo en el filo del anfiteatro a la altura de Montaña Bermeja, cerca de la parte central del precipicio, atalaya que ofrece unas perspectivas de ensueño, donde la extasiante mirada vuelve a convertirse en el mayor placer de esta vida, vistas que se desploman sobre la profunda depresión abierta al mar y que se hunde a nuestros pies.

Siguiendo el margen del murallón por una pista de tierra se llega en poco tiempo al punto de inicio (muy próximo al mirador de Las Playas) de la esta larga ruta que prácticamente ha rodeado todo este acantilado por su base y por su borde cimero, atractivo risco producto de la erosión que ha socavado una parte de la superficie insular.