Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto denso y muy ramificado con hojas enteras, subglabras y bordes doblemente aserrados.

Flores pequeñas, dispuestas en espigas terminales o axilares que sobresalen del resto de la planta, con los sépalos redondeados y corola con 4 0 5 lóbulos de color rojo oscuro a morado.

Frutos en forma de cápsula más o menos ovoides, abriéndose generalmente por 2 valvas o poros, conteniendo muchas semillas diminutas.

Habita en Las Cañadas del Teide, muy común localmente y característica de la zona subalpina de La Fortaleza, Llano de Ucanca, Los Roques, El Portillo, Dorsal de Pedro Gil, pudiendo invadir pinares y zonas más bajas de la isla, normalmente entre los 1.600 y 2.400 m.s.n.m

En la Palma es más esporádica en pinares de Garafía y de Cumbre Vieja.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto pequeño perenne, de tallo hirsuto muy ramificado, con ramas suculentas, largas, gruesas, muy vellosas y blancas por debajo de las rosetas foliares.

Hojas arrosetadas en el extremo de las ramas, y grandes con glándulas lineares y evidentes, bordes rojizos y crispados, irregularmente ciliados.

Flores normalmente mayores que en otras especies del mismo género, de color amarillo dorado, muy vistosas y abundantes, sobresaliendo del resto de la planta. Florece en mayo-junio, fructificando en verano y al igual que otras especies del mismo género, sus pequeños frutos capsulares de color marrón proporcionan multitud de diminutas semillas, reproduciéndose también por esquejes.

Puede hibridarse con el Aeonium spathulatum.

Es una especie exclusiva de Tenerife, con una distribución dispersa, geográfica y altitudinalmente, por la vertiente sur de la isla, desde los 200 hasta los 2.400 m.s.n.m., entre los que se encuentra la Ladera de Güímar y barrancos aledaños, pinares de Guía de Isora, de Vilaflor y paredes del Circo de Las Cañadas del Teide, siempre desarrollándose en ambientes rupícolas, lo que en cierto modo garantiza su relativamente buen estado de conservación

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

 

Pequeño arbusto (antes Senecio palmensis) de hojas carnosas, lanceoladas con los bordes dentados

 

Inflorescencias densa y corimbosa, de color amarillo y capítulos delgados. Florece y fructifica en verano.

Especie endémica de las islas de Tenerife y La Palma, entre los 450 y 2.400 m.s.n.m., apareciendo por tanto en diversidad de ecosistemas, desde el piso bioclimático mesocanario superior y el supracanario, preferentemente en fisuras de acantilados y rocas, como en las paredes y crestas del Circo de las Cañadas del Teide, en Tenerife, y en las Cumbres de Garafía, cumbres de la Caldera de Taburiente, Barrancos de Las Angustias, de Fagundo, de Izcagua, del Jorado, Pico Bejenado, Pico Corralejo, Pico del Cedro y riscos interiores de la Caldera de Taburiente, en La Palma.

Puede llegar a ser frecuente localmente, pero más abundante en zonas de cumbres de Tenerife y La Palma que en cotas más bajas. No parece sufrir ninguna amenaza directa, aunque el coleccionismo o la inestabilidad geológica por derrumbamientos en algunos lugares donde se asienta pueden dañar sus poblaciones.

VOLCÁN CHINYERO (TENERIFE)

28 septiembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Desde el pueblo de San José de Los Llanos, un sendero asciende hasta el Volcán Chinyero, la última erupción ocurrida en Tenerife, en el año 1909.

Al principio la senda transcurre por pinar mixto, para luego empobrecerse a medida que nos acercamos a la zona volcánica de la Montaña Negra, que es una oscura zona de lapilli, antesala del Chinyero, el cual se encuentra rodeado por sus ásperos y siniestros malpaíses situados un poco más arriba.

Al abrirse el pinar en la extensa piconera que rodea la Montaña Negra, el estratovolcán Teide-Pico Viejo luce en todo su esplendor, coronando este inmenso campo minado de volcanes que es la dorsal volcánica de Abeque, la cual se alarga hasta la base oeste del Pico Viejo.

Poco después llegamos al circuito senderista que rodea el Volcán Chinyero, pasando por extensas zonas de lapilli y por malpaíses vomitados por el desfigurado cono, sobre todo la vertical fachada oriental del cráter, y de esta manera andando sobre el terreno geológicamente más joven de Tenerife.

Estos volcanes y el pinar que va reclamando sus antiguos dominios, bosque que forma oasis vitales en medio de la desolación volcánica, constituyen una hilera de contraste entre el verde y el negro, a la vez que entre la vida y la destrucción, hilera que alcanza hasta la base del complejo Teide-Pico Viejo, edificio volcánico que se contempla formando una bella estampa detrás del Chinyero y de los ríos de lava petrificada que vamos pisando mediante un sendero bien marcado.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Desde la localidad de El Portillo, este sendero sigue la ruta nº 6 del parque nacional hacia Montaña Blanca, pasando por las Montaña de Los Tomillos y de Los Conejos, dos vetustos y desfigurados conos volcánicos que destacan sobre el pálido, vasto y lunático terreno pumítico, todo ello en lo que es el Camino Viejo de subida al Teide, con una aproximación más larga de lo que es el camino de ascensión típico al estratovolcán desde el aparcamiento situado en la base de Montaña Blanca. Tras una apacible y sostenida subida desde el comienzo a través de una senda bien marcada con piedras en sus bordes, el sendero aumenta la inclinación al aproximarnos a la base de Montaña Blanca y enlaza, al final, con la pista que sube por la ladera oriental de esa pálida mole satélite del Teide, mientras se divisan mirando al sur las caóticas y desgarradoras estribaciones de la Montaña Rajada. Siguiendo la larga y citada pista se sube hasta la amplia cima de Montaña Blanca, pasando al lado de las espectaculares y oscuras bombas volcánicas de los Huevos del Teide, desperdigados en medio del terreno pumítico, lo que añade un nítido contraste cromático al pálido entorno. Allí empieza el zigzagueante y polvoriento sendero de subida al Teide, que nos lleva primero al Refugio de Altavista (3.260 m. de altura) después de unas 3 horas de ascenso continuado. En la parte final el camino es empedrado, entre oscuros y ásperos malpaíses que esconden algunos túneles y recovecos como la Cueva del Hielo, alcanzando posteriormente La Rambleta, a 3.500 m.s.n.m., junto a la estación terminal del teleférico.

Ya solo queda superar el corto pero empinado tramo de El Pilón, el Pico del Teide (3.718 m.s.n.m.), de forma cónica, mediante el sendero “Telesforo Bravo”, con el permiso pertinente (trámite necesario por culpa del jodido teleférico, instalación turística que fomenta el turismo masivo en el corazón de todo un parque nacional, dos conceptos que deberían ser incompatibles y excluyentes entre sí, además de la contaminación visual que suponen las torretas y los cables que trasladan el funicular a lo largo de la ladera sur del Teide).

El Cabildo de Tenerife, como accionista mayoritario del teleférico, parece más preocupado por explotar turísticamente el parque nacional (ya más bien convertido en parque temático o de atracciones) y por recaudar pingües beneficios económicos que velar por el interés general de la isla y por la conservación del lugar. No es extraño que presuman de que es uno de los parques nacionales más visitados de España, lo cual resulta normal con la gestión llevada a cabo, pero no por ello necesariamente beneficioso para Las Cañadas del Teide. Sin embargo pocos hablan de las amenazas al espacio protegido como la proliferación de especies exóticas (conejos y muflones) que atentan contra la flora endémica, o de la descontrolada afluencia de visitantes en determinadas zonas del espacio volcánico.

¿Qué prevalece en un parque nacional, la conservación de la biodiversidad y del territorio o el negocio de unos cuantos?

¿Alguien se imagina un funicular en el Monte Perdido, en el parque nacional de Ordesa, o en el Pico Urriellu, en el parque nacional de los Picos de Europa o en el Pico Mulhacén, en el parque nacional de Sierra Nevada?

La Montaña debe ser para montañeros y con instalaciones de este tipo pierde parte de su atractivo, magia y encanto.

El camino de vuelta a El Portillo, una vez bajamos de nuevo hasta la falda de Montaña Blanca, puede variarse con respecto al de ida, siguiendo, desde poco más abajo de su unión con la pista de Montaña Blanca, el sendero nº 22, el cual se dirige casi directamente a los Riscos de La Fortaleza pasando por el Llano de Las Brujas, para luego seguir el sendero nº 1 que desde allí nos devuelve a El Portillo.

Los Riscos de La Fortaleza y el vecino de El Cabezón (que es la cúspide de la arista de la Ladera de Tigaiga, o escalón montañoso elevado uniformemente desde la costa hasta las cumbres insulares) resultan fáciles de ascender, y desde la cima de El Cabezón se tienen buenas panorámicas del Valle de La Orotava y de la Dorsal de Pedro Gil perfilando la vertiente opuesta del valle.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Pequeña hierba perenne, con ramificación abundante, hojas pubescentes, pequeñas, de bordes solo ligeramente lobulados y de forma ovadas o espatuladas.

 

Flores vistosas con cinco pétalos, un espolón corto, tricolores, predominando el malva-rosado, raramente de color pálido, con manchas oscuras y amarillas en el centro de la flor. Florece en primavera y presenta fructificación abundante. 

 

Es un endemismo local de las cumbres de Las Cañadas del Teide, muy amenazada, encontrándose de forma testimonial en los andenes de la pared norte y cerca de la cima de la Montaña Guajara, en los terrenos pumíticos y laderas de Montaña Blanca y en la parte terminal del Pico del Teide, en Pico Viejo, siempre en alturas comprendidas entre los 2.400 y los 3.600 m.s.n.m, siendo la especie vegetal que alcanza cotas más elevadas en todo el territorio nacional.

 

Prefiere sustratos pumíticos, estando bien adaptada a las pedreras de ese terreno, siendo más rara en comunidades rupícolas.

 

La mayor parte de sus poblaciones se encuentran altamente amenazadas por la gran densidad de visitantes del Pico del Teide, por la facilidad de acceso a sus poblaciones y por la introducción de muflones en los años 70 del siglo pasado con fines cinegéticos, además de la depredación por parte de los conejos. No se ha observado una expansión a partir de la erradicación del pastoreo de cabras debido probablemente al aumento de los factores de amenaza indicados. Actualmente se ha procedido al vallado de algunas poblaciones para protegerlas, al igual que se ha hecho con otras plantas amenazadas del parque nacional.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Hierba perenne, leñosa y muy ramificada desde la base, de hasta 1.5 m. de alto.

Hojas opuestas, pubescentes, de forma oblongo-lanceolada, obtusas y los bordes toscamente dentados.

Inflorescencias erectas, frecuentemente ramificadas por la base, de color azul-morado, a veces blanca, con el lóbulo medio del labio inferior más largo que los laterales.

Habita en la zona subalpina de Las Cañadas del Teide, entre los 2.000 y 2.500 m.s.n.m., y también en las Cumbres de la Caldera de Taburiente.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este tramo del sendero de Gran Recorrido (GR 131) discurre entre El Portillo, en Las Cañadas del Teide y la zona recreativa de la Caldera de Aguamansa, dentro del Valle de La Orotava.

 

10403410_755885867810434_6548583132787422761_nAl principio, desde el cruce de carreteras de El Portillo, el camino desciende junto a la falda oeste de la Montaña de Guamaso, siguiendo paralelo a un barranquillo que nos separa de esa montaña. El GR 131 se cruza con el corto sendero nº 14 del parque nacional, el cual rodea la Montaña de Guamaso, con posibilidad de un ascenso fácil a su cima, disfrutándose de esa manera de buenas vistas del Valle de La Orotava, de las cumbres de Izaña, de la Ladera de Tigaiga, de la Cordillera Dorsal de Pedro Gil, y de por supuesto, el Teide, formando un impresionante panorama visual 360º a la redonda.

 

10420165_755886724477015_8899731965528364857_nSiguiendo el GR 131, pronto nos adentramos en el denso pinar, que nos acompañará hasta el final del recorrido senderista, cruzando (bajo ella) la carretera de La Orotava a Las Cañadas poco más abajo y descendiendo por los inmensos pinares (a medida que descendemos el pinar se enriquece con otras especies de porte arbustivo como brezos y fayas, formando el pinar mixto) que tapizan el valle, mientras cruzamos multitud de pistas forestales que forman una auténtica red dentro del valle, hasta el punto final de la Caldera de Aguamansa.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este tramo del sendero de Gran Recorrido de Tenerife comprende la zona de Las Cañadas del Teide. El camino original atraviesa la zona de las Siete Cañadas, después de bajar de la Degollada de Guajara, que era el final clásico del tramo anterior (Vilaflor-Cumbres de Ucanca).

10247376_1029342650464753_6179403347228898083_nLa pista de las Siete Cañadas une la Cañada del Montón de Trigo con la villa de El Portillo, pasando sucesivamente por las cañadas de La Camellita, de La Grieta, de La Angostura, de Las Pilas y de Diego Hernández, en un paisaje en el que se alternan estas planicies pumíticas con los montículos terminales de caóticos malpaíses que avanzaron desde la base del Teide, como son los inmensos campos lávicos del Tabonal Negro y del Valle de Las Piedras Arrancadas.

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Una alternativa a este recorrido senderista que resulta mucho más aérea y panorámica consiste en transitar por la cresta del Circo de Las Cañadas (ruta del Filo), o próxima a ella cuando el sendero se aleje algo del filo, pudiendo ascender sin excesiva dificultad a las Montañas de Guajara (máxima altura del anfiteatro con 2.715 m.s.n.m., subiendo desde la Degollada de Ucanca y pasando por los andenes de la pared norte, luego bajando por su vertiente oriental hacia la Degollada de Guajara), seguidamente Pasajirón, igualmente de oeste a este, y el Roque de La Grieta (si se desea subir a él hay que abandonar momentáneamente el sendero y ascender campo a través hasta su cercana y rocosa cima), como elevaciones más representativas, coincidiendo con la parte más elevada y espectacular del Circo de Las Cañadas, divisando no solo la caldera de Las Cañadas desde lo alto, junto al complejo Teide-Pico Viejo desde ángulos que van variando según avanzamos, sino también los extensos pinares, medianías, costa y barrancos de la vertiente sureste de la isla, todo ello con unas vistas de ensueño 360º a la redonda y percibiendo el aire leve de las cumbres, aquel que hace flotar la insignificante existencia humana sobre la grandiosidad de este territorio volcánico y de belleza primigenia.

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A partir de la falda sur del Roque de La Grieta, el sendero, posteriormente convertido en pista de tierra, bajo algo de altura, al igual que lo hace el cresterío que paulatinamente muestra una ladera sur menos abrupta, con lo que nos podemos seguir asomando al interior de Las Cañadas en diversos puntos panorámicos como por ejemplo en la Mesa del Obispo, en el Risco de La Papelera y en el Risco Verde ya que la pista recorre un terreno más llano y monótono que en la parte central del anfiteatro, dejada atrás al principio de esta caminata.

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La pista que recorre este extenso altiplano se encamina finalmente hacia el Llano de Maja, otra cañada o planicie pumítica, localizada entre las suaves lomas de las Montañas Cerrillar a un lado y las de La Piedras y Colorada al otro. Atravesando dicha cañada nos dirigimos nuevamente al borde del circo, ahora por su sector más oriental, y ya con menor desnivel con respecto al fondo de la caldera, descendiendo a la Cañada de Diego Hernández, bastante cerca del Portillo de La Villa, punto final de este altivo y panorámico tramo

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Desde Vilaflor, a casi 1.500 metros de altura, el sendero de Gran Recorrido tinerfeño prosigue su avance hacia las cumbres insulares. Un poco por encima del pueblo, se adentra en los extensos pinares chasneros a través de la conocida pista de tierra de Madre del Agua, pero sin llegar al citado campamento, un desvío señalizado permite acortar camino mediante una senda que en primer lugar nos conduce al pintoresco Paisaje Lunar, donde unas vistosas y pálidas agujas pumíticas, producto de la erosión llevada a cabo por los agentes atmosféricos, contrasta con el pinar y los roquedos circundantes.

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Seguimos ascendiendo por la vertiente sur de la volcánica Montaña de Las Arenas, aumentando la inclinación del sendero para llegar a una zona mucho más abierta y volcánica por donde la subida parece interminable y muy cansina, dejando la loma antes citada al oeste, la cual se eleva bajo la vertiente sur de la Montaña Guajara y a la cual nos acercamos. No hay que subirla sino flanquearla por el este en dirección a la Degollada de Guajara, lugar en el que nace un gran barranco que arruga y serpentea hasta la costa sureste de la isla, el Barranco del Río, y divisoria natural entre los municipios de Arico y Granadilla de Abona.

Desde la Degollada de Guajara ya se divisa la plenitud de la Caldera de las Cañadas del Teide y el alargado anfiteatro que la rodea por el sur, entre la Montaña del Cedro al oeste y la Montaña Cerrillar a oriente.

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Una alternativa no menos espectacular a este tramo desde Vilaflor es ascender a la redondeada Montaña de Las Lajas desde el campo de fútbol del pueblo, siempre por senda entre pinar maduro, lo que permite, además de transitar por caminos menos frecuentados, apreciar el atractivo etnográfico al pasar junto a viejos refugios pastoriles y pinos resineros, distinguibles por la oquedad en el tronco y de los cuales se obtenía resina como combustible antiguamente.

Se atraviesa el Barranco del Cuervo antes de la subida inclinada a la Montaña de Las Lajas, la cual ofrece unas vistas de ensueño de la costa y medianías del suroeste de Tenerife, con los roques del Macizo de Adeje resaltando ladera abajo, y el inmenso pinar que hemos dejado atrás.

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Desde la zona recreativa de Las Lajas no queda más remedio que continuar un pequeño tramo por carretera en dirección a Vilaflor, hasta llegar a un refugio junto a la calzada y un camino que seguimos, subiendo hacia el Sombrero de Chasna, una amesetada loma a las puertas de las cumbres del Anfiteatro de Las Cañadas. Resulta fácil su coronación, quedando todo el sur insular a nuestros pies. Retomando el sendero, llegamos por fin al borde del Circo de Las Cañadas, divisando la espectacular Caldera de Las Cañadas que se desploma vertiginosamente desde aquí arriba, en una panorámica que abarca desde los Roques del Cedro al oeste hasta la cima de Guajara al este, la cota máxima de este espectacular, empinado y erosionado arco montañoso. Todo lo que hasta ahora era ascenso continuado y más o menos llevadero entre pinares, retamares y codesares se desploma casi de golpe y de forma abrupta hacia la vertiente norte en una brutal caída de unos 400 metros de desnivel por término medio, reteniendo el aliento ante la grandeza del paisaje y haciendo liberar la adrenalina acumulada de forma repentina.

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A partir de aquí se crestea hacia oriente pasando por las Cumbres de Ucanca y el Llano de Las Mesas hasta la Degollada del Riachuelo o de Ucanca, teniendo justo delante la vertiente oeste de la Montaña Guajara y al sur el Valle de Ucanca, por donde también se puede subir a esta degollada desde el Paisaje Lunar.