Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Desde la localidad de El Portillo, este sendero sigue la ruta nº 6 del parque nacional hacia Montaña Blanca, pasando por las Montaña de Los Tomillos y de Los Conejos, dos vetustos y desfigurados conos volcánicos que destacan sobre el pálido, vasto y lunático terreno pumítico, todo ello en lo que es el Camino Viejo de subida al Teide, con una aproximación más larga de lo que es el camino de ascensión típico al estratovolcán desde el aparcamiento situado en la base de Montaña Blanca. Tras una apacible y sostenida subida desde el comienzo a través de una senda bien marcada con piedras en sus bordes, el sendero aumenta la inclinación al aproximarnos a la base de Montaña Blanca y enlaza, al final, con la pista que sube por la ladera oriental de esa pálida mole satélite del Teide, mientras se divisan mirando al sur las caóticas y desgarradoras estribaciones de la Montaña Rajada. Siguiendo la larga y citada pista se sube hasta la amplia cima de Montaña Blanca, pasando al lado de las espectaculares y oscuras bombas volcánicas de los Huevos del Teide, desperdigados en medio del terreno pumítico, lo que añade un nítido contraste cromático al pálido entorno. Allí empieza el zigzagueante y polvoriento sendero de subida al Teide, que nos lleva primero al Refugio de Altavista (3.260 m. de altura) después de unas 3 horas de ascenso continuado. En la parte final el camino es empedrado, entre oscuros y ásperos malpaíses que esconden algunos túneles y recovecos como la Cueva del Hielo, alcanzando posteriormente La Rambleta, a 3.500 m.s.n.m., junto a la estación terminal del teleférico.

Ya solo queda superar el corto pero empinado tramo de El Pilón, el Pico del Teide (3.718 m.s.n.m.), de forma cónica, mediante el sendero “Telesforo Bravo”, con el permiso pertinente (trámite necesario por culpa del jodido teleférico, instalación turística que fomenta el turismo masivo en el corazón de todo un parque nacional, dos conceptos que deberían ser incompatibles y excluyentes entre sí, además de la contaminación visual que suponen las torretas y los cables que trasladan el funicular a lo largo de la ladera sur del Teide).

El Cabildo de Tenerife, como accionista mayoritario del teleférico, parece más preocupado por explotar turísticamente el parque nacional (ya más bien convertido en parque temático o de atracciones) y por recaudar pingües beneficios económicos que velar por el interés general de la isla y por la conservación del lugar. No es extraño que presuman de que es uno de los parques nacionales más visitados de España, lo cual resulta normal con la gestión llevada a cabo, pero no por ello necesariamente beneficioso para Las Cañadas del Teide. Sin embargo pocos hablan de las amenazas al espacio protegido como la proliferación de especies exóticas (conejos y muflones) que atentan contra la flora endémica, o de la descontrolada afluencia de visitantes en determinadas zonas del espacio volcánico.

¿Qué prevalece en un parque nacional, la conservación de la biodiversidad y del territorio o el negocio de unos cuantos?

¿Alguien se imagina un funicular en el Monte Perdido, en el parque nacional de Ordesa, o en el Pico Urriellu, en el parque nacional de los Picos de Europa o en el Pico Mulhacén, en el parque nacional de Sierra Nevada?

La Montaña debe ser para montañeros y con instalaciones de este tipo pierde parte de su atractivo, magia y encanto.

El camino de vuelta a El Portillo, una vez bajamos de nuevo hasta la falda de Montaña Blanca, puede variarse con respecto al de ida, siguiendo, desde poco más abajo de su unión con la pista de Montaña Blanca, el sendero nº 22, el cual se dirige casi directamente a los Riscos de La Fortaleza pasando por el Llano de Las Brujas, para luego seguir el sendero nº 1 que desde allí nos devuelve a El Portillo.

Los Riscos de La Fortaleza y el vecino de El Cabezón (que es la cúspide de la arista de la Ladera de Tigaiga, o escalón montañoso elevado uniformemente desde la costa hasta las cumbres insulares) resultan fáciles de ascender, y desde la cima de El Cabezón se tienen buenas panorámicas del Valle de La Orotava y de la Dorsal de Pedro Gil perfilando la vertiente opuesta del valle.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Pequeña hierba perenne, con ramificación abundante, hojas pubescentes, pequeñas, de bordes solo ligeramente lobulados y de forma ovadas o espatuladas.

 

Flores vistosas con cinco pétalos, un espolón corto, tricolores, predominando el malva-rosado, raramente de color pálido, con manchas oscuras y amarillas en el centro de la flor. Florece en primavera y presenta fructificación abundante. 

 

Es un endemismo local de las cumbres de Las Cañadas del Teide, muy amenazada, encontrándose de forma testimonial en los andenes de la pared norte y cerca de la cima de la Montaña Guajara, en los terrenos pumíticos y laderas de Montaña Blanca y en la parte terminal del Pico del Teide, en Pico Viejo, siempre en alturas comprendidas entre los 2.400 y los 3.600 m.s.n.m, siendo la especie vegetal que alcanza cotas más elevadas en todo el territorio nacional.

 

Prefiere sustratos pumíticos, estando bien adaptada a las pedreras de ese terreno, siendo más rara en comunidades rupícolas.

 

La mayor parte de sus poblaciones se encuentran altamente amenazadas por la gran densidad de visitantes del Pico del Teide, por la facilidad de acceso a sus poblaciones y por la introducción de muflones en los años 70 del siglo pasado con fines cinegéticos, además de la depredación por parte de los conejos. No se ha observado una expansión a partir de la erradicación del pastoreo de cabras debido probablemente al aumento de los factores de amenaza indicados. Actualmente se ha procedido al vallado de algunas poblaciones para protegerlas, al igual que se ha hecho con otras plantas amenazadas del parque nacional.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Hierba perenne, leñosa y muy ramificada desde la base, de hasta 1.5 m. de alto.

Hojas opuestas, pubescentes, de forma oblongo-lanceolada, obtusas y los bordes toscamente dentados.

Inflorescencias erectas, frecuentemente ramificadas por la base, de color azul-morado, a veces blanca, con el lóbulo medio del labio inferior más largo que los laterales.

Habita en la zona subalpina de Las Cañadas del Teide, entre los 2.000 y 2.500 m.s.n.m., y también en las Cumbres de la Caldera de Taburiente.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este tramo del sendero de Gran Recorrido (GR 131) discurre entre El Portillo, en Las Cañadas del Teide y la zona recreativa de la Caldera de Aguamansa, dentro del Valle de La Orotava.

 

10403410_755885867810434_6548583132787422761_nAl principio, desde el cruce de carreteras de El Portillo, el camino desciende junto a la falda oeste de la Montaña de Guamaso, siguiendo paralelo a un barranquillo que nos separa de esa montaña. El GR 131 se cruza con el corto sendero nº 14 del parque nacional, el cual rodea la Montaña de Guamaso, con posibilidad de un ascenso fácil a su cima, disfrutándose de esa manera de buenas vistas del Valle de La Orotava, de las cumbres de Izaña, de la Ladera de Tigaiga, de la Cordillera Dorsal de Pedro Gil, y de por supuesto, el Teide, formando un impresionante panorama visual 360º a la redonda.

 

10420165_755886724477015_8899731965528364857_nSiguiendo el GR 131, pronto nos adentramos en el denso pinar, que nos acompañará hasta el final del recorrido senderista, cruzando (bajo ella) la carretera de La Orotava a Las Cañadas poco más abajo y descendiendo por los inmensos pinares (a medida que descendemos el pinar se enriquece con otras especies de porte arbustivo como brezos y fayas, formando el pinar mixto) que tapizan el valle, mientras cruzamos multitud de pistas forestales que forman una auténtica red dentro del valle, hasta el punto final de la Caldera de Aguamansa.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este tramo del sendero de Gran Recorrido de Tenerife comprende la zona de Las Cañadas del Teide. El camino original atraviesa la zona de las Siete Cañadas, después de bajar de la Degollada de Guajara, que era el final clásico del tramo anterior (Vilaflor-Cumbres de Ucanca).

10247376_1029342650464753_6179403347228898083_nLa pista de las Siete Cañadas une la Cañada del Montón de Trigo con la villa de El Portillo, pasando sucesivamente por las cañadas de La Camellita, de La Grieta, de La Angostura, de Las Pilas y de Diego Hernández, en un paisaje en el que se alternan estas planicies pumíticas con los montículos terminales de caóticos malpaíses que avanzaron desde la base del Teide, como son los inmensos campos lávicos del Tabonal Negro y del Valle de Las Piedras Arrancadas.

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Una alternativa a este recorrido senderista que resulta mucho más aérea y panorámica consiste en transitar por la cresta del Circo de Las Cañadas (ruta del Filo), o próxima a ella cuando el sendero se aleje algo del filo, pudiendo ascender sin excesiva dificultad a las Montañas de Guajara (máxima altura del anfiteatro con 2.715 m.s.n.m., subiendo desde la Degollada de Ucanca y pasando por los andenes de la pared norte, luego bajando por su vertiente oriental hacia la Degollada de Guajara), seguidamente Pasajirón, igualmente de oeste a este, y el Roque de La Grieta (si se desea subir a él hay que abandonar momentáneamente el sendero y ascender campo a través hasta su cercana y rocosa cima), como elevaciones más representativas, coincidiendo con la parte más elevada y espectacular del Circo de Las Cañadas, divisando no solo la caldera de Las Cañadas desde lo alto, junto al complejo Teide-Pico Viejo desde ángulos que van variando según avanzamos, sino también los extensos pinares, medianías, costa y barrancos de la vertiente sureste de la isla, todo ello con unas vistas de ensueño 360º a la redonda y percibiendo el aire leve de las cumbres, aquel que hace flotar la insignificante existencia humana sobre la grandiosidad de este territorio volcánico y de belleza primigenia.

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A partir de la falda sur del Roque de La Grieta, el sendero, posteriormente convertido en pista de tierra, bajo algo de altura, al igual que lo hace el cresterío que paulatinamente muestra una ladera sur menos abrupta, con lo que nos podemos seguir asomando al interior de Las Cañadas en diversos puntos panorámicos como por ejemplo en la Mesa del Obispo, en el Risco de La Papelera y en el Risco Verde ya que la pista recorre un terreno más llano y monótono que en la parte central del anfiteatro, dejada atrás al principio de esta caminata.

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La pista que recorre este extenso altiplano se encamina finalmente hacia el Llano de Maja, otra cañada o planicie pumítica, localizada entre las suaves lomas de las Montañas Cerrillar a un lado y las de La Piedras y Colorada al otro. Atravesando dicha cañada nos dirigimos nuevamente al borde del circo, ahora por su sector más oriental, y ya con menor desnivel con respecto al fondo de la caldera, descendiendo a la Cañada de Diego Hernández, bastante cerca del Portillo de La Villa, punto final de este altivo y panorámico tramo

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Desde Vilaflor, a casi 1.500 metros de altura, el sendero de Gran Recorrido tinerfeño prosigue su avance hacia las cumbres insulares. Un poco por encima del pueblo, se adentra en los extensos pinares chasneros a través de la conocida pista de tierra de Madre del Agua, pero sin llegar al citado campamento, un desvío señalizado permite acortar camino mediante una senda que en primer lugar nos conduce al pintoresco Paisaje Lunar, donde unas vistosas y pálidas agujas pumíticas, producto de la erosión llevada a cabo por los agentes atmosféricos, contrasta con el pinar y los roquedos circundantes.

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Seguimos ascendiendo por la vertiente sur de la volcánica Montaña de Las Arenas, aumentando la inclinación del sendero para llegar a una zona mucho más abierta y volcánica por donde la subida parece interminable y muy cansina, dejando la loma antes citada al oeste, la cual se eleva bajo la vertiente sur de la Montaña Guajara y a la cual nos acercamos. No hay que subirla sino flanquearla por el este en dirección a la Degollada de Guajara, lugar en el que nace un gran barranco que arruga y serpentea hasta la costa sureste de la isla, el Barranco del Río, y divisoria natural entre los municipios de Arico y Granadilla de Abona.

Desde la Degollada de Guajara ya se divisa la plenitud de la Caldera de las Cañadas del Teide y el alargado anfiteatro que la rodea por el sur, entre la Montaña del Cedro al oeste y la Montaña Cerrillar a oriente.

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Una alternativa no menos espectacular a este tramo desde Vilaflor es ascender a la redondeada Montaña de Las Lajas desde el campo de fútbol del pueblo, siempre por senda entre pinar maduro, lo que permite, además de transitar por caminos menos frecuentados, apreciar el atractivo etnográfico al pasar junto a viejos refugios pastoriles y pinos resineros, distinguibles por la oquedad en el tronco y de los cuales se obtenía resina como combustible antiguamente.

Se atraviesa el Barranco del Cuervo antes de la subida inclinada a la Montaña de Las Lajas, la cual ofrece unas vistas de ensueño de la costa y medianías del suroeste de Tenerife, con los roques del Macizo de Adeje resaltando ladera abajo, y el inmenso pinar que hemos dejado atrás.

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Desde la zona recreativa de Las Lajas no queda más remedio que continuar un pequeño tramo por carretera en dirección a Vilaflor, hasta llegar a un refugio junto a la calzada y un camino que seguimos, subiendo hacia el Sombrero de Chasna, una amesetada loma a las puertas de las cumbres del Anfiteatro de Las Cañadas. Resulta fácil su coronación, quedando todo el sur insular a nuestros pies. Retomando el sendero, llegamos por fin al borde del Circo de Las Cañadas, divisando la espectacular Caldera de Las Cañadas que se desploma vertiginosamente desde aquí arriba, en una panorámica que abarca desde los Roques del Cedro al oeste hasta la cima de Guajara al este, la cota máxima de este espectacular, empinado y erosionado arco montañoso. Todo lo que hasta ahora era ascenso continuado y más o menos llevadero entre pinares, retamares y codesares se desploma casi de golpe y de forma abrupta hacia la vertiente norte en una brutal caída de unos 400 metros de desnivel por término medio, reteniendo el aliento ante la grandeza del paisaje y haciendo liberar la adrenalina acumulada de forma repentina.

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A partir de aquí se crestea hacia oriente pasando por las Cumbres de Ucanca y el Llano de Las Mesas hasta la Degollada del Riachuelo o de Ucanca, teniendo justo delante la vertiente oeste de la Montaña Guajara y al sur el Valle de Ucanca, por donde también se puede subir a esta degollada desde el Paisaje Lunar.

VOLCÁN DE LA BOTIJA

12 febrero, 2017

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Fotos y texto de Salvador González Escovar.

Este corto pateo comienza en el mirador existente junto a la Montaña Samara, la cual también puede ser subida sin dificultad, ascendiendo por terreno de cenizas volcánicas en todo momento y entre manchas de pinar canario y retamar-codesar que van encontrando sustento.

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El Volcán de La Botija está cerca, ocultando parcialmente la panorámica del complejo Teide- Pico Viejo al comenzar a caminar. Poco más arriba se puede rodear el cono, descendiendo al punto de partida por el otro lado, y también subir directamente al alto de La Botija, desde donde las vistas son espectaculares 360º a la redonda, con el denominador común del desolado, siniestro, vigoroso, cenizo, lunático y primigenio sustrato lávico que nos hace imaginar la violencia del interior del planeta que fue cocinando a fuego lento la corteza terrestre hasta abrirse paso al exterior, originando uno de los territorios más jóvenes, geológicamente hablando, de la isla, con poco más de 200 años, o incluso menos, en contacto con la atmósfera.

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Mirando ladera abajo desde lo alto del Volcán de La Botija, esta inmensa dorsal volcánica se extiende entre pinares, montículos volcánicos y otras coladas y campos de lava, y parece enlazar finalmente con los escarpes del Macizo de Teno, mientras hacia arriba se divisan otros dispersos, desfigurados y oscuros conos como la Montaña de la Cruz de Tea y la Montaña Reventada, de la cual se entiende su denominación al contemplarla abierta por la mitad debido a la boca eruptiva que originó además una caótica lengua de lava ladera abajo. La vida se abre paso poco a poco en este territorio aparentemente hostil a cualquier forma vital animal o vegetal y algún pino aislado ya se aventura a conquistar sus márgenes

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Sin solución de continuidad, todo este mundo volcánico propio de otro mundo está coronado por la espectacular mole del conjunto Pico Viejo, más cercano, y el Pico del Teide, detrás de él, en una de las visiones más impresionantes y sobrecogedoras de las isla, donde en lo que una vez fue rugido y autodestrucción por parte de las fuerzas vivas del planeta ahora consigue trasmitir paz, armonía, creatividad y serenidad a quien lo contemple.

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Se puede seguir la travesía, sin ganar excesiva altura, hasta el mirador de Las Narices del Teide, enlazando para ello con el sendero que sube al Pico Viejo desde el citado mirador.

ROQUE DEL ALMENDRO

12 febrero, 2017

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

 

400216_275943489138010_1394511797_nSubida desde El Retamar al Roque del Almendro, de casi 2.500 metros de altura sobre el nivel del mar, que forma parte de la cresta del Circo de Las Cañadas por su parte suroccidental. 

El roque se encuentra en la zona occidental de dicho anfiteatro, y aunque no hay camino aparente, tan solo dispersos mojones, no hay que trepar y es fácil ascender para disfrutar de las vistas que ofrecen los pinares del sur de Tenerife y del interior de la Caldera volcánica de Las Cañadas del Teide, coronada por el gran estratovolcán.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este recorrido senderista comienza en el mirador de Las Narices del Teide, junto a la carretera de Chío a Las Cañadas.

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Al empezar se sigue el sendero nº 9 del parque nacional de Las Cañadas del Teide, uno de los tres senderos que suben a la cima del Pico Viejo, bajando levemente, paralelamente a la citada carretera y atravesando uno de los malpaíses originados por la erupción de las Narices del Teide en el año 1798. También vamos bordeando los pinares más elevados de la dorsal volcánica de Abeque o del noroeste de Tenerife, inmenso campo volcánico que se extiende desde la cabecera del Valle de Santiago del Teide, en las cercanías del Macizo de Teno, hasta la base de la vertiente occidental del estratovolcán Teide-Pico Viejo. Son muchos los volcanes que forman la particular Ruta de Los Volcanes de Tenerife, desde el Volcán Bilma, en la parte baja de la Dorsal de Abeque, hasta la Montaña Reventada, pasando por la Montaña del Estrecho, Montaña de La Cruz, Volcán Chinyero (la última erupción volcánica acontecida en la isla en el año 1909), Montaña de Los Poleos, Montaña Samara, Volcán de La Botija y Montaña de la Cruz de Tea, configurando un paisaje que alterna elementos volcánicos entre los que destacan malpaíses, escorias y vetustos conos, acompañados del pinar canario.

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Más adelante, cerca del cono volcánico de la Cruz de Tea, abandonamos el sendero 9 y seguimos bajando de frente hacia los Volcanes de La Botija y de Samara (sendero nº 36). Sin llegar a la Montaña Samara, encontramos un cruce a partir del cual el camino asciende pasando cerca de la ladera sur del Volcán de La Botija en dirección a la Montaña Reventada, la cual se encuentra a una altura superior que los volcanes anteriores, en la parte alta de la Dorsal de Abeque y bajo la imponente fachada oeste del Pico Viejo.

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Todos estos conos volcánicos presentan unas laderas desoladas, lisas y oscuras, pero además en la Montaña Reventada se observa la lengua de lava solidificada que brotó del cráter, abriendo el volcán por el flanco occidental y que avanzó cientos de metros ladera abajo formando una caótica barranquera de rocas y malpaís en el terreno.  Un pino junto al volcán forma una imagen en la retina que vale más que mil palabras, como si fuera una solitaria bandera que simboliza la conquista de la vida y de paso originando un profundo contraste entre la existencia y la desolación volcánica reinante.

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El sendero se aproxima al cráter y luego se aleja en dirección a Cuevas Negras, un lugar donde encontramos, además de los omnipresentes y oscuros campos de escorias y malpaíses, otros componentes volcánicos como lavas cordadas, caletones, bombas volcánicas de curiosas formas, cuevas (valladas), arcos y túneles volcánicos. Calificativos como lunático, virgen, primigenio, yermo, baldío, desolado, mineral y siniestro resultan apropiados para describir el entorno en el que nos encontramos. Parece que estamos transitando por otro planeta y nos sentimos alienígenas o seres extraños en este mundo que inunda los sentidos con una belleza desnuda y áspera. Vamos caminando por este joven sustrato, a escala temporal geológica recién nacido de las entrañas de La Tierra, bajo la espectacular y grandiosa mole del Pico Viejo que apenas le deja protagonismo al Pico del Teide, el cual solo en determinados puntos de la ruta y sutilmente asoma detrás.

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Después de pasar por Cuevas Negras seguimos por el sendero nº 38, a medida que por aquí las retamas, codesos, rosalitos, fistuleras, margaritas, alhelís y demás plantas típicas de la vegetación de alta montaña canaria van colonizando este vasto territorio, cerrando de esta manera el circuito senderista al descender y llegar al cruce con el sendero nº 9, camino que nos devuelve al mirador de Las Narices del Teide.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Los Roques del Cedro se localizan en la parte más occidental del anfiteatro de Las Cañadas. Es fácil subirlos desde el mirador de Las Narices del Teide, en la misma carretera que une Boca Tauce con Chío, y para ello se sigue un tramo del sendero nº 18 que sale de ese lugar y se dirige a los Roques de Chavao.

Al llegar a la Cañada del Cedro, bajo las paredes más occidentales del Circo de Las Cañadas, un camino no señalizado sube a la Degollada del Cedro, desde donde surge el barranco del mismo nombre que rápidamente se enfila por la vertiente oeste de la isla.

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Seguimos, bordeando la Montaña del Cedro por su ladera oeste, pasando por la Fuente del Cedro (poseta de agua dentro de una cueva goteante) hasta que en un momento dado unos mojones indican la subida final a la atalaya de la Montaña del Cedro, de unos 2.200 metros de altura, que ofrece buenas vistas del sector occidental del parque nacional de Las Cañadas, de sus descomunales coladas de lava petrificadas que fueron vomitadas por las bocas eruptivas de las Narices del Teide ( visibles en el flanco occidental del Pico Viejo) y de buena parte del Circo de Las Cañadas, desde el espigado Topo de La Grieta hasta los Roques de Chavao, pasando por el Roque de La Grieta, Pasajirón, Guajara, Cumbres de Ucanca, Roques del Almendro y el Sombrerito (La Cachucha).

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De vuelta a la Degollada del Cedro, se puede crestear hacia los Roques del Cedro y bajar a la cercana cañada, retomando nuevamente el sendero nº 18 de la red de caminos del parque nacional.