Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Sabinar de La Dehesa:

Lo interesante de esta ruta circular que comienza en la Piedra del Regidor (cerca de la Ermita de Virgen de Los Reyes), y que se extiende hasta el mirador de Bascos, es observar las caprichosas formas que adoptan las sabinas al sufrir la acción permanente del viento. Un punto destacado en esta región de pastos comunales de la isla del meridiano es el mirador de Bascos, localizado en el mismo borde occidental del Valle de El Golfo. Si la niebla lo permite, la panorámica del valle rodeado de estas laderas de vértigo que lo circundan reconforta la vista.

La Dehesa es un paisaje abierto, marcado por la persistencia del viento y por la desolación que imprimen algunos volcanes que se aproximan al mar; es tierra de austeras, grandiosas y longevas sabinas, que parecen llevar aquí desde el principio de los tiempos, como banderas que ondean al viento y que forman la seña de identidad de este apartado lugar. La tonalidad gris de sus retorcidos y gruesos troncos le dan un aspecto de esqueletos pétreos, de auténticos cadáveres vegetales, pero a la vez monumentales; cualquiera de estas sabinas es el árbol transformado en arte. No están muertas, aunque algunas de ellas así lo parezca, pero incluso los cuervos, aves carroñeras que en estas islas están vinculadas a estos ecosistemas, y que sobrevuelan el lugar, parecen empeñados en transmitirnos esa sensación.

Poco más abajo, en la costa, en un sustrato eminentemente volcánico, se encuentra el faro de Orchilla, en el lugar del fin del mundo durante siglos, o también en el kilómetro cero, según se mire, del viejo mundo. En cada atardecer el astro rey viaja hacia poniente, trazando en lo que en un tiempo fue el “mare tenebrorum” una banda recta y luminosa dirigida al horizonte, por la cual se enfilan nuestros sueños, tan duraderos como infinito se nos antoja el océano que nos distancia del sol.