Introducción.

La vida de un incendio forestal no comienza con una simple ignición, pues una llama por sí misma no es capaz de generar un gran incendio. Además, se necesita de un combustible y un medio de propagación adecuado (comburente).

Hoy en día, si analizamos las tres condiciones básicas para que se produzca un incendio (ignición, comburente y combustible) nos encontraremos con un panorama preocupante. Por un lado, la ignición del 99% de ellos es fruto directo de la acción humana ya sea por negligencias, accidentes o de forma intencionada.

A esto habría que añadirle la condiciones climatologías y de sequedad cada vez son más adversas y más propicias para la propagación de los incendios forestales, y que están consiguiendo afectar a espacios en los que, por sus características de humedad y umbría, nunca había entrado el fuego.

Por último, nos encontramos con un medio rural abandonado y cargado de combustible, propicio para que se produzcan cada vez en mayor número Grandes Incendios Forestales (GIF), en donde encontramos unos ecosistemas naturales desequilibrados e inmaduros, fruto de repoblaciones relativamente recientes, con una carente e insuficiente gestión. Junto a unos asentamientos rurales de carácter agrícola-ganadero, también desvalorizados y desactivados en donde se acumulan grandes cantidades de vegetación matorral seca junto a viviendas ocupadas por la población.

Los incendios forestales acontecidos a lo largo de la última década, denominados “Grandes Incendios Forestales” (GIF), se caracterizan por ser incendios de alta intensidad (con mayor capacidad destructiva) y mayor amplitud (afectando a más de 500 hectáreas de superficie), en muchos casos fuera de capacidad de extinción, que a su vez afectan tanto a los ecosistemas naturales como a los asentamientos rurales.

Frente a esto nos quedan dos soluciones: aceptar que los GIF van a volver a suceder con las graves consecuencias sociales, económicas y ambientales asociadas; o que las diferentes administraciones como máximos responsables y la población civil como principales afectados, tomen conciencia de esta problemática y empiecen a poner en práctica medidas para paliarlos. Es necesario que se tomen un mayor número de medidas preventivas a lo largo de todo el año, en las que participen de forma activa todos los agentes implicados, ya que como es bien sabido, los incendios ‘se apagan en invierno’.

En el actual contexto en que cualquier escusa es buena para recortar en materia de medio ambiente bajo el pretexto de la crisis económica, queremos recordar que el medio ambiente aporta valiosos servicios ambientales (agua, oxígeno, suelo, biodiversidad, etc.) de los que depende toda la población y que están en riesgo por la carencia de medios para la gestión de los ecosistemas naturales.

Causas de los incendios.

Las causas o condiciones permanentes son aquellas que dependen de factores naturales sobre los que no tenemos prácticamente capacidad de modificación o control directo e inmediato:

a)      Orografía.

b)      Vulcanismo.

c)      Clima.

d)     Características de la vegetación natural.

Las causas o condiciones modificables o controlables de los incendios forestales son aquellas que dependen sobre todo de factores socioeconómicos y de la conducta de las personas, y que por tanto podemos en cierta medida modificar, controlar o contrarrestar:

a)      Negligencias.

b)      Accidentes.

c)      Igniciones intencionadas.

d)     Exceso de carga combustible en el territorio.

e)      Deficiencias en los medios y dispositivos de prevención y extinción.

f)       Ocupación y urbanización de las zonas rurales.

g)      Falta de información, sensibilización y participación social.

h)      La reducción de los nacientes de agua.

Consecuencias de los incendios.

Destrucción de hábitats, deforestación, reducción de la diversidad biológica y pérdida de recursos naturales, contaminación de las aguas y de la atmósfera – aumentando las emisiones de CO2 -, incremento del riesgo de erosión y desertificación e, incluso, pérdida de vidas humanas, son algunas de las terribles consecuencias de la quema del bosque. Los incendios aceleran los procesos erosivos al influir negativamente sobre la vegetación y sobre las propiedades físicas del suelo.

De esta forma, para valorar el impacto real del incendio hay que considerar un conjunto de factores determinantes tales como: intensidad del fuego, superficie afectada, frecuencia con que se repite el suceso y especies afectadas.

Situación de los incendios forestales en 2013.

Con los datos de incendios forestales procedentes del MAGRAMA, hasta el 30 de septiembre, han ardido 53.285 hectáreas de superficie forestal en 9.344 siniestros.

Pervive la alta intencionalidad en el fenómeno de los incendios forestales en España, en especial en Galicia. Además de las causas naturales (los rayos, frecuentes este verano), los accidentes (maquinaría, tendidos eléctricos, etc.) y las negligencias – que han estado detrás de un buen número de siniestros -, se siguen produciendo incendios provocados de manera intencionada e incluso simultánea en varios puntos.

La investigación del origen de los incendios y el esclarecimiento de las causas, así como la persecución del delito por parte de las Fiscalías de Medio Ambiente, sigue teniendo un carácter disuasivo, lo que influye de manera importante en la evolución de las cifras. Según datos oficiales de finales de agosto se han esclarecido 675 incendios forestales, siendo causas naturales accidentales el 30% de los mismos (200) y negligencias el 28% (192). El 18% de los incendios forestales fueron intencionados (124) y las causas naturales dieron lugar al inicio de 159 incendios (el 24%).

Las inversiones en prevención han sido reducidas de forma alarmante en los dos últimos años. Sindicatos, colegios profesionales y organizaciones ecologistas han mostrado su preocupación por la reducción de personal e inversión en tareas de prevención y extinción de incendios. Si en 2012 se cifró la reducción en un 30% de media con respecto a 2011, las partidas destinadas a la lucha contra incendios, lejos de recuperarse, han continuado disminuyendo en 2013.

En 2011 y 2012 el gobierno central apenas destinó 9 millones de euros en prevención, lo que supone una reducción del 76% respecto al presupuesto invertido en 2008 y 2009. En 2013, pese a que el Ministerio de Agricultura ha incrementado su presupuesto para la partida de incendios forestales en un 23%, el dispositivo contará con ocho aviones menos que en 2012.

A nivel autonómico, la reducción de presupuestos destinados a prevención y extinción, ha consistido en reducciones de plantilla, contrataciones a dedo, ausencia de material adecuado o falta de mantenimiento de los equipos, reducción de la actividad investigadora en incendios forestales, casos de mala coordinación, etc. Aunque el malestar en el sector es alto y la conflictividad laboral ha aflorado durante todo el verano, la profesionalidad de los servicios forestales y de extinción han permitido en la mayoría de los siniestros una rápida actuación y la feliz extinción del fuego en sus inicios.

Una parte considerable de la superficie afectada por el fuego, alrededor de 20.000 ha, lo ha sido durante alguno de los 16 grandes incendios forestales (aquellos que superan las 500 hectáreas) de este año,. Así, hemos tenido grandes incendios en Andratx (2.300 ha), Carnota (2.300 ha), Oia (1.850 ha), Almorox (1.400 ha) o Tortuero (1.300 ha).

Ninguno de estos grandes incendios ha alcanzado la magnitud de los mega-incendios del verano de 2012, como los de Cortes de Pallás-Dos Aguas (30.000 ha), Andilla (21.000 ha), Alt Ampurdá (13.963 ha), Mijas (8.225 ha) o La Gomera (4.100 ha).

Bibliografía.

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