PALO BLANCO I

3 agosto, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Palo blanco (Picconia excelsa) es un árbol de corteza blanquecina de hasta 10 metros de altura

Tiene las hojas opuestas, simples, enteras, obovadas o lanceoladas, glabras y coriáceas, bordes revolutos y de color verde oscuro.

Flores hermafroditas de color blanco pálido, pequeñas y agrupadas en racimos terminales.

El fruto es una drupa ovoide negra en la madurez de hasta 2 cm. de longitud.

Este árbol es un endemismo macaronésico que normalmente forma parte de los bosques de laurisilva, localmente dominante en las zonas inferiores del monteverde, apareciendo también en el fayal-brezal y en el pinar mixto. Pertenece a la familia de las Oleáceas, su reproducción resulta sencilla y en Canarias se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Jocamo es un arbusto muy ramificado de hasta 2 metros de alto, con los tallos cuadragulados, hojas de forma lanceolada a ovada, muy vellosas por el envés, con los bordes crenados, serrados o subenteros.

 

Flores axilares dispuestas en racimos de 1 a 4 flores, corola bilabiada de color rosado a rojo, con el labio superior muy corto y bífido, y el inferior casi entero o trilobulado. Estambres largos, sobresaliendo de la corola.

 

Forma parte de las comunidades termófilas de las islas centrales y occidentales, especialmente en las vertientes oeste y suroeste de las mismas.

 

Endemismo canario-maderense: en Madeira se encuentra la subspecie típica (Teucrium heterophyllum subsp. heterophyllum), mientras que en Canarias existen dos subespecies (T. heterophyllum subsp. hierrense, en El Hierro y T. heterophyllum subsp. brevipilosum en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma).

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El almácigo (Pistacia atlantica) es un árbol perteneciente a la familia de las anacardiáceas que también se encuentra presente en África y Europa meridional.

El tronco es robusto, con la corteza rugosa de color gris oscuro que se cuartea con los años, pudiendo alcanzar hasta los 15 metros de altura.

Los ejemplares adultos presentan una copa amplia, muy ramificada, tupida y de forma semiesférica característica.

Las hojas son compuestas imparipinnanadas (número impar de foliolos, lo que lo diferencia del otro pariente existente en Canarias, el lentisco), de color verde tierno cuando son jóvenes, oscureciéndose y curvándose al envejecer. Los foliolos tienen borde entero, con 4 o 5 pares de foliolos, y uno terminal en la punta, por cada hoja, hoja que puede alcanzar una longitud de unos 12 cm. en conjunto. Es un árbol caducifolio, y junto al sauce canario son los únicos árboles, no introducidos por el hombre en las islas, que pierden las hojas en otoño.

Flores dioicas. Las flores masculinas dispuestas en racimos colgantes en las ramas, numerosas, y de color crema-rojizo. Las femeninas formando racimos axilares densos.

Los árboles femeninos dan frutos duros, rojos en la madurez, de forma ligeramente apepinada, de entre 4 y 6 mm. de tamaño, y cada uno de ellos contiene una semilla, que suele germinar fácilmente ayudada por la acción dispersora de las aves.

El almácigo forma parte de los bosques termófilos de las islas, principalmente entre los 300 y 600 metros de altura sobre el nivel del mar, más habitual en las vertientes norte, noreste y noroeste. Mucho más esporádica en las fachadas orientadas al sur de las islas, donde se refugia en laderas de barrancos y riscos inaccesibles.

Se distribuye por Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto ramificado y leñoso, con rizoma grueso y tallos de hasta 2 metros de alto, pariente próximo de las cinerarias cultivadas con hojas acorazonadas de color verde oscuro por el haz y blanquecinas por el envés y de hasta 15 cm. de largo y 8 cm. de ancho y con los bordes aserrados. En verano pierde la hoja completamente.

 

Inflorescencias grandes y corimbiformes, agrupadas en el extremo de las ramas, de color morado y el centro de la flor de matiz más intenso que las lígulas. La inflorescencia es muy vistosa, alcanzando los 25 cm. de diámetro. Florece entre mayo y junio, fructificando entre julio y agosto.

 

Esta planta exclusiva de Gran Canaria solo es posible reproducirla por esquejes (aunque al encontrarse estrictamente protegida por la ley esta labor solo la puede llevar personal autorizado), ya que el porcentaje de germinación de las semillas es casi nulo al ser parasitadas por la larva de una mosca, también endémica canaria.

 

Las escasas poblaciones, además con un número escaso de individuos, razón por la que se encuentra en peligro de extinción, se localizan sobre paredones abruptos e inaccesibles, creciendo entre las grietas de algunos riscos de la zona central de la isla situados en la franja potencial de contacto entre el monteverde y el pinar, bajo unas condiciones ambientales de elevada humedad, hechos que en cierta manera garantiza una buena protección natural aumentando sus posibilidades de supervivencia, dentro de las comunidades rupícolas que se desarrollan en dichos paredones.

 

Habita en el sector central de la isla, como en los Roques de Tenteniguada y en la Hoya del Gamonal (Paisaje Protegido de Las Cumbres), y creciendo en altitudes que rondan entre los 1.200 y 1.400 m.s.n.m.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El saúco (Sambucus nigra ssp. palmensis) es un endemismo canario perteneciente a la familia de las caprifoliáceas. Es un arbusto o árbol pequeño y caducifolio, de hasta 5 metros de altura y de follaje denso. Tiene troncos y ramas débiles que se arquean con facilidad. La corteza es pardo-grisácea y algo agrietada.

 

Las hojas son compuestas, imparipinnadas (número impar de foliolos), con 3 o 4 pares de foliolos laterales y un foliolo terminal más grande. Los bordes de los foliolos son dentados o aserrados. El envés es velloso. En conjunto, la hoja puede medir más de 25 cm. de largo, mientras cada hojuela tiene entre 5 y 7 cm. de largo.

 

Inflorescencias umbeliformes de unos 10 cm. de diámetro, blancas, olorosas, aplanadas o abombadas, racemosas, muy conspicuas, recordando a las flores del follao, y cada flor que forma parte de la inflorescencia es pequeña.

 

Los frutos son pequeños, subglobosos, de unos 6 mm. de diámetro, poco vistosos, de color negro-parduzco en la madurez.

 

El saúco es una especie extremadamente rara. Se estima que una veintena de ejemplares en estado silvestre se reparten por tres islas y con escasas evidencias de propagación natural. Su emplazamiento natural es muy local y relegado a los sectores más húmedos, umbríos y selectos de la laurisilva, que junto a su escasa capacidad de reproducción sexual hace que se encuentre en peligro de extinción en las cuatro islas donde habita, Gran Canaria, La Palma, Tenerife y La Gomera.

 

Su dispersión es aparentemente ornitócora y progresa por acodos naturales; en viveros ha sido propagado por estacas ya que su reproducción sexual es muy limitada pues dispone de una proporción muy limitada de semillas fértiles.

 

El saúco tiene interés medicinal como curativo de eczemas, mientras su porte y floración le confieren interés para jardinería de zonas húmedas.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Se trata de un arbusto de hasta 1.5 metros de alto, con tallos parduzcos, porte globular y ramificación abundante.

Hojas agrupadas en los extremos de los tallos, de color verde claro, pubescentes por las dos caras, agudas y de forma anchamente lanceoladas a ovadas.

Flores abundantes sobresaliendo del ramillete de hojas, de color rosado, llamativas y de desarrollo primaveral.

Fructificación abundante pero afectada por larvas de insectos.

Es una especie endémica de Tenerife y Gran Canaria, aunque la población de Tenerife, más localizada y limitada a la Ladera de Güímar, Barranco de Badajoz y del Río, donde es abundante localmente, entre los 600 y 1.500 metros de altitud, dentro por tanto del ámbito del bosque termófilo, zonas limítrofes con la laurisilva más xerófila y también del pinar, subespecie a la que se ha propuesto como variedad diferente (tenerifae) e independiente.

Las poblaciones de Gran Canaria se distribuyen en una zona de mayor superficie, por las zonas centrales de pinares hasta los 1.700 metros de altitud.

El hecho de no tratarse de una especie apetecida por el ganado ha supuesto un estado de conservación aceptable aunque solo habite de forma natural en dos islas.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La magarza plateada tiene las hojas bi o tripinnatisectas, de color gris plateado, de ahí su nombre, muy tormentosas.

Flores muy vistosas y abundantes en el extremo de las ramas, floreciendo entre mayo y junio y fructifica en agosto, reproduciéndose por semillas, aunque su mantenimiento en cultivo resulta difícil, al menos en las zonas más bajas.

Es endémico de Gran Canaria, habitando en la zona central de la isla, entre los 1.300 y 1.800 metros de altura, en los bordes de la Caldera de Tejeda y en los Altos de Tirajana.

Por tanto se conocen dos poblaciones naturales en la isla, de extensión no demasiado grande, lo que conduce a aumentar su grado de amenaza. Como síntoma positivo, desde que se suprimió el pastoreo en la zona de los Riscos de Chapín, el estado de conservación de la especie ha mejorado.

Crece en laderas coluviales pedregosas y andenes de la zona alta montañosa, en los dominios del pinar seco, acompañada de otras especies como la retama amarilla (Teline microphylla), chaorra (Sideritis dasygnaphala y Carlina texedae.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La cresta de gallo del pinar (Isoplexis isabelliana) es una especie vegetal endémica de Gran Canaria, muy rara con escasas poblaciones aisladas y dispersas por la zona central y noroccidental de la isla, en los dominios del pinar y en peligro de extinción por lo que se encuentra incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, precisando de un plan de recuperación.

Se trata de una especie asociada al pinar canario, habitando entre los 600 y 1.600 m. de altitud, prefiriendo zonas cálidas, en áreas de elevada pendiente con suelo escaso y pedregoso, como Cazadores, Hoyas del Gamonal y Camareta, Cueva Grande, Llanos de La Pez, Riscos de Pino Gordo, Riscos de Tenteniguada, Riscos de Guayedra y Tirma. 

El hecho de tener poblaciones dispersas aunque escasas se puede interpretar como una reliquia botánica de una vegetación más abundante en tiempos pasados.  Es un arbusto de hasta 80 cm. de alto, ramificado con las hojas brotando de los extremos de las ramas, de forma estrechamente lanceolada, más o menos brillantes y con bordes aserrados.

Inflorescencias densas, formando racimos terminales y erectos, con flores de color rojizo oscuro y naranja que florecen de mayo a junio.

Frutos en forma de cápsula marrón que se abre con el calor veraniego, dispersando multitud de diminutas semillas.

Asimismo, es una planta de gran interés científico debido a su biología reproductiva, ya que los agentes en su sistema de polinización son los pequeños pájaros que comparten su hábitat, sobre todo el hornero o mosquitero canario (Phylloscopus collybita canariensis), el herrerillo común (Parus caeruleus teneriffae) y la curruca capirotada (Sylvia atricapilla obscura), atraídos por el abundante néctar de estas flores para completar su dieta.

Las crestas de gallo son utilizadas en la medicina popular por su poder anestésico en procesos odontológicos, para la diabetes y como cardiotónico.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es una especie fisurícola que habita en grietas de riscos y rocas antiguas, siendo un endemismo exclusivo de Gran Canaria, en la zona oeste y noroeste de la isla y en altitudes comprendidas entre los 400 y 800 metros.

El cabezón de Gran Canaria es un arbusto de hasta 3 metros de alto y con tallos leñosos. Las hojas de forma lanceolada, algo coriáceas y frecuentemente pegajosas, con los bordes dentados o aserrados. Flores vistosas de color rosado-morado, sobre apéndices largos, floreciendo normalmente entre abril y julio, fructificando durante el verano.

Esta especie, al igual que otras representantes del mismo género, presenta poblaciones muy localizadas y con reducido número de individuos.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Dracaena tamaranae o drago de Gran Canaria, es una especie vegetal endémica de la isla de Gran Canaria, emparentada con el drago, Dracaena draco, y otras especies de Dracaena del este de África. Desde 1972 (Günther Kunkel) se han identificado ejemplares de drago en Gran Canaria con ciertas peculiaridades. Estos inicialmente fueron identificados como ejemplares de Dracaena draco. Sin embargo, un estudio más detallado y su cultivo permitieron reconocer que se trataba de una especie diferente. Fue descrita por primera vez en 1998 por F. Marrero, A. Almeida, R.S. & Gonzalez-Martín.

Descripción:

Este drago tiene hojas rígidas, acanaladas, aguzadas hacia la punta y de un color más azulado y grisáceo que las de D. Draco. Su porte es menos denso y ramificado, alcanzando más de 8 metros de altura. La corteza es amarillo-grisácea y algo lustrosa. Las inflorescencias, de color verde blanquecino, se disponen en una inflorescencia ramificada de hasta 80-100 cm de larga. Las semillas son globosas y ligeramente comprimidas de unos 6-7 mm de diámetro.

Muestra similitudes con especies del este de África, como Dracaena ombet y Dracaena schizantha, y de Arabia, como Dracaena serrulata. Se cree que la especie podría haber llegado a Canarias durante el periodo Mioceno.

Familia: Agavaceae.

Género: Dracaena.

Se trata de una variedad de drago descubierta mucho antes de que fuera descrita como nueva especie endémica de Gran Canaria en noviembre de 1999. Presenta marcadas diferencias con sus parientes más cercanos, el conocido ‘Dracaena draco’, con el que se había confundido hasta ahora, dada la inaccesibilidad de los escasos ejemplares existentes en la Isla. De hecho, se conocía la presencia de dragos silvestres en Gran Canaria desde principios de los años 70 del siglo XX. Fue descubierto por Kunkel en los riscos y escarpes del suroeste grancanario, sin que, como se ha dicho antes, hasta 1998 se confirmara que se trataba de una especie diferente.

Diferencias con Dracaena draco: Hojas acanaladas, de color más azulado y grisáceo, aún en ejemplares juveniles. Inflorescencia más ramificada. Flores con diferentes características. Rutas y semillas más pequeñas. Guarda mayor similitud con especies del este de África y Arabia, mientras que D. draco las tiene con el drago de la isla de Socotra, en el Océano Índico.

Distribución y hábitat:

Los dragos encontrados están en el suroeste de la isla de Gran Canaria, en zona más xérica de la habitual para Dracaena draco.

El drago de Gran Canaria se ha descrito como propio de las comunidades vegetales termo-esclerófilas, de la región tropical-subtropical. Son realtivamente xerofilos, habitando zonas con precipitaciones de entre 200 y 500 mm anuales. Los ejemplares encontrados se localizan en las zonas geológicamente más antiguas de la isla, en riscos y paredes de barrancos del sur y suroeste de la isla, generalmente inaccesibles. Estas zonas albergan restos de sus ecosistemas originales: sabinar y jarales. En ellas convive con especies como sabinas, jaguarzos, acebuches, pinos, etc.

Se encuentra en peligro de extinción y figura en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

Cultivo:

Debido a la escasez de ejemplares aún no es posible su cultivo fuera del ámbito científico. Se recomienda, sin embargo, no introducir ejemplares de D. draco en la zona susceptible de albergar o ser reforestada con esta especie.

Taxonomía:

Dracaena tamaranae fue descrita por Marrero Rodr., R.S.Almeida & Gonz.-Mart. y publicado en Botanical Journal of the Linnean Society 128: 294. 1998.1.

Etimología:

Dracaena: nombre genérico que deriva del griego drakaina = “dragón” refiriéndonos a la “Dracaena draco”. Este árbol en la población local de la Islas Canarias, fue considerado un dragón y le atribuyeron propiedades mágicas.

Tamaranae: relativo a Tamarán, nombre aborigen atribuido a Gran Canaria.

Con toda seguridad son muy pocos los canarios y por ende los surgrancanarios que tienen conocimiento de que, refugiados en los riscos más inaccesibles del sur de la isla, quedan los únicamente 79 ejemplares que existen en el mundo en estado silvestre del Dracaena tamaranae, una nueva especie de drago, que fue descrita por primera vez en 1998 por Aguedo Marrero, Rafael Almeida y Manuel González Martín.

Es por todo ello que siguiendo la filosofía de nuestro blog, exponemos estas breves líneas con el fin de difundir este descubrimiento y sensibilizar a los lectores, sobre el valor del mismo.

Aunque los especÍmenes ya eran conocidos desde hacía tiempo, se observó que eran diferentes de los de la especie habitual de las islas, la dracaena draco, el drago común, especie mundialmente conocida.

Así, en la década de los 60 del pasado siglo los grupos montañeros Grupo Universitario de Montaña y Grupo Montañero de San Bernardo los habían localizado en los barrancos del sur y suroeste de la isla, lo que comunicaron a Günther Kunkel, el célebre naturalista y botánico alemán, quien los dio a conocer en distintas publicaciones de 1972 y 1973, aunque como hemos indicado, identificándolos con el drago común.

Hasta la fecha se conocía la existencia de cinco especies distintas de dragos, que únicamente sobrevivían en estado silvestre en las islas de la Macaronesia y en el noreste de África, en el entorno del Mar Rojo y en la isla de Socotora en el Océano Índico, en el borde oriental del continente.

Es en 1762 y 1767 es cuando el célebre naturalista Linneo describe al que conocemos como drago común. Las otras cuatro especies de dragos se describen en la segunda mitad del s. XIX, resultado de las diversas exploraciones realizadas en el este de África, consecuencia de la expansión colonial inglesa en plena época victoriana, que alcanzó en esas fechas su máximo apogeo.

El drago común, que también recibe otros nombres en castellano como dragón, drago macaronésico, drago canario, drago de África, dragonero, árbol de la sangre de drago, árbol del drago o árbol gerión es un árbol que puede alcanzar alturas hasta de 15 y 20 metros, bastante escaso en su medio natural y que vive en los archipiélagos de la Macaronesia: en las islas de Cabo Verde, Canarias y archipiélago de Madeira.

Poco antes de darse a conocer el drago grancanario, se había descubierto en 1996, una subespecie del drago común en Marruecos, donde se localizó, refugiado en inaccesibles riscos del Anti-Atlas Marroquí, al igual que el drago de Gran Canaria.

Este descubrimiento replanteó a su vez el origen de unos dragos existentes en Gibraltar, que se creían llevados allí desde las islas, de los que actualmente se sospecha que pudieran ser un remanente de poblaciones silvestres habidas en tiempos pasados y se les encuadra dentro de la subespecie marroquí que recibe el nombre de científico de dracanea draco aigal

Lo paradójico del drago de Gran Canaria, es que tiene más similitudes con los dragos del Océano Índico, que se encuentran a muchos miles de kilómetros, que con los del drago común de la Macaronesia.

Este hecho refrenda un origen único de estas especies calificadas en otra época de antidiluvianas, origen que se debió situar en el actual desierto del Sahara, en otros tiempos constituidos de selvas y bosques de laurisilvas.

Fotos tomadas en los Andenes de Cortadores (Barranco de Arguineguín) y en jardín canario Viera y Clavijo.

INFORMACIÓN Y TEXTO OBTENIDO DEL JARDÍN CANARIO VIERA Y CLAVIJO, DE WIKIPEDIA Y DE PABLO GUEDES GONZÁLEZ.