Texto y fotos de Salvador González Escovar.

 

El Marmulán (Sideroxilon canariensis) es un árbol pequeño perteneciente a la familia de las Sapotaceae, pudiendo alcanzar hasta los 8 metros de altura en condiciones favorables de suelo y humedad.

El tronco es delgado, erecto, de corteza algo rugosa y de color marrón claro. Tiene un follaje siempre verde, copa estrecha formada por unas ramas también erectas.

Las hojas son de borde entero, normalmente dispuestas formando ramilletes densos en el extremo de las ramas, hojas pecioladas, gruesas, coriáceas, de forma ovalada, con el ápice redondeado, obtuso a retuso, presentando una nerviación reticulada y nervio central bien marcado, y de hasta 11 cm. de largo (+ 1.5-2 cm. de peciolo) por 3-4 cm de ancho en las condiciones más favorables.

Las flores son pequeñas, aglomeradas en las axilas de las hojas, pediceladas, blanquecinas, con la corola pentalobulada con un tubo corto y los estambres algo más largo que la corola y 5 con sépalos sobrepuestos por los bordes.

El fruto es una baya de forma ovoide, carnosa, monosperma, de color negro-violáceo en la madurez, de aproximadamente 1 cm. De largo presentando una espina terminal.

Este arbolillo forma parte de los bosques termófilos, habitando entre los 300 y 600 m.s.n.m. en las vertientes norte, y entre los 400 y 700 m. en las vertientes sur de las islas donde sobrevive (La Palma, La Gomera, El Hierro, Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura), encontrándose de forma localizada, con poblaciones escasas en barrancos y riscos innacesibles, a salvo de la presión antrópica y por parte del ganado asilvestrado. La dificultad de su reproducción natural por semillas también contribuye a su rareza.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Algafitón de La Aldea es un arbusto pequeño con hojas compuestas imparipinnadas, hojuelas glaucas, bordes aserrados, con estípulas grandes, dentadas y lacinadas.

 

Flores monoicas, con las femeninas en la parte superior de la espiga y las masculinas por debajo.

 

Florece en verano y fructifica en septiembre-octubre, reproduciéndose bastante bien por semillas y esquejes.

 

Frutos en forma de pequeña nuez, cuadrangulado y dura, mayores, de hasta 5 mm., que en el pariente D. menendezii.

Es un endemismo muy raro de Gran Canaria, limitado a la región oeste de la isla, habitando entre los 300 y 500 m. de altura, con un hábitat de distribución muy restringido y muy pocas localidades conocidas.

 

Tiene carácter rupícola, creciendo en grietas de paredes rocosas basálticas, lo que contribuye a su conservación natural, a pesar de lo cual se encuentra en peligro de extinción, siempre en la zona alta del cardonal-tabaibal, frecuentemente acompañadas de chaorras, coles de risco y otras especies rupícolas.

Al igual que el Algafitón de Tamadaba, tiene gran interés científico desde el punto de vista evolutivo y biogeográfico.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Montañón Negro y la caldera de los Pinos de Gáldar constituyen dos estructuras geomorfológicas bien conservadas, de gran singularidad e interés científico y representativas del volcanismo insular. Desde el punto de vista paisajístico, el Montañón Negro es una formación natural de gran belleza que domina y da carácter a la zona como elemento referencial.

El Montañón Negro es uno de los volcanes más recientes de Gran Canaria, alzándose sobre los Pinos de Gáldar, en la parte alta de la vertiente norte de la isla, a unos 1.616 m.s.n.m., diferenciándose de la Caldera de Los Pinos de Gáldar por el aspecto estromboliano, más fluido y menos explosivo que aquella, hecho que queda patente por la forma del cráter de la caldera.
Un sendero parte de Fontanales y asciende hasta dicha zona volcánica pasando por las verdes colinas de Pavón.

PALO BLANCO I

3 agosto, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Palo blanco (Picconia excelsa) es un árbol de corteza blanquecina de hasta 10 metros de altura

Tiene las hojas opuestas, simples, enteras, obovadas o lanceoladas, glabras y coriáceas, bordes revolutos y de color verde oscuro.

Flores hermafroditas de color blanco pálido, pequeñas y agrupadas en racimos terminales.

El fruto es una drupa ovoide negra en la madurez de hasta 2 cm. de longitud.

Este árbol es un endemismo macaronésico que normalmente forma parte de los bosques de laurisilva, localmente dominante en las zonas inferiores del monteverde, apareciendo también en el fayal-brezal y en el pinar mixto. Pertenece a la familia de las Oleáceas, su reproducción resulta sencilla y en Canarias se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Jocamo es un arbusto muy ramificado de hasta 2 metros de alto, con los tallos cuadragulados, hojas de forma lanceolada a ovada, muy vellosas por el envés, con los bordes crenados, serrados o subenteros.

 

Flores axilares dispuestas en racimos de 1 a 4 flores, corola bilabiada de color rosado a rojo, con el labio superior muy corto y bífido, y el inferior casi entero o trilobulado. Estambres largos, sobresaliendo de la corola.

 

Forma parte de las comunidades termófilas de las islas centrales y occidentales, especialmente en las vertientes oeste y suroeste de las mismas.

 

Endemismo canario-maderense: en Madeira se encuentra la subspecie típica (Teucrium heterophyllum subsp. heterophyllum), mientras que en Canarias existen dos subespecies (T. heterophyllum subsp. hierrense, en El Hierro y T. heterophyllum subsp. brevipilosum en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma).

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El almácigo (Pistacia atlantica) es un árbol perteneciente a la familia de las anacardiáceas que también se encuentra presente en África y Europa meridional.

El tronco es robusto, con la corteza rugosa de color gris oscuro que se cuartea con los años, pudiendo alcanzar hasta los 15 metros de altura.

Los ejemplares adultos presentan una copa amplia, muy ramificada, tupida y de forma semiesférica característica.

Las hojas son compuestas imparipinnanadas (número impar de foliolos, lo que lo diferencia del otro pariente existente en Canarias, el lentisco), de color verde tierno cuando son jóvenes, oscureciéndose y curvándose al envejecer. Los foliolos tienen borde entero, con 4 o 5 pares de foliolos, y uno terminal en la punta, por cada hoja, hoja que puede alcanzar una longitud de unos 12 cm. en conjunto. Es un árbol caducifolio, y junto al sauce canario son los únicos árboles, no introducidos por el hombre en las islas, que pierden las hojas en otoño.

Flores dioicas. Las flores masculinas dispuestas en racimos colgantes en las ramas, numerosas, y de color crema-rojizo. Las femeninas formando racimos axilares densos.

Los árboles femeninos dan frutos duros, rojos en la madurez, de forma ligeramente apepinada, de entre 4 y 6 mm. de tamaño, y cada uno de ellos contiene una semilla, que suele germinar fácilmente ayudada por la acción dispersora de las aves.

El almácigo forma parte de los bosques termófilos de las islas, principalmente entre los 300 y 600 metros de altura sobre el nivel del mar, más habitual en las vertientes norte, noreste y noroeste. Mucho más esporádica en las fachadas orientadas al sur de las islas, donde se refugia en laderas de barrancos y riscos inaccesibles.

Se distribuye por Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto ramificado y leñoso, con rizoma grueso y tallos de hasta 2 metros de alto, pariente próximo de las cinerarias cultivadas con hojas acorazonadas de color verde oscuro por el haz y blanquecinas por el envés y de hasta 15 cm. de largo y 8 cm. de ancho y con los bordes aserrados. En verano pierde la hoja completamente.

 

Inflorescencias grandes y corimbiformes, agrupadas en el extremo de las ramas, de color morado y el centro de la flor de matiz más intenso que las lígulas. La inflorescencia es muy vistosa, alcanzando los 25 cm. de diámetro. Florece entre mayo y junio, fructificando entre julio y agosto.

 

Esta planta exclusiva de Gran Canaria solo es posible reproducirla por esquejes (aunque al encontrarse estrictamente protegida por la ley esta labor solo la puede llevar personal autorizado), ya que el porcentaje de germinación de las semillas es casi nulo al ser parasitadas por la larva de una mosca, también endémica canaria.

 

Las escasas poblaciones, además con un número escaso de individuos, razón por la que se encuentra en peligro de extinción, se localizan sobre paredones abruptos e inaccesibles, creciendo entre las grietas de algunos riscos de la zona central de la isla situados en la franja potencial de contacto entre el monteverde y el pinar, bajo unas condiciones ambientales de elevada humedad, hechos que en cierta manera garantiza una buena protección natural aumentando sus posibilidades de supervivencia, dentro de las comunidades rupícolas que se desarrollan en dichos paredones.

 

Habita en el sector central de la isla, como en los Roques de Tenteniguada y en la Hoya del Gamonal (Paisaje Protegido de Las Cumbres), y creciendo en altitudes que rondan entre los 1.200 y 1.400 m.s.n.m.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El saúco (Sambucus nigra ssp. palmensis) es un endemismo canario perteneciente a la familia de las caprifoliáceas. Es un arbusto o árbol pequeño y caducifolio, de hasta 5 metros de altura y de follaje denso. Tiene troncos y ramas débiles que se arquean con facilidad. La corteza es pardo-grisácea y algo agrietada.

 

Las hojas son compuestas, imparipinnadas (número impar de foliolos), con 3 o 4 pares de foliolos laterales y un foliolo terminal más grande. Los bordes de los foliolos son dentados o aserrados. El envés es velloso. En conjunto, la hoja puede medir más de 25 cm. de largo, mientras cada hojuela tiene entre 5 y 7 cm. de largo.

 

Inflorescencias umbeliformes de unos 10 cm. de diámetro, blancas, olorosas, aplanadas o abombadas, racemosas, muy conspicuas, recordando a las flores del follao, y cada flor que forma parte de la inflorescencia es pequeña.

 

Los frutos son pequeños, subglobosos, de unos 6 mm. de diámetro, poco vistosos, de color negro-parduzco en la madurez.

 

El saúco es una especie extremadamente rara. Se estima que una veintena de ejemplares en estado silvestre se reparten por tres islas y con escasas evidencias de propagación natural. Su emplazamiento natural es muy local y relegado a los sectores más húmedos, umbríos y selectos de la laurisilva, que junto a su escasa capacidad de reproducción sexual hace que se encuentre en peligro de extinción en las cuatro islas donde habita, Gran Canaria, La Palma, Tenerife y La Gomera.

 

Su dispersión es aparentemente ornitócora y progresa por acodos naturales; en viveros ha sido propagado por estacas ya que su reproducción sexual es muy limitada pues dispone de una proporción muy limitada de semillas fértiles.

 

El saúco tiene interés medicinal como curativo de eczemas, mientras su porte y floración le confieren interés para jardinería de zonas húmedas.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Se trata de un arbusto de hasta 1.5 metros de alto, con tallos parduzcos, porte globular y ramificación abundante.

Hojas agrupadas en los extremos de los tallos, de color verde claro, pubescentes por las dos caras, agudas y de forma anchamente lanceoladas a ovadas.

Flores abundantes sobresaliendo del ramillete de hojas, de color rosado, llamativas y de desarrollo primaveral.

Fructificación abundante pero afectada por larvas de insectos.

Es una especie endémica de Tenerife y Gran Canaria, aunque la población de Tenerife, más localizada y limitada a la Ladera de Güímar, Barranco de Badajoz y del Río, donde es abundante localmente, entre los 600 y 1.500 metros de altitud, dentro por tanto del ámbito del bosque termófilo, zonas limítrofes con la laurisilva más xerófila y también del pinar, subespecie a la que se ha propuesto como variedad diferente (tenerifae) e independiente.

Las poblaciones de Gran Canaria se distribuyen en una zona de mayor superficie, por las zonas centrales de pinares hasta los 1.700 metros de altitud.

El hecho de no tratarse de una especie apetecida por el ganado ha supuesto un estado de conservación aceptable aunque solo habite de forma natural en dos islas.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La magarza plateada tiene las hojas bi o tripinnatisectas, de color gris plateado, de ahí su nombre, muy tormentosas.

Flores muy vistosas y abundantes en el extremo de las ramas, floreciendo entre mayo y junio y fructifica en agosto, reproduciéndose por semillas, aunque su mantenimiento en cultivo resulta difícil, al menos en las zonas más bajas.

Es endémico de Gran Canaria, habitando en la zona central de la isla, entre los 1.300 y 1.800 metros de altura, en los bordes de la Caldera de Tejeda y en los Altos de Tirajana.

Por tanto se conocen dos poblaciones naturales en la isla, de extensión no demasiado grande, lo que conduce a aumentar su grado de amenaza. Como síntoma positivo, desde que se suprimió el pastoreo en la zona de los Riscos de Chapín, el estado de conservación de la especie ha mejorado.

Crece en laderas coluviales pedregosas y andenes de la zona alta montañosa, en los dominios del pinar seco, acompañada de otras especies como la retama amarilla (Teline microphylla), chaorra (Sideritis dasygnaphala y Carlina texedae.