Texto y Salvador González Escovar.

El Alto de Garajonay es el punto más elevado de la isla colombina con 1.487 m.s.n.m. La altiplanicie central donde se ubica este privilegiado mirador natural alberga, al amparo del manto de nieblas del alisio, una singular y tupida selva, conocido como monteverde o laurisilva, cuyo verdor permanente contrasta con los paisajes secos de las zonas medias y bajas de la isla.

De esta altiplanicie ondulada surgen de forma radial profundos barrancos excavados por la erosión, que junto con los impresionantes paisajes de terrazas, levantadas para extender el espacio agrícola, modelan y dan carácter a la isla.

La laurisilva es un bosque formado por gran variedad de árboles de hoja perenne cuya existencia está ligada a una elevada humedad ambiental y edáfica y temperaturas suaves con escasas oscilaciones anuales. Estas condiciones meteorológicas se dan en la zona de brumas de las fachadas norte de las islas centrales y occidentales, entre los 700 y 1.200 m. de altura, debido a la condensación del vapor de agua que portan las masas de aire ascendentes al toparse con el accidentado relieve.

El entramado vegetal es una auténtica esponja viviente y captadora de agua que retiene la humedad de las nubes, favoreciendo la recarga de los acuíferos insulares y, por tanto, el aprovechamiento del agua para consumo humano.

La laurisilva es un bosque relíctico, un refugiado forestal y una muestra de los bosques subtropicales que poblaron el área mediterránea hace varios millones de años, durante el Terciario, y que posteriormente desaparecieron del continente como consecuencia de cambios climáticos que apenas afectaron a los archipiélagos macaronésicos. Otra característica importante de su flora es su endimicidad, ya que aunque el número total de especies de flora vascular ronda los 400, de las cuales unas 20 son árboles, es crucial la proporción de especies exclusivas de estos bosques que viven en Canarias y cuya distribución se limita a la laurisilva.

A pesar de su aparente monotonía, la laurisilva del parque nacional de Garajonay alberga varios tipos de bosques: en los valles más húmedos y protegidos orientados al norte, el bosque alcanza su máxima complejidad y exuberancia con la laurisilva de valle; a medida que ascendemos y en los lugares más expuestos se empobrece gradualmente, perdiendo las especies más exigentes en humedad, formado la laurisiva de ladera, dando paso en las orientaciones sur al fayal-brezal, formación boscosa en la que dominan principalmente dos especies de árboles como son la faya y el brezo, las cuales soportan un ambiente menos favorecido por las nieblas; por último, a lo largo de la línea o cresta de cumbres, en los lugares de paso de los vientos alisios, se encuentran los brezales de cumbre, caracterizados por la abundancia de musgos y líquenes que tapizan los árboles a modo de barbas con un aspecto fantasmagórico y también el suelo.

La laurisilva domina el paisaje de Garajonay, pero otros hábitats, como los ligados a arroyos y a las paredes rocosas y roques, testigos de viejos conductos y chimeneas volcánicas, enriquecen el paisaje y son importantes refugios de especies botánicas raras y amenazadas de extinción.

Para subir caminando al Alto de Garajonay atravesando buena parte del parque nacional se puede empezar en Hermigua, concretamente en la parte alta del alargado pueblo (El Convento). El camino asciende por uno de los ramales del Valle de Hermigua entre las postreras casas de la población y bancales de cultivo, pasando más adelante cerca de una presa alimentada con el agua que mana del bosque en el que penetraremos más arriba.

Luego la senda se inclina considerablemente mediante escalones de piedra para salvar el desnivel impuesto por la imponente caída que forma la cascada de El Chorro al precipitarse el arroyo de El Cedro a través de una grieta en el descomunal desfiladero que nos rodea por todas partes menos por dónde venimos.

El bosque propiamente dicho comienza en el borde del acantilado, que ofrece buenas vistas del valle dejado atrás, a las puertas del diseminado caserío de El Cedro.

Ahora la pendiente de subida suaviza y el monteverde se torna cada vez más umbrío, frondoso y mágico, avanzando durante un buen rato al lado del arroyo permanente de El Cedro, y con las ramas de los árboles entrelazadas entre sí, formando una enmarañada red vital, una esponja viviente que no solo atrapa la humedad ambiental sino también nuestros sentidos y pensamientos. No hay paisaje más allá del bosque, o tal vez el caos de ramas, musgos y líquenes filtrando la luz solar y la niebla, junto a los sonidos que nos envuelven y la hojarasca seca en el suelo, forman un paisaje y un horizonte vital en sí mismo.

Después de un alto en el camino junto a la coqueta ermita de Lourdes, nos acercamos a la zona de Las Mimbreras, donde se aprecia un claro ejemplo de la laurisilva de valle con orientación norte, la más biodiversa y exuberante en cuanto a especies forestales presentes, una de las modalidades o tipos de bosque de laurisilva que existe en el amplio abanico del monteverde canario.

En ese punto el camino seguido atraviesa la larga pista forestal que viene desde Mériga en dirección al mirador de El Bailadero (siguiendo el límite norte del parque y que discurre al principio por formaciones degradadas y un tanto humanizadas de monteverde) y sigue subiendo hacia El Contadero, atravesando las diferentes comunidades de laurisilva propias de las orientaciones norte del bosque de Garajonay.

En un momento dado el camino se aleja definitivamente del cauce y del arroyo que nos ha acompañado desde el inicio y el bosque se vuelve más seco, con un menor desarrollo de los árboles y por tanto menos sombrío, ganando protagonismo la presencia de brezos y fayas; vamos superando la altura de la zona de influencia directa del mar de nubes en el bosque, hecho que también parece repercutir en nuestro cansancio acumulado.

Al llegar a El Contadero atravesamos la carretera de la cumbre. Poco más arriba, si el día está despejado, la mirada, hasta ahora confinada en el interior del bosque, se relaja volando lejos y libre, divisando parte del bosque de Garajonay que hemos atravesado y dejado atrás, localizando visualmente algunas casas del poblado de El Cedro, perdidas en medio del bosque que forma una alfombra verde extendida hasta los pálidos roques de Agando y compañía, cuyas cimas sobresalen en la distancia.

Aún con más suerte panorámica se puede divisar Tenerife y su Teide, que parecen levitar sobre el brazo oceánico que nos separa de esa isla.

Seguimos subiendo hacia la cumbre insular y realmente ya poco queda de la frondosidad y pureza del bosque de Garajonay dejada atrás, pasando por zonas abiertas y degradadas, sobre todo después del gran incendio forestal del año 2012 que arrasó el 20% de la superficie del parque nacional, especialmente afectada fue la zona de fayal-brezal más elevada y orientada al sur, actualmente en fase de restauración y repoblación forestal.

Al poco tiempo llegamos al Alto de Garajonay, como cualquier cumbre un lugar ceremonial importante para los montañeros, al igual que antiguamente para los pobladores aborígenes de la isla que llevaban a cabo sacrificios de animales, rituales y ofrendas a sus divinidades.

Nuestra celebración al alcanzar la cima gomera es mucho más prosaica y mundana, recorriendo con la mirada los 360º a la redonda alrededor de esta atalaya y agradeciendo a la “divinidad” meteorológica que el día esté despejado hasta donde alcanza la vista, pudiendo disfrutar del paisaje isleño desde su punto más alto e identificar puntos singulares de su geografía, además de las siluetas de las islas de Tenerife, La Palma y El Hierro en la distancia y en diferentes puntos cardinales. Desde este lugar, bajo el verde manto de esta extensa altiplanicie, nacen los profundos barrancos que surcan radialmente el accidentado relieve gomero, aunque desde aquí arriba resultan poco apreciables.

La Fortaleza de Chipude es la montaña más destacable que se contempla desde el Alto de Garajonay, escondiendo el Barranco de Erque en una de sus laderas. Más al oeste, se divisa la seca cresta de La Mérica, ocultando el Barranco de Valle Gran Rey. Hacia el noroeste la verde loma de Teselinde y las cumbres de Chijeré hacen lo propio con el Barranco de Vallehermoso. Mirando al noreste la verde y escarpada lomada de Enchereda cobija el Valle de Hermigua y finalmente para cerrar el círculo panorámico las cimas de los roques de Agando y de La Zarcita dan una nota rocosa y grisácea en el manto verde dominante.

También se puede subir a la cumbre insular empezando en el Barranco de El Rejo, junto a la carretera de montaña que va de Hermigua a El Cedro, tajo que es otro ramal abierto en la cabecera del Valle de Hermigua, superando entonces la cresta divisoria con el ramal de El Chorro, y posteriormente descendiendo hasta El Cedro, donde se une al camino descrito, o bien una vez arriba en la divisoria, sin descender al caserío siguiendo la pista forestal que enlaza con ese mismo recorrido en las zona de Las Mimbreras.

 

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GARAJONAY (LA GOMERA)

22 abril, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La altiplanicie central de La Gomera alberga, al amparo del manto de nieblas que durante buena parte del año la envuelve, una tupida selva de monteverde o laurisilva, cuyo verdor permanente contrasta con los paisajes resecos de las zonas bajas de la isla. Las nieblas tienen un importante papel en el funcionamiento del ecosistema, reduciendo las pérdidas por evaporación y depositando agua sobre la vegetación al originar la lluvia horizontal.

 

La laurisilva es un bosque formado por gran variedad de árboles de hoja perenne cuya existencia está ligada a una elevada humedad y temperaturas suaves en torno a 14-15 ºC de media anual, sin heladas salvo en las altitudes mayores, con escasas oscilaciones térmicas a lo largo del año y lluvias comprendidas entre 600 y 900 mm anuales.

 

Estas condiciones de alta humedad ambiental se dan en la zona de nieblas de las fachadas norte de las islas canarias, entre los 700 y 1.200 metros de altura sobre el nivel del mar, debido a la condensación de la humedad oceánica al ser empujada por los vientos alisios y finalmente encontrarse con la barrera geográfica que supone el relieve de las islas centrales y occidentales.

 

El entramado vegetal de la laurisilva es una auténtica esponja viviente, captadora de la humedad de las brumas, favoreciendo la recarga de los acuíferos insulares y, por tanto, el aprovisionamiento de agua para diversos usos humanos.

 

La manifestación más extensa y mejor conservada del bosque de laurisilva canaria se encuentra en el Parque Nacional de Garajonay, en las cumbres de La Gomera, formando una alta meseta central de la que surgen radialmente y en todas direcciones los profundos barrancos que surcan el resto de la isla.

El Parque nacional de Garajonay está situado en la parte central de la isla, entre los 800 y 1.487 m.s.n.m. que alcanza el Alto de Garajonay, la máxima cota insular.

 

La laurisilva es un bosque relíctico y refugiado, única muestra superviviente de los bosques subtropicales que poblaron el área mediterránea hace varios millones de años, durante la Era Terciaria, y que posteriormente desaparecieron como consecuencia de las glaciaciones que apenas afectaron a estas tierras.

 

Aunque el número total de especies de flora vascular de estos bosques está en torno a 400 especies, de las cuales una veintena son árboles, es importante el porcentaje de endemismos botánicos, alrededor de 120, tanto canarios como insulares, especies vegetales que solo sobreviven en Canarias, e incluso solo en La Gomera.

 

Destaca también la abundancia de musgos y líquenes recubriendo los troncos de los árboles y la cobertura de helechos, indicadores de la alta humedad ambiental. Junto a ellos, trepadoras, herbáceas y arbustos como la zarzaparrilla, la gibalbera, la hiedra, el ortigón de los montes, la bencomia, la cerraja, la malfurada, el mato blanco, el morgallón, la cresta de gallo, el poleo, la pata de gallo, el algaritofe, el bicácaro, la reina de monte, la raras adelfa de monte y flor de mayo, y las plantas rupícolas como el tajinaste azul gomero, la bea (que son dos endemismos gomeros) y la melosilla forman el estrato arbustivo del sotobosque.

 

A pesar de su aparente monotonía, la laurisilva de Garajonay contiene varios tipos de bosques. En los valles más húmedos y sombríos orientados al norte, el bosque adquiere su máxima complejidad y exuberancia con las formaciones de la Laurisilva de Valle, donde podemos encontrar la máxima diversidad vegetal y prácticamente la totalidad de las especies arbóreas o los árboles más exigentes en humedad ambiental y edáfica, como tilos, adernos, saúcos, hijas, viñátigos y naranjos salvajes. A medida que ascendemos hacia las crestas más expuestas, el bosque se empobrece gradualmente, perdiendo las especies más exigentes, formando la Laurisilva de Ladera, donde laureles, follaos, acebiños, palos blancos, barbusanos, mocanes, sanguinos, madroños,… encuentran mejores condiciones para su desarrollo. Finalmente el Fayal-Brezal y los Brezales de Cumbre, formados por la faya, el brezo y el tejo, enriquecido con otros árboles citados anteriormente, se extienden por crestas ventosas y orientadas al sur.

En conjunto, la laurisilva domina el paisaje de Garajonay, pero otros hábitats, como los ligados a riachuelos permanentes, como el Arroyo del Cedro, o a los pitones rocosos, restos de antiguos conductos volcánicos, como son los roques de Agando y Carmona, enriquecen el paisaje y son importantes refugios de especies raras, como una especie de margarita, el tajinaste gomero y una especie de col de risco.

 

En cuanto a la fauna, Garajonay cuenta con una fauna que supera las 1.000 especies catalogadas, de las cuales más de 150 son endémicas del parque, lo que constituye una concentración de especies exclusivas por unidad de superficie de las más altas de Europa. La fauna vertebrada es pobre, con un total de 40 especies que corresponden básicamente a aves y reptiles, siendo los únicos mamíferos autóctonos las 4 especies de murciélagos que gracias a su capacidad de vuelo, al igual que las aves, pudieron cruzar el mar que nos separa de África para colonizar estas islas.

 

La mayor parte de las aves pueden encontrarse en el continente europeo, aunque aquí presentan un cierto grado de diferenciación, alcanzando el rango de subespecies, destacando entre ellas las dos especies de palomas endémicas ligadas a los bosques de laurisilva, la paloma rabiche y la turqué, nidificando además en el bosque o en sus inmediaciones aves como mirlos, coloridos pinzones vulgares, canarios, capirotes, herrerillos, petirrojos, reyezuelos, mosquiteros, chocha perdiz, gavilán, búho chico y ratonero.

 

La fauna invertebrada es la que reúne el mayor número de especies, con diferencia, destacando los insectos, entre los cuales sobresalen los escarabajos, seguidos de moluscos y arácnidos.

GARAJONAY

1 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La altiplanicie central de La Gomera alberga, al amparo del manto de nieblas que durante buena parte del año la envuelve, una tupida selva de monteverde o laurisilva, cuyo verdor permanente contrasta con los paisajes resecos de las zonas bajas de la isla. Las nieblas tienen un importante papel en el funcionamiento del ecosistema, reduciendo las pérdidas por evaporación y depositando agua sobre la vegetación al originar la lluvia horizontal.

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La laurisilva es un bosque formado por gran variedad de árboles de hoja perenne cuya existencia está ligada a una elevada humedad y temperaturas suaves en torno a 14-15 ºC de media anual, sin heladas salvo en las altitudes mayores, con escasas oscilaciones térmicas a lo largo del año y lluvias comprendidas entre 600 y 900 mm. anuales.

Estas condiciones de alta humedad ambiental se dan en la zona de nieblas de las fachadas norte de las islas canarias, entre los 700 y 1.200 metros de altura sobre el nivel del mar, debido a la condensación de la humedad oceánica al ser empujada por los vientos alisios y finalmente encontrarse con la barrera geográfica que supone el relieve de las islas centrales y occidentales.

El entramado vegetal de la laurisilva es una auténtica esponja viviente, captadora de la humedad de las brumas, favoreciendo la recarga de los acuíferos insulares y, por tanto, el aprovisionamiento de agua para diversos usos humanos.

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La manifestación más extensa y mejor conservada del bosque de laurisilva canaria se encuentra en el Parque Nacional de Garajonay, en las cumbres de La Gomera, formando una alta meseta central de la que surgen radialmente y en todas direcciones los profundos barrancos que surcan el resto de la isla.

El Parque nacional de Garajonay está situado en la parte central de la isla, entre los 800 y 1.487 m.s.n.m. que alcanza el Alto de Garajonay, la máxima cota insular.

La laurisilva es un bosque relíctico y refugiado, única muestra superviviente de los bosques subtropicales que poblaron el área mediterránea hace varios millones de años, durante la Era Terciaria, y que posteriormente desaparecieron como consecuencia de las glaciaciones que apenas afectaron a estas tierras.

Aunque el número total de especies de flora vascular de estos bosques está en torno a 400 especies, de las cuales una veintena son árboles, es importante el porcentaje de endemismos botánicos, alrededor de 120, tanto canarios como insulares, especies vegetales que solo sobreviven en Canarias, e incluso solo en La Gomera.

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Destaca también la abundancia de musgos y líquenes recubriendo los troncos de los árboles y la cobertura de helechos, indicadores de la alta humedad ambiental. Junto a ellos, trepadoras, herbáceas y arbustos como la zarzaparrilla, la gibalbera, la hiedra, el ortigón de los montes, la bencomia, la cerraja, la malfurada, el mato blanco, el morgallón, la cresta de gallo, el poleo, la pata de gallo, el algaritofe, el bicácaro, la reina de monte, la raras adelfa de monte y flor de mayo, y las plantas rupícolas como el tajinaste azul gomero, la bea (que son dos endemismos gomeros) y la melosilla forman el estrato arbustivo del sotobosque.

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A pesar de su aparente monotonía, la laurisilva de Garajonay contiene varios tipos de bosques. En los valles más húmedos y sombríos orientados al norte, el bosque adquiere su máxima complejidad y exuberancia con las formaciones de la Laurisilva de Valle, donde podemos encontrar la máxima diversidad vegetal y prácticamente la totalidad de las especies arbóreas o los árboles más exigentes en humedad ambiental y edáfica, como tilos, adernos, saúcos, hijas, viñátigos y naranjos salvajes. A medida que ascendemos hacia las las crestas más expuestas, el bosque se empobrece gradualmente, perdiendo las especies más exigentes, formando la Laurisilva de Ladera, donde laureles, follaos, acebiños, palos blancos, barbusanos, mocanes, sanguinos, madroños,… encuentran mejores condiciones para su desarrollo. Finalmente el Fayal-Brezal y los Brezales de Cumbre, formados por la faya, el brezo y el tejo, enriquecido con otros árboles citados anteriormente, se extienden por crestas ventosas y orientadas al sur.

En conjunto, la laurisilva domina el paisaje de Garajonay, pero otros hábitats, como los ligados a riachuelos permanentes, como el Arroyo del Cedro, o a los pitones rocosos, restos de antiguos conductos volcánicos, como son los roques de Agando y Carmona, enriquecen el paisaje y son importantes refugios de especies raras, como una especie de margarita, el tajinaste gomero y una especie de col de risco.

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En cuanto a la fauna, Garajonay cuenta con una fauna que supera las 1.000 especies catalogadas, de las cuales más de 150 son endémicas del parque, lo que constituye una concentración de especies exclusivas por unidad de superficie de las más altas de Europa. La fauna vertebrada es pobre, con un total de 40 especies que corresponden básicamente a aves y reptiles, siendo los únicos mamíferos autóctonos las 4 especies de murciélagos que gracias a su capacidad de vuelo, al igual que las aves, pudieron cruzar el mar que nos separa de África para colonizar estas islas.

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La mayor parte de las aves pueden encontrarse en el continente europeo, aunque aquí presentan un cierto grado de diferenciación, alcanzando el rango de subespecies, destacando entre ellas las dos especies de palomas endémicas ligadas a los bosques de laurisilva, la paloma rabiche y la turqué, nidificando además en el bosque o en sus inmediaciones aves como mirlos, coloridos pinzones vulgares, canarios, capirotes, herrerillos, petirrojos, reyezuelos, mosquiteros, chocha perdiz, gavilán, buho chico y ratonero.

La fauna invertebrada es la que reúne el mayor número de especies, con diferencia, destacando los insectos, entre los cuales sobresalen los escarabajos, seguidos de moluscos y arácnidos.