Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto denso y muy ramificado con hojas enteras, subglabras y bordes doblemente aserrados.

Flores pequeñas, dispuestas en espigas terminales o axilares que sobresalen del resto de la planta, con los sépalos redondeados y corola con 4 0 5 lóbulos de color rojo oscuro a morado.

Frutos en forma de cápsula más o menos ovoides, abriéndose generalmente por 2 valvas o poros, conteniendo muchas semillas diminutas.

Habita en Las Cañadas del Teide, muy común localmente y característica de la zona subalpina de La Fortaleza, Llano de Ucanca, Los Roques, El Portillo, Dorsal de Pedro Gil, pudiendo invadir pinares y zonas más bajas de la isla, normalmente entre los 1.600 y 2.400 m.s.n.m

En la Palma es más esporádica en pinares de Garafía y de Cumbre Vieja.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Al tratarse de un territorio primitivo desde el punto de vista geológico, el norte palmero es tierra de profundos y largos barrancos que forman una sucesión de cañones y agrietan esta vertiente desde las altivas cumbres insulares de más de 2.000 m. hasta la acantilada costa discurriendo paralelos y sin tregua uno tras otro.

De esta manera y siguiendo un recorrido de oeste a este por el norte de la isla bonita tenemos los barrancos de La Luz, nada más salir de Santo Domingo de Garafía, seguido por el de Juan Adalid, el de La Magdalena, los cuales son de escasa entidad vertical con respecto a los que encontramos más a oriente.

Los verdaderamente impresionantes son los barrancos de Fagundo, de los Hombres, de Franceses y el de Gallegos, que presentan su aspecto más impresionante y profundo en sus respectivos tramos bajos y medios al poder contemplar sus verticales farallones laterales con menos vegetación.

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En el reducido espacio disponible que queda en las lomadas o divisorias, entre barranco y barranco, los lugareños se las han ingeniado para aprovecharlo al máximo, construyendo y agrupando casas que dan nombre a poblados perdidos y aislados como Don Pedro, El Tablado y Franceses, y abancalando el terreno para huertos agrícolas de subsistencia, formando un repetitivo, ancestral y bucólico panorama; una simbiosis entrañable entre hombre y territorio, sin más elementos extraños y artificiales que domestiquen estos tajos.

Como barrancos de largo recorrido que son, albergan una riqueza botánica y faunística que comprende desde el cardonal-tabaibal en la costa hasta el de alta montaña en sus cabeceras, pasando por bosquetes termófilos de longevos dragos, frondosa laurisilva y pinar canario.

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En estos espectaculares barrancos de la Reserva Natural Especial de Guelguén (que protege el tramo medio y bajo de los mismos) se refugia una muestra excelente de la laurisilva palmera, y en sus acantilados costeros se localiza posiblemente el mejor ejemplo de hábitat rupícola de la isla. En ambos pisos bioclimáticos se puede encontrar un amplio elenco de componentes endémicos de la flora, con muchas especies protegidas y unas pocas amenazadas. La entomofauna es considerablemente rica y diversa, y entre la avifauna sobresalen varias especies amenazadas que tienen en este lugar una zona de nidificación de vital importancia para su pervivencia. En conjunto, la reserva alberga un interés natural y paisajístico sobresaliente representativo de la típica orografía accidentada del norte de La Palma. Además desempeña un papel importante en la protección de los suelos y recarga del acuífero.

PINAR DE GARAFÍA

8 septiembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El pinar presente en la Reserva natural Integral del Pinar de Garafía, en los montes de los municipios de Barlovento y Garafía, es uno de los mejor conservados de Canarias, destacando también por su longevidad y madurez.

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Su localización al norte de La Palma, en la fachada que recibe la humedad de los vientos, hace que ejerza un papel relevante en la recarga del acuífero subterráneo y la protección de los suelos. Su flora cuenta con algunos componentes endémicos y en peligro, que están convenientemente protegidos por distintas disposiciones legales como el taginaste (Echium gentianoides), la cañaheja palmera (Ferula latipinna) y el Sauco (Sambucus nigra ssp. palmensis). En conjunto constituye un paisaje montano de gran belleza e interés ecológico, cuyo aislamiento ha contribuido a su conservación.

Al sur el espacio limita con la crestería de la Caldera de Taburiente, donde se presentan las máximas cotas insulares, con unas alturas que superan los 2.000 m. La población más cercana es Roque Faro, con apenas 100 habitantes, al norte de la reserva y a una altura de unos 1.000 m.

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La zona coincide con el tramo medio y alto de algunos barrancos de cumbre que arrugan el norte insular, como el de Franceses, el de Los Hombres y el de Fagundo. El lugar es geológicamente antiguo y destaca por potentes coladas basálticas que han sufrido un intenso proceso erosivo originando dichos barrancos que se perfilan en sentido sur-norte y que ganan espectacularidad y profundidad según avanzan hacia la costa norte de la isla.

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Un sendero señalizado y bastante empinado, salvando un desnivel de algo más de 1.000 metros, parte de Roque Faro y atraviesa la reserva camino de la crestería de la Caldera de Taburiente, subiendo por uno de los lomos del espacio protegido, pasando por la fuente Tamagantera como punto singular y llegando finalmente al Morro de La Cebollera, cerca de la Degollada de Franceses.