PALO BLANCO I

3 agosto, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Palo blanco (Picconia excelsa) es un árbol de corteza blanquecina de hasta 10 metros de altura

Tiene las hojas opuestas, simples, enteras, obovadas o lanceoladas, glabras y coriáceas, bordes revolutos y de color verde oscuro.

Flores hermafroditas de color blanco pálido, pequeñas y agrupadas en racimos terminales.

El fruto es una drupa ovoide negra en la madurez de hasta 2 cm. de longitud.

Este árbol es un endemismo macaronésico que normalmente forma parte de los bosques de laurisilva, localmente dominante en las zonas inferiores del monteverde, apareciendo también en el fayal-brezal y en el pinar mixto. Pertenece a la familia de las Oleáceas, su reproducción resulta sencilla y en Canarias se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El oro de risco es un arbusto alto, muy ramificado y deciduo de hasta 3 -5 m. de alto con flores amarillas grandes y hojas trifoliadas, cada hojuela tiene forma lanceolada o estrechamente ovada, de unos 5 o 6 cm. de largo.

Flores amarillas grandes, abundantes y llamativas, con líneas rojizas sobre el estandarte, floreciendo entre diciembre y enero.

Fruto en forma de legumbre grande, de color marrón claro al madurar aproximadamente en abril y mayo, indehiscente, con las semillas separadas por tabiques.

Es un arbusto raro de la zona media o baja, habitando entre los 200 y 800 m. de altitud sobre el nivel del mar. En ninguna de las 4 islas donde habita (Gran Canaria, Tenerife, La Palma y La Gomera) es abundante y solo es posible observar ejemplares aislados en zonas sometidas a actividades humanas como pastoreo y roturaciones, además la mayoría de las poblaciones están fuera de áreas protegidas, lo que pone en peligro su supervivencia.

Está ligada a los bosques termófilos de sabinas y acebuches y más raramente en zonas de transición a pinares secos en las vertientes meridionales.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este arbusto o arbolillo (Maytenus canariensis) recibe este nombre porque recuerda a un pequeño peral. Pertenece a la familia de las celastráceas y es un endemismo canario. Puede alcanzar los 5 metros de altura en condiciones óptimas de suelos ricos y con suficiente humedad. El tronco, bastante ramificado desde la base, posee una corteza rugosa de color gris claro con finos pliegues tranversales paralelos, largos y muy juntos. Brotes de ramas jóvenes de color rojizo. Las hojas jóvenes son de color verde pálido y verde oscuro las viejas, correosas, coriáceas, brillantes, de forma redondeada con ápice obtuso a retuso y borde algo serrulado o aserrado. Las flores son pequeñas, de color amarillo-verdoso pálido y abundantes alrededor de las ramitas formando inflorescencias cimosas. Frutos en forma de cápsulas globosas triloculares (se abren en tres partes al madurar o en los días de calor), de color verdoso o marrón claro, muy parecidos a garbanzos, que contienen varias semillas de color marrón-castaño, ovaladas, con un arilo (a modo de envoltura) blanco y lanudo, formando una copa basal.

 

El peralillo es un ejemplo de árbol de ambientes termófilos y de las zonas más bajas de los bosques de laurisilva, también en zonas bajas y medias de barrancos orientados a los vientos alisios, bastante más raro en riscos y barrancos orientados al sur y oeste, habitando entre los 200 y 800 m.s.n.m. En general se trata de una especie dispersa y poco común que se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote. Su crecimiento es más bien lento, soporta bien las podas y su reproducción por semillas es algo difícil.

 


Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto de hasta 2 metros de alto. Hojas compuestas, grandes, pecioladas y lanudas con pelos rizados; hojuelas anchamente lanceoladas a ovadas, obtusas, con nervios muy acentuados y los bordes revolutos hacia el envés.

Inflorescencias terminales densas con el cáliz campanulado y de color amarillo. Florece de febrero a abril.

Fruto en forma de legumbre vellosa grisácea y con una alta producción de semillas.

La retama peluda es un endemismo de la isla de Gran Canaria en estado crítico de conservación. Cuenta con 2 poblaciones con escaso número de individuos, una de ellas de un tamaño ínfimo, y en total no cubren una superficie superior a una hectárea. 

Sus poblaciones potenciales se sitúan en comunidades rupícolas del margen superior del bosque termófilo, en zonas de dominios de acebuchales y lentiscos, en la región nordeste de la isla, viviendo entre los 550 y 700 metros de altitud.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La sabina (Juniperus turbinata sp. canariensis) es una subespecie endémica de Canarias, perteneciente a la familia de las cupresáceas. Es un arbusto o árbol pequeño de crecimiento lento y muy longevo que puede alcanzar hasta los 8 metros de altura en las condiciones más favorables, aunque lo normal es que no supere los 2 o 3 metros de alto.

Su tronco es muy ramificado y frecuentemente retorcido, con una corteza marrón-rojiza cuando es joven, la cual se torna grisácea, agrietada y quebradiza al envejecer.

La copa es muy ramificada, adquiriendo un porte achaparrado en las zonas ventosas.

Las hojas son escuamiformes, disponiéndose a modo de escamas imbricadas, cuya forma es más o menos triangular, muy apretadas junto a las ramitas, aromáticas y de color verde intenso en la madurez.

Es un árbol monoico. Tanto las flores masculinas como las femeninas son muy pequeñas y poco llamativas; las masculinas son pequeños conos pardo-amarillentos que aparecen en el ápice de los brotes de las ramas nuevas. Las flores femeninas son conos de color verde pálido, sentados sobre ramillas cortas.

Los frutos son parecidos a una baya globosa o esféricos, de aproximadamente un centímetro de diámetro, de color rojizo, rojo oscuro o marrón cuando maduran, conteniendo en su interior un número que varía entre 4 y 10 semillas ovoides. Algunas aves, como el cuervo, al ingerir los frutos, favorece la diseminación y germinación de las semillas al pasar por su potente tracto intestinal. Al margen del cuervo, con el que la sabina muestra una simbiosis especial, para el éxito de su reproducción se requiere dar un tratamiento químico a las semillas, por lo que su germinación es lenta y difícil.

En Canarias esta especie se encuentra en las islas centrales y occidentales, formando parte de la vegetación termófila, en las medianías bajas del territorio insular, por encima de la vegetación del piso basal (cardonal-tabaibal), y a menor altura que el pinar o el monteverde, dependiendo de la orientación dentro de cada isla. Debido a la casi total desaparición de estos bosques termófilos, es frecuente encontrarla de forma aislada o formando pequeños grupos, en laderas de barrancos y riscos inaccesibles de la zona media, también rara vez en la zona de cumbres de las islas más elevadas. Lugares como Afur (Tenerife), La Dehesa (El Hierro) o Vallehermoso (La Gomera), especialmente éste último, son ejemplos de bosques termófilos bien conservados, donde es la propia sabina la que domina este espacio arbóreo de carácter abierto.

TILO I (OCOTEA FOETENS)

1 julio, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El tilo o til (Ocotea foetens) pertenece a la familia de las lauráceas, al igual que el laurel, barbusano y viñátigo. Este árbol puede alcanzar los 40 metros de altura en buenas condiciones de humedad ambiental y edáfica.

El tronco es rugoso, pardo oscuro y muy ramificado. Presenta una copa globosa, amplia y frondosa.

Las hojas son alternas, enteras, brillantes y de color verde oscuro, de forma ovada o anchamente lanceolada, de hasta 8 cm. de longitud, con dos glándulas en la base del raquis, a ambos lados del nervio principal, en las primeras ramificaciones de ese nervio, lo que sirve para diferenciarlo de otros árboles de la laurisilva.

Las flores son de color amarillo-crema, normalmente agrupadas al final de las ramas.

El fruto es bastante característico, ya que tiene forma de bellota incrustada en un cáliz basal, de hasta 1.5 cm. de longitud y de color pardo oscuro cuando madura.

 

El Tilo es un endemismo macaronésico que se distribuye en todas las Islas Canarias a excepción de Fuerteventura y Lanzarote. Habita en las zonas más profundas y húmedas de los bosques de laurisilva, ya que es muy exigente en cuanto a humedad ambiental y edáfica para desarrollarse, viviendo entre los 600 y 900 metros de altura, tratándose en general de una especie rara o poco frecuente en los bosques de laurisilva.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Jocamo es un arbusto muy ramificado de hasta 2 metros de alto, con los tallos cuadragulados, hojas de forma lanceolada a ovada, muy vellosas por el envés, con los bordes crenados, serrados o subenteros.

 

Flores axilares dispuestas en racimos de 1 a 4 flores, corola bilabiada de color rosado a rojo, con el labio superior muy corto y bífido, y el inferior casi entero o trilobulado. Estambres largos, sobresaliendo de la corola.

 

Forma parte de las comunidades termófilas de las islas centrales y occidentales, especialmente en las vertientes oeste y suroeste de las mismas.

 

Endemismo canario-maderense: en Madeira se encuentra la subspecie típica (Teucrium heterophyllum subsp. heterophyllum), mientras que en Canarias existen dos subespecies (T. heterophyllum subsp. hierrense, en El Hierro y T. heterophyllum subsp. brevipilosum en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma).

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El almácigo (Pistacia atlantica) es un árbol perteneciente a la familia de las anacardiáceas que también se encuentra presente en África y Europa meridional.

El tronco es robusto, con la corteza rugosa de color gris oscuro que se cuartea con los años, pudiendo alcanzar hasta los 15 metros de altura.

Los ejemplares adultos presentan una copa amplia, muy ramificada, tupida y de forma semiesférica característica.

Las hojas son compuestas imparipinnanadas (número impar de foliolos, lo que lo diferencia del otro pariente existente en Canarias, el lentisco), de color verde tierno cuando son jóvenes, oscureciéndose y curvándose al envejecer. Los foliolos tienen borde entero, con 4 o 5 pares de foliolos, y uno terminal en la punta, por cada hoja, hoja que puede alcanzar una longitud de unos 12 cm. en conjunto. Es un árbol caducifolio, y junto al sauce canario son los únicos árboles, no introducidos por el hombre en las islas, que pierden las hojas en otoño.

Flores dioicas. Las flores masculinas dispuestas en racimos colgantes en las ramas, numerosas, y de color crema-rojizo. Las femeninas formando racimos axilares densos.

Los árboles femeninos dan frutos duros, rojos en la madurez, de forma ligeramente apepinada, de entre 4 y 6 mm. de tamaño, y cada uno de ellos contiene una semilla, que suele germinar fácilmente ayudada por la acción dispersora de las aves.

El almácigo forma parte de los bosques termófilos de las islas, principalmente entre los 300 y 600 metros de altura sobre el nivel del mar, más habitual en las vertientes norte, noreste y noroeste. Mucho más esporádica en las fachadas orientadas al sur de las islas, donde se refugia en laderas de barrancos y riscos inaccesibles.

Se distribuye por Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto ramificado y leñoso, con rizoma grueso y tallos de hasta 2 metros de alto, pariente próximo de las cinerarias cultivadas con hojas acorazonadas de color verde oscuro por el haz y blanquecinas por el envés y de hasta 15 cm. de largo y 8 cm. de ancho y con los bordes aserrados. En verano pierde la hoja completamente.

 

Inflorescencias grandes y corimbiformes, agrupadas en el extremo de las ramas, de color morado y el centro de la flor de matiz más intenso que las lígulas. La inflorescencia es muy vistosa, alcanzando los 25 cm. de diámetro. Florece entre mayo y junio, fructificando entre julio y agosto.

 

Esta planta exclusiva de Gran Canaria solo es posible reproducirla por esquejes (aunque al encontrarse estrictamente protegida por la ley esta labor solo la puede llevar personal autorizado), ya que el porcentaje de germinación de las semillas es casi nulo al ser parasitadas por la larva de una mosca, también endémica canaria.

 

Las escasas poblaciones, además con un número escaso de individuos, razón por la que se encuentra en peligro de extinción, se localizan sobre paredones abruptos e inaccesibles, creciendo entre las grietas de algunos riscos de la zona central de la isla situados en la franja potencial de contacto entre el monteverde y el pinar, bajo unas condiciones ambientales de elevada humedad, hechos que en cierta manera garantiza una buena protección natural aumentando sus posibilidades de supervivencia, dentro de las comunidades rupícolas que se desarrollan en dichos paredones.

 

Habita en el sector central de la isla, como en los Roques de Tenteniguada y en la Hoya del Gamonal (Paisaje Protegido de Las Cumbres), y creciendo en altitudes que rondan entre los 1.200 y 1.400 m.s.n.m.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Pequeña hierba perenne, con ramificación abundante, hojas pubescentes, pequeñas, de bordes solo ligeramente lobulados y de forma ovadas o espatuladas.

 

Flores vistosas con cinco pétalos, un espolón corto, tricolores, predominando el malva-rosado, raramente de color pálido, con manchas oscuras y amarillas en el centro de la flor. Florece en primavera y presenta fructificación abundante. 

 

Es un endemismo local de las cumbres de Las Cañadas del Teide, muy amenazada, encontrándose de forma testimonial en los andenes de la pared norte y cerca de la cima de la Montaña Guajara, en los terrenos pumíticos y laderas de Montaña Blanca y en la parte terminal del Pico del Teide, en Pico Viejo, siempre en alturas comprendidas entre los 2.400 y los 3.600 m.s.n.m, siendo la especie vegetal que alcanza cotas más elevadas en todo el territorio nacional.

 

Prefiere sustratos pumíticos, estando bien adaptada a las pedreras de ese terreno, siendo más rara en comunidades rupícolas.

 

La mayor parte de sus poblaciones se encuentran altamente amenazadas por la gran densidad de visitantes del Pico del Teide, por la facilidad de acceso a sus poblaciones y por la introducción de muflones en los años 70 del siglo pasado con fines cinegéticos, además de la depredación por parte de los conejos. No se ha observado una expansión a partir de la erradicación del pastoreo de cabras debido probablemente al aumento de los factores de amenaza indicados. Actualmente se ha procedido al vallado de algunas poblaciones para protegerlas, al igual que se ha hecho con otras plantas amenazadas del parque nacional.