Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Mosquera de Tirajana es un arbusto enano y leñoso, de hasta 50 cm. de alto, con ramas péndulas y flexibles, de las que crecen hojas carnosas, de forma obovada, de aproximadamente 2 cm de largo.

Flores azuladas agrupadas en pedúnculos terminales largos, con el centro de la flor de color azul intenso, floreciendo entre junio y septiembre y fructificando poco tiempo después. Se reproduce por semillas y puede hibridarse con la mosquera común (Globularia salicina).

Es un endemismo de Gran Canaria, limitándose a los riscos basálticos de la parte alta de la Caldera de Tirajana, muy rara, habitando un área muy restringida, de la cual se conoce una sola población y con escaso número de individuos, creciendo en su hábitat natural alrededor de los 1.600 metros de altura sobre el nivel del mar.

Tiene carácter rupícola en paredones con orientación sureste donde frecuentemente rezuma humedad.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es un arbusto de porte elegante de hasta 2 metros de alto y con el tallo aserrado y las ramas delgadas. Las hojas son ovadas, ásperas, toscamente laciniadas o pinnatifidas con los lóbulos más o menos lineares y ásperos.

Inflorescencias erectas, paniculadas y blancas con los pétalos el doble de largos que el cáliz, florenciendo y fructificando entre abril y junio.

Frutos tetranervados.

Esta especie de col de risco es un endemismo tinerfeño limitado a los barrancos del Valle de Güímar, comprendidos entre Igueste de Candelaria y La Ladera de Güímar, entre los 400 y 800 m.s.n.m.y acompañada de otras especies como bejeques. Crece en acantilados basálticos algo sombríos y con cierta humedad, predominantemente orientados al norte. El área de distribución es bastante localizada, aunque dentro de ella es relativamente frecuente. Su carácter rupícola en lugares de difícil acceso contribuye a su conservación pese a lo cual está catalogada como especie vulnerable según la UICN.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La correguela es un subarbusto o liana leñosa trepadora. Hojas glandulares, de forma oblongo-lanceolada, pubescentes, cubiertas con un denso tomento que les da un color grisáceo.

Inflorescencias axilares formadas por dos o tres flores de color azul pálido.

Se encuentra en Gran Canaria, Tenerife, El Hierro y La Palma. Especie vulnerable según los criterios de la UICN.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La salvia amarilla es una mata arbustiva poco densa de hasta 1.5 metros de alto. Tiene las hojas grandes, verdosas por el haz, tomentosas, de color crema-grisáceo por el envés, de forma ovado-lanceolada y base cordiforme.

Flores ascendentes en el extremo de las ramas que tienen corola blanca y labios amarillentos, con el inferior más largo que el superior, y floreciendo entre abril y julio, fructificando entre mayo y agosto. Se reproduce bien en vivero por semillas, siendo muy rara la observación de plántulas jóvenes en su medio natural.

Tiene interés científico y medicinal (al igual que otras plantas del mismo género), utilizándose en infusiones como anticatarrales y estimulantes del aparato circulatorio.

Es un endemismo exclusivo de Gran Canaria, limitándose al Barranco de La Virgen y de Los Tilos de Moya, entre 600 y 700 metros de altitud, actualmente muy rara y casi extinta en su hábitat natural, conociéndose solo dos localidades donde habita la especie.

Las poblaciones conocidas forman parte del sotobosque de los reductos boscosos del monteverde de la antigua selva de Doramas, perviviendo en bordes inferiores de riscos umbríos y húmedos.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La ruta describe un circuito senderista, de unos 14 km. de longitud, con principio y fin en el caserío de Las Vegas, localizado en el municipio de Granadilla de Abona, pasando, en este orden, por el Barranco Seco, Pino del Rayo, Pino del Guirre, Montaña Tames y Risco del Muerto.

Esta zona antiguamente era importante para la agricultura debido a la mayor abundancia de agua con respecto a otros lugares del sur de la isla. Así mismo pueden observarse viejos hornos de piedra mimetizados con el entorno, eras, casas cueva, refugios pastoriles levantados a base de piedras, canales de agua e incluso un molino, lo que da idea del interés etnográfico del lugar.

Al poco de comenzar a caminar en suave ascenso percibimos como el pinar va invadiendo viejas terrazas y bancales de cultivos abandonados y cubiertos de jable o piedra pómez, material poroso y ligero que retiene la humedad del suelo.

 Al fondo se divisan algunas cumbres del Circo de Las Cañadas, como la Montaña Guajara, Montaña Colorada y el Roque de La Grieta.

Más adelante, la senda perfectamente señalizada e indicada, atraviesa el Barranco de El Seco y continua subiendo hacia la Montaña Tames, transitando cerca del borde oriental de ese tajo en dirección a esa loma, pasando previamente por el Pino del Rayo (o más bien lo que queda de él, un negro tocón resquebrajado y aparentemente fulminado por un rayo) y el Pino del Guirre, un gran y vigoroso ejemplar de pino canario.

Tras superar el repecho más duro y largo de la ruta, mirando hacia las cumbres, el inmenso pinar de Granadilla de Abona se extiende hasta la vertiente sur de la Montaña Guajara. Igualmente los cortados laterales del tramo alto del Barranco del Río, el siguiente tajo que nos encontraríamos si pateamos hacia oriente y próximo a este recorrido, se adivinan bajo la cumbre de la Montaña Colorada.

Una vez dejamos atrás la Montaña Tames y alcanzamos el punto más elevado del pateo, el sendero comienza a descender hacia Las Vegas, pasando al poco tiempo al lado del Risco del Muerto, tal vez el enclave más espectacular de la ruta, un vistoso y alargado acantilado que rompe la continuidad del pinar canario y que aparece señalizado como zona de escalada.

Poco más abajo la mirada se entretiene en el pinar que se desarrolla en el barranquillo que se ahonda bajo el Risco del Muerto.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La bencomia herreña es un arbusto de 2 a 4 metros de alto, con grandes hojas compuestas imparipinnadas, de 13 a 15 hojuelas por cada hoja, y cada hojuela de forma lanceolada, de borde aserrado y muy sedosas.

Especie dioica, inflorescencias largas, ligeramente erectas, de color crema-verdoso, floreciendo y fructificando en primavera y verano, respectivamente.

Frutos globosos algo mayores que en otras especies de bencomias. Se reproduce fácilmente por semillas y esquejes.

Es una especie endémica de El Hierro, donde se localiza en ambientes rupícolas dentro del área potencial de los bosques de laurisilva y fayal-brezal, con especies acompañantes del sotobosque como la retama amarilla y el escobón, habitando entre los 500 y 1.000 metros de altitud, todo ello dentro del Valle de El Golfo.

Es una especie muy rara con muy pocos ejemplares en su área de distribución natural, debido a diversas amenazas como recolecciones botánicas, desprendimientos o a la acción del ganado.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Especie vegetal endémica de Gran Canaria, en peligro de extinción que se halla incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y que precisa de un plan de recuperación. Se trata de una especie asociada al pinar, que crece en los acantilados en la orilla de los pinares y también entre la maleza de las laderas secas de la parte oriental de la Isla, ambas áreas de elevada pendiente con suelo escaso. Por este motivo, se puede interpretar como reliquia de una vegetación más abundante en tiempos pasados.

Es un arbusto de hasta 1,5 m, con hojas estrechamente lanceoladas, más o menos brillantes.

Inflorescencias densas, formando racimos terminales, con flores de color rojizo oscuro y naranja que florecen de mayo a junio. Frutos en capsula, con numerosas semillas.

Asimismo, es una planta de gran interés científico debido a su biología reproductiva, ya que los agentes en su sistema de polinización son los pequeños pájaros que comparten su hábitat, sobre todo horneras o mosquitero canario (Phylloscopus canariensis).

VIÑÁTIGO (PERSEA INDICA)

16 noviembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Viñátigo (Persea indica) es un endemismo macaronésico perteneciente a la familia de las lauráceas. Este árbol puede superar los 20 metros de altura, de copa amplia, siempre verde, densa y ramificada. Su tronco es más o menos recto y robusto, con la corteza agrietada en los ejemplares adultos y de color gris oscuro.

Las hojas son grandes, dispuestas alternamente alrededor de las ramas, de hasta 15 cm. de largo, de forma lanceolada, agudas u obtusas, de borde entero y de color verde tierno (comparadas con otras especies de laurisilva), algo blanquecinas en el envés. Cuando envejecen las hojas adquieren una característica tonalidad rojiza antes de caer del árbol.

Las flores son amarillentas, hermafroditas, dispuestas en pequeños racimos en torno a las ramas.

Los frutos son de forma elipsoide de unos 2 cm. de largo, de color negro-azulado al madurar, normalmente agrupados. Los frutos son muy apetecidos, al igual que los de otras lauráceas, por las aves, especialmente las palomas turqué y rabiche.

Este árbol forma parte de los bosques de laurisilva poco alterados. Es una especie que requiere suelos profundos y constante humedad edáfica, por lo que prefiere los valles y vaguadas más húmedas de los bosques de laurisilva, donde puede llegar a ser localmente frecuente.

También puede encontrarse de forma testimonial en cauces de barrancos con arroyos permanentes fuera de la zona del monteverde, hallándose su óptimo desarrollo entre los 500 y 900 metros de altura sobre el nivel del mar.

Se distribuye por todas las islas excepto Fuerteventura y Lanzarote

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es un arbusto pequeño de hasta 70 cm. de altura, tallo leñoso, de hojas verde y blanco, finas, más bien membranosas, rugosas y velloso-glandulares, de forma ovado-lanceolada y bordes aserrados.

Inflorescencia laxa, con corola de color blanco y labios marrón-rojizos. Florece y fructifica de abril a junio.

Especie muy rara, escasa y local, cuyos individuos se refugian en lugares escarpados de difícil acceso y geológicamente inestables.

La baja capacidad germinativa hace que la planta no desarrolle el suficiente dinamismo, viéndose relegada sus pequeñas poblaciones a un área geográfica bastante reducida y localizada, dentro del Barranco del Infierno (Macizo de Adeje, Tenerife), entre los 500 y 600 metros de altitud.

Vive en pequeños andenes, riscos y acantilados húmedos, sobre materiales basálticos antiguos, presentando casi siempre un marcado estado rupícola.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El cardón de Jandía es un arbusto suculento, cactiforme, de hasta 80 cm. de alto, a menudo densamente ramificado. Tallos de color gris en la base, alternando con el verde en la parte terminal, con entre  8 y 14 nervaduras acanaladas y espinas erectas, grises, apareadas, rectas, de hasta 2 o 3 cm. de largo y un copete de espinas rojizas en el ápice de los tallos que muestra el crecimiento de los mismos.

Flores pequeñas de color verde-rojizo, desarrollándose en el extremo de los tallos y floreciendo a finales de primavera o verano.

Frutos en forma de pequeñas cápsulas marrón-rojizas, con buena producción de semillas aunque son parasitadas por un coleóptero. La germinación “in vitro” en condiciones normales llega hasta el 80%

Como su nombre indica se trata de un endemismo local de Fuerteventura, limitándose exclusivamente a la región de Jandía, entre Morro Jable y el Faro de Jandía, donde existen no más de media docena de localidades en las que habita este cardón, y en alturas comprendidas entre los 50 y 150 m.s.n.m.

Crece en zonas rocosas, laderas de derrubios y de arenas volcánicas en zonas costeras y áridas propias del cardonal-tabaibal.

Las escasas poblaciones de esta especie se encuentran amenazadas debido al desarrollo turístico de la zona donde habita, al tráfico rodado fuera de las pistas de tierra y al expolio por parte de coleccionistas, razones por las cuales es una planta muy rara y en peligro de extinción.