Texto y fotos de Salvador González Escovar.

 

El Marmulán (Sideroxilon canariensis) es un árbol pequeño perteneciente a la familia de las Sapotaceae, pudiendo alcanzar hasta los 8 metros de altura en condiciones favorables de suelo y humedad.

El tronco es delgado, erecto, de corteza algo rugosa y de color marrón claro. Tiene un follaje siempre verde, copa estrecha formada por unas ramas también erectas.

Las hojas son de borde entero, normalmente dispuestas formando ramilletes densos en el extremo de las ramas, hojas pecioladas, gruesas, coriáceas, de forma ovalada, con el ápice redondeado, obtuso a retuso, presentando una nerviación reticulada y nervio central bien marcado, y de hasta 11 cm. de largo (+ 1.5-2 cm. de peciolo) por 3-4 cm de ancho en las condiciones más favorables.

Las flores son pequeñas, aglomeradas en las axilas de las hojas, pediceladas, blanquecinas, con la corola pentalobulada con un tubo corto y los estambres algo más largo que la corola y 5 con sépalos sobrepuestos por los bordes.

El fruto es una baya de forma ovoide, carnosa, monosperma, de color negro-violáceo en la madurez, de aproximadamente 1 cm. De largo presentando una espina terminal.

Este arbolillo forma parte de los bosques termófilos, habitando entre los 300 y 600 m.s.n.m. en las vertientes norte, y entre los 400 y 700 m. en las vertientes sur de las islas donde sobrevive (La Palma, La Gomera, El Hierro, Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura), encontrándose de forma localizada, con poblaciones escasas en barrancos y riscos innacesibles, a salvo de la presión antrópica y por parte del ganado asilvestrado. La dificultad de su reproducción natural por semillas también contribuye a su rareza.

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PALO BLANCO I

3 agosto, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Palo blanco (Picconia excelsa) es un árbol de corteza blanquecina de hasta 10 metros de altura

Tiene las hojas opuestas, simples, enteras, obovadas o lanceoladas, glabras y coriáceas, bordes revolutos y de color verde oscuro.

Flores hermafroditas de color blanco pálido, pequeñas y agrupadas en racimos terminales.

El fruto es una drupa ovoide negra en la madurez de hasta 2 cm. de longitud.

Este árbol es un endemismo macaronésico que normalmente forma parte de los bosques de laurisilva, localmente dominante en las zonas inferiores del monteverde, apareciendo también en el fayal-brezal y en el pinar mixto. Pertenece a la familia de las Oleáceas, su reproducción resulta sencilla y en Canarias se distribuye por todas las islas a excepción de Lanzarote.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Jocamo es un arbusto muy ramificado de hasta 2 metros de alto, con los tallos cuadragulados, hojas de forma lanceolada a ovada, muy vellosas por el envés, con los bordes crenados, serrados o subenteros.

 

Flores axilares dispuestas en racimos de 1 a 4 flores, corola bilabiada de color rosado a rojo, con el labio superior muy corto y bífido, y el inferior casi entero o trilobulado. Estambres largos, sobresaliendo de la corola.

 

Forma parte de las comunidades termófilas de las islas centrales y occidentales, especialmente en las vertientes oeste y suroeste de las mismas.

 

Endemismo canario-maderense: en Madeira se encuentra la subspecie típica (Teucrium heterophyllum subsp. heterophyllum), mientras que en Canarias existen dos subespecies (T. heterophyllum subsp. hierrense, en El Hierro y T. heterophyllum subsp. brevipilosum en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma).

FAYA (MORRELLA FAYA)

26 mayo, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La faya o haya (Morrella faya) es un endemismo macaronésico que además habita en algunas zonas del oeste de la Península Ibérica.

Este árbol pequeño puede alcanzar los 10 metros de altura. Pertenece a la familia de las miricáceas. El tronco es retorcido y presenta la corteza rugosa, de color parduzco.

Tiene una ramificación densa y follaje de tonos oscuros. Las hojas están dispuestas de manera alterna, de forma oblanceolada, de entre 4 y 12 cm. de largo, base cuneiforme (forma de cuña), bordes algo revolutos, ondulados y aserrados irregularmente, y de color verde mate y coriáceas (correoso) al tacto.

Flores dioicas, floración abundante en amentos ramificados y alargados, las masculinas de color amarillento. Las flores femeninas son menos visibles al estar escondidas bajo las hojas, agrupándose de forma menos apretada que las masculinas.

Frutos globosos en forma de drupa, de color rojizo a negro al madurar, conocidos como “creces”, con una superficie carnosa, áspera y cerosa. Estos frutos de algo más de 5 mm. de diámetro son comestibles.

 

Es una especie muy abundante en el monteverde o laurisilva, desde los 500 hasta los 1.600 m.s.n.m., alcanzando su climax en el fayal-brezal, junto al brezo, formando masas forestales monótonas, también en los bosques de laurisilva degradados, y menos frecuente en el pinar mixto y barrancos húmedos fuera de hábitat potencial.

Se distribuye por todas las islas canarias, siendo muy rara en Fuerteventura y Lanzarote.

Un pariente de la faya es la faya herreña (Myrica rivas-martinezii), arbolillo muy raro, considerado como el árbol más raro de Canarias, que se diferencia de la faya común en que tiene las hojas espatuladas y los bordes menos aserrados que su pariente próximo.

 

Se conocen poblaciones residuales en La Palma, La Gomera y El Hierro, habitando entre los 400 y 800 m.s.n.m.

 

También es un árbol dioico (ejemplares masculinos y femeninos por separado), de hasta 8 metros de alto, muy ramificado, con las últimas ramificaciones dispuestas a modo de umbela, con hojas pequeñas y espatuladas, aunque las hojas jóvenes son de forma aovada.

La población más abundante de las tres conocidas se encuentra en El Hierro, correspondiendo a formaciones climácicas de fayal-brezal en estado óptimo, en situación de contacto con pinares potenciales dentro del Parque Rural de Frontera.

Los escasos ejemplares de La Gomera y La Palma, se localizan, respectivamente, en la zona de preparque del Parque Nacional de Garajonay, y dentro del Parque Natural de Las Nieves.

 

BREZO (I)

4 mayo, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Brezo (Erica arborea) es un árbol de hasta 10 metros de altura. Pertenece a la familia de las ericáceas y también vive en África y Europa.

El tronco es retorcido, la corteza es de color marrón-rojizo, áspera al tacto y desprendible en tiras. Es un árbol muy ramificado y denso, con las ramitas blanquecinas, delgadas y pelosas.

Las hojas son verticiladas, lineares, de hasta 5 mm. de largo y revolutas, y de color verde oscuro, excepto los brotes nuevos, que presentan un color verde tierno.

Las flores son hermafroditas, pequeñas, con forma de campana, blancas, muy abundantes formando racimos densos y vistosos.

El fruto es una cápsula pequeña con lóbulos persistentes.

Es una especie muy abundante en el monteverde, distribuyéndose en altura desde los 200 hasta los 1.700 metros de altura sobre el nivel del mar. Es una especie ecológicamente agresiva porque ocupa bosques de laurisilva talados o degradados. En asociación con la faya da lugar a las formaciones de fayal-brezal típicas de la zona de transición entre los bosques de laurisilva y el pinar húmedo en las las laderas húmedas e influenciadas por los vientos alisios de las islas centrales y occidentales. Presente también en el pinar mixto y como elemento del sotobosque del pinar, desapareciendo a una mayor altitud que la faya en estas formaciones vegetales; esporádico en el sur y oeste de las islas que habita, donde se refugia en barrancos húmedos y sombríos.

Sus ramas se aprovechan para labores agrícolas en horquetas y varas, también para alimento del ganado, artesanía y algunas aplicaciones en medicina popular.

Está presente en todas las islas a excepción de Fuerteventura y Lanzarote.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Camino del Risco de Tibataje:

Este sendero “off road” (no aparece señalizado ni indicado en la red de caminos de El Hierro) parte del mirador de Jinama, a 1.250 metros de altitud. Una pista de tierra nos acerca al Alto de Izique y nos conduce al inicio de la vereda que avanza justo por el filo del imponente Risco de Tibataje, espectacular paredón que alcanza los 1.100 metros de desplome, continuo, libre y duradero, hasta encontrar la plataforma costera del fondo del valle, a la vez que se alarga y disminuye de altura conforme se acerca a la Punta de Salmor.

Es una bendición para los sentidos y para la experiencia senderista que exista una vereda que recorra el borde de este precipicio superlativo, de este tremendo “hachazo” en el territorio insular dado por la Diosa Naturaleza, y que al andar por el borde de este murallón rocoso hace sentirme libre y dichoso como un pájaro.

Al otro lado del abismo, muros de piedra de media altura, algunos de los cuales hay que atravesar para no vernos obstaculizados por los brezos y fayas existentes en el borde del abismo, forman cuadrículas en el terreno que delimitan la zona de pastos del ganado en la amplia Meseta de Nisdafe. Al caminar entre la hierba, por estas fechas algo seca, que sirve de sustento a vacas, ovejas y burros, multitud de saltamontes y cigarrones brincan de aquí para allá.

El sendero desciende continuamente, pasando en un primer momento por el Alto de Izique, sobre la misma Fuga de Gorreta, mientras hay que asomarse bastante para encontrar el fondo del abismo y me pregunto cómo todo este universo vertical no se derrumba repentinamente bajo su propio peso. No lo hace súbitamente pero sí poco a poco, ya que pueden observarse grietas en el terreno junto al borde del precipicio, como si estuvieran esperando a la temporada de lluvias o a un agente desencadenante del derrumbe.

En la vida del senderista nada es comparable a sentirse flotar en el vacío, abismo que también vacía la mente para posteriormente rellenarla de una sensación nirvánica y repleta de éxtasis existencial. Me siento a las puertas del paraíso con los pies sobre la tierra.

Pese a la verticalidad del escalón de Tibataje, brezos y plantas rupícolas revisten la ladera que poco a poco se adentra en el mar, para finalmente desaparecer junto a los Roques de Salmor. Este camino se une al camino de La Peña, que comienza poco más arriba del mirador del mismo nombre, el cual desciende hasta la costa atravesando el risco y finalizando en el Pozo de Los Padrones, en la carretera que va de Las Puntas a Frontera. Ese trayecto es un camino empedrado, mejor indicado y, hasta hace no mucho tiempo, más transitado que el que va por el alto del Risco de Tibataje, aunque actualmente este tramo se encuentra cerrado al uso público por peligro de desprendimientos.

Si se regresa al mirador de Jinama por donde mismo hemos venido el gozo de la excursión es doble, porque aunque el sendero sea el mismo, los matices de luces y contraluces según avanza el día cambian. El tramo de mayor pendiente es el Camino de La Peña.

Después de esta ruta y la del Risco de Las Playas, me llevo la imagen de que para lo pequeña que es la isla, los precipicios que alberga tanto en el sur como en el norte resultan desproporcionadamente enormes.

 

Texto: Salvador González Escovar.

Fotos: Juan Luis Barrios y Salvador González Escovar.

La Reserva Natural Especial de Tibataje está constituida por roques marinos y un gran escalón montañoso que desde el nivel del mar se eleva progresivamente y alcanza una altitud de algo más de 1.000 metros sobre él, bordeando el gran Valle de El Golfo por su límite oriental, cuyas vertiginosas laderas son testigos de descomunales procesos erosivos que también hicieron retroceder la línea litoral del norte de El Hierro, enmarcándose en un paisaje agreste de extraordinario valor biológico y estético. Es un formidable refugio para la avifauna marina, donde nidifican algunas especies amenazadas e incluidas en convenios internacionales como Berna y CITES (Paiño común – Hydrobates pelagium – Petrel de Bulwer – Bulweria bulwerii – etc).

Sin embargo, la joya faunística de este lugar es el lagarto gigante de El Hierro (Gallotia simonyi machadoi), una subespecie de lagarto endémica de la isla. El lagarto gigante se considera, según una ley del Gobierno de Canarias, el símbolo natural de la isla de El Hierro, conjuntamente con la sabina.

Este lagarto alcanza un tamaño de hasta 60 cm., es un animal de cabeza ancha (sobre todo los machos), cuerpo fuerte y larga cola.

El dorso es de color oscuro pardo, gris o incluso negra, el vientre es pálido blanquecino o cremoso y en los costados tiene numerosas marcas de color marrón amarillento, poco visibles en algunos individuos.

Este lagarto es propio de las zonas más áridas y de terreno pedregoso. Es omnívoro: come plantas e insectos. La puesta comienza en mayo y pone de 5 a 13 huevos hasta fines de agosto. Los huevos eclosionan después de 61 días. Los predadores más habituales de este lagarto son las aves rapaces, como los cernícalos o los ratoneros, y también gatos asilvestrados, lo que afecta a sus poblaciones naturales y hace disminuir el éxito de los programas de reintroducción de la especie.

Una pequeña población relicta conocida únicamente por los cabreros de la zona quedó relegada en el extremo meridional del Risco de Tibataje, en un paraje conocido como la Fuga de Gorreta. Las encuestas llevadas a cabo en la isla en 1971 revelaron su existencia y pusieron a cabreros y buscadores de rarezas tras la pista del lagarto.

Algunos años después en 1974 se capturaron los primeros individuos en el Risco, y se pusieron en marcha las primeras medidas dirigidas a su conservación.

El área que ocupa la única población natural conocida es de tan solo 4 hectáreas orientadas al suroeste y localizadas entre el Poblado de Guinea (100 msnm), y el llamado Paso del Pino (540 msnm). Esta población estaría compuesta, por unos 250 individuos, cuyo pequeño tamaño y juventud dan una idea de los escasos recursos de la zona y de las numerosas amenazas a las que están expuestos los lagartos.

Camino de Jinama:

 

Este sendero repleto de historias de comunicaciones y transhumancia entre las tierras bajas y altas del Valle de El Golfo, asciende desde la localidad de Frontera hasta el Mirador de Jinama, atravesando la parte oriental del amplio valle que abarca prácticamente la totalidad del norte de la isla de El Hierro, desplegándose a partir de la hilera de cumbres insulares hasta el mar. Otro mar, el de nubes, parece como si percibiese la atracción que ejerce la orografía, y suele encajarse en la parte media y alta de esta gigantesca herradura abierta al noroeste.

Si no hay manto nuboso entre la costa y nosotros, la panorámica del fondo del valle, con sus poblaciones dispersas y parcelas de cultivo hace precipitar la mirada, mirada que transporta al resto de los sentidos a través de las pendientes laderas que convergen en la plataforma de la agreste costa.

Lo realmente espectacular de esta parte del valle es la imponente elevación del Risco de Tibataje. Estando frente a este salvaje farallón, la verticalidad se adueña de las percepciones. Manchones de monteverde conquistan los andenes de este abrupto paredón que limita el circo por el este.

Si andamos inmersos en la niebla, la bruma parece tragarse el camino, difuminando y borrando también el entramado del bosque de laurisilva que se extiende por la franja alta de este anfiteatro, que es la cicatriz de un deslizamiento en masa e inmemorial acontecido en esta zona de la isla.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

En la vertiente sureste de El Hierro existe un espectacular acantilado de forma semicircular de unos 5 km. de longitud, abierta al océano, y que se desploma desde una altura de algo más de 1 Km sobre la costa de Las Playas.

Los acantilados herreños, tanto los que dan a la vertiente norte como a la sur de la isla, parecen descomunales en relación a la reducida superficie insular.

Camino de Las Playas:

El sendero, en buen estado, que asciende desde la costa, abandonando la carretera que se dirige al parador de turismo, para alcanzar el mirador de Isora, lo hace por las inmediaciones del fugaz Barranco del Abra, mientras vamos contemplando como tajinastes, vinagreras, tabaibas y bejeques se aferran a estas descarnadas y verticales laderas, además de pinos canarios y sabinas, éstas de forma aislada. Estos árboles se retuercen austeramente en los hostiles roquedos, sobre los que ningún otro árbol puede vivir, desafiando al abismo, perviviendo a medio camino entre el mar y un cielo que se ve surcado por bandadas de cuervos.

Algunas barranqueras y gargantas de vértigo surgen de los cortados cimeros que separan el Risco de Las Playas del resto de la isla, aumentando la sensación de paisaje salvaje, virgen, inexpugnable y sobrecogedor, y finalmente desaparecen al acumular derrubios en el pedregoso litoral, antes de ocultarse definitivamente bajo el mar.

Al finalizar la empinada subida al mirador de Isora, el sendero continúa por terreno más favorable hacia Isora. Antes de llegar al pueblo, un desvío nos encamina a circundar el borde del acantilado, volviendo a ganar altura siguiendo pistas asfaltadas, para finalmente encontrarnos de nuevo en el filo del anfiteatro a la altura de Montaña Bermeja, cerca de la parte central del precipicio, atalaya que ofrece unas perspectivas de ensueño, donde la extasiante mirada vuelve a convertirse en el mayor placer de esta vida, vistas que se desploman sobre la profunda depresión abierta al mar y que se hunde a nuestros pies.

Siguiendo el margen del murallón por una pista de tierra se llega en poco tiempo al punto de inicio (muy próximo al mirador de Las Playas) de la esta larga ruta que prácticamente ha rodeado todo este acantilado por su base y por su borde cimero, atractivo risco producto de la erosión que ha socavado una parte de la superficie insular.

 

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El espacio protegido del Monumento Natural de Las Playas constituye una unidad geomorfológica representativa de uno de los procesos característicos de la geología insular y alberga una magnífica estructura escarpada de gran valor paisajístico y escénico.

El Risco de Las Playas, o también llamado de Los Herreños, forma un gran arco que supera los 1.000 metros de desnivel, en el punto más elevado, con respecto a la reducida plataforma costera sobre la que se precipita vertiginosamente, abarcando una longitud de unos 5 kms. entre la Punta de Bonanza, más allá del roque de idéntico nombre, y la Punta de Miguel.

Comprende además de la espectacularidad del paisaje, una buena muestra de hábitats rupícolas en buen estado de conservación y con una alta diversidad florística, donde no faltan especies endémicas amenazadas como la margarita (Argyranthemum sventenii) y el taginaste (Echium hierrense).

Vereda del Risco:

Este sendero era utilizado para labores de trueque entre diferentes poblaciones y recolección de pinocha.

Desde Las Casas (El Pinar), una estrecha senda bien marcada desciende rápidamente y en continuos zig-zags a través de las empinadas laderas del Risco de Las Playas hasta la proximidad de la Playa (de callados) de Cardones, contemplando en todo momento esta gran caldera abierta al mar que parece una convulsión geológica elevada desde las remotas profundidades oceánicas.

El pinar corona las altas crestas de estos impresionantes cortados, y estos árboles van desapareciendo según descendemos, a medida que dispersas sabinas aparecen ancladas a un inestable sustrato, alargado precipicio que visto desde cierta distancia debe parecer la huella de un gigantesco mordisco en la corteza de esta isla, territorio que de hecho ha sido reducido y transformado por grandes deslizamientos en masa que han originado descomunales farallones en relación a la superficie insular.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

En la Reserva Natural Integral de Mencafete se encuentra una de las mejores muestras de sabinar húmedo del archipiélago y de monteverde herreño. Su exposición en fachada norte y la disposición en arco determinan un importante papel como área receptora de humedad, contribuyendo a la recarga del acuífero y la protección de los suelos.

La alta biodiversidad del monteverde determina que aquí se encuentre una de las mayores concentraciones de especies de todo El Hierro, incluyendo elementos amenazados tanto de la flora -Cerastium sventenii-, como de la fauna – Palomas de Laurisilva -Columba bollii-. Por otra parte, en el núcleo de la reserva, se localiza la única fuente natural (Mencafete) de la isla que mantiene agua durante todo el año y donde la fauna invertebrada rupícola se conserva en buen estado.

Sendero de Mencáfete:

Desde Sabinosa se asciende de forma decidida al principio, de forma más sostenida más adelante, a Malpaso por una senda que nos acerca y nos introduce en la franja boscosa de la laurisilva herreña, laurisilva no tan variada como en otras islas, en la que domina, fundamentalmente, el fayal-brezal con pocas especies arbóreas acompañantes más, como laureles, acebiños, follaos, mocanes y barbusanos, y en la parte baja, sabinas.  La Fuente de Mencáfite, localizada en lo más profundo del bosque, es una serie de aljibes y pequeñas pozas que recogen el agua del monteverde, y para ir a ella hay que desviarse de la ruta principal una media hora adicional solo de ida.

Después de una continua y larga subida, el bosque siempreverde y casi siempre brumoso va quedando atrás, abriéndose, apareciendo los pinos acompañados de brezos de menor porte que en su ambiente ideal. Tras tanto caminar por medio del tupido bosque que no dejaba escapar la mirada fuera de él, uno agradece la vista, recortada entre las nubes, que ofrece las laderas ennnegrecidas del volcán Tanganasoga, cerca del final de la subida, en un terreno eminentemente volcánico en el que ya se avista la Cumbre de Malpaso, de 1.500 m.s.n.m., el punto más elevado de la isla, que se alza sobre el Malpaís del Jable Cumplido, parcialmente invadido por brezos y pinos canarios.