CUMBRE VIEJA (LA PALMA)

28 enero, 2017

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Texto de Salvador González Escovar.

15697576_1359493277449687_8210759309260522770_nAdemás de la famosa Ruta de Los Volcanes existen otros pateos por la Dorsal montañosa de Cumbre Vieja, tanto por su vertiente oriental como por la occidental.

Uno de ellos (PR LP 16) es el que comienza en Mazo, pueblo de las medianías de la fachada oriental de ese macizo volcánico.

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Ascendemos en primer lugar por asfalto y pistas de tierra, pasando por el lado sur de la Montaña de Las Toscas, entre zonas de pastos para el ganado vacuno y de cultivo como vides y manzanos, aprovechando la escasa pendiente del terreno que existe antes de entrar en el bosque existente a mayor altura.

Al seguir subiendo aumenta el desnivel cuando nos aproximamos al destacable y redondeado Roque Niquiomo, vistoso promontorio que parece un islote rocoso ya en medio del bosque, formado por monteverde de fayal-brezal, laureles, acebiños y follaos.

La primera sorpresa la encontramos al pie del citado peñón, en forma de una profunda, oscura, ancha e imponente sima, con una gran cueva en el fondo, que se hunde bajo el ramaje y lianas del bosque.

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Seguimos subiendo y aunque estamos en las inmediaciones del Niquiomo, no lo conseguimos ver de cerca, permaneciendo oculto detrás de la frondosa arboleda. Más arriba el sendero da paso a una pista de tierra y pasamos por el Llano de Las Moscas, donde hay una construcción que asemeja un campamento; ahora la pendiente suaviza y el bosque se abre, apareciendo también codesos, escobones, jaras, rosalitos, poleos y los primeros pinos, bosque que nos acompaña a partir de aquí hasta coronar las cimas de Cumbre Vieja.

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La larga pista de tierra nos conduce hasta la base del Roque Nambroque (1.921 m.s.n.m.), una de las cimas más elevadas de este campo volcánico y ligeramente desplazado a oriente de la crestería de Cumbre Vieja. Finalmente un sendero (SL VM 125) pasa bajo la pared oriental del roque, vertical y gris fachada que resalta en el entorno volcánico que caracteriza las cimas de esta alargada dorsal volcánica que se eleva entre el centro y el sur de la isla. Ese sendero se dirige hacia el norte y comunica poco después con la Ruta de Los Volcanes tras atravesar una piconera marrón a un nivel prácticamente constante.

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Otro sendero (PR LP 15) comienza más al sur, en Tigalate, a unos 700 m. de altura sobre el nivel del mar y también en la vertiente oriental de Cumbre Vieja. En este caso se atraviesa la dorsal volcánica de este a oeste, haciendo cumbre en el Collado de Las Deseadas y bajando por la fachada occidental de la isla hasta llegar a Jedey.

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El camino se muestra al principio bastante ancho y delimitado por muros de piedra, lo que hace recordar a un camino real utilizado antiguamente en la trashumancia del ganado. Al comienzo de la subida el pinar se acompaña de algún que otro brezo y helecho, lo que denota que, a pesar de encontrarnos bastante al sur, existe cierta influencia del húmedo alisio por estar en la vertiente oriental de la isla, que es barrida frecuentemente por el mar de nubes.

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Después de una desviación a la izquierda y continuando entre muros de piedra, dicho sendero muere en una pista de tierra que también viene de Tigalate y que ya no abandonamos hasta alcanzar el punto más elevado de la travesía. La pista es bastante larga, lo bueno de esto es que la pendiente es más suave, en comparación con la inclinación del primer tramo a través del camino real.

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En algún recodo de la citada pista se abre una una ventana a través del pinar canario, ofreciéndonos vistas de parte de la vertiente subida y de la cada vez más lejana costa, mientras que mirando hacia las cumbres se adivinan las laderas, bastante desnudas de vegetación y de diversos matices cromáticos, de los conos volcánicos a los que paulatinamente nos aproximamos.

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Antes de llegar al Collado de Las Deseadas, en la divisoria de ambas vertientes oriental y occidental de Cumbre Vieja, el mundo volcánico que ya tenemos cerca nos da la definitiva bienvenida con el Malpaís de La Malforada, un río de lava petrificada y marrón oscuro que constituye un paréntesis en el verde del pinar, colada originada por la erupción del cercano Volcán Duraznero en el año 1949 y esparcida por esta ladera oriental en dirección al litoral.

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Tras el último repecho en la pista estamos en el Llano de Las Brujas, una planicie de picón, apenas unos metros por debajo del Collado de Las Deseadas, localizado al pie de la base sur del Volcán de La Deseada, la montaña más elevada de Cumbre Vieja con 1.949 m.s.n.m. En el collado homónimo enlazamos con la Ruta de Los Volcanes (una parte del GR 131), la senda que atraviesa longitudinalmente la Dorsal de Cumbre Vieja.

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Antes de descender por el lado oeste de Cumbre Vieja merece la pena subir al cercano Volcán de La Deseada para contemplar desde el punto más alto de esta hilera volcánico el inmenso panorama que se despliega en todas direcciones: extensos pinares invaden ambas inclinadas vertientes insulares que colapsan en el lejano océano, y donde no hay pinares es porque el lunático y oscuro terreno volcánico dominado por siniestros malpaíses, desoladas piconeras y desfigurados conos volcánicos los borró del mapa.

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Alargando la mirada hacia el norte, el anfiteatro de la Caldera de Taburiente dibuja un incomparable telón de fondo del más cercano campo volcánico en el que sobresalen algunos puntos elevados como los volcanes del Birigoyo, Nambroque, Hoyo Negro y Duraznero.

Hacia el sur la hilera volcánica pierde altura detrás del Pico del Cabrito y del oscuro Volcán del Charco, cuya erupción del año 1712 formó una extensa piconera esparcida por la vertiente occidental de Cumbre Vieja.

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Comparado con el aspecto siniestro y ennegrecido que presentan la mayoría de los volcanes citados anteriormente, el Volcán de La Deseada, de tonalidad más pálida, asemeja un cono plácidamente adormecido, y cuyo perímetro puede ser fácilmente recorrido, ofreciendo de esta manera apoteósicos y extasiantes panoramas 360º a la redonda alrededor del cráter, visiones que no se cambian por nada en la experiencia montañera por muy dilatada que ésta sea.

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Retornamos al sendero PR LP 15 que cruza Cumbre Vieja de lado a lado. El Volcán del Charco se encuentra asentado ligeramente sobre la fachada occidental de esta hilera volcánica, pasando el sendero próximo a él. Sobre sus lisas y oscuras laderas de picón apenas se aventuran unos pocos pinos solitarios, mudos testigos de la gran porción del pinar sepultada por la colada de lava que se extendió ladera abajo y creando un paisaje genuinamente desolado y lunático. Mirando hacia el interior del cráter se adivina el tormento que debió suponer para la corteza terrestre la erupción del Volcán del Charco hace unos 300 años.

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Desde el Collado de Las Deseadas, como se ha indicado, desciende la senda hacia la vertiente oeste; al poco tiempo desemboca en otra pista de tierra que continua bajando describiendo alargados zig-zags sobre el terreno, que hacen disminuir la pendiente del recorrido y que ya ha sido invadido por la inmensidad del pinar. El bosque apenas permite dejar escapar la mirada más allá de él, teniendo únicamente en los recodos del trayecto esporádicas panorámicas de la vertiente oeste de Cumbre Vieja, donde agrestes coladas de lava petrificadas y malpaíses entrecortan el extenso pinar, mientras nos alejamos paulatinamente de las cimas volcánicas que hemos cruzado y que parecen ajenas a la vida vegetal porque el bosque no las consigue colonizar.

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La pista recorrida se une con la pista general que une Fuencaliente con El Paso, siguiendo un pequeño tramo por ella en dirección norte, para luego abandonarla y seguir bajando, atravesando una pequeña colada lávica que nos conduce a otra pista que llanea hacia el norte, tramo en el que el pinar convive con cultivos de vides, manzanos, higueras, almendros y castaños en estado semisalvaje.

Más adelante el cartel indicativo nos desvía por un camino que desciende atravesando algunos barranquillos, avistando al poco tiempo el vistoso Volcán Tajuya, hacia el norte, para al final de la larga bajada, tenerlo sobre nuestras cabezas.

Enormes bloques de basalto destacan en su cima y parecen mantener un inestable equilibrio sobre el borde exterior del cráter, coronando la ladera de lapilli que tenemos encima.

El final del sendero se une a una pista asfaltada que nos termina de bajar, paralelamente y junto a otro malpaís, hasta la localidad de Jedey, a unos 700 m. de altitud.