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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

En este pateo se disfruta de unos espectaculares paisajes en la mayor parte del recorrido que comienza en el Pico del Inglés, de algo más de 900 m de altura, uno de los puntos más elevados de la Sierra de Anaga y mirador natural del macizo y de buena parte de Tenerife si la frecuente bruma lo permite.

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Entre un frondoso bosque de laurisilva el sendero desciende continuamente (y atraviesa la carretera TF1123 a la altura del restaurante Casa Carlos, al poco de caminar) hasta el espigado Roque Taborno, que se puede rodear, después de pasar por el caserío de Taborno, transcurriendo en todo momento por la cresta (Lomo Alto, La Gollada Chica) que divide los barrancos de Taborno (izquierda) y de Afur (derecha).

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Al final del recorrido, a unos 600 m. de altitud, sobre prominentes acantilados que sucumben a ambos lados de la divisoria, el paisaje se divisa en un grandioso espectáculo, con el mar, abajo a vuelo de pájaro, tan lejos que apenas son perceptibles las playas de Tamadite, en la desembocadura del Barranco de Afur, y de La Fajana, en la del Barranco de Taborno. Éste, a diferencia del de Afur, es uno de los barrancos más salvajes y retorcidos de Anaga con imponentes fugas que le dan un aspecto de auténtico cañón encajonado y profundo.

En la vertiente opuesta del Barranco de Afur constituye un placer para los sentidos las vistas de los riscos Marrubial, Payés y la recortada cresta de El Fraile, cobijando el Sabinar de Afur en sus empinadas laderas, que es el sabinar natural más extenso que sobrevive en la isla.

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Más allá del ancho Barranco de Afur, se divisan los confines de la Sierra de Anaga, desde El Draguillo, Cabezo del Tejo, Roque Anambro, Chinobre hasta el más cercano Roque Negro, con los picachos que surgen del mar, como los lejanos Roques de Anaga, las desoladas y erosionadas laderas costeras que paulatinamente se elevan hasta fundirse con el manto verde que envuelve las cumbres, disimulando el agreste relieve.

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Se puede rodear el Roque Taborno transitando a poca distancia de su base y sin casi perder altura; en la parte trasera del roque, las sensaciones visuales se ven acrecentadas al precipitarse la mirada casi directamente en el mar y contemplar la amplia panorámica que se extiende desde la Punta del Hidalgo, más allá de la playa de La Fajana y de la cresta de Tesegre, mirando al oeste, hasta los Roques de Anaga, hacia oriente, en el confín de la península y por ende de la isla.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Esta excursión parte de las afueras de Punta del Hidalgo, en el extremo noroccidental de la Sierra de Anaga. Es una de las rutas más clásicas de este macizo.

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Se comienza atravesando la desembocadura del Barranco del Tomadero, bajo la imponente mole del Roque de Dos Hermanos. Se va ascendiendo por los abruptos riscos que forman la ladera oriental de ese barranco que surge de la espesura de la vertiente norte del Monte de las Mercedes.

La flora rupícola y, también la no tan risquera, como cardones, tabaibas, tajinastes, guaydiles, palos sangre, cornicales, margaritas, jaguarzos, espineros, granadillos, regaljaderas, verodes, junto a cerrajas, matos risco, bejeques, cardoncillos, etc., parecen brotar de entre las piedras, aprovechando cada grieta para aferrarse a la vida.

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En toda la península de Anaga existen casi una treintena de endemismos botánicos locales, plantas exclusivas de este extremo nororiental de Tenerife. Ese grupo único lo forman: una especie de bejeque, dos de magarza, una de esparreguera, dos de cabezón, una de jara, dos de tajinaste, una de siempreviva, una de corazoncillo, dos de tomillo, cuatro de bejequillo, una de culantrillo, una de rosalito, dos de chaorras, una de cerraja, dos de retama, Tolpis glabrescens, Lugoa revoluta, Normania nava, Carex perraudieriana y la violeta de Anaga. Estas plantas se extienden desde los riscos costeros y de las zonas medias repartidos por rincones prácticamente inaccesibles, hasta los cumbreros bosques de laurisilva.

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Más arriba, un balcón natural del barranco nos permite dejar caer la mirada sobre el ya distante mar y sobre el escarpado acantilado en cuya base el mar arremete con fuerza y persistencia. Es un paraje sobrecogedor, duro y violento en el que los impresionantes desfiladeros se ven coronados por puntiagudos escarpes como el de Tesegre. Esa dureza paisajística y el sonido del lejano batir del mar se apoderan de mi existencia durante unos instantes que duran todo lo que uno quiera, de manera gratuita y gratificante.

Nos encontramos entre la prominente elevación de Dos Hermanos y el precipicio sobre el mar que forma la imponente escarpada del Barranco de La Angostura.

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Al final de este sendero que transita rodeado de pura roca, de cuevas, de acantilados y de barrancos, se encuentra el casi imperceptible caserío de Chinamada, el cual presenta algunas viviendas cueva. En el interior del Barranco del Tomadero resalta el escarpado domo del Roque de Los Pinos, que parece un islote grisáceo y rocoso habitado por esos árboles. Más allá, por la vertiente opuesta del barranco que venimos siguiendo desde la costa, se diseminan las casas de Los Batanes.

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Desde Chinamada se puede continuar hasta Cruz del Carmen, después de adentrarnos en el monteverde, o bien ir al más cercano Mirador de Aguaide, disfrutando con la vista de la ruta seguida desde La Punta, y de verticales y sobrecogedoras panorámicas sobre los precipicios derrumbados sobre el frecuentemente agitado océano.

EL PIJARAL. ANAGA (TENERIFE)

27 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

247520_161272207271806_6492251_nLa laurisilva del amplio Macizo de Anaga es una de las mejores y más ricas en especies de Canarias, y el sector delimitado por esta reserva natural integral es uno de los más característicos y de los mejor conservados bosques de laurisilva, con la presencia de prácticamente todas la especies arbóreas de este bosque, estando presentes, entre ellas, los árboles más exigentes en cuanto a humedad, como el tilo, el aderno, el viñátigo, el naranjero salvaje, la hija y el saúco en las zonas más profundas y húmedas de las vaguadas, mientras que en las crestas expuestas a los vientos dominantes del alisio encontramos otras especies como tejos, follaos, acebiños, brezos, fayas, laureles, mocanes, sanguinos, barbusanos y paloblancos. En el sotobosque dominan helechos píjaras de grandes hojas (de ahí el nombre de El Pijaral), además de morgallón, matoblanco, zarzaparrilla, malfurada, algaritofe, reina de monte, capitana, bicácaro, gibalbera, ortigón de los montes, cresta de gallo, pata de gallo, nomeolvides, yedra, bejeques, tabaiba de monte, e incluso la rara violeta de Anaga, una de cuyas colonias crece en el Roque Chinobre

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Al caminar por esta jungla, se percibe la plenitud de la vida; los sentidos y pensamientos se hunden en lo más profundo de la espesura del bosque y de la bruma, intentando captar la esencia perdida y oculta bajo el fresco aliento del alisio que agita las ramas y en compañía de la penumbra, entre helechos que ocultan el sendero, entre ramas de grandes árboles, retorcidas, entrelazadas de forma caótica unas con otras y repletas de líquenes que parecen barbas colgantes. El encuentro entre la bruma y el bosque genera pequeños arroyos que se pierden ladera abajo, sumándose a esta experiencia sublime de andar dentro de esta esponja viviente.

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La masa forestal juega un papel fundamental en la recarga del acuífero subterráneo por su alta capacidad de condensación de la humedad transportada por los vientos alisios, a lo que hay que unir su facultad protectora del suelo ante la erosión. La existencia de muchas especies endémicas, varias de las cuales están amenazadas y la mayor parte protegidas por la normativa regional, acrecienta su importancia, sobre todo cuando sólo se conocen en este lugar. Para la ornitofauna, la reserva es un magnífico refugio donde nidifican muchas especies como las palomas de la laurisilva, la rabiche y la turqué, y el gavilán. 

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Por otro lado, los roques de Chinobre y Anambro, que limitan la reserva por el sur, constituyen sendos elementos singularizados del paisaje, de interés científico, geológico y geomorfológico.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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El Barranco del Cercado es un tajo sorprendente que desemboca en San Andrés, serpenteando por la vertiente sur de la Sierra de Anaga. Nace en el Cresal, en la divisoria de aguas del macizo, al otro lado del Valle de Taganana, en el punto de confluencias con el Lomo Abicore.

 

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Este barranco discurre paralelamente al vecino, y humanizado, Barranco de Las Huertas de Andrés, uniéndose ambos en la desembocadura. La magia especial del Barranco del Cercado se encuentra en el palmeral que crece en el tramo bajo del mismo y el hilo de agua que discurre casi permanentemente por el cauce. El bosque de palmeras hace recordar a los de otras islas como La Gomera, Gran Canaria o Fuerteventura, constituyendo el palmeral natural más extenso de Tenerife.

 

9606_1117934474938903_3412807663323096800_nEl sendero asciende por el cauce, a medida que desaparece el palmeral, pero el tajo sigue manteniendo su virginidad, al igual que otros que discurren por la ladera sur de Anaga, que dicho sea de paso, parecen más salvajes que los vecinos del norte, tal vez debido a la escasa vegetación que reviste sus flancos en los tramos medio-bajos, o a causa de la menor dispersión poblacional por los valles, factores que no logran disimular la sobrecogedora identidad y personalidad de estas arterias vitales abiertas en la faz terrestre por el paso del tiempo y la erosión, quedando al descubierto los diques, riscos, fugas, cuevas y los saltos a lo largo del cauce.

12439124_1117936511605366_7048532625849757838_nSegún subimos, el encajonado lecho muestra una hilera verde que acompaña al arroyo, fundiéndose con el monteverde que se despliega en la frondosa y amplia cabecera, en la que destaca la mole del Roque de Los Pasos, y más abajo, apuntando al cielo en la cresta occidental, el vistoso y escarpado Roque Chiguel.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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El monte Aguirre es un bosque de laurisilva enclavado en la cabecera del Barranco de Tahodio, más o menos situado entre la zona de la Cruz del Carmen y el Pico del Inglés, y aunque es una amplia vaguada con orientación sur, el dosel arbóreo es bastante frondoso.

Se empieza a caminar en el Pico del Inglés, uno de los puntos culminantes del Macizo de Anaga y con buenas vistas de gran parte de la isla. Descendemos siguiendo el camino que indica al Barrio de La Alegría, bordeando el Monte Aguirre por el este.

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Más abajo, después de pasar el desvío que se dirige a la Degollada de las Hijas, se llega a un triple bifurcación, lugar conocido con el topónimo de Cabezo del Viento; si seguimos recto descendemos hasta el barrio de La Alegría por Valle Luis, mientras el camino de la izquierda nos conduce a las casas de Catalanes y el de la derecha nos permite rodear más o menos el monte Aguirre, retornando al Pico del Inglés en un circuito.

13055604_1133795790019438_5440636874815168311_nSi seguimos por el ramal del centro, descendemos y dejamos atrás el verdor perenne del monteverde y entramos en el Barranco de Valle Luis, que es un ramal del Barranco de Tahodio, uniéndose a él más abajo. Al llegar al fondo del tajo, y si se tiene la suerte de patear después de lluvias importantes, al espectáculo de salvajes y descarnadas paredes laterales invadidas por cardones y tabaibas, se le suma el de las continuas cascadas y charcos en el cauce.

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Al retornar por idéntico sendero hasta Cabezo del Viento, podemos dirigirnos a Catalanes, divisando otros barrancos de amplias cabeceras paralelos por el este, como el de Valle Grande, Valle Crispín y Valle Brosque, y en un entorno prácticamente virgen en el que resaltan las divisorias de aguas, fugas, roques alineados, crestas y potentes diques.

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Por último, desde Cabezo del Viento, podemos adentrarnos en el Monte Aguirre, descendiendo primero, y luego subiendo, atravesando la cabecera del Barranco de Tahodio hasta unirse con una senda que viene del mirador de Jardina, y que finalmente nos devuelve a las cercanías del Pico del Inglés en ligera subida, cerrando el circuito senderista.

ABICORE. ANAGA (TENERIFE)

20 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Degollada de Abicore se localiza en la crestería de la Sierra de Anaga, punto de unión entre el Barranco del Cercado, al sur, y el Valle de Taganana, al norte del macizo.

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Siguiendo un sendero que parte de la casa forestal de Taganana en dirección a Valle Brosque por Majimial, que en un primer momento coincide con el de Las Vueltas de Taganana, se asciende levemente hasta la Cruz de Taganana, donde hay una cueva; desde aquí abandonamos la senda de Las Vueltas y seguimos cresteando, ahora en descenso, en dirección al Roque de Los Pasos, siempre entre frondosa laurisilva.

Dejando, poco más adelante, a la derecha el desvió que nos conduce a Valle Brosque, seguimos de frente pasando por Las Quebradas y bajo el Roque del Paso, hasta enlazar con el asfalto, donde se nos presenta la opción de descender al fondo del Barranco del Cercado si queremos llegar a San Andrés.

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Estamos justamente en El Cresal o Degollada de Abicore, teniendo a la vez vistas de la parte norte y sur de la Sierra de Anaga, divisando, entre otros el vistoso y escarpado Roque Chiguel y el paisaje quebrado con multitud de diques del Barranco del Cercado, paralelo al de San Andrés, al sur, y al norte, el Valle de Taganana flanqueado por los Roques Amogoje y de Enmedio, por un lado, y por el Roque Marrubial junto a los recortados Roques del Fraile, por el otro, asomando el puntiagudo y estilizado Roque Taborno detrás de estos últimos, al otro lado del Valle de Afur.

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Se puede continuar hasta El Bailadero, alternando asfalto y finalmente un corto sendero hasta ese lugar, desde donde, por ejemplo podemos descender a Taganana.

 

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

12821420_1098772550188429_1533211832047758890_nEl recorrido de este pateo comienza en la casa forestal situada en las inmediaciones de Casas de La Cumbre, en la divisoria de ambas vertientes de la Sierra de Anaga, coincidiendo en un primer momento con la famosa senda de las Vueltas de Taganana. El camino que nos ocupa se desvía a la derecha después de subir a la Cruz de Taganana, y comienza el descenso en este tramo inmerso en el bosque de laurisilva, atravesando poco después la carretera de la cumbre a la altura de los Descansaderos.

 

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Después de eso, el descenso por la vertiente sur de Anaga es más pronunciado por el Barranco Bizcocho, el cual confluye más abajo en el Barranco de Valle Brosque, dejando atrás el monteverde, cada vez más xerófilo, con la presencia casi exclusiva de brezos, los cuales forman manchones aislados en las laderas del barranco, además de acebuches, sauces y sabinas. En épocas de lluvias se forman arroyos que van cruzando la senda en diferentes puntos.

 

12799269_1098773323521685_6262072826480270099_nAl abrirse el bosque, las panorámicas de la vertiente sur de la sierra resultan cada vez más interesantes, mostrando un relieve accidentado, saltos en los barrancos, roques en las alineaciones de las divisorias de aguas, y bastantes diques, que de lejos parecen caminos trazados por la erosión en medio de la desolada belleza surcando las empinadas laderas de los tajos.

 

En la costa y todavía a cierta distancia, tras las montañas y barrancos que aíslan Anaga del resto de la isla, se percibe urbanidad en forma de buques y puertos próximos a la capital insular, pero, eso sí, al fondo, y sin robarle protagonismo a la salvaje naturaleza que nos rodea.

 

10489927_1098774906854860_6175057014778008552_nAl final de la bajada se alcanza el punto más bajo de la ruta, donde confluyen los barrancos Bizcocho y el de Chafurdo, bajo la escarpada y vistosa mole del Roque Chiguel, elevado en lo alto de la vertiente oriental del Barranco de Valle Brosque, valle principal que es el resultado de la confluencia de los dos barrancos anteriores desde la cabecera del valle.

 

12805769_1098774886854862_1198056748800220570_nPara retornar al punto de partida se sube por el cauce del Barranco Chafurdo (más arriba conocido como Barranquillo La Tablada), sendero que se empina en la parte final hasta llegar a Mataborrico, ya nuevamente en pleno monteverde, y finalmente a Casas de La Cumbre, después de una pesada y larga subida, pero en la que disfrutamos del verdor y de la amplitud de la cabecera del valle abierta en abanico bajo la loma cumbrera del Roque de Los Pasos.

 

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

 

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Esta ruta comienza en el Pico del Inglés, uno de los puntos más altos de la Sierra de Anaga, y finaliza en el barrio de La Alegría, descendiendo por la vertiente sur del macizo, al principio entre laurisilva y más abajo entre colosales paredones que guardan una de las masas más importantes de cardonal-tabaibal de Anaga.

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El Barranco de Valle Luis es un tajo paralelo al de Tahodio, surgiendo a una altura algo menor que éste, bajo uno de los laterales del Monte Aguirre, y finalmente desembocando en el Valle de Tahodio.

Se trata de uno de los pateos más completos del macizo, en razón a la diversidad florística observada, desde la laurisilva, hasta las propias de las zonas costeras secas.

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Un poco más abajo del Pico del Inglés llegamos a La Llanada, que posee magníficas vistas hacia el Monte Aguirre, la cabecera verde, amplia y de forma arqueada, del Barranco de Tahodio, también hacia Jardina y la vega lagunera, la Cordillera Dorsal de La Esperanza más allá, y en días despejados hasta el Teide coronando esa espina dorsal de la isla.

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Al otro lado de la cresta destacan la cabecera del Valle del Bufadero, con los ramales de Brosque y Crispín, la zona de Casas de La Cumbre, Catalanes, la amplia y verde Loma del Roque de Los Pasos, y el escarpado Roque Chiguel dividiendo este amplio valle del más lejano Barranco de San Andrés, apenas apreciable desde aquí.

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Más abajo, el bosque empieza a abrirse, lo que permite contemplar el Barranco de Valle Luis desde lo alto, al que nos encaminamos, teniendo además buenas vistas del vecino Barranco de Tahodio, al que se une antes de llegar a la costa, además de parte de la zona metropolitana de Santa Cruz-Laguna, detrás de este tajo.

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Al final llegamos al cauce del Barranco de Valle Luis, que frecuentemente presenta cascadas y pozas donde refrescarse. A medida que descendemos el cañón se encajona, las paredes laterales se elevan, hecho que no es un obstáculo para el cardonal-tabaibal y flora rupícola asociada que colonizan cualquier resquicio presente en los murallones, los cuales alcanzan su máxima espectacularidad en la confluencia con el Valle de Tahodio. A partir de aquí, ya en una zona más humanizada, solo queda seguir el asfalto hasta el Barrio de La Alegría.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Cresta de Tesegre o Tasegre es la divisoria entre los barrancos de Taborno, al este, y el de La Angostura al oeste.

13102841_1143113179087699_8853282134241565250_nSe trata de un corto pero espectacular y aéreo pateo que comienza entre los caseríos de Chinamada y Las Carboneras, junto a una casa aislada. Al principio la senda se introduce en la vertiente del Barranco de Taborno sin apenas perder altura, luego asoma a la cresta y transita por la del Barranco de La Angostura, lo que permite disfrutar, casi simultáneamente de las espectaculares panorámicas de estos cortos, pero a la vez profundos y vertigionosos tajos en la corteza terrestre.

 

13118954_1143114589087558_4012694543932788335_nMás adelante, la senda pasa por una pequeña planicie invadida por brezos, mientras ya queda cerca la subida final a la lomada terminal de Tesegre y el puntal rocoso que se desploma súbitamente sobre el océano. Conforme nos acercamos al acantilado marino, el paisaje va abriendo los ojos del senderista, y dando un vistazo a los tajos que nos rodean, apreciamos las verticales, y aparentemente inexploradas paredes que convergen en la estrecha franja de sus recónditos fondos, en un territorio que parece prohibitivo y fuera del alcance de la huella humana.

 

13173690_1143113989087618_437656260183747565_nAl llegar a la Punta de Tesegre, a toda la sensación anterior se le une el hecho de encontrarnos en el borde de un acantilado marino, fusión de dos elementos vitales, tierra y mar, que no puede resultar más sobrecogedora en forma de colosal despeñadero de cientos de metros que también consigue arrastrar nuestros sentidos y sensaciones. Desde estos altivos confines insulares el significado del paisaje alcanza su máxima expresión, avistando el agreste y erosionado litoral y roques punteros y emblemáticos de Anaga, como el de Dos Hermanos, el Tenejía, el Roque Taborno y la Loma de Aguayde, que se alza en lo alto de la vertiente opuesta del Barranco de La Angostura.

 

Sobre estos desfiladeros, el permanente azote del mar contra la costa se percibe como un rítmico y sosegado rumor, como si fuera la música de fondo que se escucha en estos insólitos y salvajes parajes, ocultando la violencia del encuentro de esos dos elementos.

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El Barranco de La Angostura hace honor a su nombre, pero el de Taborno es superlativo en cuanto a la dimensión vertical y por la mayor amplitud que su vecino por el oeste; en su retorcido y oculto cauce confluyen despiadadas barranqueras laterales, mientras se divisa la verde frondosidad que disimula su amplia cabecera. El espigado Roque Taborno parece el vigía honorífico del abrumador tajo, en un trazado vertical y sin respiro que surge desde las mismas entrañas del cañón, como si el pitón quisiera advertirnos que hasta el momento ha conseguido desafiar a la erosión y ganarle la batalla y que no todo por aquí es hundimiento vertical.

 

13164486_1143115215754162_1881899801402941206_nDesde su apacible nacimiento hasta su convulsa desembocadura en la Playa de La Fajana, el Barranco de Taborno nos regala una corta pero intensa vida geológica. 

La verticalidad reinante hace que no puedas dejar muchas huellas en el paisaje; felizmente las huellas las deja el territorio en uno mismo.

ANTEQUERA. ANAGA (TENERIFE)

16 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

13177484_1146644358734581_2941515769344016829_nUna de las formas de patear el Barranco de Antequera y llegar a su desembocadura es empezando en Igueste de San Andrés, subiendo en primer lugar hasta el Risco de La Atalaya por medio de un zigzagueante y ancho camino de herradura que salva un desnivel de unos 250 m. Desde ese lugar, ubicado en la cresta divisoria entre el Barranco de Igueste y el de Zapata, se percibe de una buena panorámica de ambos tajos, de la costa sur de Anaga, y de un paisaje que se dilata hasta El Teide sobre la Dorsal de La Esperanza si el día está claro.

El siguiente tramo es descender al fondo del Barranco de Zapata por piso áspero e irregular por una vereda que se difumina en varios lugares, llegando finalmente a la costa.

Con marea baja se puede seguir la línea litoral y enlazar con la playa de Antequera, descalzándonos a la entrada de la playa.

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En el otro extremo de la playa, donde podemos observar una duna y los diferentes estratos sucesivos de piroclastos y almagres que forman un cantil sobre la misma, el Roque de Antequera, abrigando un pequeño y casi inapreciable embarcadero, se adentra en el mar formando un saliente que en muchas ocasiones salvaguarda la playa frente a los persistentes vientos alisios.

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Antes de ascender por el Barranco de Antequera, desde la loma antesala del roque, podemos contemplar la ventosa, desgarrada y abrupta desembocadura del Barranco de Ijuana, donde aflora el Pitón de Juan Bay, roque fonolítico de pálida tonalidad que la erosión marina ha descubierto y que hace que en conjunto el litoral resalte a la vista por la variedad de matices cromáticos y caprichosas formas que presenta. Parece que el Roque de Antequera separa dos litorales contrapuestos; a un lado la extensa y plácida playa y al otro, el agitado mar batiendo violentamente contra una escarpada y salvaje costa y en apariencia inexpugnable.

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Desde la playa de Antequera, bajo la prominente elevación de la Montaña de Las Toscas, buscamos el curso del Barranco de Antequera, elevándonos paulatinamente y cruzando alternativamente su cauce entre tabaibas, cardones, tajinastes, chaorras, cardones, guaydiles, espineros, cornicales y demás flora del piso basal. Más arriba van apareciendo manchones de fayas y brezos en las laderas, poniendo una pincelada verde en el seco surco.

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El tajo que estamos siguiendo curso arriba nace en un lugar conocido como Los Andenes, algo más abajo del caserío de Las Casillas, ya en la misma divisoria con el Barranco de Igueste, que una vez ahí contemplamos en toda su amplitud y longitud. Desde aquí podemos seguir subiendo, pasando por Las Casillas, abriéndose ante nosotros el Barranco de Ijuana, uno de tajos más vírgenes de la Sierra de Anaga, mostrando su serpenteante discurrir, adornado con bosquetes de fayal-brezal salpicando sus dominios, mientras en la vertiente opuesta del barranco y alzada sobre la costa, sobresale la Mesa del Sabinar.

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El Barranco de Igueste queda al oeste, extendiéndose su amplia y verde cabecera hacia la crestería de Anaga, mientras algunos diques y roques internos atraen la mirada a lo largo de su cauce.

Después de pasar el caserío de Las Casillas, el fayal-brezal se adueña del entorno, atravesando la vaguada de la Hoya de Ijuana para llegar finalmente a la carretera que se dirige al Lomo de Las Bodegas, La Cumbrilla y Chamorga.

Otra opción más corta es descender desde Los Andenes al fondo del Barranco de Igueste por el Lomo de Los Abales.