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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Este barranco señala a la parte más oriental del Macizo de Anaga, dentro de la Reserva Natural Integral de Ijuana.

 

1384086_598626186869737_43871451_nEl sendero que busca el cauce de este tremendo surco sinuoso parte del caserío del Lomo de Las Bodegas y paulatinamente se va acercando al cauce del barranco, para luego cruzarlo en repetidas ocasiones y seguir próximo a él hasta la desembocadura, que forma un entrante en el extremo más oriental de la isla. De los grandes barrancos del macizo es, junto con el de Ijuana, uno de los más desconocidos.

 

1381578_598626850203004_1129208809_nEl trazado de este olvidado barranco busca la Punta de Anaga, entre las paredes laterales que ascienden hasta la Mesa del Sabinar, a un lado, y las del Barro e Icorbo al otro. No resulta un tajo muy encajonado, pero las laderas a ambos lados recubiertas de tabaibas, cardones y demás plantas asociadas, junto con las cuevas, que parecen cúpulas derruidas, y diques les dan un aspecto salvaje y virgen.

 

1383097_598626916869664_1146256078_nSobre la vertiente sur destaca el murallón de La Atalaya, que se alarga por las crestas como un filo de un cuchillo apuntando a la Montaña del Sabinar que forma un espectacular desplome sobre el océano.

 

En la confluencia del barranco con el mar existe una playa de callados y un saliente rocoso que da lugar a la formación de una pequeña piscina natural.

TABORNO. ANAGA (TENERIFE)

4 diciembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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En este pateo se disfruta de unos espectaculares paisajes en la mayor parte del recorrido que comienza en el Pico del Inglés, de algo más de 900 m de altura, uno de los puntos más elevados de la Sierra de Anaga y mirador natural del macizo y de buena parte de Tenerife si la frecuente bruma lo permite.

 

10659212_785941388138215_6042835013592056087_nEntre un frondoso bosque de laurisilva el sendero desciende continuamente (y atraviesa la carretera TF1123 a la altura del restaurante Casa Carlos, al poco de caminar) hasta el espigado Roque Taborno, que se puede rodear, después de pasar por el caserío de Taborno, transcurriendo en todo momento por la cresta (Lomo Alto, La Gollada Chica) que divide los barrancos de Taborno (izquierda) y de Afur (derecha).

 

Al final del recorrido, a unos 600 m. de altitud, sobre prominentes acantilados que sucumben a ambos lados de la divisoria, el paisaje se divisa en un grandioso espectáculo, con el mar, abajo a vuelo de pájaro, tan lejos que apenas son perceptibles las playas de Tamadite, en la desembocadura del Barranco de Afur, y de La Fajana, en la del Barranco de Taborno. Éste, a diferencia del de Afur, es uno de los barrancos más salvajes y retorcidos de Anaga con imponentes fugas que le dan un aspecto de auténtico cañón encajonado y profundo.

 

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En la vertiente opuesta del Barranco de Afur constituye un placer para los sentidos las vistas de los riscos Marrubial, Payés y la recortada cresta de El Fraile, cobijando el Sabinar de Afur en sus empinadas laderas, que es el sabinar natural más extenso que sobrevive en la isla.

 

10007412_785941431471544_1280942950498367131_nMás allá del ancho Barranco de Afur, se divisan los confines de la Sierra de Anaga, desde El Draguillo, Cabezo del Tejo, Roque Anambro, Chinobre hasta el más cercano Roque Negro, con los picachos que surgen del mar, como los lejanos Roques de Anaga, las desoladas y erosionadas laderas costeras que paulatinamente se elevan hasta fundirse con el manto verde que envuelve las cumbres, disimulando el agreste relieve.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Barranco de Ijuana se localiza cerca del extremo más oriental de la Península de Anaga, formando parte de la Reserva Natural Integral de Ijuana, incluida a su vez en el Parque Rural de Anaga.

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Un estrecho sendero empieza en el pequeño cementerio existente antes de llegar al Lomo de Las Bodegas y sigue su andadura cerca de la cresta oriental del Barranco de Ijuana en suave recorrido descendente, incluso en un momento dado alcanza la divisoria que lo separa del Barranco de Anosma, el siguiente por el este, lo que permite visualizar dos barrancos desde lo alto.

Es uno de los rincones más salvajes y aislados de la Sierra de Anaga, tan solo rebaños de cabras vagando libremente nos recuerdan la ancestral huella humana por estos lugares.

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Más adelante el sendero se ve superado por la escarpada arista que asciende hasta la Mesa del Sabinar, una imponente mole que se desploma abruptamente en el mar, a medida que el barranco se abre en otro ramal al avanzar hacia su encuentro con el océano. Finalmente se puede descender a la agreste y ventosa costa, aunque la senda se complica, y observar el emergente Pitón de Juan Bay, la principal seña de identidad geológica que destaca en este tramo bajo del barranco, uno de tantos que sin descanso arrugan el sector sur de la Sierra de Anaga.

TAFADA (I). ANAGA (TENERIFE)

4 diciembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Desde La Ensillada, en pleno corazón de la Sierra de Anaga, se sigue un sendero que crestea entre el monteverde, aprovechando para subir a la Loma de Chinobre, en un corto desvío del camino a seguir, que es una vistosa y recortada atalaya que ofrece estratégicas panorámicas de la parte de Anaga que queda al oeste, principalmente sobre la Reserva Natural Integral de El Pijaral, y de la vertiginosa y erosionada vertiente norte que se desploma en la costa de Almáciga, Benijos y Taganana.

 

10624799_821185951280425_5159171010651982629_nLuego se continúa hasta el mirador del cabezo del Tejo, otro punto de referencia visual si la niebla dominante lo permite, pasando previamente junto al pitón de Anambro, que sobresale del tupido bosque de laurisilva.

 

522066_821186007947086_4978987528043495763_nUn corto descenso nos conduce a la Degollada del Draguillo, encrucijada de varios caminos, hacia Chamorga, hacia El Draguillo, pero continuaremos dirección este hasta Tafada y sus inmediaciones, contemplando desde lo alto, los Roques de Anaga, La Cumbrilla, el Barranco de Roque Bermejo y el Faro de Anaga.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

11701036_971323922933293_2329254330695007227_nEste sendero parte de La Cancelilla, punto localizado en la crestería de Anaga, junto a un aparcamiento de tierra y un muro de piedra, y también en la divisoria de los barrancos de Igueste, al este y el de San Andrés, al oeste.

Al surgir de la línea cumbrera, la senda se adentra al principio en laurisilva, descendiendo por la vertiente sur del macizo y encaminándonos al tramo alto del Barranco de Igueste. Poco después el bosque da paso al brezal mucho más abierto, disperso y xerófilo, y que posteriormente da paso al cardonal-tabaibal y su vegetación acompañante.

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Al igual que otros barrancos de Anaga, no es muy profundo y la cabecera se abre en abanico enriquecido con otros barranquillos secundarios como el de Chiquina, el de Piedra del Fuego y el de Las Piletas, aflorando multitud de diques, cuevas y roques (Cabezo Mirabal, Corral de Los Puercos, Montaña Hoya de Los Juncos) según descendemos, que dan al paisaje un aspecto salvaje y caótico.

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La senda busca el cauce del tajo mientras se distingue la ubicación de Las Casillas en lo alto de la cresta oriental del barranco, además se van divisando otras casas aisladas repartidas por el fondo que resaltan en este entorno tan aislado. Una vez en el lecho del barranco se puede continuar por él hasta el pueblo costero de Igueste, gran parte del tramo mediante una pista asfaltada.

11752427_971322382933447_8621918411685514419_nOtras opciones o variantes de esta ruta es desde La Cancelilla seguir cresteando hacia el Cabezo del Mirabal y luego descender por la vertiente occidental del Barranco de Igueste hasta el Lomo de La Cruz, cerca de Igueste, o bien descender hacia el barranco vecino de San Andrés (o de Las Huertas), también desde La Cancelilla, recorriendo gran parte del fondo de ese tajo.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

12299112_1037211153011236_12790457130706815_nEsta ruta transcurre por la cresta divisoria entre el Barranco de San Andrés y el de Igueste, los cuales se encauzan paralelamente por la vertiente sur de la Sierra de Anaga. Se parte de La Cancelilla, entre monteverde al principio, para abrirse el bosque al poco tiempo, divisando en primer lugar el Barranco de San Andrés desde lo alto y el Roque de Cabezo Mirabal enfrente. A partir de ahí la senda tiene tendencia descendente por la cresta, especialmente después de pasado el Cabezo del Mirabal, para después ladear por la vertiente del Barranco de Igueste, pero resulta sencillo asomarse a la otra ladera, como por ejemplo en lo alto de la Montaña Pelada, disfrutando en todo momento de las vistas de ambos barrancos desde lo alto y de los diques y escarpes que los resaltan como el estilizado Roque Chiguel, la mole del Roque de Los Pasos en lo alto del Barranco del Cercado y la recortada y verde silueta del Roque Chinobre, elevado en la cumbre que divide la parte norte y sur de Anaga.

 

12279007_1037211199677898_158827676735499820_nAl final del sendero se puede ascender al Roque de La Junquera siguiendo un empinado y algo resbaladizo canalón y avistando la desembocadura del más salvaje Barranco de Igueste desde esta atalaya.

EL BATÁN. ANAGA (TENERIFE)

29 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Desde la Cruz del Carmen, se desciende por la vertiente norte del Monte de Las Mercedes en medio de un frondoso bosque de laurisilva. En el descenso se alcanza la pista forestal de Las Yedras que nos conduce a la carretera que se dirige a Taborno y Las Carboneras. Continuando un tramo por dicha carretera, retomamos el sendero de Las Escaleras que prosigue su descenso ya por terreno más abierto con espléndidas vistas de los barrancos que arrugan este sector de Anaga y del extenso monteverde que vamos dejando atrás.

 

10411233_825776297488057_6808654804590175341_nLa senda pasa por Casa Tamé y llega al caserío de Chinamada. Justo en su unión con el asfalto, surge otro camino que cruza por su tramo medio el salvaje, profundo y retorcido Barranco del Tomadero, y se dirige al Batán, para desde allí penetrar de nuevo en el monteverde, y ascender de manera más directa que en la bajada, a la Cruz del Carmen, completando un recorrido senderista.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

En este pateo se disfruta de unos espectaculares paisajes en la mayor parte del recorrido que comienza en el Pico del Inglés, de algo más de 900 m de altura, uno de los puntos más elevados de la Sierra de Anaga y mirador natural del macizo y de buena parte de Tenerife si la frecuente bruma lo permite.

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Entre un frondoso bosque de laurisilva el sendero desciende continuamente (y atraviesa la carretera TF1123 a la altura del restaurante Casa Carlos, al poco de caminar) hasta el espigado Roque Taborno, que se puede rodear, después de pasar por el caserío de Taborno, transcurriendo en todo momento por la cresta (Lomo Alto, La Gollada Chica) que divide los barrancos de Taborno (izquierda) y de Afur (derecha).

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Al final del recorrido, a unos 600 m. de altitud, sobre prominentes acantilados que sucumben a ambos lados de la divisoria, el paisaje se divisa en un grandioso espectáculo, con el mar, abajo a vuelo de pájaro, tan lejos que apenas son perceptibles las playas de Tamadite, en la desembocadura del Barranco de Afur, y de La Fajana, en la del Barranco de Taborno. Éste, a diferencia del de Afur, es uno de los barrancos más salvajes y retorcidos de Anaga con imponentes fugas que le dan un aspecto de auténtico cañón encajonado y profundo.

En la vertiente opuesta del Barranco de Afur constituye un placer para los sentidos las vistas de los riscos Marrubial, Payés y la recortada cresta de El Fraile, cobijando el Sabinar de Afur en sus empinadas laderas, que es el sabinar natural más extenso que sobrevive en la isla.

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Más allá del ancho Barranco de Afur, se divisan los confines de la Sierra de Anaga, desde El Draguillo, Cabezo del Tejo, Roque Anambro, Chinobre hasta el más cercano Roque Negro, con los picachos que surgen del mar, como los lejanos Roques de Anaga, las desoladas y erosionadas laderas costeras que paulatinamente se elevan hasta fundirse con el manto verde que envuelve las cumbres, disimulando el agreste relieve.

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Se puede rodear el Roque Taborno transitando a poca distancia de su base y sin casi perder altura; en la parte trasera del roque, las sensaciones visuales se ven acrecentadas al precipitarse la mirada casi directamente en el mar y contemplar la amplia panorámica que se extiende desde la Punta del Hidalgo, más allá de la playa de La Fajana y de la cresta de Tesegre, mirando al oeste, hasta los Roques de Anaga, hacia oriente, en el confín de la península y por ende de la isla.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Esta excursión parte de las afueras de Punta del Hidalgo, en el extremo noroccidental de la Sierra de Anaga. Es una de las rutas más clásicas de este macizo.

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Se comienza atravesando la desembocadura del Barranco del Tomadero, bajo la imponente mole del Roque de Dos Hermanos. Se va ascendiendo por los abruptos riscos que forman la ladera oriental de ese barranco que surge de la espesura de la vertiente norte del Monte de las Mercedes.

La flora rupícola y, también la no tan risquera, como cardones, tabaibas, tajinastes, guaydiles, palos sangre, cornicales, margaritas, jaguarzos, espineros, granadillos, regaljaderas, verodes, junto a cerrajas, matos risco, bejeques, cardoncillos, etc., parecen brotar de entre las piedras, aprovechando cada grieta para aferrarse a la vida.

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En toda la península de Anaga existen casi una treintena de endemismos botánicos locales, plantas exclusivas de este extremo nororiental de Tenerife. Ese grupo único lo forman: una especie de bejeque, dos de magarza, una de esparreguera, dos de cabezón, una de jara, dos de tajinaste, una de siempreviva, una de corazoncillo, dos de tomillo, cuatro de bejequillo, una de culantrillo, una de rosalito, dos de chaorras, una de cerraja, dos de retama, Tolpis glabrescens, Lugoa revoluta, Normania nava, Carex perraudieriana y la violeta de Anaga. Estas plantas se extienden desde los riscos costeros y de las zonas medias repartidos por rincones prácticamente inaccesibles, hasta los cumbreros bosques de laurisilva.

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Más arriba, un balcón natural del barranco nos permite dejar caer la mirada sobre el ya distante mar y sobre el escarpado acantilado en cuya base el mar arremete con fuerza y persistencia. Es un paraje sobrecogedor, duro y violento en el que los impresionantes desfiladeros se ven coronados por puntiagudos escarpes como el de Tesegre. Esa dureza paisajística y el sonido del lejano batir del mar se apoderan de mi existencia durante unos instantes que duran todo lo que uno quiera, de manera gratuita y gratificante.

Nos encontramos entre la prominente elevación de Dos Hermanos y el precipicio sobre el mar que forma la imponente escarpada del Barranco de La Angostura.

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Al final de este sendero que transita rodeado de pura roca, de cuevas, de acantilados y de barrancos, se encuentra el casi imperceptible caserío de Chinamada, el cual presenta algunas viviendas cueva. En el interior del Barranco del Tomadero resalta el escarpado domo del Roque de Los Pinos, que parece un islote grisáceo y rocoso habitado por esos árboles. Más allá, por la vertiente opuesta del barranco que venimos siguiendo desde la costa, se diseminan las casas de Los Batanes.

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Desde Chinamada se puede continuar hasta Cruz del Carmen, después de adentrarnos en el monteverde, o bien ir al más cercano Mirador de Aguaide, disfrutando con la vista de la ruta seguida desde La Punta, y de verticales y sobrecogedoras panorámicas sobre los precipicios derrumbados sobre el frecuentemente agitado océano.

EL PIJARAL. ANAGA (TENERIFE)

27 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

247520_161272207271806_6492251_nLa laurisilva del amplio Macizo de Anaga es una de las mejores y más ricas en especies de Canarias, y el sector delimitado por esta reserva natural integral es uno de los más característicos y de los mejor conservados bosques de laurisilva, con la presencia de prácticamente todas la especies arbóreas de este bosque, estando presentes, entre ellas, los árboles más exigentes en cuanto a humedad, como el tilo, el aderno, el viñátigo, el naranjero salvaje, la hija y el saúco en las zonas más profundas y húmedas de las vaguadas, mientras que en las crestas expuestas a los vientos dominantes del alisio encontramos otras especies como tejos, follaos, acebiños, brezos, fayas, laureles, mocanes, sanguinos, barbusanos y paloblancos. En el sotobosque dominan helechos píjaras de grandes hojas (de ahí el nombre de El Pijaral), además de morgallón, matoblanco, zarzaparrilla, malfurada, algaritofe, reina de monte, capitana, bicácaro, gibalbera, ortigón de los montes, cresta de gallo, pata de gallo, nomeolvides, yedra, bejeques, tabaiba de monte, e incluso la rara violeta de Anaga, una de cuyas colonias crece en el Roque Chinobre

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Al caminar por esta jungla, se percibe la plenitud de la vida; los sentidos y pensamientos se hunden en lo más profundo de la espesura del bosque y de la bruma, intentando captar la esencia perdida y oculta bajo el fresco aliento del alisio que agita las ramas y en compañía de la penumbra, entre helechos que ocultan el sendero, entre ramas de grandes árboles, retorcidas, entrelazadas de forma caótica unas con otras y repletas de líquenes que parecen barbas colgantes. El encuentro entre la bruma y el bosque genera pequeños arroyos que se pierden ladera abajo, sumándose a esta experiencia sublime de andar dentro de esta esponja viviente.

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La masa forestal juega un papel fundamental en la recarga del acuífero subterráneo por su alta capacidad de condensación de la humedad transportada por los vientos alisios, a lo que hay que unir su facultad protectora del suelo ante la erosión. La existencia de muchas especies endémicas, varias de las cuales están amenazadas y la mayor parte protegidas por la normativa regional, acrecienta su importancia, sobre todo cuando sólo se conocen en este lugar. Para la ornitofauna, la reserva es un magnífico refugio donde nidifican muchas especies como las palomas de la laurisilva, la rabiche y la turqué, y el gavilán. 

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Por otro lado, los roques de Chinobre y Anambro, que limitan la reserva por el sur, constituyen sendos elementos singularizados del paisaje, de interés científico, geológico y geomorfológico.