Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Desde Temisas subimos y cruzamos el barranco de idéntico nombre, divisando en este tramo y al ganar una cierta altura, las paredes del Macizo de Amurga y las montañas que rodean Tunte y la cabecera del Valle de Tirajana, como el Morro de la Cruz Grande, montañas que alegran y extienden la mirada en un horizonte más lejano.

Seguidamente continuamos avanzando en dirección norte cruzando también el Barranco de La Capellanía, llegando poco después al borde sur del Barranco de Guayadeque. El Barranco de Guayadeque es el más profundo de los tres tajos contemplados en esta ruta, naciendo en la cumbre insular, cerca de la Caldera de Los Marteles.

Algunas casas cueva, con evidentes signos de habitabilidad reciente, aparecen cerca del borde y en las laderas sumándose a las existentes en el fondo del Barranco de Guayadeque.

Luego ascendemos un poco siguiendo ese límite del tajo hasta llegar al Pinillo de Temisas, un pino seco y aislado, dominando el paisaje con buenas vistas de la zona sureste insular, con El Roque Aguayro destacando en el relieve, y que se contempla desde muchos puntos de este pateo.

Posteriormente bajamos hasta el cauce del Barranco de La Capellanía, aguas abajo llamado Barranco Hondo, dejando atrás más casas cueva, alguna era y algún pozo, encaminándonos a través de este surco en el relieve donde al final de la bajada, cerca de la carretera, un palmeral reverdece el cauce del tajo.

Seguimos un buen trecho por su lecho para enlazar con el camino que comunica Agüimes con Temisas, cerrando así el circuito senderista, después de visitar las Cuevas de La Audiencia.

Esta cuevas se encuadran en un poblado arqueológico situado muy cerca de Temisas, también llamado de Risco Pintado, formadas por cuevas labradas artificialmente empleadas para distintas funciones: dormitorio, cocina, silos, granero, hornos, tagoror, etc. El topónimo responde a la denominación popular dada a la estructura de piedras localizadas en la base del Risco Pintado que algunos autores consideran que es un tagoror.

Están muy estudiadas las hipótesis que el tagoror era un lugar de reunión de los aborígenes canarios donde los ancianos sabios y jefes de la tribu se convocaban para tomar decisiones que les afectaban, con el objeto de impartir justicia sobre las cuestiones que se planteaban, en cuyo espacio se daba audiencia a las distintas partes para exponer sus opiniones a favor y en contra que una vez oídas daban lugar al debate y resolución.

La estructura de piedras tiene unas dimensiones son de 5,60 por 3,60 metros, conformando un recinto ovoide con cuatro gradas arqueadas, que se asemeja al modelo de tagoror existentes en otros lugares de la isla.

El conjunto de cuevas son artificiales labradas en la toba, presentando numerosos recovecos y agujeros interiores, aunque también se aprovechan algunas cavidades naturales que son retocadas, de diversos tamaños y morfologías que incluyen graneros -como las Cuevas del Pósito- y hornos. Uno de los hallazgos más significativos de los localizados en estas cuevas es la gran abundancia de tejidos elaborados sobre fibras vegetales.

Se trata de un poblado de cuevas, con una complejidad semejante a la de otros conjuntos, localizándose cuevas de diversos tamaños y morfologías, a las que, pueden atribuirse diferentes funciones (dormitorio, cocina, etc.)

Además de las cavidades hay otros elementos que articulan el espacio como pasos, escaleras, túneles, etc. y constituyen también obras artificiales. En la función doméstica de algunos espacios se encuentran alacenas, hornacinas, silos, etc., estimándose que algunas cavidades han sido consideradas como zonas de trabajo especializado, especialmente la posible existencia de un taller dedicado a las manufacturas de las fibras vegetales, precisamente por la importante cantidad de vestigios confeccionados con esta materia prima y los útiles necesarios para tales tareas.

El espacio dedicado al almacenaje, conocido con ese castellano arcaico de Cuevas del Pósito ya referido, pone de relevancia el cuidado que caracteriza la ejecución de los espacios para garantizar la conservación y seguridad de los productos que allí se guardarían destinados al consumo humano.

A la construcción en piedra de la que se entiende es un horno alfarero, el único superviviente de una serie que quedó destruido con la construcción de la carretera en 1939, se le asocia una ingente cantidad de fragmentos cerámicos y cenizas.

Por último, están el número elevado de cuevas naturales y artificiales destinadas al enterramiento de carácter colectivo que se encuentra en el extremo sur del poblado y que fueron intensamente expoliadas a principios del siglo XX. Fueron catalogadas arqueológicamente en la primera investigación como Cuevas de la Desarrapada, topónimo que fue dado erróneamente en posteriores inventarios a otros conjuntos. Este lugar también es conocido con el topónimo de La Caldereta.

El conjunto arquitectónico ha proporcionado abundante material arqueológico, gran parte depositado en el Museo Canario, y su estado de conservación es regular con un grado de fragilidad alto por la proximidad de los núcleos de población y carreteras, siendo de notable interés científico patrimonial.

El amplio pasillo que en la actualidad constituye el acceso más fácil para las Cuevas del Pósito es una apertura reciente. La zona de entrada originaria es posible observarla en la segunda oquedad descrita, correspondiendo a un estrecho paso con escalones labrados.

Muy cerca de este lugar, en los últimos meses de 2012 cuando se realizaban obras de acondicionamiento de la carretera de acceso a Temisas, bajo los riscos se han descubierto nuevas cuevas que quedaron selladas por antiguo desprendimiento de rocas, por lo que han permanecido prácticamente en su estado primitivo. En su interior se han encontrado muelas de moler, morteros de piedra, útiles de madera y fragmentos de esteras vegetales, acompañados por restos de trigo y cebada.

En los análisis microscópicos de los granos y las espigas recuperadas en estas cuevas se ha observado que presentan marcas de corte con útiles de piedra, lo que permite argumentar que se trata del espacio donde los aborígenes procesaban el cereal antes de su depósito en los silos que pudieran estar situados en otros niveles superiores, o en las mencionadas Cuevas del Pósito.

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