Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es un arbusto pequeño de hasta 70 cm. de altura, tallo leñoso, de hojas verde y blanco, finas, más bien membranosas, rugosas y velloso-glandulares, de forma ovado-lanceolada y bordes aserrados.

Inflorescencia laxa, con corola de color blanco y labios marrón-rojizos. Florece y fructifica de abril a junio.

Especie muy rara, escasa y local, cuyos individuos se refugian en lugares escarpados de difícil acceso y geológicamente inestables.

La baja capacidad germinativa hace que la planta no desarrolle el suficiente dinamismo, viéndose relegada sus pequeñas poblaciones a un área geográfica bastante reducida y localizada, dentro del Barranco del Infierno (Macizo de Adeje, Tenerife), entre los 500 y 600 metros de altitud.

Vive en pequeños andenes, riscos y acantilados húmedos, sobre materiales basálticos antiguos, presentando casi siempre un marcado estado rupícola.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Es un camino alternativo al sendero del Aserrador que también une el caserío de Ifonche con Adeje, y de la misma manera se trata de un sendero con un gran interés geológico y botánico.

Desde Ifonche la senda se acerca al borde oriental del Barranco del Infierno, divisando su parte más espectacular, encajonada y profunda, junto a una casa de labranza y una era. Poco más abajo el sendero penetra en la parte superior de la vertiente oriental del tajo y sin llegar a descender demasiado se alcanza una degollada (en la que aflora una colada pumítica o de jable) junto al Roque Abinque, que es un potente escarpe vertical que surge súbitamente desde lo más profundo del Barranco del Infierno. Algunos brezos, además del pinar, junto a bicácaros, escobones, cerrajas, tabaibas mejoreras, magarzas, tajinastes, cardoncillos y multitud de plantas rupícolas encuentran refugio en las empinadas laderas del barranco.

Desde aquí el encajonado tajo hunde nuestra mirada en el abismo, mientras en su vertiente opuesta unos curiosos acantilados estriados adornan la pared.

Mirando en sentido opuesto y fuera de los límites del Barranco del Infierno se contemplan los escarpes del Roque de Los Brezos, Nariz de García, Imoque y Roque del Conde, constituyendo los roques más emblemáticos del Macizo de Adeje, que junto a los macizos de Anaga y Teno son las zonas más antiguas desde el punto de vista geológico.

La senda, en algunos puntos algo confusa y derruida, sigue descendiendo, bordeando las laderas oriental y sur del Roque Abinque, y pasa sobre una profunda y angosta garganta enfilada hacia la zona baja del municipio de Adeje. Además diques, roques, almagres y arcos quedan al descubierto por procesos erosivos acontecidos durante varios millones de años, todo ello en un paisaje de gran desnivel que contrasta con la plataforma costera divisada al fondo, zona sumamente urbanizada a lo largo y ancho de todo el suroeste insular. 

El pinar ha quedado atrás y van apareciendo árboles aislados propios del bosque termófilo como sabinas, acebuches y almácigos, y arbustos como guaydiles, granadillos, cornicales y jaguarzos que finalmente se entremezclan con la vegetación xerófila del cardonal-tabaibal dominante en la zona baja de la isla.

En la parte final del descenso, después de que el sendero vuelva a aproximarse al borde del Barranco del Infierno pero sin llegar a alcanzarlo, y de atravesar un canal, el camino seguido da paso a una pista agrícola que nos conduce hasta un parque próximo al cementerio, a la entrada del pueblo de Adeje.

GR-131: ARONA-IFONCHE

17 febrero, 2017

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Esta primera etapa del sendero de gran recorrido de Tenerife comienza en el pueblo sureño de Arona. Aunque el camino sigue una ruta específica existen alternativas para llegar al caserío de Ifonche en los altos del municipio de Adeje.

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El recorrido clásico atraviesa el Barranco del Rey, linde natural entre los municipios de Arona y Adeje, sube a la Degollada de Los Frailitos, situada entre la Loma de Suárez y la arista norte del Roque del Conde, desde donde se contempla una espectacular panorámica del abrupto Macizo de Adeje, uno de los más antiguos de la isla, para luego seguir ascendiendo hasta Ifonche, concretamente hasta la degollada ubicada entre el Roque de Los Brezos y la Pica de Imoque, ladeando por la vertiente suroeste de este puntiagudo y vistoso roque.

A lo largo del recorrido encontramos casas tradicionales de labranza, eras y bancales abandonados, mudos testigos del laboreo de estas secas y austeras tierras durante épocas pasadas.

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Otra alternativa para llegar a Ifonche es seguir el curso del Barranco del Rey sin cruzarlo, continuando más o menos próximos a su borde oriental, tramo que presenta el atractivo de apreciar el vertiginoso salto en el cauce del tajo que repentinamente profundiza y encajona el barranco poco antes de llegar a Ifonche, caída conocida como el Salto del Topo, en cuyo fondo existe una galería de agua de idéntico nombre.

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La cara oriental del Pico Imoque parece surgir desde las entrañas del Barranco del Rey hasta la picuda cumbre, o bien derrumbándose sobre el abismo y configurando un paisaje de una inusual magnitud vertical que detiene la marcha y satura las retinas.

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Desde Ifonche resulta sencillo escalar tanto la doble cima del Roque de Los Brezos como la cercana del Pico Imoque, aunque en este caso superando una trepada final por su cara norte.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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El Roque Abinque se localiza en el Macizo de Adeje, sobre la pared oriental del Barranco del Infierno, en su parte más espectacular y encajonada. Se puede subir al roque empezando a caminar en Ifonche, al principio siguiendo el Camino del Aserradero hasta el borde del tajo, para luego descender un poco siguiendo su borde oriental. El Roque Abinque es bien visible a poca distancia y su ascenso es sencillo, habiendo mojones hasta la cercana cima.

 

540873_321694771229548_2043940871_nTambién se puede venir desde Adeje, subiendo por el Camino Carrasco, resultando más larga esta última opción.

 

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Desde el caserío de Ifonche, ubicado en los altos del municipio de Adeje, el sendero marcado se adentra en el pinar, cruzando al poco de comenzar el Barranco del Infierno, cuyos paredones laterales y el esquivo cauce, a esta altura del tajo, no tienen nada que envidiar a la parte más visitada y famosa del mismo, aguas abajo.

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Al abandonar el cañón, por donde frecuentemente discurre agua, el pinar se abre, disfrutando de las vistas de las montañas del Macizo de Adeje, como el Roque Abinque, el de Los Brezos y la Pica de Imoque. La senda se dirige a las casas abandonadas del Aserradero, vestigios del aprovechamiento de la madera de estos extensos pinares.

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A partir de aquí la vereda desciende siguiendo un pequeño y viejo canal tallado en el sustrato rocoso, a medida que vamos saliendo definitivamente del bosque y consiguientemente las vistas de las cumbres de la Corona Forestal, como la Montaña de Las Lajas, El Sombrerito, el Roque de Los Almendros y el Sombrero de Chasna, con el Pico del Teide y el Pico Viejo asomando detrás de ellas, van quedando al descubierto en una gran amplitud visual que corona el manto del verde pinar y de paso los sentidos del senderista. 

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Este tramo finaliza en el espléndido mirador natural de Boca del Paso, donde la mirada se desploma repentinamente sobre el Barranco de La Quinta y en las medianías y la costa del suroeste insular, abarcando la panorámica desde la Punta de Rasca, en el extremo sur de la isla, hasta los lejanos escarpes del Macizo de Teno.  Desde este punto visualmente estratégico el sendero pierde altura considerablemente y se transforma en camino real y empedrado, zigzagueando ladera abajo hasta el pueblo de Adeje.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

12688329_1079624432103241_2016421654738011539_nDesde el pueblo de Arona nos dirigimos al barrio de Vento, abandonamos el asfalto y luego se atraviesa el Barranco del Rey, linde natural entre los municipios de Arona y Adeje, subimos a la Degollada de Los Frailitos, situada entre la Loma de Suárez y la arista norte del Roque del Conde, desde donde se contempla una espectacular panorámica del abrupto Macizo de Adeje, uno de los más antiguos de la isla, para luego seguir ascendiendo hasta Ifonche, concretamente hasta la degollada ubicada entre el Roque de Los Brezos y la Pica de Imoque, ladeando por la vertiente suroeste de este puntiagudo y vistoso roque.

A lo largo del recorrido encontramos casas tradicionales de labranza, eras y bancales abandonados, mudos testigos del laboreo de estas secas y austeras tierras durante épocas pasadas.

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Otra alternativa para llegar a Ifonche es seguir el curso del Barranco del Rey sin cruzarlo, continuando más o menos próximos a su borde oriental, tramo que presenta el atractivo de apreciar el vertiginoso salto en el cauce del tajo que repentinamente profundiza y encajona el barranco poco antes de llegar a Ifonche, caída conocida como el Salto del Topo, en cuyo fondo existe una galería de agua de idéntico nombre. 

La cara oriental del Pico Imoque parece surgir desde las entrañas del Barranco del Rey hasta la picuda cumbre, o bien derrumbándose sobre el abismo y configurando un paisaje de una inusual magnitud vertical que detiene la marcha y satura las retinas.

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Desde Ifonche resulta sencillo escalar tanto la doble cima del Roque de Los Brezos como la cercana del Pico Imoque, en este caso subiendo por su arista oeste hasta la base de la rocosa cúspide final, que se supera mediante una trepada por su cara norte.