Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El mayor número de “tresmiles” pirenaicos, cumbres cinceladas por el hielo, el mayor número de ibones o lagos de montaña, el mayor número de restos glaciares de la cordillera, las formas y aristas más espectaculares del territorio aragonés, endemismos florísticos, una fauna singular entre las que destacan algunas especies en peligro de extinción… todo esto y mucho más contiene el parque natural Posets-Maladeta.

Dentro de ese parque natural, tal vez sea el Macizo Aneto-Maladeta el que resume con mayor acierto el comentario anterior: una hilera de cumbres de más de 3.000 m. de altura se extiende de oeste a este, coronando extensos y caóticos campos de bloques graníticos y restos glaciares, entre el Pico del Alba y el Pico Russell; entre ambos el Pico Mir, el Pico Sayó, Las Maladetas, el Pico del Medio, el Pico Aneto, el Pico Tempestades y la Tuca Margalida, entre otros, forman el nombre genérico de los Montes Malditos, sugerente y atractivo topónimo que desde luego deja una marcada huella en la experiencia del montañero una vez que éste decide aventurarse a conquistar alguna de las numerosas cumbres que despuntan en el cielo.

Al parecer la denominación de Montes Malditos se remonta a una leyenda del siglo XIV, según la cual estas montañas eran un a región de abundantes y jugosos pastos habitada por ricos pastores con sus rebaños. Pasó un mendigo cansado y hambriento y pidió alimento y albergue por una noche. Nadie lo socorrió y cayó la maldición divina: la hierba se volvió nieve y los pastores, rebaños, perros y bordas se transformaron en grandes bloques de piedras.

Un comentario merecen los glaciares de La Maladeta y del Aneto, acoplados a las laderas norte de las respectivas cumbres, siendo los más extensos del macizo de Aneto-Maladeta. Su retroceso y fragmentación ha sido enorme en los dos últimos siglos, por acción del cambio climático que conlleva principalmente veranos más calurosos en las cumbres, desde la época en la que formaban una sola masa helada. La pérdida glaciar es evidente porque el aporte de nieve invernal no compensa el derretimiento estival.

En la actualidad ambos glaciares están separados por la cresta de Los Portillones y la superficie helada se ha reducido a la mitad o más, con respecto a la de hace 100 años, tanto en volumen como en superficie, lo que se traduce en retracción del frente glaciar, pérdida del espesor y frecuente fosilización de parte del hielo por derrubios caídos desde la parte alta de las vertientes. Los glaciares actuales se localizan bajo crestas divisorias que superan los 3.000 m.de altitud. En el Macizo del Aneto-Maladeta se distinguen nueve glaciares, siendo los mayores el del Aneto con 136 Ha. y el de La Maladeta con 75 Ha. Además existen otros más residuales como el de Tempestades, Barrancs, Salenques, Cregueña, Coronas, Llosás y Alba, algunos reducidos a una simple placa de hielo adosada a la parte superior de la vertiente.

PUNTO DE PARTIDA

Primer aparcamiento del Hospital de Benás, situado unos 500 metros del propio aparcamiento del Hospital.

Desde Benasque, continuar por la carretera A-139 hacia el final del valle y tomar el desvío a Llanos del Hospital. Continuar por la carretera hasta alcanzar un primer aparcamiento a mano izquierda, situado unos 500 metros antes del aparcamiento del Hospital de Benás, punto de partida de los autobuses en dirección a La Besurta y donde se puede dejar el coche.

El aparcamiento del Hospital de Benás suele estar restringido, excepto para los usuarios del mismo, y casi siempre completo, por lo que se recomienda aparcar en este primer aparcamiento.

El itinerario asciende y desciende por los denominados “Tubos de Paderna”, situados en la Pleta de Paderna, en el pequeño Valle de la Pleta de Paderna, formado entre el Pico de Paderna y la Tuqueta Blanca de Paderna, cada uno a un lado del vallecillo.

Desde el aparcamiento, la senda sube rápidamente a través del bosque de pino negro, encaminándonos hacia la entrada del Valle de la Pleta de Paderna, que al principio se muestra bastante abierto y más arriba se estrecha.

Al ganar altura el pinar se va abriendo, permitiendo dejar escapar la mirada más allá de la arboleda, presenciando la vertiente norte de la cabecera del Valle de Benasque, con el Pico Salvaguardia despuntando en ella y el inmenso pedregal que nos queda por delante cuando el bosque quede definitivamente atrás.

El sendero marcado con mojones de piedra no tiene pérdida porque se dirige hacia el empinado corredor existente entre el Pico de Paderna, al este, y la Tuqueta Blanca de Paderna (cerca de la cual pasa la vereda) y la Tuca Blanca (éste a una altura ligeramente mayor que los dos anteriores), al oeste, mientras al fondo va asomando el Pico del Alba en la cresta cimera junto al Collado del Alba.

El ascenso resulta fatigoso debido al inmenso caos de bloques que hay que atravesar en permanente e inclinada subida hasta alcanzar la pala helada que resiste incluso en verano, ya cerca de la recortada y afilada cresta cumbrera.

Extasiante panorama contemplado desde la cumbre de Las Maladetas, cuyo punto más elevado se sitúa a 3.308 m.s.n.m.: hacia el norte las laderas del cada vez más reducido glaciar de La Maladeta se desparraman sobre extensos pedregales que al fondo dan paso a pinares que alcanzan el fondo del Valle de Benasque, curvado hacia oriente en su cabecera y en cuya vertiente norte se alzan las montañas de Salvaguardia, La Mina, Gorguttes, Sacroux, La Glera y Portillón de Benasque, limítrofes con Francia.

Hacia el este, la salvaje cresta mineral y glaciar se prolonga hasta el Pico Aneto, pasando por el Pico del Medio y el Collado Coronas.

En dirección sur la mirada encuentra la cuenca de Cregueña con su vistoso lago en la cabecera de la misma, cobijada entre estos Montes Malditos y la Cresta de Aragüells y de Estatás. Al igual que estas cumbres, el Circo de Cregueña es impresionante, un reino de rocas y soledad con escasos síntomas de vida y vestido de nieve durante largos meses invernales. Las aguas del mayor lago del pirineo aragonés reflejan agudas cumbres y crestas cinceladas por el hielo.

Más allá las Tucas de Culebras y de Vallibierna esconden el siguiente valle por el sur, el de Vallibierna, otro ramal del Valle de Benasque e igualmente, como el de Cregueña, paralelo al eje de la cordillera pirenaica.

Por último en dirección oeste la mirada alcanza hasta los macizos de Posets y Perdiguero, dejando atrás la Cresta y Valle del Alba, los cuales sucumben por occidente en el fondo del transversal Valle de Benasque.

RESUMEN:

DESNIVEL: 1.900 metros (+/-)

DISTANCIA TOTAL: 14 km

TIEMPO TOTAL: 15 horas.
DIFICULTAD: Algo Difícil (AD)

Paso de escalada de grado V+/6a, según las reseñas de Miquel Capdevila, para acceder a la Cima Principal del Pico Mir (3.185 m.s.n.m

Pasos de trepada de grado II+/III para acceder a la Cima de la Punta Delmás, Muela del Alba y Diente del Alba.

MATERIAL: Material individual para asegurar/rapelar: cordino de 8,5 mm de 15 metros de longitud, varias cintas planas y cordinos para montar puentes de roca y nudos autobloqueantes, aparato asegurador/descensor, mosquetones de seguridad, mosquetón tipo HMS, arnés de alpinismo, casco.

AGUA: Se puede coger agua en varios puntos del recorrido.

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Camino de La Llanía es un pequeño circuito senderista que discurre por las cumbres herreñas, teniendo buenas vistas de la vertiente norte de El Hierro, del Valle de El Golfo, del Risco de Tibataje, de la cumbre de Malpaso y de la Hoya de Fileba.

Se adentra algo en el fayal-brezal de cumbre, sobre todo aquel que tapiza los altos de la vertiente sur de la isla. Cuando abandona el bosque en las zonas más elevadas transita por terreno volcánico con sustrato de lapilli.

El Camino de San Salvador también discurre por las cumbres insulares, próximo a de La Llanía, aunque en este caso parte de la cresta divisoria, también junto a la carretera que se dirige a la Cruz de Los Reyes, y desciende por la ladera de El Golfo, en primer lugar por terreno volcánico, ofreciendo espectaculares panorámicas de la vertiente norte de la isla, a medida que avanzamos por una piconera prácticamente desierta que poco más abajo nos conduce a una pequeña ermita, conocida como la Ermita de San Salvador.

Casi de repente penetramos en la umbría del Monteverde de fayal-brezal, por lo que desaparecen las amplias visiones del paisaje de las laderas de El Golfo. Poco más abajo el camino atraviesa por primera vez la carretera que desciende a Frontera, y sigue bajando, siempre en medio del bosque ahora enriquecido con otras especies arbóreas, arbustivas y herbáceas propias de la laurisilva, hasta bastante más abajo donde la tupida arboleda comienza a abrirse y a humanizarse con la presencia de casas y huertas aisladas, permitiendo dejar escapar la mirada hacia la costa y a ambos extremos del gran anfiteatro del norte de la isla que nos envuelve.

Se puede continuar el descenso hasta Frontera y Tigaday, atravesando nuevamente la calzada.

Este sendero era antiguamente usado como una parte de la vía de comunicación entre el norte y el sur de la isla, concretamente con la zona de El Pinar, ya que en la cumbre enlaza con el que desciende hacia ese lugar, hoy en día aprovechando una empinada pista forestal que previamente pasa por la Hoya del Morcillo, entre señoriales, viejos y maduros pinares que muestran las huellas de incendios forestales en sus recias cortezas.

A poca distancia de allí destaca el cono volcánico de Mercader y las extensas, poco inclinadas y desoladas planicies de picón flanqueando esa elevación sobre las que crecen pinos y brezos aislados.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Arbusto de hasta 2 metros de alto, muy ramificado, hojas fasciculadas, con foliolos alargados y estrechos, de más de un centímetro de longitud, dispuestos sobre pedúnculos también largos.

Floración primaveral abundante con pétalos de color amarillo y cáliz velloso.

Fruto en forma de legumbre glandular.

Esta especie forma parte del fayal-brezal de la cumbre herreña, relegado generalmente a situaciones rupícolas, creciendo sobre riscos y también en claros de del bosque, sobre sustrato de lapillis afectados indirectamente por el régimen de los vientos alisios.

Es un endemismo botánico de El Hierro, muy localizado en la cumbre herreña por la zona de la ermita de San Salvador y con un hábitat potencial comprendido entre las cotas de 800 y 1.400 m.s.n.m.

Podría considerarse como una de las especies más amenazadas de la flora canaria, pues se encuentra relegada a una única localidad y el número de ejemplares existentes en ella es bastante escaso, siendo posible que el sobrepastoreo local haya incidido de, manera significativa en la situación de la especie.

Podría tener valor forrajero, una cualidad que es bien patente en otras especies afines del mismo género.