MONTAÑA MAJÚA. LAS CAÑADAS DEL TEIDE (TENERIFE)

15 diciembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El sendero nº 39 del parque nacional del Teide recorre la base de Montaña Blanca, alejándose y acercándose sucesivamente a la carretera que atraviesa el parque nacional y de paso apreciando extensas coladas de lava solidificada que alternan con lugares llanos y suavemente ondulados de jable o piedra pómez.

Para ello, transitamos entre las Minas de San José, una apacible y pálida zona pumítica que destaca entre los rugosos y caóticos malpaíses que surgen desde las laderas del gran estratovolcán que corona el parque nacional, y la Montaña Majúa, otra blanquecina loma, localizada frente a la base del teleférico del Teide.

El sendero señalizado y guiado mediante piedras en sus márgenes avanza sin salvar excesivo desnivel entre ambos puntos, ni a lo largo del recorrido, tan solo el impuesto por los malpaíses existentes, como el Valle de Las Piedras Arrancadas y el Tabonal Negro, ambos elevados sobre las vaguadas o pálidas planicies de piedra pómez, sepultando una parte del fondo de la inmensa caldera volcánica en su viscoso y lento avance durante las erupciones volcánicas.

A lo largo del pateo, y a medida que nos aproximamos a la base del Volcán del Teide vamos contemplando diferentes perspectivas del mismo y de Montaña Blanca, adosada al volcán por la fachada suroriental del estratovolcán, y de la que también brotaron oscuras y siniestras coladas de lava por su ladera sur, aunque esto parezca paradójico debido al matiz pálido dominante de Montaña Blanca, lo cual acrecienta el contraste cromático y los matices volcánicos.

En este vasto espacio, esculpido al son de los irregulares pulsos magmáticos que dejan escapar la fuerza interna del planeta, y en la actualidad, incluso sin erupciones ni movimientos tectónicos a la vista, el grandioso y, de momento, inerte mundo mineral al que dicha vitalidad planetaria dio lugar parece adquirir vida propia y empequeñecer la existencia animal y vegetal a las que sustenta.

Al otro lado del edificio volcánico un inmenso manto volcánico, engañosamente desolado y lunático se extiende hasta la escarpada pared del Anfiteatro de Las Cañadas, a lo largo de cuya base se reparten las famosas Siete Cañadas o planicies de piedra pómez, y roques como el Topo de La Grieta, La Grieta, Pasajirón y Guajara impiden que la mirada vuele más lejos. Ese gran circo limita la caldera de Las Cañadas por el sur, alargándose entre los Roques del Cedro, El Sombrerito y Roque del Almendro por el oeste y la Montaña Cerrillar por oriente, avistando su parte occidental a medida que nos acercamos al destino.

Después de unos 7 km. de recorrido y tras haber atravesado sucesivamente malpaíses y zonas pumíticas, bordeamos la Montaña Majúa por el este mediante una pista de tierra que nos conduce al aparcamiento situado frente a la base del teleférico.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: