PUNTA DE TENO (TENERIFE)

17 diciembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Empezando a caminar en el caserío de Teno Alto (Los Bailaderos) seguimos una pista asfaltada durante unos cientos de metros hasta el inicio de una pista de tierra que ya comienza a descender por estas tierras de la Meseta de Teno, una especie de altiplano un tanto desértico y de aspecto bucólico y aislado, pero donde se aprecia la existencia de zonas abancaladas abandonadas actualmente, vieja muestra de la importancia agrícola que tuvieron los cultivos de secano como los cereales y legumbres.

Si no conociéramos el Macizo de Teno, resultaría difícil imaginar que este altiplano suavemente ondulado y más bien monótono da lugar más abajo a los imponentes acantilados y farallones que rodean el macizo por todos los sectores que éste mira al océano o a las plataformas costeras adyacentes. Y es que desde este altiplano surgen las cortas pero vertiginosas barranqueras como el Barranco de Los Poleos, el Barranco de Las Güitas o la Degollada Fonchineja, los cuales suponen un salto al vacío del azul marino y al litoral desde alturas de varios cientos de metros, o profundas gargantas por donde enfilar la mirada al abismo; extasiante y cautivador contraste para los sentidos en una de las zonas geológicamente más antiguas de Tenerife.

Pronto comienza el sendero propiamente dicho, dejando atrás casas aisladas y corrales de cabras y de gallinas; el camino desciende paralelo a uno de los bordes del Barranco de Las Cuevas, barranco que aguas abajo se une al más profundo Barranco de Itóbal, muriendo éste no en el mar sino en la plataforma costera de Teno.

Cardones, verodes, tabaibas dulces, tabaibas mejoreras y demás plantas crasas, rupícolas y propias de la zona baja invaden los escarpes que nos van rodeando según descendemos.

Después de atravesar el cauce del tajo seguido y alejarnos de él, llegamos a un mirador natural, próximo al topónimo de Las Pareditas, y contemplamos dicha plataforma desde lo alto, parcialmente invadida por aerogeneradores e invernaderos, también el tramo bajo del Barranco de Itóbal y una porción del recorrido dejado atrás.

El trayecto que nos queda desciende de manera más notable en marcados zig-zags hasta la carretera que se dirige a Punta de Teno, por lo que para llegar al extremo noroeste de Tenerife hay que continuar por asfalto.

La porción de terreno junto al mar de suave pendiente, en el extremo noroccidental de la isla se conoce como Punta Teno. Es de formación más reciente que la Meseta de Teno, a mayor altura, y separada de aquella por vertiginosos barrancos de corto recorrido. Esta plataforma costera fue originada por las erupciones de los volcanes de El Vallado y La Sahorra, cuyas lavas bajaron por el Barranco de Las Cuevas desde La Meseta, ganando terreno al mar y creando esa especie de “isla baja”, al igual que en otros lugares del archipiélago. La plataforma dibuja una costa recortada, acantilada, de un par de decenas de metros de altura, abundando las caletas o entrantes, y los salientes o puntas, junto a grutas, arcos naturales o “bujeros”, charcos, etc.

Algunos restos fósiles de moluscos evidencian la existencia de antiguas playas elevadas sobre el nivel del mar actual, cuando el clima pasado era más cálido que el actual; además aparecen montones de conchas, como lapas, los famosos “concheros” que atestiguan el aprovechamiento humano de este molusco durante épocas pasadas.

El faro más occidental de Tenerife, situado en el saliente de Punta Teno o Punta La Aguja, se asienta sobre un volcán reciente desmantelado por la erosión marina. Al naciente, una serie de arcos, restos de antiguos conos, se suceden a lo largo de un tramo costero.

En esta porción costera, los mares bravos y “picados” o rizados, de barlovento contrastan con la apacible zona de calmas que suele extenderse por todo el suroeste insular, estando Punta Teno en uno de sus límites litorales, y que de manera regular, debido al régimen del alisio, forman una frontera marina más o menos nítida entre esos dos mares de comportamiento frecuentemente antagónico.

El espectáculo al sur de Punta Teno está en la corteza terrestre, ya que se elevan los colosales acantilados sobre el mar llano a sotavento, acantilados que son las desembocaduras de los profundos e impresionantes tajos que en una prolongada sucesión de entrantes y salientes, y sin tregua abarca todo el litoral existente entre Punta Teno y la lejana población de Los Gigantes. Así vamos adivinando las desembocaduras, del más cercano al más lejano, de los barrancos de Los Regatones, de Taburco, de Los Carrizales, de Juan López, de Masca y del Natero.

ACEBIÑO I (ILEX CANARIENSIS)

17 diciembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El acebiño (Ilex canariensis) es un endemismo macaronésico perteneciente a la familia de las aquifoliáceas. Es un arbusto o árbol pequeño que puede alcanzar los 10 metros de altura, muy ramificado con abundante foliación y de tonalidad oscura y de copa más o menos piramidal. Su corteza es lisa y de color marrón grisácea.

Las hojas son brillantes, duras, alternas, de forma ovada, de unos 6-8 cm. de largo. Sus bordes son generalmente enteros, aunque a veces con unas cuantas espinas pequeñas (parecidas a las del naranjero salvaje), sobre todo en los brotes nuevos. Ápice obtuso o redondeado.

Las flores son dioicas (hay ejemplares con flores masculinas y otros con flores femeninas), de color blanco, pequeñas, agrupadas en pequeñas inflorescencias y situadas en las partes terminales de las ramas.

Los frutos son rojizos o rojos en la madurez, de forma globosa, de aproximadamente 1 cm. de diámetro.

Es un árbol muy común en los bosques de laurisilva, frecuente también en el fayal brezal o bosques degradados, en barrancos húmedos con orientación favorable a los alisios y en pinar mixto, desde los 600 hasta los 1.800 metros de altura sobre el nivel del mar. Se distribuye por todas las islas excepto Fuerteventura y Lanzarote.

TEJO I (ERICA PLATYCODON)

16 diciembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Tejo (Erica scoparia ssp. platycodon) pertenece a la familia de las ericáces y esta subespecie es un endemismo canario. Es un arbusto alto o árbol pequeño de hasta 6 metros de altura y de hoja perenne.

El tronco es retorcido, de color marrón, con la corteza áspera que se desprende en tiras largas.

Es fácilmente confundible con el brezo, pero tiene un aspecto más compacto y robusto.

Las hojas son muy parecidas a las del brezo, algo mayores, también lineares, de color verde oscuro brillante, dispuestas de forma más regular alrededor de las ramas, formando una estrella de 6 puntas vistas desde las terminaciones de las ramas, perpendiculares y simétricas a las ramitas, y también más duras al tacto que las del brezo. Por otra parte, los tallitos del tejo son lisos y rojizos, mientras que los del brezo son blanquecinos, más delgados y pelosos.

Las flores y la floración son menos vistosas que las del brezo, formando racimos laterales apiñados, de color rojizo-rosado fuerte, en un pequeño tubo campanulado.

El fruto es una cápsula pequeña de color marrón oscuro que se abre en los días secos del verano.

Comparte hábitat con el fayal-brezal, en las crestas expuestas a vientos húmedos, siendo localmente abundante en el límite superior del monteverde de las islas de Tenerife, La Gomera y El Hierro.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El conjunto geológico formado por los Roques de García, el Roque Méndez, el Roque Cinchado, La Catedral y los Roques Blancos se asientan entre la Cañada Blanca y el Llano de Ucanca y constituyen el afloramiento superficial del antiguo edificio volcánico de Las Cañadas, formaciones rocosas sustentada sobre recios diques basálticos que la erosión no ha logrado desmantelar por tratarse de materiales más resistentes. Esta agrupación de roques, de caprichosas formas y esbeltas siluetas, alineados en fila india de norte a sur han resistido dicho fenómeno acontecido en el interior de la caldera de Las Cañadas durante miles de años.

Un circuito senderista rodea este conjunto rocoso localizado en el corazón del parque nacional del Teide. Al descender desde el mirador de Los Roques hacia el Llano de Ucanca, que es la mayor cañada existente en el parque nacional, el apropiado topónimo de La Catedral impone su esbelta figura sobre ese extenso terreno llano y pumítico, siendo este monumento petrificado todo un símbolo natural que atrae a multitud de escaladores existiendo varias vías de escalada a lo largo de sus verticales paredes.

Una vez situados al pie de La Catedral nos dirigimos al norte, uniéndonos con el camino que viene del mirador del Llano de Ucanca; al principio avanzamos por terreno llano, mientras El Teide asoma detrás de estas fotogénicas formaciones rocosas. Más adelante comenzamos a ascender en dirección a los Roques Blancos, también haciendo honor a su nombre, que son los más alejados del inicio de este corto pateo.

A medida que subimos también se aprecia la existencia de lavas cordadas, formando una costra pétrea que esconde multitud de estrechos túneles y recovecos, además de extensos malpaíses que se dispersan por encima del Llano de Ucanca, alcanzando las estribaciones del complejo Teide-Pico Viejo, estratovolcán formado por apilamiento sucesivo de material volcánico de diferente naturaleza a lo largo del tiempo, lo que le ha hecho alcanzar su altura actual de 3.718 m.s.n.m., la montaña más elevada de España, de los archipiélagos macaronésicos y una de las montañas más altas del mundo medido desde el lecho oceánico, que es desde donde surgen las estructuras geológicas insulares, todo un premio a la constancia constructiva de un edificio volcánico.

Cuando pasamos los Roques Blancos y empezamos a regresar al punto de partida, observamos desde lo alto lo que fue en su día una cascada de lavas cordadas, actualmente solidificada y oscura. Las lavas cordadas se forman al enfriarse la parte superficial de la colada en contacto con el aire, mientras por el interior sigue fluyendo lava fluida con relativa rapidez, de ahí que cuando cesa la erupción el interior queda hueco formando túneles y cuevas, si parte del techo se desploma. Los malpaíses se caracterizan por lavas mucho más viscosas y por tanto de lento avance, generalmente sobre terreno llano, haciendo que su superficie se muestre irregular y prácticamente intransitable al cesar la erupción y enfriarse posteriormente.

Desde los Roques Blancos la mirada se despliega a lo largo de los roques que hemos dejado atrás, contemplando además la inmensidad del Llano de Ucanca y la parte occidental del Anfiteatro de Las Cañadas, la comprendida entre El Sombrerito y la Montaña Guajara, pasando por las Cumbres de Ucanca, mientras al otro lado observamos la panorámica más cercana del recorrido al Pico Viejo-Teide.

Finalizando el rodeo a estos vistosos roques pasamos cerca del Roque Cinchado, tal vez el más fotogénico de todos ellos, que parece guardar un equilibrio vertical perfecto sobre la lomada en la que se asienta, propio de un malabarista rocoso a escala geológica, pero estático e imperturbable a escala humana.

TARAJAL (TAMARIX CANARIENSIS).

15 diciembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

 

El tarajal (Tamarix canariensis) pertenece a la familia de las tamaricáceas.

El tronco es densamente ramificado, pudiendo alcanzar los 5 o 6 metros de altura, con la corteza agrietada, de color marrón-rojizo.

Hojas pequeñas, alternas, escuamiformes, imbricadas, con el ápice agudo, de 1 a 3 mm. de largo.

Flores hermafroditas, pequeñas, pediceladas, blancas o rosadas, agrupadas en racimos delgados y alargados de entre 3 y 6 cm. de longitud.

El fruto es una cápsula trivalva que contiene numerosas semillas con pelos largos.

Es una especie que abunda localmente en regiones costeras, dunas y zonas secas rocosas cercanas al mar, hasta los 400 m.s.n.m. en todo el archipiélago canario, no siendo exclusivo de Canarias, ya que también habita en la región mediterránea occidental.

Tiene interés en cuanto al uso ornamental, forraje, linderos, además de su apreciada madera para carpintería.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El sendero nº 39 del parque nacional del Teide recorre la base de Montaña Blanca, alejándose y acercándose sucesivamente a la carretera que atraviesa el parque nacional y de paso apreciando extensas coladas de lava solidificada que alternan con lugares llanos y suavemente ondulados de jable o piedra pómez.

Para ello, transitamos entre las Minas de San José, una apacible y pálida zona pumítica que destaca entre los rugosos y caóticos malpaíses que surgen desde las laderas del gran estratovolcán que corona el parque nacional, y la Montaña Majúa, otra blanquecina loma, localizada frente a la base del teleférico del Teide.

El sendero señalizado y guiado mediante piedras en sus márgenes avanza sin salvar excesivo desnivel entre ambos puntos, ni a lo largo del recorrido, tan solo el impuesto por los malpaíses existentes, como el Valle de Las Piedras Arrancadas y el Tabonal Negro, ambos elevados sobre las vaguadas o pálidas planicies de piedra pómez, sepultando una parte del fondo de la inmensa caldera volcánica en su viscoso y lento avance durante las erupciones volcánicas.

A lo largo del pateo, y a medida que nos aproximamos a la base del Volcán del Teide vamos contemplando diferentes perspectivas del mismo y de Montaña Blanca, adosada al volcán por la fachada suroriental del estratovolcán, y de la que también brotaron oscuras y siniestras coladas de lava por su ladera sur, aunque esto parezca paradójico debido al matiz pálido dominante de Montaña Blanca, lo cual acrecienta el contraste cromático y los matices volcánicos.

En este vasto espacio, esculpido al son de los irregulares pulsos magmáticos que dejan escapar la fuerza interna del planeta, y en la actualidad, incluso sin erupciones ni movimientos tectónicos a la vista, el grandioso y, de momento, inerte mundo mineral al que dicha vitalidad planetaria dio lugar parece adquirir vida propia y empequeñecer la existencia animal y vegetal a las que sustenta.

Al otro lado del edificio volcánico un inmenso manto volcánico, engañosamente desolado y lunático se extiende hasta la escarpada pared del Anfiteatro de Las Cañadas, a lo largo de cuya base se reparten las famosas Siete Cañadas o planicies de piedra pómez, y roques como el Topo de La Grieta, La Grieta, Pasajirón y Guajara impiden que la mirada vuele más lejos. Ese gran circo limita la caldera de Las Cañadas por el sur, alargándose entre los Roques del Cedro, El Sombrerito y Roque del Almendro por el oeste y la Montaña Cerrillar por oriente, avistando su parte occidental a medida que nos acercamos al destino.

Después de unos 7 km. de recorrido y tras haber atravesado sucesivamente malpaíses y zonas pumíticas, bordeamos la Montaña Majúa por el este mediante una pista de tierra que nos conduce al aparcamiento situado frente a la base del teleférico.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El tajinaste picante (Echium auberianum) es una planta perenne de tronco corto y leñoso y tallo erecto. Las hojas se desarrollan en una roseta basal, de color verde pálido, variando su forma desde lineares a estrechamente oblanceoladas, y cubiertas por ambas caras de cerdas largas y amarillentas.

Inflorescencia laxa a menudo ramificada desde la roseta basal de hojas, de color azul-violeta y con los estambres de cada flor ligeramente más largos que la corola.

Es un endemismo botánico local de Las Cañadas del Teide que crece preferentemente en terrenos pumíticos y de escorias lávicas.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La magarza del Teide es un pequeño arbusto de forma achaparrada y de hasta medio metro de alto, muy ramificado desde la base.

Las hojas tienen forma oblonga, uni o bipinnatisectas, híspidas y de hasta 6 cm. de largo, con los peciolos largos y gruesos.

Inflorescencias corimbosas con unos 12 capítulos, de entre 7 y 15 mm. de largo cada uno. Lígulas blancas. Floración abundante cubriendo toda la planta.

Es un endemismo botánico local de la zona subalpina de las Cañadas del Teide, creciendo tanto en malpaíses pedregosos como en terrenos pumíticos.

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La hierba pajonera (Descurainia bourgaena) es un arbusto pequeño de porte semiesférico, ramificado desde la base, leñoso y frondoso. Hojas inferiores densamente fasciculadas, binnaatisectas, con segmentos linari-lanceolados que generalmente están dentados en la punta.

Flores de color amarillo, dispuestas en racimos densos, erectos y alargados, sobresaliendo del resto de la planta, pétalos pedicelados. Semillas ligeramente aladas de color marrón.

Esta especie es un endemismo botánico de Las Cañadas del Teide, bastante abundante tanto en áreas rocosas como en terrenos pumíticos y zonas de escorias lávicas.

CODESO (ADENOCARPUS VISCOSUS)

5 diciembre, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El codeso de cumbre (Adenocarpus viscosus) es un arbusto densamente frondoso. Hojas pecioladas, fascículadas, trífoliadas, con las hojuelas involutas y diminutas.

Flores amarillas en racimos terminales con el cáliz tubular, bilabiado, el labio superior bífido, el inferior con tres dientes.

Fruto en forma de legumbre oblonga con papilas glandulares y pocos pelos que porta numerosas semillas sin carúncula.

Esta especie de codeso habita en las cumbres de Tenerife y La Palma (sp. spartioides), formando extensos matorrales de la alta montaña canaria.