BARRANCO DE GUARIMIAR (LA GOMERA)

25 abril, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

El Paisaje Protegido de Orone en La Gomera se caracteriza por contener elementos de alta valoración estética y cultural. Conforma un paisaje armónico donde confluyen asentamientos de tipismo tradicional insertos en un paisaje rural con sectores de laderas profusamente abancaladas y palmerales. No faltan tampoco elementos geológicos singulares como los Roques de Los Cocos, Imada, Eretos y Teremoche.

En conjunto, el espacio protegido se articula en dos barrancos radiales y las cabeceras de otros tantos secundarios, que nacen en la zona central de la isla y avanzan hacia la costa sur y suroeste, como son el de Erque, el de La Negra y el de Guarimiar, los dos primeros conectados en su cabecera por una cuenca común.

Algunos senderos recorren el lugar, como el que parte de la Cumbre de Tajaqué, casi en el límite meridional del Parque Nacional de Garajonay. Al comienzo se desciende por una pista forestal inmersa en el fayal-brezal de cumbre, transcurriendo por el borde oeste de la amplia cabecera del Barranco de Santiago, delimitada por las verticales paredes de la Reserva Natural de Benchijigua. Más abajo, cuando seguimos bajando y abandonamos la pista, el Roque de Agando nos obsequia con una visión diferente, destacando entre el pinar, escobones, magarzas y tajinastes, el palmeral y las laderas que se precipitan hacia el ancho cauce del Barranco de Santiago. Entonces surge uno de los ramales del Barranco de Guarimiar, tajo que bastante más abajo se une al de Santiago.

Después de haber dejado atrás el desvío al pueblo de Imada, el camino prosigue hacia Lasadoy, donde la la belleza y la profundidad del paisaje, junto al conjunto de casas de piedra, abandonadas, semiderruidas e invadidas por la vegetación, atrapan los sentidos del caminante, formando una imagen que parece anclarnos en tiempos pasados.

Desde ese lugar, en la cresta que divide el Barranco de Guarimiar del de Santiago, se puede descender al fondo de este último, para llegar al caserío de Benchijigua, o bien continuar descendiendo hacia el fondo del Barranco de Guarimiar hasta la Ermita de Guarimiar, ubicada cerca de la confluencia de los dos barrancos, sendero que enlaza con el que baja por la otra vertiente del tajo de Guarimiar desde Imada.

Esta es la zona más espectacular del barranco, ya que un colosal salto lo hunde repentinamente en el abismo, en pos del cauce invisible desde esta cresta, desnivel acrecentado en la vertiente opuesta bajo la imponente pared que culmina en la Montaña de Los Cocos, la cual se eleva bastantes cientos de metros directamente sobre el fondo.


El pueblo de Imada se extiende por la parte alta del Barranco de Guarimiar, villa a la que nos dirigimos después de llevarnos en las retinas y en la memoria la fascinante esencia salvaje del tajo.

Se percibe que estamos en la isla de los barrancos y de los palmerales que revisten sus laderas, y de pueblos perdidos, como Imada, mientras la fascinante esencia salvaje del Barranco de Guarimiar invade los sentidos al hundir la mirada en sus encajonadas entrañas que parecen formar un precipicio sin fondo.

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