PICO VIEJO. LAS CAÑADAS (TENERIFE)

6 abril, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Existen varias opciones para subir al Volcán del Pico Viejo o Chaorra desde diferentes puntos del parque nacional de las Cañadas del Teide. Los tres senderos existentes tienen su grado de dificultad debido al desnivel acumulado que supera los 1.000 m. (pudiendo llegar a los 1.700 si se decide coronar El Teide por dichas rutas) desde el inicio, y por otro lado, a la pendiente en algunos tramos del terreno (también remontando piconeras donde se entierra y desliza el calzado), especialmente en el sendero que pasa por Las Narices del Teide.

Posiblemente se trate de la montaña más dura de subir desde su base, en Tenerife, aunque sea 600 metros más baja que El Teide, cuya ruta de ascenso desde Montaña Blanca además permite repartir esfuerzos en dos jornadas debido a la existencia del refugio de Altavista donde pernoctar, cosa que no es posible en las rutas de Pico Viejo.

A pesar de la dureza, sobre todo en las rutas del Calderón y en las de las Narices del Teide, siempre resulta atractiva para el montañero experimentado por estar menos masificado que en el pateo clásico de su vecino El Teide.

1) Sendero del Calderón

Este camino parte del mirador de Las Narices del Teide, junto a la carretera de Chío a Las Cañadas. Primeramente la senda transcurre paralela a la carretera en dirección a Chío, con algún descenso suave, atravesando una de las dos coladas de lava originadas por la erupción de las Narices del Teide en el año 1798, y entre los últimos pinos que habitan a más de 2.000 m. de altura y retamas que intentan colonizar ese áspero y caótico malpaís que nos rodea.

Poco más adelante, ya entre pinar, hay que desviarse a la derecha para comenzar el ascenso al Pico Viejo en una bifurcación, ya que si seguimos de frente podemos llegar al Volcán Samara, en pleno campo minado de volcanes de lo que constituye la Dorsal Volcánica del Noroeste de Tenerife o Dorsal de Abeque.

Al desviarnos la senda sube de manera continua aun que llevadera, por ahora. La vereda, bien marcada, gana altura entre diferentes matices de color marrón, como si fuera un desierto de lapilli, lunático, siniestro, aparentemente ajeno a la vida, desolado e inhóspito incluso para las retamas, pero mostrando una belleza y pureza primigenia transmitida por la fuerza interna y rejuvenecedora del planeta.

Más arriba, tras unas revueltas del camino se llega al borde de la Depresión del Calderón, un profundo y sorprendente socavón de paredes verticales, destacando entre tantas ondulaciones que pueblan la vertiente occidental del Pico Viejo. A partir de aquí aumenta la inclinación del sendero hasta llegar al mismo borde del cráter del Pico Viejo y también la inestabilidad del sustrato de picón dificulta el ascenso.

Como contrapunto al esfuerzo fatigoso percibimos como la dorsal volcánica de Abeque queda a nuestro pies, extendiéndose hasta las puertas del Macizo de Teno, del cual sobresalen las lomas hermanadas de Bolico y Erjos, adivinándose incluso los roques de La Fortaleza de Masca, el Risco Blanco y Guergue.

Mucho más cerca, en la falda suroccidental de este gran volcán que cansinamente vamos coronando, sendas lenguas de oscuro malpaís o de lava solidificada se desparraman, la mayor de ellas en dirección a Boca Tauce y abarcando todo el espacio existente entre los Roques del Cedro y las Narices del Teide, que son las auténticas bocas eruptivas, montículos y cráteres que originaron ese siniestro y sepultador paisaje, y localizadas a media ladera en la vertiente occidental del Pico Viejo. Este camino no pasa junto a ella pero se percibe y se siente su presencia desde la distancia.

Cerca del borde del cráter del Pico Viejo, dejando caer la mirada por la ladera, podemos ver el interior de uno de esos 4 o 5 oscuros cráteres que forman la agrupación volcánica en la ladera del Volcán Chaorra.

Después de la subida final que se hace larga se llega al límite del cráter del Pico Viejo, a unos 3.000 m. de altitud. El hoyo es realmente gigantesco, de unos 800 metros de diámetro, irregular, con paredes infranqueables y prácticamente verticales, salvo por su borde oriental, por el que parece posible penetrar en el cráter y llegar a una planicie bastante extensa y que no es la parte más honda del mismo. La zona más profunda se ubica bajo el borde occidental, y por supuesto rodeada por flancos más espectaculares. Sin duda se trata de uno de los cráteres más descomunales e imponentes de Canarias.

El sendero continúa en dirección al Teide, bordeando el gran cráter por el lado sur, lo que permite contemplar toda la vertiente sur del Pico Viejo que emerge del Llano de Ucanca y de la vecindad de los lejanos Roques de García. Así mismo la mirada se detiene en la gran longitud del anfiteatro que encierra por el sur la caldera de Las Cañadas, recordando cada uno de los puntos culminantes de oeste a este, como El Sombrerito, el Roque del Almendro, el Sombrero de Chasna, las Cumbres de Ucanca, Guajara, Pasajirón y el Roque de La Grieta, atalayas cuyas alturas ya hemos superado con creces al transitar por el borde de este volcán.

El punto más elevado del Pico Viejo se halla en un montículo sobre el borde oriental del cráter, a 3.134 m.s.n.m., lugar desde donde volver a contemplar la inmensidad y desolación del hoyo a nuestros pies, así como todo el perímetro del cráter.

Me gusta subir montañas solitarias, salvajes y elevadas, allí donde saborear el aire leve que envuelve las cumbres, esos dos elementos naturales que hacen levitar mi insignificante existencia sobre este paisaje encantador y virgen, donde percibir la magia del momento clímax de la jornada, donde sentirse afortunado y libre en medio de esta naturaleza primigenia, pura y salvaje que nos rodea, donde escuchar el silencio únicamente roto por el viento acariciando el rostro y las rocas, y en definitiva donde dejarse llevar por los pensamientos y emociones que vuelan tan lejos y profundo como la mirada.

De espaldas al cráter solo supera nuestra altura la parte terminal de El Teide, los últimos 600 metros de desnivel con respecto al techo de España.

Entre Pico Viejo y la ascensión final al Teide existe una suave vaguada pumítica atravesada por el camino. Tierra de volcanes, tierra de contrastes, cuanto más cerca mejor, pues lo siguiente que encontramos resulta absolutamente antagónico a ese terreno pálido, fácilmente transitable y suavemente ondulado al que es fácil acostumbrarse; de repente el sendero parece perderse entre las negras, brillantes, ásperas y vivas rocas volcánicas que forman otro malpaís que se extiende hasta La Rambleta, bajo El Pilón terminal de El Teide. Ahora se trata de ir buscando y siguiendo los mojones de piedra que se confunden con el caótico y siniestro sustrato volcánico, para avanzar por esta lengua de lava petrificada. El cono terminal del Teide que tenemos delante y cada vez más cerca, con sus lisas y empinadas laderas de color marrón oscuro, contrasta sobre este hostil y áspero medio por el que avanzamos, sintiéndonos insignificantes e intrusos en este entorno que parece recién chamuscado en el horno planetario, recién vomitado por las entrañas del Teide donde moraba Guayota, el espíritu maligno al que temían los guanches. Estando en lugares como éste ciertamente no hay que recurrir a seres sobrenaturales ni espíritus para sentir admiración e incluso veneración por esta montaña y por la furia interna de un planeta vivo.

Al fondo y a nuestras espaldas de este descomunal malpaís por el que vamos subiendo divisamos el cráter del Pico Viejo, cada vez más lejos y más abajo. Más allá de él, si hay buena visibilidad se avistan parte del sur y oeste insular y las islas de La Gomera, El Hierro y La Palma

El recorrido finaliza en La Rambleta, a unos 3.500 m.s.n.m., junto a la caseta y a la estación terminal del nefasto teleférico con sus torretas, un conjunto extraño en este paisaje casi primigenio, virgen y salvaje, que afean el paisaje y desnaturalizan una montaña que hasta parece despojada de la altivez que indican los mapas. No me gusta que el ser humano domestique montañas de esta manera ya que pierden su esencia y magia; además esas instalaciones promueven el turismo masivo, convirtiendo el símbolo montañoso del parque nacional y de la isla en una especie de parque de atracciones invadido por turistas. El turismo masivo debería ser incompatible en un parque nacional y más en la cumbre principal del espacio protegido. Menos mal que quedan cimas solitarias en otros lugares del parque nacional, como en el Pico Viejo o a lo largo de las crestas del Anfiteatro de Las Cañadas, rincones donde si te encuentras a alguien son montañeros.

2) Sendero de Los Regatones Negros:

Esta ruta de ascenso al Pico Viejo comienza en el aparcamiento de los Roques de García. Al principio la senda se encuentra perfectamente indicada y clara, coincidiendo con el corto recorrido que rodea a esos pintorescos y estilizados roques. Justo cuando dicho camino empieza el tramo de vuelta, cerca de los Roques Blancos, a la derecha aparece una vereda delimitada a ambos lados con piedras y trancurriendo en un primer momento sobre aplastadas grietas volcánicas.

Poco a poco, y a medida que vamos subiendo por la vertiente suroriental del Pico Viejo, no excesivamente inclinada, la ruta a seguir se va difuminando debiendo prestar atención a los mojones de piedras que localizados a cierta distancia.

La mayor dificultad del pateo reside en atravesar las sucesivas lenguas de lava negra y solidificada que sobresalen del entorno, y a las piedras sueltas que inistabilizan el terreno, provocando que éste se deslice y con él nuestros pasos y haciéndonos resbalar. Estos oscuros y siniestros malpaíses que surgen de la fachada suroccidental del Teide no permite ni que las retamas ni codesos proliferen; son como unos ríos de desolación en medio de un entorno ya de por sí bastante áspero, hostil y lunático.

Tras un dilatado ascenso atravesando agrestes malpaíses, y finalmente terrenos pálidos y pumíticos que destacan enormemente entre la negra vecindad, se alcanza el borde sur del cráter del Pico Viejo, previo cruce con la senda que supera la vertiente oeste de la montaña hasta el mismo lugar.

Al encontrarnos en el borde del cráter, que más bien parece una caldera o un gran socavón por sus dimensiones, buscamos una vez más el punto más elevado, a 3.134 m. de altura sobre el nivel del mar.

No importan las veces que subamos a la cumbre, las sensaciones vuelven a ser únicas, disfrutando de un paisaje en todas direcciones que parece que existe para poder soñar despierto: la vista domina una gran porción del suroeste insular, mientras al sur la parte occidental del Anfiteatro o Filo de Las Cañadas forma un escalón que separa la caldera de Las Cañadas del Teide de los pinares de la Corona Forestal. A oriente, la parte más elevada del Teide nos supera en altura por unos 600 metros, alternando sus laderas entre los oscuros malpaíses y los claros terrenos pumíticos, formando un vivo y contrastado colorido que satura las encantadas retinas.

Como se ha dicho antes, este camino se une al explicado anteriormente, poco más abajo del borde sur del cráter y se puede continuar por el sendero común hasta La Rambleta, a 3.500 m.s.n.m.

3) Camino de Las Narices del Teide:

Este sendero empieza en la zona de Chafarí, cerca de Boca Tauce, la entrada suroeste del parque nacional. A la izquierda de la carretera a dicho punto comienza una pista de tierra que poco más adelante avanza sobre unas curiosas “costras volcánicas”, una especie de plataforma rocosa que son el techo de unas aplastadas y agrietadas cavidades volcánicas presentes en el subsuelo. La pista avanza sin ganar excesiva altura cruzando la vaguada de Chafarí, atravesada por el Barranco de La Arena, el cual seguimos, por ahora cerca del inmenso malpaís del Llano de La Santidad, y en dirección a la Montaña de Los Chircheros, un vetusto cono volcánico que nos sirve de referencia y que sobresale en la falda suroeste del Pico Viejo.

Después de pasar junto a ese cono nos encaminamos hacia las negras bocas eruptivas de Las Narices del Teide, por lo que sabemos que más pronto que tarde el camino se complicará y se empinará: en efecto, al llegar a la base de una de ellas vemos como una vereda gana altura decididamente en medio de la gran piconera oscura que nos queda por delante; con paciencia, retrocediendo un paso por cada dos que se dan hacia arriba, sintiendo como el calzado se entierra y resbala a través del polvoriento lapilli o picón, subimos cansina y fatigosamente hasta llegar al borde de uno de esos cráteres secundarios del gran volcán que coronaremos una vez más.

Nos tomamos un respiro en la parte más elevada de esta sucesión volcánica de Las Narices del Teide, esparcida por el flanco occidental del Pico Viejo, divisando los diferentes conos y hoyos que salpican esta lunática, chamuscada y desolada ladera.

La altura ganada hace que el paisaje a nuestros pies haga olvidar el esfuerzo de la subida hasta aquí, contemplando la parte occidental del Anfiteatro de Las Cañadas, como los Roques del Cedro, la Montaña Gangarro, El Sombrerito y el Roque del Almendro, entre otros, sobre los extensos malpaíses vomitados por estas bocas eruptivas donde nos ubicamos, coladas de lava que vistas desde arriba nos parecen desproporcionadamente enormes con respecto a los volcanes que las originaron, pensando que tal vez el Pico Viejo debería tener una altura o volumen mayor antes de 1798 debido al proceso del vaciado magmático que aflora a la superficie durante la erupción; una de las 2 coladas de lava que surgió de este lugar se esparció hasta Boca Tauce y la otra, de menor extensión, se dirigió por la vertiente oeste. Precisamente bajo dicha vertiente contemplamos el gran pinar de Guía de Isora junto al campo saturado de volcanes de la Dorsal de Abeque, formando la continuidad volcánica bajo el grandioso estratovolcán que remontamos, divisando la cadena volcánica que se prolonga hasta las inmediaciones del Macizo de Teno, la cual domina el paisaje de gran parte del noroeste insular.

Nos queda la segunda parte de otra buena subida hasta el borde oeste del cráter del Pico Viejo y además bastante inclinada avanzando a medias entre rocas y zonas de lapilli.

Al llegar al borde del socavón cumbrero nos encontramos sobre la parte más profunda del cráter, de aspecto caótico con grandes rocas desperdigadas por el fondo. El fondo de la porción oriental del hoyo es más llano y se encuentra bajo el punto más elevado del Pico Viejo, a 3.134 m.s.n.m.

Este camino se une cerca del borde, primero al que viene subiendo por la Depresión del Calderón, y más adelante al de los Regatones Negros.

 

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