LAJIALES, EL TACORÓN Y EL JULÁN. (EL HIERRO)

18 marzo, 2017

Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Dentro del Parque Rural de Frontera, y en el extremo sur de El Hierro, existe una importante zona volcánica (la isla es la más joven del archipiélago), conocida como Los Lajiales, caracterizada por lavas cordadas (en forma de cuerdas), ásperos malpaíses y pequeños túneles volcánicos por donde fluía la lava.

La ladera suroccidental de la isla, conocida como El Julán, está despoblada y en ella se desarrollan extensos pinares canarios que alcanzan la línea de cumbres insulares, y restos de sabinares y vegetación del piso basal en las desoladas laderas próximas al Mar de Las Calmas.

La zona costera de El Julán, además de la calidad paisajística intrínseca que posee, alberga algún tagoror y áreas de yacimientos paleontológicos de gran interés antropológico, como Los Letreros.

Camino de La Restinga:

Este camino comienza en el pueblo herreño de El Pinar y desciende hasta el extremo sur de la isla, donde existe otro pueblo, La Restinga, medio pesquero y medio residencial.

La vereda, en ocasiones un tanto perdida entre muros de piedra que parecen delimitar propiedades, avanza entre tajinastes, verodes, tabaibas, bejeques, vinagreras y alguna que otra higuera. Es un paisaje bastante seco, en el que a cierta distancia resalta algún pequeño cono volcánico como la Montaña Tembargena. El camino cruza la carretera a La Restinga en diferentes puntos, a la vez que se aproxima al acantilado costero que se prolonga por buena parte de la costa sureste de la isla, y que alcanza su punto culminante en el mirador de Las Playas. Desde ese punto el precipicio sobre el mar va perdiendo altura progresivamente hasta morir cerca de nuestro destino.

Podemos desviarnos de la ruta y asomarnos a él, panorámica enriquecida con el longevo porte de algunas sabinas solitarias recortado sobre el mar. Al otro lado del camino, otro lugar de interés son Los Lajiales, una peculiar zona volcánica que presenta lavas cordadas y malpaíses, con multitud de recovecos y pequeños túneles por los que se desparramaba la lava y al vaciarse y enfriarse la envoltura quedan huecos, pintoresca geomorfología que también se observa al finalizar la excursión, a la derecha del pueblo costero según descendemos, formando un pequeño rompiente con cuevas y entrantes a lo largo del encuentro con el océano.

 

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