VOLCANES DEL CHINYERO Y DE LA BOTIJA. LAS CAÑADAS DEL TEIDE. TENERIFE.

22 enero, 2017

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

1901813_896570487075304_3553230875648315783_nEl inicio de esta ruta coincide con una parte de la excursión que pasa por la Montaña Bilma, al noroeste de Tenerife. Después de haber salido de Las Casas de Arriba y haber ascendido hasta la parte norte de dicha montaña, atravesamos una de las coladas del volcán Chinyero; estamos pisando el terreno más joven de la isla, pues estos malpaíses tienen apenas un siglo de edad.

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Seguimos subiendo, atravesamos el canal de Vergara, y ahora un ancho sendero se desvía de la lengua de lava y nos sube entre el pinar a la oscura plataforma lávica de la que sobresale, y a la que dió lugar, el negruzco volcán protagonista de esta caminata. Al igual que en otras erupciones históricas de esta o de otras islas los pinos se dan prisa por colonizar este siniestro paisaje.

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Se puede ascender a la parte más alta de lo que queda del cono, justamente la parte occidental. La erupción arrasó la ladera oriental del mismo, observándose de donde emergió la colada principal y como se dividió en diferentes lenguas bordeando otras elevaciones pendiente abajo. Monte arriba, hay más volcanes que se ven coronados en el complejo Teide-Pico Viejo, pero la colada que venimos siguiendo fue vomitada justo bajo nuestros pies. Desde la parte alta de este desfigurado volcán, se observan suaves planicies recubiertas de lapilli que logran borrar el relieve, otros numerosos volcanes vecinos y como el pinar se reparte formando manchones verdes cuyo ímpetu contrasta con el oscuro y apocalíptico entorno de estos ríos de lava petrificada.

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En cuanto a la excursión por el Volcán de La Botija, el primer tramo de la misma coincide con la de “Pico Viejo”, es decir, partiendo del mirador de Las Narices del Teide. Llegados un punto, en vez de ascender hacia Pico Viejo, continuamos en dirección noroeste, ascendiendo poco después, levemente por la Montaña de La Cruz de Tea, uno de los muchos conos volcánicos, de laderas lisas y desoladas, negruzcos o parduzcos, repartidos por este vasto campo de pequeños volcanes que domina la dorsal noroccidental de la isla. Lo bueno de caminar por lapilli, es que al escasear la vegetación, la marcha no se ve interrumpida, siempre que la pendiente del terreno no sea elevada, como es en este caso, así que descendemos campo a través hasta el siguiente volcán ennegrecido y desolado, que es la Montaña de Sámara. La máxima dificultad la encontramos, poco antes de alcanzar la falda de esa elevación, al atravesar un no demasiado ancho malpaís marrón cuya rugosidad destaca sobre más oscuro, liso y amplio terreno de picón. Ascendemos hacia el borde del cráter, y como en lo alto del cono anterior, las vistas de toda la vertiente volcánica de Tenerife resultan estratégicamente bellas para identificar los puntos notables existentes entre el Macizo de Teno (en el que sobresalen Baracán, Erjos, Bolico, Guergue, La Fortaleza, Illaga, Risco Blanco, Guama) y el Pico Viejo, tras el cual asoma el pico del Teide. Entre ambas fronteras visuales vamos recorriendo con los ojos otros volcanes vertiente abajo, como la Montaña de Bilma, la Montaña del Estrecho y el Chinyero, Abeque y Los Poleos, formando una sucesión de volcanes, unos invadidos por el pinar, y otros desnudos, al igual que las lenguas de lava solidificada. Estos volcanes y el pinar que va reclamando sus antiguos dominios, forman una hilera de contraste entre el verde y el negro, entre la vida y la destrucción, que alcanza las mismas laderas del Pico Viejo.

Existe un camino que rodea el Volcán de La Botija, descendiendo y uniéndose ambas variantes en el siguiente volcán ladera abajo, lugar en el que finaliza el recorrido, que se encuentra junto a la carretera que sube desde Chío a Boca Tauce.

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Para volver desde este cono hasta el punto de partida subimos por un camino que transcurre por uno de los bordes de una caótica y siniestra barranquera que nace de otro vetusto volcán que bien hace honor a su nombre: Montaña Reventada, prácticamente partida por la mitad, observándose el negro malpaís que recubre el cauce de la citada barranquera, hasta la fecha imborrable recuerdo de la lava vomitada. Algún pino aislado impone una mota de vida en este aparentemente estéril paisaje, como si se tratara de una bandera en medio de un desierto lunático, tal vez anunciando el devenir de una conquista. 

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Al alcanzar la ladera sur del volcán viramos hacia el sur, andando por una planicie con rumbo a la Montaña de la Cruz de Tea, no haciendo falta seguir camino alguno porque el lapilli liso permite una marcha fácil, mientras contemplamos la alfombra que forma un retamar sobre la ladera del Pico Viejo, la cual comienza al final de esta negra llanura. 

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Desde este negro y liso volcán de la Cruz de Tea, un sendero parece buscar la ladera del Pico Viejo, supongo que ascenderá hasta enlazar con el camino pateado en esa ruta anteriormente descrita.

Finalmente volvemos por el mismo sendero que nos condujo desde el Mirador de Las Narices del Teide hasta la Montaña de La Cruz de Tea.

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