EL CAMPANARIO (GRAN CANARIA)

14 enero, 2017

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Aprovechando la ruta de La Plata se puede ascender al Roque del Campanario, una de las cimas más elevadas de Gran Canaria, rozando los 2.000 m.s.n.m, en lo alto del Barranco de Tirajana.

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Empezando a subir en el mirador o Collado de Cruz Grande, desde donde se tiene a la vista gran parte de la Caldera o Valle de Tirajana, nos vamos adentrando en este genuino camino empedrado que sube por la parte trasera de los imponentes Riscos de Tirajana. Al ascender se van teniendo cada vez mejores perspectivas de los caseríos y paisajes que quedan a nuestros pies, como el de La Plata y Los Cercados, y a mayor distancia, se distingue la presa de Chira, mientras al sur se elevan las lomas revestidas de pinares que limitan el parque natural de Pilancones.

Alrededor del camino, adornado en febrero con almendros en flor, resaltan los vigorosos y verticales monumentos geológicos petrificados y paredes de pura roca de color marrón claro que adornan este peculiar paraje y que parecían reservados al salvaje oeste americano.

Al final de la subida entramos en el pinar, a la vez que podemos divisar el amplio Valle de Tirajana casi desde su cabecera.

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Desviándonos levemente de la ruta de La Plata, podemos acercarnos al Ventanal del Nublo, un arco natural esculpido por la erosión, en el mismo borde superior de los Riscos de Ayacata, en la parte alta del Barranco de Ayacata, con mágicas vistas de los colosales paredones de pura y salvaje roca y que socavan el tramo alto del tajo, también del Roque Nublo, La Rana y El Fraile, amén del extenso pinar y crestas que se extienden hacia el oeste hasta el Macizo de Inagua, Ojeda y Pajonales. Al sur de ese alargado cresterío, se eleva la Montaña de Tauro, adivinando también el largo discurrir del Barranco de Arguineguín bajo ella hasta la costa suroeste insular.

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Retomamos el sendero principal y seguimos subiendo un poco más hasta la Degollada de Los Hornos, desde donde existen las opciones de dirigirnos al Roque Nublo (izquierda), de subir al Campanario (derecha) o seguir de frente con el camino de La Plata. Nos apasiona subir montañas, por lo que vamos al Campanario, siguiendo entre pinar hasta la subida rocosa final a esa espectacular atalaya. Al abandonar el pinar, la vista se entretiene al oeste en las montañas y roques que rodean la Caldera de Tejeda, como el Roque Nublo, Los Moriscos y la Montaña de Altavista, y más allá de ella, asoman Tamadaba y si el día está claro, El Teide y las cumbres de Tenerife.

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Si es la primera vez que subes a lo alto del Campanario por su falda oeste, no te esperas el paisaje que se desploma al otro lado de la elevación, sobre el fondo del Barranco de Tirajana, como si todo el desnivel que hemos ido salvando paulatinamente desde el principio de la ruta se liberara de golpe y repentinamente en una aterradora fuga que entrecorta el aliento y que no solo socava la faz de la tierra, sino también nuestros sentidos, emociones y pensamientos, dejándolos flotar libremente en el vacío abismal que parece hundirse en las entrañas de La Tierra. La apoteosis vertical, una convulsión geológica colosal, un vacío abismal, y en definitiva, la corteza terrestre en caída libre y desgarrada hasta las entrañas del planeta.

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Las retinas se deleitan con las panorámicas sobre el Macizo de Amurga y el Barranco de Fataga, al sur, el grandioso socavón en la corteza terrestre que forma el Valle de Tirajana a oriente, y finalmente el Roque Nublo, Los Moriscos y Montaña Altavista como puntos álgidos que cobijan la Caldera de Tejeda, diseminados en el resto de puntos cardinales.

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El Cañadón del Jierro forma una estrecha garganta que se hunde vertiginosamente hasta el fondo del valle, donde diminutos y lejanos caseríos, junto a tierras de cultivo ponen una nota de imperceptible humanidad, sirviéndonos de referencia al borde de estos abrumadores paredones. Al otro lado de esa vaguada cumbrera se alza el Pico de Las Nieves, algo más elevada que El Campanario, pero más visitada que ésta y con sus antenas y bolas que parecen menoscabar el punto álgido de la isla, en el punto culminante de la vertiente norte del Valle de Tirajana, que de manera más uniforme va perdiendo altura hasta la zona media del valle.

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El Campanario, una cima solitaria y con impresionantes vistas 360º a la redonda, requisitos que debe cumplir cualquier cumbre para permanecer en la memoria del montañero. Pocas montañas en la isla tienen dos caras tan diferentes, en suave declive y sobre pinares por su vertiente oeste; vertical, despiadada y salvaje por su vertiente oriental.

De vuelta a la ruta de La Plata, continuamos en leve descenso hasta los cercanos Llanos de La Pez, en el altiplano que se eleva sobre la descarnada Caldera de Tejeda.

 

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