MONTAÑA DE LAS LAJAS (TENERIFE)

21 diciembre, 2016

12744755_1080208068711544_2742079613724295261_nTexto y fotos de Salvador González Escovar.

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Esta interesante caminata por el pinar de Vilaflor empieza junto al campo de fútbol de esa localidad, coincidiendo los primeros pasos con parte del sendero de Gran Recorrido que atraviesa la isla de sur a norte (GR131). Ascendemos primeramente entre huertas de papas hasta llegar a un gran estanque, punto a partir del cual ya no abandonamos el maduro pinar canario con sotobosque de jaras, chaorras, corazoncillos, margaritas, codesos, escobones…, el cual nos acompaña hasta el final de la subida.

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El sendero ofrece buenas panorámicas del suroeste de Tenerife, del Macizo de Adeje, del que destacan las montañas del roque del Conde, la Pica de Imoque,el Roque de Los Brezos y el Roque Abinque. Más cerca aparece la planicie de Trevejos, importante por su producción vinícola, a modo de llanura rodeada por los pequeños volcanes de Funes y Mohino.

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Durante el recorrido, algunos paneles nos informan de las peculiaridades de este pinar, flora y fauna asociada, historia geológica, así como de los antiguos usos por parte del hombre, presentando, por tanto, un interés etnográfico, como son los asentamientos estacionales o refugios pastoriles en forma de amontonamientos de piedras construidos bajo los pinos, de forma más o menos circular y de no demasiada altura. Otro uso destacable del pinar era el “sangrado” de los árboles más viejos para extraer resina que tenía diversas aplicaciones en aquella época, como por ejemplo combustible, aceite medicinal o para la obtención de aguarrás.

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Estos pinares abiertos y maduros permiten divisar el paisaje más allá del bosque, y además la desfigurada forma que van adquiriendo los pinos según envejecen rompe la monotonía de la típica forma cónica de los árboles jóvenes. También nos hacen reflexionar sobre los incendios forestales acontecidos al percatarnos de las negras y calcinadas cortezas de los ejemplares más longevos, y que felizmente no acabaron con ellos.

Antes de ascender a la amesetada Montaña de Las lajas por su ladera sur, se atraviesa el Barranco del Cuervo, un angosto y no demasiado profundo tajo que parece formar una discontinuidad en el pinar con sus cortados laterales.

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La subida final a la montaña es el tramo más inclinado y cansino de la ruta, sensaciones que paulatinamente se van olvidando al contemplar el espectacular y grandioso panorama que se desliza hacia el sureste, sur y suroeste insular, incluida la lejana costa, apreciando la inmensidad de estos pinares de la Corona Forestal que rodean las Cañadas del Teide por el sur. De hecho estamos cerca de las cimas que nos separan de ese parque nacional, distinguiendo los Roques del Almendro, El Sombrerito y el Sombrero de Chasna a lo largo de dicho cordal cimero, mientras ladera abajo salta a la vista el matiz volcánico de la Montaña Colorada, al otro lado de la cabecera del Barranco del Infierno, y elevada justo encima de la Loma de Teresme.

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