EL MACIZO DE GUGUY. GRAN CANARIA

17 diciembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

13076594_1132147016850982_5178580222232834609_nEl Macizo de Guguy se encuentra en la zona más occidental y aislada de Gran Canaria. Es un conjunto montañoso bastante escarpado, dominado por profundos y sinuosos barrancos, al abrigo de escarpes que se aproximan o superan ligeramente los 1.000 metros de altitud, como la Montaña Horgazales, y que parecen aislar este espacio del resto de la isla.

La vegetación es la típica del cardonal-tabaibal, enriquecida con flora rupícola y algunos endemismos botánicos exclusivos del lugar, a nivel de especies o de subespecies, junto con paradisiacos palmerales en el cauce y fondo de los barrancos, lo que confiere al lugar un aspecto de oasis vital.

Esta ruta larga de casi 20 kms. de pateo atraviesa todo el macizo de sur a norte, empezando en el recóndito poblado de Tasartico y finalizando en La Aldea de San Nicolás. 

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En primer lugar entramos en calor superando la vertiente norte del Barranco de Tasartico, en este tramo llamado de Aguas Sabinas, hasta la Degollada de Aguas Sabinas, desde donde ya apreciamos la magnitud y señas de identidad del conjunto montañoso que tenemos por delante: sucesión de tajos, crestas salvajes en las divisorias y en las elevadas cabeceras de los tajos, y un mar frecuentemente apacible al socaire de los escarpes, cañones y de la arrugada y erosionada corteza terrestre.

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Ahora toca descender a la costa por el Barranco de la Hoya de Las Vacas, que se une al Barranco de Guguy Grande en la desembocadura, donde se encuentra la idílica y extensa playa de arena negra y callaos, la más visitada del macizo, sea por mar o por tierra. Palmerales y destartaladas construcciones, como un viejo almacén de tomates, hornos de piedra y alpendres, nos acompañan ya en el tramo bajo del tajo, visiones que contrastan con el imponente acantilado marino derrumbado sobre la línea litoral y que rodea la playa de Guguy Grande.

13010755_1132152593517091_3097282882800988982_nDespués del irrenunciable baño de rigor en las cristalinas aguas seguimos con nuestro particular subir y bajar barrancos y nos encaminamos hacia el Barranco de Guguy Chico, el siguiente y vecino cañón por el norte, para lo cual ascendemos hasta la Degollada del Palo, atravesando previamente palmerales y zonas aterrazadas en la vega del barranco, formando una instantánea de convivencia pacífica y armoniosa entre el hombre y la salvaje geología que nos rodea.

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Luego afrontamos la dura subida hasta la cresta que divide ambos barrancos. Desde ella se aprecia el circo montañoso que limita este escarpado lugar, con la amesetada Montaña Horgazales como punto culminante, coronando los numerosos ramales, la Media Luna y los entresijos de los barrancos principales, mientras en la ladera opuesta del Barranco de Guguy Grande, recordamos con la mirada el trazado de bajada pateado hasta la playa unas horas antes.

El Barranco de Guguy Chico se profundiza según nos acercamos a su cauce, siendo más angosto que el de Guguy Grande, descendiendo y enfilándose vertiginosamente desde las cimas del macizo hasta su encuentro con el mar.

Las piernas y el ritmo cardiaco agradecen un tramo más bien llano antes de acometer la última y más larga subida de la ruta; antes de ella y como no podía ser de otra manera, otro palmeral cobijado en el lecho del tajo embellece el recio y duro entorno.

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Sin prisa y recreando la mirada en el paisaje que vamos dejando a nuestros pies para recuperar el aliento, subimos camino de la Degollada del Peñón Bermejo, el punto más alto del pateo, localizada en la arista oeste de la pálida y rocosa Montaña de Los Cedros, disfrutando desde ahí de una visión estratégica de todo el macizo y de los dos grandes tajos que hemos dejado atrás, y además situados en la cabecera de otra vertiginosa barranquera que se enfoca súbitamente al océano, arrastrando con ella parte de nuestros sentidos y pensamientos, mientras las brumas ascendentes se empeñan en disimular el brutal desplome

Finalmente nos adentramos en el Valle de La Aldea, descendiendo por la Cañada de Las Vacas, Caiderillo Negro, Los Revolcaderos y Cañada de La Salvia, todo ello en la vertiente sur del valle, hasta el pueblo, larga bajada, dejando atrás una de los macizos más vírgenes, fotogénicos y aislados de la isla.

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