BARRANCO DE TÁGARA. TENERIFE

16 diciembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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El Barranco de Tágara es uno de los grandes tajos que serpentean por el suroeste de Tenerife. Nace repentinamente cerca de las Cañadas del Teide, bajo la Montaña del Cedro, donde presenta su tramo más salvaje y profundo. En su zona alta está invadido por un pinar maduro y longevo, que ha sufrido repetidamente el azote de los incendios, y al enfilarse hacia las medianías pierde espectacularidad mientras el matorral de escobones se adueña de sus dominios.

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Esta larga ruta en ascenso comienza en Chirche, pintoresco pueblo enclavado entre lavas en el somero cauce del barranco. Al principio se transita entre huertos agrícolas por medio de pistas de tierra que van ganando altura poco a poco. Más arriba, ya por camino bien señalizado (PR. 70) se sube por el lomo que divide los barrancos del Cedro, a la izquierda, y el de Las Pegurias, a la derecha, tramo bastante largo, antes de entrar en el pinar canario. Al ir subiendo por esa lomada, el horizonte visual se va extendiendo en todas direcciones, contemplando el oscuro y desolado paraje volcánico de la Dorsal Noroeste de la isla, que contrasta con los más lejanos escarpes del Macizo de Teno en el extremo noroeste insular, mientras hacia el sur ya nos elevamos sobre la loma de la Montaña de Tejina y el resto de la vertiente suroeste de la isla.

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Alguna que otra galería con sus construcciones asociadas se reparten por el lecho del Barranco del Cedro, mientras detrás de su parte alta va asomando la cumbre del Pico Viejo o Volcán Chaorra.

Tras superar esa larga cuesta que nos hace sudar, la senda atraviesa el Barranco de Las Pegurias, dejando atrás el escobonal y penetrando en el pinar que aumenta la vigorosidad de estos tajos.

El Barranco de Tágara es el siguiente, continuando hacia el sur, y se abre en el paisaje como un señor tajo por sus espectaculares paredones y su profundidad ganada de golpe bajo su cabecera, lo que impide avistar el esquivo cauce.

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La senda se adentra en sus vertiginosos dominios, atravesándolo y subiendo por la vertiente opuesta a la del Lomo de La Fogalera. Este recorrido, con patentes signos de desprendimientos que arrastran grandes troncos de pinos derribados por vientos, tormentas o por la propia gravedad, da un aspecto más siniestro, solitario, abrumador y enigmático a este tremendo tajo que también inunda los sentidos del senderista.

Desde su borde sur se aprecia mejor como el tajo se enfoca rápidamente hacia las medianías, difuminándose más abajo, mientras el barrio isorano de Chirche, bastante diminuto avistado desde aquí arriba, parece engullido por el barranco al encontrarse en su cauce.

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Salimos de los dominios del barranco mediante una pista forestal cercana que si la seguimos en toda su longitud continúa subiendo hasta la Degollada de Chavao, cerca de Boca Tauce. Esta vez no iremos tan lejos, sino que nos desviamos hacia la torre de incendios construida justo encima de la cabecera del barranco protagonista de este pateo, y bajo la Montaña del Cedro, y desde donde las panorámicas resultan inmejorables, profundizándose el siguiente barranco por el sur, el Del Fraile, y distinguiendo las elevaciones montañosas de los Roques de Chavao, la Montaña Gangarro y la cima del Sombrerito detrás de ella, más allá del Barranco de Erques y de Boca Tauce.

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El pinar bajo la torre de incendios no deja apreciar la profundidad del Barranco de Tágara desde ella, pero sí como su borde norte forma una discontinuidad en el bosque, y detrás de él se extiende el inmenso campo lávico de la Dorsal Volcánica de noroeste de Tenerife, con las montañas de la Cruz de Tea, el Volcán de La Botija y la Montaña Samara como vetustos volcanes que sobresalen de esa zona.

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Bajando unos metros desde la torre de vigilancia se puede llegar al borde de la misma cabecera del Barranco de Tágara, dejando volar libremente la vista y recreándonos sobre el abismo una vez más, percibiendo como el tajo forma un abrupto y brutal hachazo en el territorio, y que por supuesto también deja su marcada huella en las sensaciones y pensamientos y memoria de quien lo contempla.

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Continuando por sendero amojonado desde la cabecera nos dirigimos al cercano Lomo de La Fogalera, en el borde norte del barranco, bajando por ahí hasta el cruce con el camino de ida que se adentraba en el tajo, formando así un circuito montañero que recorre su parte más imponente y salvaje.

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