BARRANCO DEL JUNCAL (GRAN CANARIA)

2 diciembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

15178210_1304626476269701_8787644397244403104_nEsta espectacular ruta transita por una parte del Barranco del Juncal, dentro de la Caldera de Tejeda, describiendo un circuito con principio y fin en el aislado y recóndito poblado del Juncal de Tejeda, ubicado en el tramo alto del barranco y caminando tanto por el fondo como cerca del borde sur del cañón, completando un recorrido senderista de unos 13 km y alrededor de 6 o 7 horas de duración.

Al llegar a la plaza del Juncal de Tejeda se dobla a mano izquierda y se baja hasta el barranco, justo antes de cruzarlo hay que abandonar esta vía a la derecha y seguir paralelo al cauce.

Al principio de la ruta podemos ver las típicas casas canarias y casas cuevas en buen estado de conservación, algunas restauradas recientemente y excavadas en lo alto de los impresionantes paredones, abierta a un paso del abismo.

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Ya desde el inicio de la caminata nos damos cuenta del paisaje que se no presenta por delante a medida que nos dirigimos al lecho del tajo: estaremos rodeados de verticales farallones que estrechan la franja celeste, alargando sus sombras a lo largo del fondo, murallones colindantes con espigados roques, como el Roque Mulato o el Roque Palmés, a ambos lados del cañón, como si fueran sendos vigías del abismo, y apuntando al cielo, desafiando al vacío espacial que se abre bajo ellos; el conjunto pasajístico recrea un escenario que parece sacado del salvaje oeste americano; o de manera más simplificada y explícita, una tempestad petrificada, como diría Unamuno. Así es la Caldera de Tejeda, un lugar geológicamente siniestro, desgarrado y desgarrador, donde esbeltos roques se hermanan con profundos tajos, uniendo las dos caras de una misma moneda llamada erosión.

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Aguas abajo se contempla el Roque Mulato o del Cofre en lo alto de la cresta sur del tajo, mientras la planicie de la Mesa de Acusa y la Montaña Altavista no pasan desapercibidas al otro lado de esta grandiosa depresión horadada en la corteza terrestre que es la Caldera de Tejeda.

La bajada nos lleva a un gran amontonamiento de rocas, producto de en derrumbe, ya en el fondo del barranco. En el margen norte del tajo se yergue el majestuoso Roque Palmés y aguas abajo se distingue la vistosa cresta de la Mesa del Junquillo. Detrás de ella asoma la Montaña Altavista cerrando este inmenso cuenco calderiforme que atrapa nuestros sentidos.

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Pasamos al lado de una casa canaria aislada y en pocos minutos estamos en el cruce hacia las casas de Taiguy. Obviaremos la bajada por pista que continua hacia el lecho del cañón y comenzaremos la subida a través de la vertiente sur del Barranco del Juncal. Vamos ganado altura paulatinamente hasta llegar a una antigua era utilizada para trillar cereales. Un buen lugar para ver una gran cascada de agua a nuestros pies en el fondo del tajo.

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Ahora empieza el tramo más empinado y difícil del pateo, en pos de la base del Roque Mulato; una vereda desdibujada e invadida por el matorral asciende decididamente hacia el roque, alzado en la cresta divisoria situada entre el Barranco del Juncal y el de Siberio, el cual se hunde más allá del borde al que nos encaminamos. Una vez arriba las vistas desde las proximidades del Roque Mulato son impresionantes, divisando la profundidad del cañón dejado atrás, y como se alarga desde la vertiente norte del Macizo de Inagua, naciendo cerca de los Roques de Chimirique, hasta el fondo de la Caldera de Tejeda, y contemplado ahora desde lo alto ya que estamos elevados enfrente de los descomunales paredones que se desploman desde el límite norte del barranco recorrido, detrás del cual asoman el Roque Nublo y el Roque Bentayga.

El Barranco de Siberio es menos profundo visto desde esta crestería que el del Juncal, y se precipita desde la vertiente norte del Macizo de Alsándara.

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A partir de esta confluencia con el vecino Barranco de Siberio, la senda sube por esta hilera divisoria hacia los Llanos de Juan Martín, localizados en la amplia meseta existente sobre unos gigantescos promontorios rocosos, formando una zona llana que contrasta con los verticales cañones vecinos, lugar que presenta restos de antiguos terrenos de cultivos separados por muros de piedras, cuevas acondicionadas como refugios pastoriles, alguna era, riachuelos que originan cascadas al encontrarse con el abismo del Barranco del Juncal y grandes pinos aislados que son la avanzadilla del extenso pinar existente a mayor altura. El lugar parece un gran y desolado altiplano y al avanzar, sin dificultad incluso aunque no se siga el sendero, se van bordeando y atravesando pequeñas barranqueras tributarias del Barranco del Juncal, y mirando a través de ellas se adivina el enorme vacío en el que acaban muriendo, mientras la mirada se enfila hasta la distante Montaña Altavista a través de esas angostas gargantas. En sentido opuesto a Altavista, más allá de estas planicies solitarias de los Llanos de Juan Martín, el domo del Morro de Pajonales destaca vistosamente en el paisaje del que el maduro e inmenso pinar se adueña, formando una de las tantas montañas que coronan el Macizo de Inagua, Ojeda y Pajonales, a cuya vertiente norte nos vamos acercando.

En el tramo final del recorrido se atraviesa un pequeño barranco invadido por el pinar y escobones, rumbo al pintoresco rincón de las casas cueva de Pajonales, junto a tres pequeños embalses, llamados Pajonales I, II y III respectivamente.

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La penúltima subida del pateo nos conduce a la casa forestal de Pajonales, en la pista de tierra que rodea todo el macizo de Inagua, punto desde el que un sendero atraviesa entre pinar el tramo alto del Barranco del Juncal para devolvernos al Juncal de Tejeda, y las panorámicas a través del barranco nos siguen regalando maravillosas y sublimes estampas de, por un lado, los verticales paredones del cañón que recortan la silueta de la Montaña Altavista al fondo, y por otro, los Riscos de Chimirique y del Aserrador desplomándose desde las cumbres próximas al Roque Nublo sobre la cabecera del barranco protagonista de este pateo.

También se puede regresar al Juncal de Tejeda desde la casa forestal de Pajonales siguiendo la pista forestal, aunque resulta más largo que atravesar el barranco.

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