EL PIJARAL. ANAGA (TENERIFE)

27 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

247520_161272207271806_6492251_nLa laurisilva del amplio Macizo de Anaga es una de las mejores y más ricas en especies de Canarias, y el sector delimitado por esta reserva natural integral es uno de los más característicos y de los mejor conservados bosques de laurisilva, con la presencia de prácticamente todas la especies arbóreas de este bosque, estando presentes, entre ellas, los árboles más exigentes en cuanto a humedad, como el tilo, el aderno, el viñátigo, el naranjero salvaje, la hija y el saúco en las zonas más profundas y húmedas de las vaguadas, mientras que en las crestas expuestas a los vientos dominantes del alisio encontramos otras especies como tejos, follaos, acebiños, brezos, fayas, laureles, mocanes, sanguinos, barbusanos y paloblancos. En el sotobosque dominan helechos píjaras de grandes hojas (de ahí el nombre de El Pijaral), además de morgallón, matoblanco, zarzaparrilla, malfurada, algaritofe, reina de monte, capitana, bicácaro, gibalbera, ortigón de los montes, cresta de gallo, pata de gallo, nomeolvides, yedra, bejeques, tabaiba de monte, e incluso la rara violeta de Anaga, una de cuyas colonias crece en el Roque Chinobre

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Al caminar por esta jungla, se percibe la plenitud de la vida; los sentidos y pensamientos se hunden en lo más profundo de la espesura del bosque y de la bruma, intentando captar la esencia perdida y oculta bajo el fresco aliento del alisio que agita las ramas y en compañía de la penumbra, entre helechos que ocultan el sendero, entre ramas de grandes árboles, retorcidas, entrelazadas de forma caótica unas con otras y repletas de líquenes que parecen barbas colgantes. El encuentro entre la bruma y el bosque genera pequeños arroyos que se pierden ladera abajo, sumándose a esta experiencia sublime de andar dentro de esta esponja viviente.

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La masa forestal juega un papel fundamental en la recarga del acuífero subterráneo por su alta capacidad de condensación de la humedad transportada por los vientos alisios, a lo que hay que unir su facultad protectora del suelo ante la erosión. La existencia de muchas especies endémicas, varias de las cuales están amenazadas y la mayor parte protegidas por la normativa regional, acrecienta su importancia, sobre todo cuando sólo se conocen en este lugar. Para la ornitofauna, la reserva es un magnífico refugio donde nidifican muchas especies como las palomas de la laurisilva, la rabiche y la turqué, y el gavilán. 

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Por otro lado, los roques de Chinobre y Anambro, que limitan la reserva por el sur, constituyen sendos elementos singularizados del paisaje, de interés científico, geológico y geomorfológico.

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