MONTAÑA DE ALTAVISTA

13 noviembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Montaña de Altavista se eleva con sus 1.376 m.s.n.m. en el sector oriental del Parque Natural de Tamadaba. Constituye un excelente mirador natural no solo de esa zona, sino de la escarpada Caldera de Tejeda, ya que una de sus paredes se desploma vertiginosamente en el interior de esa gran depresión geológica, también de la cara norte del alargado macizo de Inagua, Ojeda y Pajonales, y del Valle de La Aldea al coronar la cima de Altavista.

 

10922569_857444397654580_5607739635088197516_nUn sendero permite alcanzar la cima desde Artenara o, si se quiere acortar el recorrido, desde la Degollada del Sargento, ascendiendo en un primer tramo hasta alcanzar la crestería aledaña a la montaña de Altavista, pasando por la cabecera del Barranco del Risco, continua cresteando por las Lajas del Jabón, y contemplando en todo momento el Barranco del Risco, la loma redondeada y extensa del Pico de La Bandera (1.444 m.s.n.m.) y el característico Roque Faneque en el extremo occidental del macizo, cumbres envueltas en frondosos pinares.

 

10917325_857444350987918_8611897456108054968_nLas vistas no tienen desperdicio 360º a la redonda; al oeste de la línea cumbrera por donde transitamos el pinar invade las laderas del Barranco del Risco, en cuya desembocadura se adivinan las casas de El Risco, aportando una pizca de sutil humanidad a esta abrumadora naturaleza. El Roque Faneque se divisa al final de la prolongación del Macizo de Tamadaba hacia occidente, cuyo borde se desploma a pico a una altura vertiginosa sobre el océano.

 

10923589_857444980987855_885769382881241374_nAl este, al otro lado del mar y de los pinos, aparecen paisajes de pura, desgarradora e imperturbable roca que parecen estar ahí desde el principio de los tiempos o propios de otro mundo; brutales hachazos geológicos en la corteza terrestre, nada repentinos sino esculpidos a la largo de millones de años de incesante erosión y desmantelamiento del relieve insular, con barrancos como el del Juncal o el de Siberio que contornean espigados roques respetados por la erosión, como la mole de la Mesa del Junquillo, tajos que arrugan el interior de la Caldera de Tejeda y buscan camino a través del encajonamiento de la cuenca aguas abajo.

 

A lo lejos el Roque Bentayga permanece prácticamente alineado con el Roque Nublo, elevado éste en el otro extremo del anfiteatro de la caldera, y a poca distancia del Pico de Las Nieves, la máxima cota insular.

 

10917322_857445157654504_4209505643201695831_nLas tierras más secas de Tirma y más cercanas al Valle de La Aldea van apareciendo más allá de estos pinares a medida que nos acercamos a la montaña, a la vez que la sensación de vértigo acompaña a la vertical vertiente oriental de Altavista, aún así poblada de pinos, que parece hundirse en lo más profundo del esqueleto petrificado, indómito y siniestro de la Caldera de Tejeda, donde sorprende las planicie cimera de la Mesa de Acusa, en medio de tantos riscos verticales, barrancos desgarrados y enfilados hacia el Valle de La Aldea en la única escapatoria al océano.

 

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La hilera montañosa de Inagua, Ojeda y Pajonales limita esta gran cuenca de Tejeda por el sur, distinguiendo de oeste a este la ladera de El Viso, la Montaña de Inagua, la de Las Monjas, la Montaña de Alsándara, la Montaña de La Negrita y el peculiar Morro de Pajonales.

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