MONTAÑA DE ALSÁNDARA. MACIZO DE INAGUA, OJEDA Y PAJONALES

7 noviembre, 2016

207425_149867298412297_3681924_nTexto y fotos de Salvador González Escovar.

Esta ruta patea el corazón de la reserva Natural Integral de Inagua. Desde las inmediaciones de la presa de Las Niñas se asciende, siempre por pinar canario, hasta la Cruz de Las Huesitas, punto notable localizado en la lomada del macizo y cercano al vistoso Morro de Pajonales, desde donde se disfruta de espectaculares vistas, no solo de la vertiente sur de estas montañas, sino también de la ladera norte, especialmente de los verticales cortados del Barranco de Los Cofres y del vecino y espigado Roque Palmés, además de los escarpes de la Caldera de Tejeda como Moriscos y Altavista que encierran esta gran depresión por el otro extremo de la misma.

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Posteriormente el sendero crestea hacia poniente, subiendo por la ladera sur de la siguiente elevación destacada, el Morro de La Negra, con vistas cada vez más panorámicas de la parte oriental del macizo, que desde la zona central de la isla, en el Aserrador, se alarga hasta el oeste precipitándose finalmente sobre el Valle de La Aldea.

La vista se recrea en el Morro de Pajonales, rodeado por el pinar del mismo nombre, y encima de ese domo, que por su forma recuerda a un roque del lejano oeste americano, va asomando el Roque Nublo y detrás de él, las cumbres insulares del Pico de Las Nieves, La Agujereada y el Campanario según seguimos ganando altura.

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Desde la línea cumbrera por la que transitamos se dominan ambas vertientes del macizo, al sur, más allá de los extensos pinares que dan nombre a la Cañada del Escobón o al Morro del Peladero, se hunden en la corteza terrestre los amplios barrancos de Arguineguín y de Mogán, separados por la mole de la Montaña de Tauro, mientras más hacia el oeste empiezan a distinguirse las morras del extremo occidental de este conjunto montañoso como las Montañas de Inagua y de Ojeda, además de los escarpes del Macizo del Suroeste que rodean otros tajos como el de Veneguera.

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La vertiente norte del macizo resulta más agreste, pendiente y salvaje, y también con un menor desarrollo del pinar. Las retinas se entretienen en los pitones como el Roque Palmés y el más lejano Roque Bentayga, que parecen desafiar el abismo, que aguarda parcialmente oculto desde aquí en el Barranco del Juncal, mientras los diseminados caseríos del Juncal y del Toscón ponen una nota de olvidada y ancestral humanidad en esta tempestad petrificada que denominó Unamuno. La planicie de la Mesa de Acusa es el único terreno llano en todo el interior de la Caldera de Tejeda, justo delante de la característica y recortada atalaya de la Montaña de Altavista y también de la redondeada loma del Pico de La Bandera en el pinar de Tamadaba.

Abandonando levemente la vereda y cerca de la base sur del Morro de La Negra existe un mirador natural que ofrece vistas abismales y espectaculares de la vertiente sur del macizo comentadas anteriormente.

11046529_905939016138451_1797529260480875435_nSeguimos avanzando dirección oeste, ladeando la Montaña Solapos de La Carnicería por el norte. Poco después hay un cruce de sendas que permiten, por una parte descender por la vertiente sur de la Montaña Alsándara hacia el Pinar de Ojeda, el Morro del Visadero o la Cañada del Escobón, o por otra, subir a la Montaña Alsándara, el punto más elevado de todo el macizo con 1.569 m.s.n.m., que fue la elección escogida. Para no transitar por la pista forestal que desde la Cruz de Las Huesitas transcurre paralela al sendero recorrido, decidimos acortar trayecto a través de un empinado camino, junto al abismo y bajo los cortados cimeros de la montaña, senda que conduce directamente a la cumbre.

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En la solitaria cumbre de Alsándara, junto a una pequeña caseta de telecomunicaciones y a un vértice geodésico, nos recreamos durante bastante tiempo en las magníficas vistas que nos rodean ya comentadas anteriormente, pero ahora el factor altitud aumenta la sensación de abismo, agranda las sensaciones paisajísticas y extiende el horizonte visual y emocional. No hay mejor forma de finalizar una ruta que ascender una montaña y las percepciones que ofrece esta destacada y estratégica atalaya son inolvidables.

Desde el punto más altivo, la verdadera dimensión de este inmenso, dilatado y maduro pinar queda al descubierto, abarcando la mirada ambos extremos del macizo, desde El Aserrador, al este, bajo la mole pétrea de la que emerge el Roque Nublo, hasta la Montaña de Inagua en el extremo oeste de esta entrañable, solitaria, grandiosa y salvaje hilera.

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El mundo también existe más allá de este macizo, con los Barrancos de Mogán, la Montaña de Tauro y el Barranco de Arguineguín atrayendo la mirada hacia el sur, además de los puntiagudos escarpes del macizo del Suroeste sobresaliendo de los barrancos de Veneguera y Tasarte, mientras al norte el anfiteatro y el interior de la Caldera de Tejeda permanece parcialmente oculto por el pinar.

Incluso esta montaña nos obsequia con el Teide sobre las nubes, al otro lado del brazo oceánico que nos separa de Tenerife.

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