CUMBRES DE UCANCA

23 octubre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

12993401_1129368130462204_5388173598892358250_nEl recorrido comienza en el mirador que hay por encima del Pinalito, cerca de la torre de incendios de La Vica, siguiendo la carretera que une Vilaflor con Boca Tauce. Seguimos unos metros por asfalto subiendo hasta que en una curva y a la derecha de la calzada, vemos una pista de tierra en desuso que se adentra en el pinar de Vilaflor. Al poco la pista da paso a un sendero poco marcado que continua subiendo paralelamente a una tubería fina de agua, que a su vez discurre junto a una destartalada y vieja acequia. Aunque el sendero está poco transitado hay mojones esporádicos que indican la subida a seguir y no hay ningún problema de caminar campo a través entre los pinos y sobre un suelo frecuentemente tapizado de lajas.

Nos vamos alejando de la carretera entre este pinar extenso, abierto y maduro, donde se aprecian viejos pinos resineros junto a refugios pastoriles levantados a base de amontonamientos de piedras  y de base circular.

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Nos podemos asomar al borde de un cortado para tener una buena panorámica del pinar de Vilaflor por la zona de Agua Agria, mientras a poca distancia unos estriados precipicios bajo el Sombrero de Chasna rompen la monotonía del pinar, al igual que ocurre con el escarpe del Roque del Encaje, bajo las Cumbres de Ucanca, aflorando en el horizonte de esta masa forestal.

Algunos repechos aceleran el ritmo cardiaco antes de llegar a la confluencia con el camino principal que viene desde cerca de Las Lajas.

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Una vez en él seguimos subiendo, encaminándonos a la ladera suroeste del Sombrero de Chasna, montaña de inconfundible silueta, por su cima plana y amplia, a modo de fortaleza, de verticales paredes, sobre todo la cara sur, donde siguen arraigando los pinos y algún que otro cedro.

El Sombrero de Chasna se eleva ligeramente y desplazado hacia el sur del borde del Filo de Las Cañadas, y para ascender a su cumbre solo hay que desviarse algo de la ruta a seguir por el filo, resultando extasiante contemplar la inmensidad del pinar de Vilaflor, y bajo él, el resto de la vertiente sur de la isla que se desparrama hasta la lejana costa. Se distinguen la Montaña de Las Lajas, el Macizo de Adeje y la Montaña Roja del Médano, entre otros, con la inolvidable sensación de que nada escapa a la vista desde casi 2.500 m. de altitud sobre el nivel del mar.

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Si seguimos subiendo un poco más llegamos al borde del Anfiteatro o Circo de Las Cañadas, donde al placer visual percibido anteriormente se le suma el grandioso espectáculo de contemplar la Caldera de Las Cañadas del Teide desde lo alto, dejando deslizar los sentidos libre y abruptamente hasta el fondo de la misma, unos 400 metros más abajo, como si la corteza terrestre se abriera súbitamente a través de vertiginosas laderas que parecen cortadas a hachazos, y en realidad son fruto de un deslizamiento masivo y erosivo. Esta inmensa caldera es en sí misma una tierra de contrastes, un regalo para la vista y para el alma, con sus diferentes matices cromáticos volcánicos, desde las pálidas y serenas cañadas o llanos de piedra pómez, como El Llano de Ucanca, hasta las siniestras, oscuras, sepultadoras y desgarradoras coladas de lava petrificadas como la de la Narices del Teide, vomitada desde el flanco oeste del Pico Viejo y que alcanza hasta Boca Tauce.

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El altivo complejo Teide-Pico Viejo corona este mundo relativamente joven, a la vez primigenio, y aparentemente virgen, formando el destacable altar insular, por encima de las nubes y que parece transportarnos por encima del mundo terrenal. Andar por el filo de este anfiteatro no tiene precio, mientras el aire leve de las cumbres acaricia tu rostro y hace flotar la insignificante existencia humana sobre tan vasto territorio, a la vez que sientes como los pensamientos y sensaciones vuelan tan lejos como la vista.

Las Cumbres de Ucanca forman una cresta con borde más bien plano, comprendido entre el Sombrero de Chasna y la Degollada de Ucanca, razón por la cual a esta parte se le conoce como el Llano de Las Mesas.

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Al encontrarnos a mayor altura, el domo cilíndrico del Sombrero de Chasna no reluce tanto como visto desde abajo, y ahora la vista se extiende más hacia oriente y occidente a través del filo, disfrutando de una buena vista de la cara oeste de la Montaña Guajara hacia el este, y de los Roques del Almendro, El Sombrerito y los Roques del Cedro hacia occidente, éstos últimos de alturas más discretas y los que cierran este alargado circo por el oeste, más allá del desagüe natural de Boca Tauce.

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