DEGOLLADA DEL CURA

18 octubre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Desde el pueblo de Afur, poco antes del final de la carretera, hay que subir por unas escalinatas con baranda metálica, al lado derecho de la carretera según se baja por ella, junto a un poste de tendido eléctrico con una farola. Subimos por el camino de cemento, sin desviarnos por los caminos que van a cada casa.

14591694_1267732776625738_4314122816161478412_nEn el punto del camino más alejado de las casas, justo en una curva pronunciada hacia la derecha, lo abandonamos, para descender, por una vereda al pequeño barranquillo, donde hay una peña con el clásico rombo amarillo de sendero turístico, subimos por la ladera de enfrente, hasta el lomo. Aquí, desestimamos ir hacia el valle donde abundan las sabinas, por la vereda más nítida, sino que seguimos a la derecha y subiendo por el lomo, de suelo erosionado con abundantes piedras sueltas. El sabinar de Afur se desarrolla preferentemente en la hondonada formada en la vertiente oriental del Barranco de Afur, siendo el más importante y extenso de los que existen en Tenerife, mostrándose como un auténtico bosque y no aparecen dispersas y aisladas unas de otras como en otros lugares de la isla, lo que me hace recordar el sabinar de Vallehermoso en La Gomera o el de La Dehesa en el Hierro, aunque sea en este caso a menor escala. Las sabinas forman un bosque abierto dejando espacio para que crezcan cardones, incienso, tabaibas, toldas, bejeques, verodes, junto a brezos, fayas, acebiños, zarzas y helechos en las partes más altas de la vertiente y en el cauce de los barranquillos húmedos. También sorprende la presencia de esbeltas palmeras creciendo en riscos y en las empinadas laderas, de manera aislada o formando pequeños grupos como en la Casa del Cura, localizada en la parte alta del recorrido.

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Volviendo al sendero seguido y pasada esta primera zona erosionada, subimos por una sendilla difusa, hasta encontrarnos con un tubo de conducción de agua (viene de una galería en Roque Negro y va para Taganana). Abandonamos el tubo, junto a unos brezos, y seguimos subiendo por un lomo pelado, desde el que se ve a nuestra izquierda el precioso valle de El Sabinar, bajo el esbelto y estilizado Roque Payés.

Luego entramos en la otra vertiente por una vereda en horizontal. En este tramo la vereda esta en malas condiciones: se ha deslizado en partes, además de transcurrir por una ladera con mucha pendiente, siguiendo más o menos paralelos a la tubería.

Después de ladear y seguir ganando altura por la vertiente oriental del Barranco de Afur llegamos al cauce sombrío de un barranquillo con algunas especies del monteverde, donde hay un grifo que surge de la tubería. Seguimos adelante solo unos pasos siguiendo la canalización e inmediatamente nos alejamos definitivamente de ella, ascendiendo por una senda un tanto perdida, que se dirige hacia unas palmeras y peñascos que se ven arriba.

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La vereda amenaza con perderse entre matorrales pero poco más arriba reaparece de forma más clara hasta el grupo de palmeras, junto a una gran roca, en cuyo pie existen restos de paredes de piedra de una vieja construcción y encima podemos ver lo que queda de un lagar labrado en ella. Estamos en el lugar que se conoce como Casa del Cura (con propiedades en Las Haciendas, donde estaba a cargo de una capilla). Después de un descanso, seguimos subiendo por la vereda que se introduce entre restos de monteverde, hasta llegar a la Degollada del Cura, en la cresta divisoria que separa el Barranco de Afur del amplio Valle de Taganana, junto a un potente y grueso dique que se desploma vertiginoso ladera abajo, y punto culminante del pateo que nos obsequia con una preciosa y estratégica visión del espacio exterior de este barranco, abriéndose el panorama al otro lado en el Valle de Taganana y haciendo que la mirada se dilate hasta los Roques de Anaga, en el límite oriental de la escarpada costa norte del macizo, más allá de los roques de Las Ánimas y de Enmedio, de las verdes laderas de Almáciga, Taganana y Benijos que se desparraman desde las crestas de la Cruz del Draguillo, Anambro, Chinobre, El Pijaral, El Cresal y Abicore.

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A nuestras espaldas, en los dominios del Barranco de Afur, divisamos el sabinar desde lo alto, el Roque Payés adquiere una silueta diferente al ser avistado desde poco más arriba de su nivel altitudinal, a diferencia del Roque Taborno, que en la vertiente opuesta del tajo sigue mostrando su desafiante figura. La cresta donde nos encontramos sigue aumentando su altura en dirección a los recortados Riscos del Fraile, mientras en dirección al mar la accidentada cresta se alarga entre riscos, diques y brechas hasta la doble cima del Roque Marrubial.

En teoría, existe un camino que desciende hasta Las Haciendas, enlazando con el sendero que recorre la Costa del Tachero hacia Taganana o a la Playa de Tamadite, pero la abismal ladera que nos espera si seguimos adelante nos hace dar un paso atrás y además nos sentimos reconfortados y felices de haber alcanzado este altivo punto entre dos valles con impresionantes vistas de ambos desde las alturas, percibiendo como el grandioso paisaje retiene los sentidos, invitándonos a una parada más duradera, sosegada y contemplativa.

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