BARRANCOS DE JUAN MAYOR, LA MADERA, LOS PÁJAROS Y EL RIO

11 octubre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

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Una serie de barrancos profundos surcan las empinadas y frondosas laderas, surgiendo cerca del límite de las crestas orientales de la Caldera de Taburiente y desembocando en la costa oriental de La Palma próximos a la capital insular.

En algunos de ellos, como los barrancos de La Madera o el de Juan Mayor, existen senderos que transitan por el fondo hasta un cierto punto o por las lomadas.

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De los 4 tajos mencionados, el de La Madera es el que se localiza más al norte, seguido en sentido sur por el Barranco del Río, el de Los Pájaros y finalmente el de Juan Mayor. Una forma de contemplar los dos últimos barrancos es empezar a caminar en Velhoco, un barrio de Santa Cruz de La Palma. Mediante una pista asfaltada se atraviesa huertos de aguacates, melocotones, naranjeros, viñas y demás frutales, se gana altura hasta llegar a un desvío a la derecha que indica el inicio del sendero, penetrando en el bosque de pinar mixto formado por pinos canarios, brezos, fayas, follaos, acebiños y laureles. El sendero, excavado en el terreno, está poco transitado e invadido por la pinocha adquiriendo una gran inclinación durante gran parte de la subida hasta el borde oriental del Valle del Riachuelo. Vamos ascendiendo entre sendos barrancos, el de Los Pájaros al norte y el de Juan Mayor al sur, denominándose esta divisoria por donde avanza la senda, el Lomo del Corchete

Más arriba, aproximándonos a la cabecera de ambos tajos que vamos siguiendo con la vista, el pinar se va haciendo más ralo y pobre, desprovisto del cortejo florístico de la laurisilva, sustituida por jaras y codesos, debido a que nos encontramos a una altura que supera el nivel medio del persistente mar de nubes que se adhiere a esta vertiente de la isla.

Después de una larga subida la senda se une a la ruta de gran recorrido GR 131 (que recorre toda la crestería de la Caldera de Taburiente y la Ruta de Los Volcanes) en un punto localizado entre el Pico Ovejas y el Pico Corralejo, ya en la arista oriental del Valle del Riachuelo. Esto permite divisar el otro lado de la isla desde lo alto, el Valle de El Paso, las crestas que rodean la Caldera de Taburiente, Cumbre Nueva y Cumbre Vieja.

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Continuando por el GR 131 se sigue por la arista hasta la Degollada del Río, donde surge el profundo y gran barranco homónimo que desemboca en la capital insular, pasando previamente por Punta de Los Roques, superando los 2.000 m.s.n.m., y apreciando el inmenso socavón en el corazón de la isla que supone la caldera con sus vertiginosas fugas, recortados espigones y despiadadas barranqueras y paredes que hacen parecer que todo este mundo basáltico esté a punto de desplomarse bajo su propio peso.

Punta de Los Roques es el primer lugar notable de esta zona de la crestería de la caldera que ofrece espectaculares visiones de este profundo y gigantesco mordisco en la isla, al encontrarse encima de una de las entradas naturales al parque nacional, como es La Cumbrecita, 800 metros más abajo, deteniendo el acelerado aliento del montañero que corona estas cumbres, a la vez que origina exclamaciones y suspiros al contemplar la brutal y desproporcionada geología que se abre en el abismo bajo nuestros pies.

Visiones de puro vértigo, las que más me atraen, sobre desfiladeros que parece imposible perduren millones de años. Espigones afilados como dientes de sierra y duros diques sucumben hacia el interior de la caldera, permitiendo sobrevivir a contados pinos y cedros sobre el filo de la navaja. Vertiginosas gargantas que atrapan mis emociones, sensaciones y pensamientos, volando libres a través del vacío hacia lo más profundo de la depresión. En definitiva, un relieve apoteósico y extremo que estremece los sentidos, originando que el espíritu montañero vague y flote en una especie de nirvana existencial al que nos ha conducido este largo camino desde la zona baja de la isla.

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Desde Punta de Los Roques la senda desciende ligeramente hasta la Degollada del Río, final del periplo senderista, mientras la mirada se enfila a través del profundo tajo hasta la costa, entre extensos pinares y prominentes diques que resisten estoicamente la erosión. En cuanto al Barranco de La Madera, una forma de visitarlo por el cauce es mediante una pista de tierra que al principio asciende por él entre zonas de cultivo y casas dispersas, apareciendo al poco tiempo el pinar canario. Pronto destacan grandes paredones de basalto a ambos lados del, por el momento, relativamente ancho lecho del tajo. En esta ruta se pasan por tres galerías, lo que da idea de la riqueza del acuífero subterráneo en esta zona de la isla bonita. La pista da paso a un sendero al llegar a la primera galería que nos encontramos, mientras continua subiendo tirando levemente hacia la vertiente sur del barranco, y la vegetación se va enriqueciendo con pinos, brezos, fayas, barbusanos, mocanes, acebiños, laureles, paloblancos, follaos, madroños, viñátigos, castañeros, junto al dosel herbáceo y arbustivo acompañante formado por zarzaparrillas, capitanas, nomeolvides, malfuradas, bicácaros, gibalberas, escobones, codesos, jaras, bencomias, tajinastes, bejeques…, toda una explosión de diversidad botánica, mucho más que en el mismo piso bioclimático en el que no exista barranco. El sendero sigue una canalización ascendente de agua rumbo a la siguiente galería. Tras ella, la ruta sigue avanzando y cruza el cauce hacia la vertiente norte, alejándose, igual que antes, lo justo como para sentir un ligero vértigo al intentar encontrar el fondo con la mirada, surco en la corteza terrestre que se muestra cada vez más encajonado, oculto y profundo. Poco más arriba se llega al pie de un gran salto en el lecho del barranco, ya tan vertical que solo permite ver una franja angosta del cielo y fondo tan estrecho que parece que los paredones laterales se van a abrazar a la vuelta del siguiente recodo, lo que me trasmite una sensación de cautivadora captura entre verticales farallones en las que además, algunos osados pinos con sus raíces al aire mantienen un equilibrio tan austero como inverosímil.

En las proximidades de este salto gigantesco en el cauce del tajo se haya la tercera galería, que como las anteriores, presenta un aire de olvido y abandono que no logra borrar la sensación de dureza del trabajo que debe suponer alumbrar agua desde las entrañas del planeta.

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A partir de aquí el camino deja de avanzar cauce arriba, retornando aguas abajo por la vertiente sur del barranco, a una altura mayor que la del sendero de ida, lo que sin duda ofrece mejores vistas del cañón. Para ello hay que atravesar unos túneles por el interior de los cuales discurre el canal que viene de la última galería visitada. Los túneles tienen respiraderos, por los que admirar la belleza de los verticales farallones que se desploman desde una altura más que respetable sobre el cada vez más lejano fondo del tajo. Esto me hace recordar los túneles de los Nacientes de Marcos y Cordero en el Barranco de Los Tilos, aunque aquí falta el agua chorreando formando una cortina de agua a través de algunas ventanas o respiraderos.

Pasado los cortos pero sinuosos túneles, la senda continua llaneando junto al canal hasta llegar a la cresta sur del barranco, mientras el sol juega con el viento y las nubes recreando luces y sombras tan mágicas como efímeras y cambiantes en la salvaje intimidad del surco que vamos recorriendo, trasmitiendo sensaciones irrepetibles y casi permanentes en los recuerdos vitales del senderista.

El descenso al punto de partida, al Santuario de Las Nieves, comienza al llegar a la divisoria compartida con el siguiente tajo vecino por el sur, el Barranco del Río, el cual parece más abierto que el de La Madera.

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Son bastantes barrancos concentrados en poco espacio a esta altura de unos 500 m., todos ellos nacientes de las cumbres orientales de la isla y aproximándose según discurren hacia la costa en la que se localiza Santa Cruz de La Palma. Finalmente la vereda desciende ligeramente por la vertiente norte del Barranco del Río, para luego retornar a la arista divisoria con el Barranco de La Madera y seguir bajando hasta la misma iglesia de Las Nieves.

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