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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Los barrancos del noreste de La Palma se caracterizan por su largo recorrido, desde la línea cumbrera hasta el mar, y por su pronunciado encajonamiento. Sus cabeceras están constituidas por cuencas calderiformes que convergen en un cauce común, normalmente estrechas y profundas en su tramo medio. En la Reserva de la Biosfera de El Canal y Los Tiles, los ramales, cerca de la cabecera, de Marcos y Cordero, separados por el Lomo Corto, acaban uniéndose dando lugar al impresionante, profundo y húmedo Barranco del Agua o de Los Tilos, con un recorrido total de unos 9 km. de longitud y salvando un desnivel de 1.800 metros.

13775428_1196548077077542_1669865600633864008_nLa formación de esta cuenca ha sido resultado de una acción erosiva ininterrumpida a lo largo de millones de años, intensificada en periodos de mayor pluviometría del Cuaternario, favoreciendo los desprendimientos y deslizamientos masivos de materiales. Sin embargo, la formación de una densa cubierta vegetal frenó el ímpetu erosivo y de retener el suelo con las raíces.

Este escarpado tajo está excavado en los materiales volcánicos de las series basálticas, dejando al descubierto en la cabecera el Complejo Basal, estructura constituida por una serie de erupciones, primero submarinas y subaéreas, así como una densa red de diques y rocas plutónicas. Caracteriza a este complejo basal su impermeabilidad, lo que ha permitido la formación de un importante acuífero subterráneo, en el que se han ido almacenando las aguas infiltradas a través de los materiales superiores. Este fenómeno origina los Nacientes de Marcos y Cordero, cuyo caudal hace de estos manantiales naturales los más importantes de Canarias, junto con los que afloran dentro de la Caldera de Taburiente.

La orientación SW-NE del Barranco del Agua y su ubicación en la fachada nororiental de la islas le confiere unas cualidades óptimas para la recepción de los vientos alisios cargados de humedad, brumas que además originan mayor estabilidad en los parámetros climáticos. Sin embargo, en las cotas más elevadas, ocupadas por el pinar, el clima es más riguroso con grandes variaciones termométricas, tanto diarias como estacionales.

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Su largo discurrir permite el desarrollo de diferentes pisos bioclimáticos según la mayor o menor influencia del alisio, desde los impenetrables bosques de laurisilva del tramo medio hasta el pinar mixto y puro de las partes más altas.

En la zona más húmeda del barranco, entre los 500 y los 1.200 m.s.n.m, crecen árboles de gran porte como viñátigos, tiles, palos blancos, que dan cobijo a los esquivos saucos y tabaibas de monte, y bajo cuyas amplias copas reina una acusada penumbra, y a pesar de eso el sotobosque se muestra relativamente rico en especies herbáceas y arbustivas, como crestas de gallo, malfuradas, morgallones, patas de gallo, bicácaros, algaritofes, nomeolvides, reinas de monte, estrelladeras, matos blancos, flores de mayo, helechos, salvias, etc… En las laderas más inclinadas aparecen otras especies arbóreas del monteverde menos exigentes desde el punto de vista hídrico como acebiños, laureles, fayas, brezos, madroños, mocanes, sanguinos, barbusanos y peralillos. En riscos y salientes encuentran su hábitat ideal plantas rupícolas como los bejeques, cerrajas, orejones, tajinastes, jarillas, etc…

13731465_1196548060410877_8258767826197952791_nA partir de los 1.200 m.s.n.m., disminuye la influencia brumosa y húmeda del alisio y este vergel va dando paso paulatinamente al pinar canario, entremezclados con brezos, fayas, acebiños, jaras, gacias, escobones y otras especies características del sotobosque del pinar canario.

Finalmente hay que destacar las saucedas que cubrían los fondos de los barrancos, pero han perdido protagonismo a medida que se canalizaban las aguas desde los nacientes.

En cuanto a la fauna, se trata de una de las zonas más ricas del archipiélago, destacando invertebrados, aves como el pinzón vulgar, la gallinuela, la paloma turqué, la pardela pichoneta y la paloma rabiche y algunos murciélagos.

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El sendero que recorre gran parte de la longitud del barranco cercano a su lecho comienza poco antes del centro de visitantes. La primera parte transcurre por una pista de tierra que al principio atraviesa un largo túnel, asciende entre la frondosa laurisilva. A pesar de caminar cerca del cauce, los profundos cortados laterales que se hunden sobre él impiden verlo, tapizados de grandes píjaras o helechos de grandes hojas. La pista a veces avanza en serpenteantes revueltas, no dejando ver el panorama del barranco debido al impenetrable dosel arbóreo que parece reducir el espacio vital del senderista a la mínima expresión.

13775740_1196549487077401_4717203310106312128_nUn lugar desde donde dejar escapar la mirada más allá de la arboleda es el mirador del Espigón Atravesado, desviándonos ligeramente de la ruta a seguir, en el extremo de un saliente que retuerce el discurrir del barranco. Aunque es un mirador interior del tajo, su ubicación elevada sobre el cauce nos hace disfrutar de una alargada perspectiva alrededor de él, apreciando el vertiginoso descenso del espigón desde el borde sur del barranco. Desde ese privilegiado punto podemos contemplar como otros espigones se derrumban desde ambas vertientes a la vez que curvan el característico perfil del tajo, sobre todo aguas abajo, con el Espigón Grande y el Topo de Las Roseras.

También se divisa la oscura y recóndita faja en el manto verde que constituye el profundo cauce. Aguas arriba, aparte de verdes, próximas y empinadas vertientes, no puede atisbarse mucho mayor recorrido del barranco pues el espigón del Lomo de Los Caballos hace virar su trazado hacia la derecha.

Volvemos al camino principal donde el horizonte más lejano del caminante se ciñe a la espesura y densidad del bosque encantado y encantador, y que nos hace andar sin apreciar los entresijos del barranco, andando sin ningún tipo de referencia externa a esta gigantesca esponja viviente, y que parece absorber no solo la humedad atmosférica sino también nuestros sentidos y pensamientos.

Más arriba el recorrido abandona la pista, dejándola a la izquierda, siguiendo un camino ascendente que ya no abandonamos hasta el final del recorrido, y que rápidamente cruza el lecho mediante un primer puente de madera. A partir de aquí comienza un largo y, en ocasiones, duro ascenso que busca la vertiente norte del tajo, ganando altura frecuentemente mediante escalones en los tramos más inclinados.

En épocas lluvias se aprecia alguna cascada que se precipita desde las alturas del Lomo Corto, lugar bastante elevado aún con respecto a nosotros, apareciendo y desapareciendo entre el bosque. Finalmente el torrente busca el cada vez más lejano fondo, en la vecindad del camino que vamos siguiendo.

La ladera que culmina en Lomo Corto es la divisoria del barranco en los ramales que se unen cerca de donde cae esta cascada, mientras la senda sigue ganando altura por el ramal de la derecha rumbo al Naciente de Cordero.

Según vamos subiendo el Monteverde se hace más xerófilo, entremezclados con portentosos pinos canarios. El pinar, más abierto que el bosque de laurisilva, permite apreciar los grandes paredones basálticos que nos flanquean y tener una mayor sensación de abismo vertical, además de que a estas alturas la cabecera del tajo empieza a expandirse, observando la divisoria y los ramales comentados anteriormente, el de Marcos y el de Cordero, desde un lugar visualmente estratégico conocido como Los Espejos.

Poco antes de la subida final a través del pedregoso lecho del ramal de Cordero, entre altivas y verticales paredes, hay que pasar por el segundo puente de madera. Poco a poco se va elevando sobre nosotros la gigantesca mole rocosa de la que brota el primero de los nacientes vistos en el pateo, el Naciente de Cordero, menos caudaloso que el de Marcos, muriendo aquí el canal que porta el líquido elemento que nos regala este vigoroso y señor Barranco del Agua.

Otro recorrido también con final muy panorámico es subir al mirador de La Baranda desde el centro de visitantes, mirador situado en el margen norte del tajo, cuyo pateo es mucho menos exigente y más corto que el que recorre su longitud descrito anteriormente.

13754078_1196553387077011_2415402456202559145_nDesde ese privilegiado punto se disfruta de una completa visión del Barranco del Agua, y como los espigones que se desploman desde ambos bordes atormentan y retuercen su devenir, desde la lejana cabecera, bajo las cumbres insulares, hasta la costa, donde el tajo se muestra menos espectacular y más domesticado con diversos cultivos y poblaciones en sus proximidades.

 

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Texto y fotos Salvador González Escovar

Este recorrido senderista comienza en Roque Faro, en el norte de La Palma, a unos 1.000 m. de altura. El primer tramo transcurre por una pista forestal que prácticamente llanea entre majestuosos pinos canarios, cobijando un sotobosque de brezos, laureles, follaos, acebiños, fayas y helechos.

Avanzamos hacia el oeste atravesando algunas suaves vaguadas, que en la costa se transforman en algunos de los impresionantes barrancos de verticales farallones que uno tras otro surcan el abrupto norte palmero.

Pero de momento, en las barranqueras que vamos penetrando, la vegetación gana en humedad, diversidad y pureza, apareciendo hileras del bosque de laurisilva a lo largo de sus cauces y laderas; fiel reflejo de esa humedad es la cercana Fuente del Capitán, localizada en el barranquillo del mismo nombre, el mismo que aguas abajo es puro vértigo, conociéndose por Fagundo que contemplaremos más adelante.

En esta parte del pateo se atraviesa la solitaria carretera que baja hasta El Tablado, y después la que se dirige a Garafía, ésta, poco antes de llegar al parque etnográfico de La Zarza, lugar en el que es recomendable una visita para acercarnos a la historia de los antiguos pobladores de la isla, los beneahoritas, observando sus inscripciones y petroglifos, grabados en piedra con diferentes formas y figuras conservados en la zona.

14212826_1229676300431386_8372347110423088515_nDejamos atrás este museo al aire libre y el pequeño sendero que recorre el parque cultural entre laurisilva, y comenzamos el descenso hacia el litoral, aún lejano, por una senda que discurre por el lecho del poco profundo Barranco de La Magdalena, muy verde y frondoso y acompañándonos en todo momento con la magia y umbría del monteverde. Al igual que los otros tajos que arrugan el norte de la isla, gana espectacularidad más abajo, pero no tanto como sus vecinos por el este, como son los barrancos de Fagundo, de Los Hombres, de Franceses y de Gallegos, los cuales he atravesado en otra ocasión siguiendo el tramo del GR 130 que pasa por la costa norte.

14199762_1229673717098311_3962733267572497061_nEsta ruta tiene un recorrido circular, por lo que después de bajar un largo trecho por el Barranco de La Magdalena, lo abandonamos, todavía entre monteverde, para luego subir por su vertiente oriental. Poco después atravesamos la calzada que va a Don Pedro, bucólico caserío localizado en la lomada o divisoria entre barrancos, mientras al este se abre de manera colosal el Barranco de Fagundo, y a poca distancia del borde del acantilado marino que da nombre a la espectacular Costa del Arrogante, cuyo nombre le viene al pelo debido a la brutal, escarpada y salvaje geología que nos regala el litoral norte insular.

Acto seguido hay que cruzar el Barranco de Fagundo, descendiendo hasta el lecho y volviendo a subir por la vertiente opuesta, en marcados zig-zags y siguiendo el empedrado Camino Real de La Costa, hasta el siguiente caserío de El Tablado, asomando de manera casi insignificante en la lomada oriental del tajo, otro diminuto caserío y además empequeñecido ante la magnitud vertical del barrando que se desploma bajo las casas.

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En la costa norte de La Palma se alternan acantilados y desembocaduras de impresionantes barrancos, heridas en la corteza terrestre que no pasan inadvertidos ante los ojos del observador. Parecen fracturas en la piel del planeta que dividen la zona en porciones, y que se alargan más que hasta donde alcanza la mirada, intentando encontrar su nacimiento en las cumbres insulares. Son auténticas discontinuidades espacio-temporales que aíslan este pedazo insular en el espacio y en el tiempo, manteniendo a raya los usos humanos sobre este hostil, erosionado y a la vez bello territorio. Aquí los barrancos imponen su ley en la vida de los moradores de este espacio y me alegro que no siempre el hombre domine y manipule el territorio a su antojo.

A pesar de la reducida distancia al mar, sus paredones se tapizan del verdor que nos ha venido acompañando durante la excursión. La vegetación primero se agrupa en manchones dispersos, presentando mayor continuidad cauce arriba hasta fundirse con las frecuentes nubes que se encajan en estos tajos; tal vez sea el lugar del archipiélago canario donde el bosque de Monteverde se encuentra más cercano al océano.

14224766_1229681063764243_2010078962144305506_nComo en todo barranco, y más si es profundo, la flora se enriquece con respecto a la circundante, apareciendo también tajinastes, cardones, sabinas, dragos longevos y otras plantas rupícolas para las que vivir colgadas sobre el abismo no supone problema alguno, sino más bien una garantía de supervivencia frente a posibles depredadores como el ganado asilvestrado.

Al llegar a El Tablado, el panorama se repite cuando se profundiza mirando hacia oriente, derrumbándose la otra gran abertura en esta ruta, el Barranco de Los Hombres, igual de profundo que el anterior.

14117968_1229673830431633_6576043244554607156_nAncestrales, diseminados y bucólicos poblados, aislados del resto de la isla y entre ellos mismos por una sucesión de cañones que sin tregua surcan de oeste a este la vertiente norte palmera cercana a la costa; así es el Espacio Protegido de Guelguén, un lugar donde la dimensión vertical de una atormentada geología parece el núcleo principal alrededor del cual gira lo humano y lo natural.

14184292_1229673747098308_2388779671664883125_nSiguiendo con el sendero, a partir del caserío no hay que atravesar el Barranco de Los Hombres por su parte más profunda, sino subir al principio por la carretera que va a Roque Faro, asfalto que discurre por la divisoria que separa el Barranco de Los Hombres del de Fagundo. Más arriba, abandonamos la calzada y nos introducimos en el primero de ellos, e igualmente que su vecino, de perfil más suave y verde que en el accidentado relieve costero. Seguimos subiendo por él hasta llegar a Roque Faro, cerrando este duro pero visualmente inolvidable trayecto senderista.

BEJENAO

3 septiembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar

Desde La Cumbrecita sube un sendero hacia el Pico Bejenao, de 1.854 m.s.n.m., con excelentes panorámicas de la Caldera de Taburiente, al transcurrir casi en la totalidad del recorrido por la vertiente orientada a esa depresión.

14100364_1222568947808788_4726819078588673420_nEl camino va superando decididamente cortados que se desploman sobre el Lomo de Las Chozas y con magníficas vistas enfrentadas a los descomunales pilares basálticos que se derrumban desde la Punta de Los Roques, elevada al otro lado de la vaguada que forma La Cumbrecita, localizada en la cabecera del Valle del Riachuelo. 

A partir de El Rodeo, donde la senda enlaza con el camino viejo y alternativo que viene de Ferrer, y punto a partir del cual la vista se extiende más allá de los límites de la caldera, el sendero inicia el tramo final, con un continuado serpenteo algo empinado que finalmente culmina en la cumbre del Pico Bejenao.

14063849_1222571964475153_7424422025196616844_nLa panorámica hacia el interior de la caldera se deja ver entre pinos y desfiladeros que vertiginosamente descienden hasta las entrañas de este inmenso socavón abierto en la corteza terrestre. 

Si las nieblas frecuentes lo permiten, el espectacular anfiteatro geológico de la Caldera de Taburiente se muestra en toda su grandeza y belleza, divisándose escarpes y pitones como el Roque Idafe, el Roque Salvaje, el Roque del Huso, quedando ocultos solo algunos rincones de sus barrancos más profundos.

A nuestros pies y rozando los 1.000 metros en pleno abismo libre, escabrosos barrancos como el del Almendro Amargo, el de Rivanceras o el de Taburiente arrugan el inmenso pinar, que en parte logra disimular sus trazados. 

14088415_1222573824474967_8791039888080603884_nDesde la cima de la montaña la vista se alarga hacia el sur, destacando los volcanes recientes de Cumbre Vieja, que podemos ver desde la costa oeste hasta sus cumbres, apareciendo en primer lugar el Volcán Birigoyo, y detrás otros escarpes como el Roque Nambroque y el Volcán de La Deseada.

14054093_1222578347807848_6632660985749630951_nHacia el oeste la vista se desploma por el Valle de Aridane y por el Barranco de Las Angustias, el gran desagüe natural de la caldera que disfrutamos desde lo alto.

Los sentidos disfrutan al hacer un recorrido visual por las crestas, paredones y fugas, cada una con topónimo que a base de consultar mapas uno va recordando los nombres, los cuales circundan el interior de esta gran cuenca erosiva, y al no tener montañas importantes cercanas al Bejenao, ningún obstáculo interrumpe la mirada en 360º a la redonda.

De esta manera y desde esta privilegiada cumbre se van reconociendo lugares en la distancia como Tenerra, el imponente murallón triangular del Risco Liso, el pedregal de la Playa de Taburiente y el Lomo del Escuchadero, entre otros. Sobre estos topónimos la hilera de cumbres de más de 2.200 m.s.n.m. se alzan sobre vertiginosas fugas, parcialmente ocultas por afilados espigones, cimas que recortan el azul celeste, ubicando de oeste a este con la mirada el Roque Palmero, el Roque Chico, el Roque de Los Muchachos, Los Andenes, el Pico de La Cruz, Piedrallana y el Pico de La Nieve como promontorios más destacables.

PUNTA DE LOS ROQUES

1 septiembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

Esta ruta comienza en la Ermita de la Virgen del Pino, a unos 850 m.s.n.m.

Al principio, tras haber pasado bajo grandes y maduros ejemplares de pino canario, el camino empedrado se empina y zigzaguea por la ladera occidental de la Cumbre Nueva hasta llegar a El Reventón, ya en la arista de la hilera de Cumbre Nueva, a unos 1.435 m. de altura. Este tramo antiguamente era utilizado como Camino Real que unía Santa Cruz de La Palma con Tazacorte, existiendo en este lugar un cruce de cuatro caminos posibles siguiendo los respectivos puntos cardinales.

Al estar sometido a la influencia del alisio que frecuentemente hace desbordar las nubes por la ladera occidental de esta hilera verde, el pinar puro de las cotas más bajas da paso al pinar enriquecido con fayal-brezal y otras especies botánicas propias del Monteverde.

14046002_1219059321493084_271432265787360626_nDesde esta hilera montañosa y si el día está despejado se contemplan ambas vertientes de la isla, con el Pico Bejenado despuntando sobre el Valle de Aridane, y el oscuro campo de volcanes de Cumbre Vieja y algunas coladas de lava asociadas, como la de Montaña Quemada, por el otro lado del valle.

14045819_1219064234825926_656925126421304467_nLa ladera oriental de Cumbre Nueva es más verde debido a la acción directa de las brumas del alisio, presentando además un mayor desnivel ya que la vertiente occitana cae sobre la plataforma de El Paso.

Desde El Reventón, el recorrido sube por la arista de la pared oriental del Valle del Riachuelo, primero por pista de tierra y más adelante por sendero, formando parte de la conocida como GR 131 o Ruta del Bastón, debido a la forma que adquiere al ser trazada sobre un mapa insular, discurriendo desde el puerto de Tazacorte hasta el faro de Fuencaliente, transitando por toda la crestería de la Caldera de Taburiente y la Ruta de Los Volcanes también en su integridad.

El pateo que nos ocupa solo es una parte de él, y sigue en continuo ascenso, pasando por los hitos montañosos del Risco de La Perra, Pico Ovejas (1.854 m., donde el límite del parque nacional abandona la cresta seguida, y bruscamente se dirige hacia el oeste), Pico Corralejo (2.044 m.) y Punta de Los Roques (2.087 m.), ya en medio del pinar, frecuentemente por encima de las nubes, atalayas en las que asomarse al vacío sobre el valle del Riachuelo, abismo que abre los ojos, atrayendo las sensaciones hacia un espacio en el que la vertiginosa dimensión vertical es la protagonista. Relajando la vista hacia el sur la hilera verde de Cumbre Nueva parece cada vez más modesta en altura formando un puente de unión con la más lejana y más desolada Dorsal volcánica de Cumbre Vieja ( curioso nombre pues es la parte más joven de la isla) contrastando ambas debido a la más escasa vegetación que presenta ésta última.

Mirando hacia el este, algunos barrancos como el de Juan Mayor y el de Los Pájaros se enfocan hacia la capital insular y ondulan el frondoso pinar, haciendo que las nubes penetren en esta sucesión de surcos enfilados hacia la vertiente oriental de la isla.

14068248_1219062041492812_2255573006992764751_nPunta de Los Roques, donde existe un refugio montañero, es el punto más elevado de la caminata, vértice de la arista del Valle del Riachuelo y que se alcanza después de haber superado un desnivel de unos 1.200 m. desde el inicio, y una de las puertas de entrada al parque nacional de la Caldera de Taburiente por su parte alta o crestería. Las vistas son apoteósicas, contemplando la plenitud de la caldera desde lo alto, alternando fugas que retienen el aliento, recios diques que de lejos parecen sendas a ninguna parte, agujas petrificadas por la erosión, recortados espigones que cautivan los sentidos e impresionantes paredones basálticos a punto de desplomarse sobre el fondo de la depresión. Contemplada desde lo alto la Caldera de Taburiente parece producto de un derrumbe masivo, de un brutal hachazo en el corazón de la isla, originando una geología vertiginosa, convulsa, voraz, abrumadora y que parece haberse tragado una porción insular, y de paso parte de nuestras sensaciones vitales.

La Cumbrecita, en la cabecera del Valle del Riachuelo, queda unos 800 m. más abajo y al otro lado de ella emerge la esbelta silueta del Pico Bejenado, el cual ya hemos superado en altura.

Detrás de él, la arista oeste de la caldera gana altura progresivamente desde El Time, perfilando el borde del Barranco de Las Angustias hasta el distinguible Roque Palmero; delante de ese pico, el poderoso Risco Liso traza un gran triángulo vertical en la pared de la depresión. El recorrido visual sigue por la altiva crestería hacia el Risco Chico, Morro de la Crespa, Roque de Los Muchachos, Los Andenes, Pico de La Cruz, Piedrallana y Pico de la Nieve, destacables morras, de más de 2.200 m.s.n.m., que coronan y rodean este inmenso socavón de 8 km de diámetro en la corteza terrestre.

Bajo este impresionante mundo mineral de paredones y fugas, el pinar recubre el interior de la caldera y disimula el discurrir de barrancos, como el de Rivanceras, el de Almendro Amargo y el de Taburiente.

Desde Punta de Los Roques, donde pinos y cedros solitarios parecen espectadores excepcionales a las puertas del abismo, el camino desciende algo hasta la Degollada del Río, donde surge otro gran tajo, el Barranco del Río, que busca rápidamente la zona baja de la vertiente oriental de la isla. En ambas divisorias las pendientes son extremas con un acantilado que ha segado parte de la cabecera del tajo que se enfoca hacia Santa Cruz de La Palma, lugar que al igual que muchos otros repartidos a lo largo de la crestería de la caldera, se irán ahondando en un tiempo geológico corto debido a la persistente erosión y al desmantelamiento de este escarpado territorio. Diques de curiosas formas resisten los factores erosivos, alguno de los cuales asemejan paredes levantadas por el hombre. Los promontorios importantes que coronan el circo perimetral de la caldera se ven cada vez más cerca, divisando el trazado del sendero que desde la degollada busca la primera de ellas, el Pico de La Nieve.