ROQUE PALMERO

24 septiembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador Gónzález Escovar.

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Desde el barrio de El Jesús, cercano al pueblo de Tijarafe, del que nos separa el Barranco del Jorado, asciende una carretera que más arriba da paso a pistas de tierra, asfaltadas y finalmente el sendero a seguir a bastante mayor altura. En el trayecto destacan los almendros entremezclados con el pinar canario, a medida que nos acercaos al límite sur del Barranco del Jorado.

 

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La senda que nos conduce al borde oeste de la Caldera de Taburiente comienza poco más arriba de haber dejado atrás la ermita del Pinar, aumentado la inclinación conforme nos aproximamos al límite de la caldera, a la altura del Risco de Las Pareditas, mientras el extenso pinar de Tijarafe va quedando a nuestras espaldas, divisando las zonas cultivadas, el serpenteante discurrir del barranco hacia la costa, el límite del pinar y el casco urbano de Tijarafe. Tras salvar un potente desnivel estamos en el borde de esta gran depresión, a unos 1.500 m. de altura y en el punto de unión con la ruta GR 131, la cual recorre toda esta crestería suprema que bordea la Caldera de Taburiente.

14317437_1240868749312141_2825236015233909700_nEl Roque Palmero, con sus 2.310 m.s.n.m., sobresale al contemplarlo desde cualquier punto del borde y forma parte del anfiteatro más elevado de la caldera, por lo que hay que seguir subiendo siguiendo el GR 131, pero ahora el desnivel no es tan acusado como antes mientras el límite occidental de esta inmensa hendidura se va elevando uniformemente hasta las cumbres insulares.

 

Mientras disfrutamos de vertiginosas, mágicas y extraordinarias visiones del interior de la depresión a través de desfiladeros, angostas gargantas y fugas de cientos de metros de desnivel, vamos dejando atrás el Risco de Las Pareditas, un espigado morro que sobresale del circo de Taburiente, y anclado en el interior de la caldera, emerge desafiando la ley de la gravedad. Próximo a su base se adivinan las casas de Tenerra y pequeñas zonas de cultivo aledañas, vistas casi desde su vertical como una lejana parcelación en el pinar circundante.

 

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Aunque el sendero no transcurre en todo momento por el mismo borde del anfiteatro, sino que va bordeando externamente los salientes y riscos, cada vez que nos asomamos al interior de la depresión, los sentidos son atrapados por el abismo imperante, el cual, en cada degollada y en cada garganta hace detener nuestra marcha, entrecortando la respiración, no solo por dejar de subir sino también por la exaltación emocional que provoca la magnitud vertical que se desploma a un lado de la senda, mientras ese vacío espacial no hace sino llenar nuestra experiencia montañera de inolvidables sensaciones. Al otro lado del continuo precipicio, un lugar pintoresco en la más apacible vertiente oeste y exterior de la caldera, es la Degollada del Estrabito, una ancha vaguada en el pinar que es el nacimiento de lo que más abajo se denomina Barranco del Jorado, el cual continuamos avistando su avance hacia las medianías, entre El Jesús y Tijarafe, y su posterior búsqueda de la costa entre invernaderos.

 

Cuando nos acercamos a los 2.000 m. de altitud el pinar se hace más ralo, apareciendo plantas típicas de la alta montaña canaria, como la crespa, alhelí, codeso de cumbre, tajinaste rosado, hierba pajonera, tonática, retamón, fistulera, rosalito, violeta de La Palma y rosal del guanche, algunas de las cuales en peligro de extinción, razón por la cual existen zonas valladas que las protegen de la depredación por parte de conejos, cabras y arruís.

 

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Finalmente llegamos a la base del Roque Palmero; el GR 131 pasa de largo junto a él, por lo que para subir a su redondeada cima es preciso desviarse un pequeño tramo de la ruta de la crestería. Desde su vistosa cumbre se divisa buena parte del interior de la caldera, con el Pico Bejenao, Punta de Los Roques y la vaguada de la Degollada del Río apreciándose en el otro extremo del anfiteatro, y detrás del Bejenao, se divisan el Valle de Aridane y las dorsales de Cumbre Nueva y de Cumbre Vieja,  La vista directa al interior de la depresión queda interrumpida en parte por el espigón que conduce al punto culminante o vértice del triangular Risco Liso, cuya brutal y colosal caída no puede ser contemplada desde aquí al encontrarnos desplazados hacia el exterior de su vertical, pero que se desploma súbitamente 1.000 m. sobre el fondo de la caldera.

14358729_1240869099312106_4903619309170700283_nMirando al norte encontramos la cima del Roque de Los Muchachos, a 2.426 m.s.n.m. y punto culminante de la crestería y por ende de la isla, destacando sobre paredones de recio basalto, alternando con zonas de almagre y potentes diques, al otro lado de la Degollada de Las Palomas, que da origen a un barranco interior, el de las Bombas de Agua, vertiginosa garganta que se abre paso a través del abismo, buscando las entrañas de este superlativo socavón en la corteza terrestre, abierto por pretéritos deslizamientos masivos y aumentados por la persistente erosión.

 

 

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Continuando con el extasiante recorrido visual por el perímetro del anfiteatro, no hacemos sino encontrar una sucesión roques o crestas, amén del Roque de Los Muchachos, como el Pico de La Cruz, Piedrallana, el Pico de La Nieve y Punta de Los Roques, como puntos cimeros que coronan afilados espigones, que a su vez confinan y guardan vertiginosas barranqueras y fugas, las cuales dan lugar a algunos barrancos interiores como los de Bombas de Agua, de Hoyo Verde, de Cantos de Turugumay, del Diablo, de Altaguna, del Almendro Amargo, de Rivanceras, de Taburiente, todos ellos convergentes en el embudo del Barranco de Las Angustias, la única escapatoria al mar de este despiadado hachazo en el corazón de la isla, una verdadera convulsión geológica, un espacio atormentado que consigue trasmitir todo lo contrario, paz y serenidad a quien lo contempla, saturando las retinas y cautivando los sentidos.

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