CUMBRE NUEVA

24 septiembre, 2016

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Texto y fotos de Salvador González Escovar.

La Dorsal de Cumbre Nueva es una pequeña hilera montañosa en la parte central de La Palma que une en forma de amplia vaguada la zona volcánica de Cumbre Vieja, al sur, con la arista oriental del Valle del Riachuelo, al norte.

14368792_1244329338966082_2808090665764991821_nLa ruta senderista comienza junto a la carretera que sube hacia el campamento de El Pilar por San Isidro, en la vertiente oriental de la isla.

 

El sendero, que alterna entre pistas de cemento, de tierra y de camino delimitado por muros de piedra bajo la bóveda forestal, va penetrando y ascendiendo paulatinamente por el monteverde que convive con huertos agrícolas y de pastos para el ganado principalmente vacuno. El bosque, sin tratarse de laurisilva puro, sí presenta especies botánicas que requieren cierto grado de humedad como laureles, brezos, fayas, acebiños, paloblancos, mocanes, sanguinos, follaos y barbusanos, árboles acompañados en el sotobosque por codesos, escobones, cerrajones, nomeolvides, malfuradas, salvias, algaritofes, patas de gallo, reinas de monte, capitanas, jaras, etc.

14354986_1244326762299673_8777691615640758751_nA mayor altura, a medida que ganamos altura por la ladera oriental de Cumbre Nueva, el sendero atraviesa la carretera citada anteriormente en un par de puntos, antes de que el bosque se haga más seco y aparezca el pinar con su cortejo florístico característico. El final de la subida, a unos 1.500 m. de altura, coincide con la llegada al refugio de El Pilar. A partir de aquí el paisaje cambia al comenzar a descender por el límite sur de la ladera occidental de Cumbre Nueva, en el lugar donde prácticamente se fusiona con la otra dorsal que se extiende hacia el sur de La Palma, que es la de Cumbre Vieja.

Descendiendo unos metros se nota la impronta volcánica de la antesala de esa cordillera dorsal que discurre hasta la Punta de Fuencaliente, en el extremo sur insular.

Pronto aparece una empinada piconera grisácea qué nos conduce a los también cenizos y volcánicos Llanos del Jable, de los que sobresalen las Montañas Quemada y de Enrique, situada entre nosotros y el Valle de El Paso.

14359120_1244326752299674_2172659221955547014_nAl llegar a esa explanada de los Llanos del Jable, el sendero, transformado en pista, pasa entre esas dos montañas y continua descendiendo entre pinar hacia El Paso, concretamente en dirección a Montaña Colorada, junto a la carretera que se dirige al oeste de la isla. Antes de seguir en ese camino puede ascenderse a la cercana cima de la empinada Montaña Quemada, con ensoñadoras vistas del Valle de Aridane, del Pico Bejenado, de la parte occidental de Cumbre Nueva y su continuación en la arista ascendente del Valle del Riachuelo hasta el saliente de Punta de Los Roques, uno de los miradores excepcionales de la Caldera de Taburiente. También se aprecia el inmenso cuenco del Barranco de Las Angustias, abierto al mar hacia el oeste de la caldera.

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Mirando al sur, laderas de lunático y desolado lapilli se combinan con el pinar, ascendiendo hasta las primeras cumbres de la dorsal de Cumbre Vieja, destacando el Pico Birigoyo por su forma piramidal y como la primera de ellas.

Por la ladera norte de este cono volcánico de la Montaña Quemada se aprecia el gran derrame de una extensa colada lávica que borró todo a su paso hace unos cinco siglos y que se dirige primero hacia el norte y posteriormente hacia el oeste penetrando en el Valle de El Paso. Parece la más extensa de todas las coladas de Cumbre Vieja, y por ende de la isla.

14344130_1244333465632336_6034379457030209244_nOtra alternativa es, desde el refugio de El Pilar, transitar por la pista forestal que recorre la arista de Cumbre Nueva en dirección norte, hasta el topónimo conocido como El Reventón, teniendo cada vez mejores perspectivas del Valle de Aridane, de la Montaña Quemada y de su desgarradora y siniestra lengua de lava solidificada, la cual vació las entrañas del volcán, también del cada vez más cercano Valle del Riachuelo, una de las entradas naturales de la Caldera de Taburiente, y finalmente en algunos puntos en los que los árboles que flanquean la pista dejan escapar la mirada hacia oriente, se divisa la verde vertiente del Valle de Las Breñas que muere en el azul del Atlántico.

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