SENDERO LA RAMA-TAMADABA (GRAN CANARIA)

1 septiembre, 2015

11800238_974285505970468_5449955340940396437_nEsta ruta comienza en el barrio de San Pedro, dentro del Valle de Agaete, de la que impresiona su vertiente sur, formando una imponente pared basáltica que se eleva vertiginosamente hasta el encuentro con el pinar de Tamadaba.  Desde esa localidad parte el conocido y tradicional “Camino de La Rama” que asciende hacia Tamadaba.

Mientras la vista se recrea en los puntiagudos, verticales e impresionantes escarpes rocosos que recortan el cielo o las nubes que frecuentemente barren la parte alta del macizo, vamos ascendiendo sobre el fondo del valle y en primer lugar a la Montaña Bisbique, situada a media ladera del barranco, formando un saliente en la misma y donde hay una era.

A partir de esa loma que ofrece buenas vistas de la costa noroeste insular y del fondo del Valle de Agaete, la senda se acerca a las laderas de Guayedra, en la parte occidental de Tamadaba que se derrumba sobre el mar. Una vez en la arista que nos une a esa salvaje vertiente de Guayedra y más allá de esa ladera, el inconfundible Roque Faneque forma el saliente montañoso más occidental y destacable del macizo, en un marco incomparable que hace volar los sentidos y pensamientos.

Seguimos subiendo siguiendo la arista y entramos en el pinar de Tamadaba, pinar denso y relativamente joven que oculta las bellezas del paisaje. Una variante de este tramo permite, desde poco después de pasar por Montaña Bisbique, subir a la Presa de Los Ancones a través de un empinado trayecto por rocas, salvando una barranquera repleta de helechos y otras plantas rupícolas como el amenazado algafitón de Tamadaba, fuga que desciende desde la parte cimera de Tamadaba. Ya en pleno pinar de Tamadaba desciende la pendiente de las pistas y senderos que nos marcan la ruta a seguir, pudiendo transitar sobre los cortados que hasta las estribaciones de Faneque separan el pinar de las laderas semidesnudas de Guayedra, y llegando hasta la zona recreativa de los Llanos del Mimbre, enclavada casi en los bordes del continuo precipicio.

La vista a través de colosales fugas y vertiginosos y angostos barrancos como el Barranco Oscuro nos hacen flotar sobre el abismo en grado superlativo y cientos de metros sobre las tierras costeras de Tamadaba, en el mejor de los vuelos virtuales, sintiendo como el vacío trasmite sensaciones contrapuestas a la vez, como son la intimidación y la atracción.

Texto y foto: Salvador González Escovar

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