MONTAÑA DE GUAJARA

21 junio, 2015

Montaña de GuajaraLa montaña de Guajara, con sus 2.715 metros de altura sobre el nivel del mar, es el punto más elevado del Circo de Las Cañadas del Teide, anfiteatro que rodea el parque nacional por el sur. El pico se localiza en la parte central del circo montañoso, el cual presenta un perfil prácticamente vertical en la vertiente que se desploma en el fondo de la caldera de Las Cañadas, siendo más suave en la cara que se eleva sobre los extensos pinares de la vertiente sur de la isla.

Desde el parador de turismo se puede ascender a la cima de Guajara, pasando en un primer momento por las inmediaciones de la Cañada del Capricho, curiosas formaciones geológicas de matiz ocre que resaltan en el entorno puramente volcánico.

Posteriormente se asciende por la ladera norte del anfiteatro hasta la Degollada de Ucanca o del Riachuelo, que es una encrucijada de senderos que nos permiten tantas opciones como puntos cardinales existen en un mapa; elegimos el sendero que va hacia oriente subiendo por el lado oeste de la montaña, para luego transitar por uno de los andenes de la vertical y escarpada cara norte de Guajara. El sendero se eleva paulatinamente sobre y bajo las paredes verticales que parecen estrechar el cerco en dichos andenes localizados entre farallones.

Esta abrupta vertiente se reparte entre pared rocosa vertical y vertiginosas laderas formadas por amontonamientos de caóticos derrubios y desprendimientos, que alcanzan el cada vez más lejano fondo. La senda transita por el reducido espacio entre pared y pared, como si se tratara de vigorosos escalones unidos por angostos andenes que se elevan hasta la cumbre.

La panorámica desde la cumbre de Guajara permite extasiarse y es sublime, al encontrarnos en el punto más alto del continuo despeñadero de las laderas del anfiteatro, debido a la amplitud de miras desde Izaña hasta el Roque del Cedro, contemplando la desolada y primigenia tierra volcánica y el brutal contraste entre las apacibles y pálidas cañadas con las sepultadoras coladas de lava, inmortalizadas en oscuros y siniestros malpaíses como el Tabonal Negro y el Valle de Las Piedras Arrancadas, los cuales surgieron de las laderas de Montaña Blanca, en el flanco suroriental del Teide.

A nuestros pies tenemos un entorno lunático y caótico, como si el infierno estuviera cerca en el espacio y en el tiempo, pero esa sensación de violencia interna vomitada desde la morada de Guayota consigue trasmitirme todo lo contrario, paz y serenidad, como si los vestigios de la furia del destructivo y a la vez renovador interior terrestre me condujeran al paraíso terrenal.

Cada cañada o planicie de pálida piedra pómez tiene un nombre, y se reparten por la base del anfiteatro y por el vasto territorio comprendido entre los Roques del Cedro, al oeste y los de La Fortaleza, al este, divisando desde arriba algunas como la Cañada del Capricho, la de La Grieta, la del Montón de Trigo, la de La Camellita y la de La Mareta. La más extensa es el Llano de Ucanca, bajo las Cumbres de Ucanca, que une la base del anfiteatro con la del complejo Teide-Pico Viejo.

La primavera llega tardía a estas cumbres, pero cuando lo hace, reviste el paisaje con todo su esplendor. La belleza geológica se adorna con las flores violetas del alhelí y de la tonática, las flores amarillas del codeso, del turgayte, de la flor de malpaís, de la hierba pajonera y de la estornudera, las flores blancas o rosadas de la retama, el perejil de cumbre, de la chahorra y de la margarita, las flores rojas del tajinaste rojo y las flores malva claro del rosalito.

Se puede descender de la Montaña Guajara por su flanco oriental hasta la Degollada de Guajara, que es la cabecera de un gran barranco que agrieta la vertiente sur de Tenerife, el Barranco del Río, contemplando su recortado y vertiginoso tramo alto, que progresivamente se va invadiendo por el pinar canario conforme serpentea y se retuerce hacia las medianías, formando una cicatriz abierta en la corteza terrestre. Encontrarse en la cabecera de un tajo importante como éste siempre me resulta especial, ya que parece tener vida propia: nace, se ahonda, se ramifica y finalmente sucumbe violenta o apaciblemente en el océano. El paisaje insular no sería lo mismo sin ellos. El tajo se divide en dos ramales en el tramo alto rodeando cada uno de ellos la Montaña Pasajirón por el este y por el oeste.

Desde la degollada se puede seguir cresteando hacia el este por el Filo de Las Cañadas, subiendo los siguientes escarpes de Pasajirón y el Roque de La Grieta, recorriendo de esa manera la parte más elevada del Circo de Las Cañadas, aparte de Guajara, con alturas que superan los 2.500 metros en esas cotas elevadas.

También se puede descender a la pista de Las Siete Cañadas, retornando al punto de partida de la ruta, o el tramo más largo, bajar a la zona de pinares de Madre del Agua, descendiendo por la ladera sur de Guajara y el Volcán de Las Arenas, pasando también por las pintorescos y curiosos enclaves geológicas del Paisaje Lunar, testigo de la incesante erosión de los agentes atmosféricos sobre formaciones pumíticas.

Texto y foto de Jesús Salvador González Escovar

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