BOSQUE TERMÓFILO

11 octubre, 2011

El bosque termófilo en Canarias.

A cierta altura, las comunidades florísticas del piso basal del Archipiélago canario se enriquecen con elementos del prebosque, formando el ecosistema transición entre el cardonal-tabaibal y el monteverde, en las vertientes norte, y aquel y el pinar en las laderas a sotavento.

La coincidencia espacial de los primeros asentamientos rurales con los dominios del bosque termófilo, supuso en muchos casos la desaparición o deterioro de esta formación vegetal. A partir de los siglos XVI y XVII estos bosques de las zonas bajas y de medianías fueron ocupados por cultivos y núcleos urbanos, con lo que se taló casi la totalidad del bosque termófilo, quedando hoy en día sólo algunos vestigios diseminados de lo que fue uno de los bosques más ricos de Canarias.

En la actualidad encontramos lugares donde sobreviven elementos arbóreos dispersos de este ambiente, caracterizados por almácigos (Pistacia atlantica), lentiscos (Pistacia lentiscus), acebuches (Olea eropaea ssp. cerasiformis), dragos (Dracaena draco), palmeras canarias (Phoenix canariensis), sabinas (Juniperus turbinata ssp. canariensis), peralillos (Maytenus canariensis), marmulanes (Sideroxilon marmulano), y en la frontera con el monteverde aparecen también barbusanos (Apollonias barbujana), mocanes (Visnea mocanera), madroños (Arbutus canariensis), e incluso sanguinos (Rhamnus glandulosa) y delfinos (Pleiomeris canariensis). En muchos casos, al coincidir con la zona de cultivos de las medianías, la biodiversidad de este ecosistema nos muestra el grado y tipo de intervención a la que se ha sometido, siendo difícil encontrar un porcentaje significativo de esos árboles conviviendo juntos, bien sea debido a las diferentes condiciones ambientales que estas especies requieren, o a la excesiva fragmentación que han sufrido estos bosques por parte del hombre. En otros casos se trata de formaciones dominadas por una especie, como palmerales, frecuentes en las islas orientales, sabinares y acebuchales, situados en cauces y laderas de barrancos, a salvo de la influencia humana.

Posiblemente, estos ambientes fueron los más ricos y diversos de las islas. Su posición en la frontera real entre dos pisos bioclimáticos se manifiesta por la convivencia de especies de ambos, junto a otras exclusivas de este ambiente.

Este tipo de vegetación sólo se conserva, como ya se ha indicado, de forma aislada y fragmentada que ocupan, en general, zonas escarpadas e inaccesibles, de escaso interés para las actividades humanas, o también como sabinares, acebuchales y palmerales más o menos extensos, sobre todo en La Gomera y Gran Canaria, pero empobrecidos en cuanto a su composición florística.

Numerosos arbustos endémicos de la Región macaronésica, de Canarias, insulares e incluso locales se hallan en estas comunidades, pudiendo formar estructuras cerradas e intrincadas, como sucede con granadillos (Hypericum canariense), balos (Plocama pendula), vinagreras (Rumex lunaria) retamares de retama blanca (Retama monosperma) y guaydiles (Convolvulus floridus). Otras hierbas y arbustos comunes son el espinero (Rhamnus crenulata), chaorras (Sideritis sp.), poleos (Bystropogon sp.), magarzas (Argyranthemum sp.), mato risco (Lavandula canariensis), tabaibas (Euphorbia sp.), tedera salvaje (Ruta sp.), Duraznillo (Messerschmidia fruticosa), tomillos (Micromeria sp.), incienso (Artemisa canariensis), orobal (Withania aristata), jazmín (Jasminum odoratissimum), lengua de pájaro (Globularia salicina), jaguarzo (Cistus monspeliensis), tasaigo (Rubia fruticosa), faro (Allagopappus dichotomus), tajinastes (Echium sp.), corona de la reina (Gonspermum sp.), corazoncillos (Lotus sp.), escobones ( Teline sp.), jocama (Teucrium heterophyllum), espina blanca (Asparagus scoparius), cabezote (Carlina salicifolia) y cornical (Periploca laevigata), junto a otros elementos más raros como el moralito (Rhamnus integrifolia), malva de risco (Lavatera acerifolia), oro de risco (Anagyris latifolia), cabezones (Cheirolophus sp.), trébol de risco (Dorycnium sp.), rosalitos ( Pterocephalus sp.), Buplerum sp., Convolvulus sp., dama (Parolinia sp.) y el palo de sangre (Marcetella moquiniana). También destacan las comunidades rupícolas, las cuales crecen en riscos y paredes, como las cerrajas (Sonchus sp.), oreja de ratón (Aichryson sp.), pastel de risco (Greenovia sp.), cruzadilla (Hypericum reflexum), col de risco ( Crambe sp.), culantrillo (Pimpinella sp.), Monanthes sp., Tolpis sp. y bejeques (Aeonium sp.). En los lugares más húmedos podemos encontrar siemprevivas (Limonium sp. ), malfuradas ( Hypericum grandifolium), flores de mayo (Pericallis sp.), sauces (Salix canariensis) y batatilla (Davallia canariensis).

La flora del sotobosque puede enriquecerse al acercarnos al límite superior del bosque termófilo, cuando por encima se dan las condiciones para el desarrollo del monteverde, no ocurriendo lo mismo en las vertientes a sotavento porque el pinar es un ecosistema pobre en especies botánicas.

La fauna de los bosques termófilos tiene pocos elementos exclusivos de este piso, y la mayoría de ellos frecuenta tanto las zonas áridas inferiores como los bosques del piso montano.

Entre los insectos e invertebrados artrópodos más comunes podemos citar a los saltamontes (Oedipoda canariensis y Acrotylus insubricus), la araña de las piteras (Cyrtophora citricola), el robusto escarabajo rinoceronte (Oryctes nasicornis), la cochinilla de la tunera (Dactylopius coccus) que vive sobre la tunera (Opuntia ficus-barbarica) y la tunera india (Opuntia dillenii), plantas exóticas que junto a las también foráneas piteras (Agave americana) constituyen parte inseparable de los paisajes de las zonas bajas y medias, y compitiendo por el espacio y los nutrientes con la flora natural de la Islas Canarias.

Dentro de los invertebrados no artrópodos, sobresale el grupo de los moluscos terrestres, como la chuchanga (Hemicycla chersa), caracol endémico, propio también del cardonal-tabaibal y fácilmente diferenciable por las características bandas de crecimiento de su concha.

También habitan reptiles como el lagarto tizón (Gallotia galloti), lisas (Chalcides sp.) y perenquenes (Tarentola sp.).

Numerosas aves encuentran cobijo y alimento en los palmerales. El mirlo (Turdus merula cabrerae) y el cuervo (Corvus corax) se alimentan de sus dátiles, mientras que el herrerillo (Parus caeruleus), pequeño pájaro que ha diferenciado cuatro subespecies en el archipiélago, atrapa insectos en los repliegues del tronco. El buho chico (Asio otus canariensis) utiliza frecuentemente las palmeras para anidar. Otras aves que se pueden observar ocasionalmente en estos ambientes son el mosquitero (Phylloscopus collybita canariensis), la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala leucogastra), el canario (Serinus canaria), el bisbita caminero (Anthus berthelotii berthelotii), la curruca tomillera (Sylvia conspicillata orbitalis), la abubilla (Upupa epops ), la perdiz moruna ( Alectoris barbara koenigi) , el triguero (Emberiza calandra thanneri) o el ratonero común (Buteo buteo insularum).

Las sabinas también son fuente de alimento para el cuervo, que al comer sus frutos colabora en la difícil dispersión de estos árboles.

Otras aves, como el cernícalo (Falco tinnunculus canariensis), la paloma bravía (Columba livia canariensis) y el vencejo unicolor (Apus unicolor) anidan en los escarpados riscos de los barrancos, mientras que la lavandera cascadeña o alpispa (Motacilla cinerea canariensis) está ligada a los arroyos y saucedas, alimentándose de insectos acuáticos.

En los acantilados costeros anidan aves pelágicas como la pardela cenicienta (Calonectris diomedea borealis), el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii), el paiño de Madeira (Oceanodroma castro), e incluso el águila pescadora (Pandion haliaetus haliaetus).

Características ambientales

Clima: Mediterráneo seco.

Piso bioclimático: Termomediterráneo seco.

Franja altitudinal: 200-700 metros, en función de la isla de que se trate y de la orientación dentro de la misma isla. En general, en las zonas norte la franja altitudinal de este ecosistema abarca desde los 200 hasta los 500 metros de altura, y en la zona sur desde 400 a 700 metros.

Precipitación anual: 350-600 mm., concentrada en invierno.

Temperatura media anual: 18-20ºC. al sur y entre 15 y 18ºC al norte, sin heladas.

Insolación: media, cierta influencia del mar de nubes que hace disminuir la radiación solar.

Suelos: neutros, moderadamente húmedos y muy arcillosos.

Período de descanso: invierno (árboles)

Humedad relativa variable con una media anual del 60%.

Amenazas: asentamientos humanos, pastoreo, talas para cultivos, utensilios agrícolas…

Hay que mencionar la amenaza que supone la erosión hídrica que sufren los suelos de estos ecosistemas por tratarse, en la mayoría de los casos, de un bosque abierto en el que el sustrato no está protegido por las copas de los árboles y de una orografía con marcadas pendientes que impide la acumulación de nutrientes, que junto a lo reducido y fragmentado que se encuentran estas áreas, determina que muchas especies botánicas de las enumeradas anteriormente se encuentren amenazados de extinción o en situación vulnerable, como algunas siemprevivas, cabezones, rosalitos, chaorras, coles de risco, magarzas, etc, o en otros casos por tratarse de plantas con una distribución espacial muy localizada. A esto se añade determinadas prácticas agrícolas como la sustitución de abonos naturales por fertilizantes químicos que propician la mineralización del suelo y el abandono de cultivos en laderas de elevada pendiente.

Así, en el conjunto de la flora de la zona costera y la de los ambientes termófilos existen 158 especies vegetales amenazadas, lo que supone el 64%de toda la flora canaria amenazada. De esas 158, 90 se encuentran en peligro de extinción y las restantes 68 en situación vulnerable.

La distribución potencial del bosque termófilo abarca todas las islas, con escasas manifestaciones en las partes más altas (por encima de los 500 metros de altitud) de Fuerteventura y Lanzarote, si prescindimos de los palmerales naturales o seminaturales presentes en estas dos islas.

Lugares:

El Hierro: La Dehesa, laderas de la zona sur, riscos de El Golfo, Tibataje.

La Gomera: Laderas de Vallehermoso, Roque Cano, laderas de Agulo y Hermigüa, Barranco de Valle Gran Rey, Alojera, Barranco del Cabrito, Taguluche, Tazo, Epina.

Tenerife: Riscos de Teno y de Buenavista, Laderas de Los Silos, Cuevas Negras, Interián, Acantilados de La Culata, Las Furnias (Icod) y Anaga ( Afur, Laderas de Bajamar, Aguirre, El Draguillo, Las Palmas, Ijuana, Valle Brosque y de Crispín, Barranco del Cercado, Anosma), algunos barrancos del Sur (Barranco de El Rey, del Infierno, del Río, de Tamadaya y de Erques), Ladera de Güimar, Barranco de Badajoz y del Río (Güimar), Ladera de Tigaiga, Ladera de Santa Ursula y Barranco de Ruiz.

Lanzarote: Macizo de Famara.

Fuerteventura: cotas del Macizo de Jandía y de Betancuria.

Gran Canaria: Bandama, Tamadaba, Los Marteles, Barranco de los Cernícalos, Valle de Agaete, Güigüí, Fataga, Tafira, Pilancones.

La Palma: Barranco del Agua, Juan Mayor, Barranco del Jorado, Guelguén, Barranco de Franceses, Barranco de Gallegos, Las Breñas.

Texto escrito por Salvador González Escovar

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