A lo largo de los tiempos históricos y sobre todo en la pequeña era glacial del siglo XIX, tanto en Canarias como en el noroeste de Africa se produjo un efecto de aridificación, muy acentuado durante los últimos siglos. Existen crónicas que hacen pensar que en los siglos XVII, XVIII, e incluso durante la primera mitad del siglo XX, Canarias, en general, era más húmeda.

Tal vez la pertinaz sequía de África occidental durante las últimas décadas haya influido en el clima de Canarias; para algunos autores, aquella se explica mediante las variaciones en la temperatura superficial del mar del océano Atlántico, especialmente en el Golfo de Guinea. Un aumento de las temperaturas de esas aguas ha favorecido unas condiciones de sequía en el Sahel, como consecuencia de las alteraciones registradas en la circulación atmosférica y en el transporte de humedad en los trópicos.

Lo que está claro es que, al igual que en el vecino continente, la vegetación insular ha sufrido importantes alteraciones de naturaleza antrópica, con modificaciones en las masas forestales hasta el punto de casi desaparecer el fayal-brezal y la laurisilva, antes muy abundantes. El deterioro fue debido al aprovechamiento intensivo del monte, prácticas agrícolas con la introducción de la caña y, últimamente por el desenfrenado proceso urbanizador. Aparte de humidificar la atmósfera, disminuir los contrastes térmicos, frenar la erosión, atraer las lluvias y aumentar la captación hídrica atmosférica y edáfica, la vegetación y sus restos en descomposición pueden suministrar una concentración importante de núcleos de condensación a la atmósfera, núcleos que de hecho intervienen en la formación de gotitas nubosas, en el posterior crecimiento y acreción de éstas y en la consiguiente precipitación. De los estudios realizados parece desprenderse que los núcleos orgánicos son más favorables para la precipitación que los inorgánicos, porque estos requieren temperaturas más bajas en el interior de las nubes para llevar a cabo la congelación.

 El proceso de desertización en Canarias se aceleró en el siglo XIX; los registros de lluvias son mucho más bajos actualmente que los datos inferidos mediante referencias históricas relativamente recientes.

En cuanto a las temperaturas, según datos de la estación de Izaña, la temperatura media anual ha subido1ºCdesde 1916 en ese lugar, y2ºCen Los Rodeos desde 1943, que a juicio de los expertos es mucho, si bien el hecho de carecer de datos anteriores a esa fecha dificulta la elaboración de conclusiones importantes.

De cara al futuro, algunos modelos climáticos globales preven, que como consecuencia del calentamiento global, las precipitaciones medias anuales en la banda latitudinal centrada en 30ºN disminuirán, a la vez que aumentan las temperaturas en las regiones subtropicales en mayor medida que en las ecuatoriales. Como consecuencia de eso, el gradiente térmico medio anual entre el ecuador y los subtrópicos disminuirá, lo que puede inducir un debilitamiento progresivo de los vientos alisios, que como se ha señalado son más persistentes durante el verano; esa menor actividad podría provocar una mayor influencia del árido clima norteafricano en las islas y una mayor frecuencia de largos períodos de sequía y olas de calor procedentes del vecino continente, sobre todo en verano, cuando en el Sáhara se establece una baja térmica que envía aire seco y cálido hacia las Islas.

El clima de Canarias está gobernado durante gran parte del año por el Anticiclón de Las Azores. Ese anticiclón es consecuncia de la circulación dela Célulade Hadley, existente una en cada hemisferio, que consiste en lo siguiente: las masas de aire se elevan, como consecuencia del gran calentamiento y evaporación del agua marina de grandes zonas oceánicas de la región ecuatorial, hasta alcanzar los niveles altos de la troposfera, para luego dirigirse en altura hacia latitudes en torno a 30º de latitud norte y sur, y luego originar zonas de subsidencia o de descenso de masas de aire en los dos hemisferios, que son las que crean los anticiclones marítimos y en superficie alrededor de esa latitud geográfica. Posteriormente se cierra la circulación dela Célulade Hadley con un flujo superficial hacia la zona ecuatorial, de norte a sur en el hemisferio norte, hasta converger nuevamente en el ecuador del planeta (o más concretamente en la zona de convergencia intertropical, la cual se desplaza ligeramente al norte del ecuador en verano y al sur del mismo en invierno) el flujo de ambos hemisferios terrestres, y el ciclo vuelve a repetirse. En el hemisferio norte, debido a la rotación deLa Tierray a la fuerza de Coriolis, ese flujo de los vientos en superficie de norte a sur se transforma en los conocidos vientos alisios de predominante dirección noreste sobre las Islas Canarias.

En la situación típica del verano en las islas, la rama superior de la célula de Hadley, la que avanza hacia el norte en altura, llega a mayor latitud porque porta más energía térmica procedente del ascenso de masas de aire de la zona de convergencia intertropical, lo que hace que en esa estación climática, el anticiclón derive al norte. Si como predicen los modelos climáticos, el invierno se retrasa y la primavera se adelanta, particularmente en estas latitudes (hecho que ya se ha observado en la floración anticipada de algunas plantas, aquí y en otras partes del mundo), puede ser debido en parte a esta deriva del anticiclón hacia latitudes más altas, lo cual bloquea la irrupción de borrascas atlánticas, no sólo en verano, que es lo habitual, sino también en otras épocas del año.

Otra posibilidad es que debido a la intensificación de la rama superior dela Célulade Hadley aumente la curvatura de las ondulaciones en el flujo de la alta troposfera, hecho que puede hacer desplazar la dorsal anticiclónica oceánica hacia el este, y la acción de las secas y cálidas advecciones africanas sería mayor.

El régimen de los alisios, al transportar grandes masas superficiales de agua hacia el oeste, interviene directamente en el afloramiento de aguas frías y profundas en el margen noroccidental de Africa, y si, por tanto, los vientos se debilitan, aumentaría la temperatura del agua superficial marina al ser menor el flujo ascendente de agua profunda. Una mayor temperatura superficial aportaría mayor vapor de agua a la atmósfera, pero en una atmósfera más cálida, las nubes se formarían a mayor altura, y la inversión de subsidencia, en caso de existir, estaría también a mayor altura, inversión térmica que es una consecuencia directa de la intensidad de la subsidencia anticiclónica. También cabría pensar que una inversión térmica a mayor altura en una atmósfera más húmeda e inestable podría hacer aumentar las precipitaciones en las islas, pero también es verdad que, actualmente, la mayoría de las borrascas que afectan a Canarias se originan mediante perturbaciones en el jet stream, o corriente en chorro, y como según algunas hipótesis es probable que, debido al gran calentamiento de la alta troposfera tropical, ese flujo se desplace hacia el norte, y este hecho podría dejar a Canarias fuera del radio de acción de las ondulaciones. El debilitamiento de los alisios, con la consiguiente merma en el aporte de humedad, o simplemente la variación altitudinal de la capa de estratocúmulos, podrían afectar seriamente a la biodiversidad de los bosques de laurisilva de las islas centrales y occidentales, aumentando el stress hídrico de las especies botánicas más sensibles a la gran humedad ambiental, lo que repercutiría en un empobrecimiento de la biodiversidad de esos húmedos bosques, que serían los ecosistemas más perjudicados por el cambio climático en Canarias.

El aumento de la temperatura superficial marina de las aguas canarias puede alterar las rutas migratorias de algunos cetáceos y aves marinas que regularmente visitan las islas, así como disminuir la productividad del caladero pesquero canario-sahariano, de la que depende muchas especies de fauna, y también la de los cultivos agrícolas, al aumentar la demanda de agua, unida a la creciente escasez de recursos hídricos y al aumento del precio de los productos.

Otra posibilidad que puede inducir una mayor temperatura superficial marina es que aumenta la intensidad y frecuencia de los fenómenos tormentosos, o que las cada vez más frecuentes tormentas tropicales originadas en la parte occidental del Océano Atlántico varíen su trayectoria hacia las aguas canarias (recordemos el fenómeno de la tormenta tropical Delta del año 2005 que afectó a las islas), provocando devastadores efectos en bienes personales, cultivos agrícolas y aumentando la erosión en los terrenos con escasa vegetación y de elevada pendiente.

A nivel global, y por tanto en Canarias también, los efectos del cambio climático, se especula que sean provocar más periodos de sequía y más intensos, a la vez que aumentar la intensidad de las lluvias torrenciales, concentradas en breves intervalos de tiempo. Al disminuir la diferencia térmica entre el ecuador y las zonas polares (porque  se prevee que éstas se calienten más deprisa que el ecuador), se altera la circulación oceánica profunda y superficial, al mismo tiempo que la corriente en chorro de la alta troposfera sufrirá ondulaciones más pronunciadas, originando vaguadas de aire frío y dorsales de aire cálido, ambas en altura, y las dorsales podrán acarrear más frecuentes e intensas olas de calor, en Canarias alternadas con ocasionales olas de frío y fenómenos tormentosos asociados a las vaguadas del  jet stram.

Por otra parte, en verano suele instalarse una baja presión de origen térmico en el norte de África, consecuencia del calentamiento de una gran extensión de terreno, la cual envía aire seco y cálido sobre las islas debido a la circulación de los vientos en torno a dicha baja térmica. Con el calentamiento global, si aumenta aún más la temperatura superficial de esa parte del continente vecino, cabe pensar en una intensificación y duración de los periodos de calima africana en verano, originando, entre otros efectos, una mayor sequedad ambiental, escasez de recursos hídricos y una barrera que impide la dispersión en altura de la contaminación de las ciudades, tráfico, industrias, etc, además de provocar afecciones en las vías respiratorias de las personas sensibles. Si esto va unido a un debilitamiento o alteración del régimen de alisios, la influencia del cálido y seco clima africano cada vez será mayor en las islas.

De igual manera, un desplazamiento del anticiclón de Las Azores (responsable de la humedad y del flujo de los vientos alisios) fuera de su lugar habitual,  hacia el  norte de África, o hacia el sur de Europa, provocaría un flujo de aire más seco sobre las islas, al disminuir el recorrido marítimo de los vientos enviados por dicho anticiclón. Esa situación meteorológica se observa actualmente en invierno en Canarias, cuando ocasionalmente el anticiclón de Las Azores se establece sobre las grandes extensiones continentales frías, típicas de la estación invernal.

De todo esto se deduce que la región de Canarias, a pesar de la gran inercia térmica del océano que la rodea, que en principio ralentizaría el cambio climático, es muy sensible al calentamiento global al encontrarse próxima al continente africano, y sujeta al régimen de alisios y ala CorrienteMarinaFría de Canarias.

Más allá de la frialdad de los datos del aumento de la temperatura media anual unos pocos grados en cuestión de décadas, o de la subida del nivel del mar unos cuantos centímetros, una alteración en estas dos particularidades climáticas de Canarias, régimen de alisios y corriente fría de Canarias, dependiente la una de la otra, en una escala de tiempo de unas pocas generaciones humanas, puede alterar los patrones climáticos en las islas, así como inducir cambios drásticos en la biodiversidad terrestre y marina.

Artículo escrito por Salvador González Escovar 

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BOSQUE TERMÓFILO

11 octubre, 2011

El bosque termófilo en Canarias.

A cierta altura, las comunidades florísticas del piso basal del Archipiélago canario se enriquecen con elementos del prebosque, formando el ecosistema transición entre el cardonal-tabaibal y el monteverde, en las vertientes norte, y aquel y el pinar en las laderas a sotavento.

La coincidencia espacial de los primeros asentamientos rurales con los dominios del bosque termófilo, supuso en muchos casos la desaparición o deterioro de esta formación vegetal. A partir de los siglos XVI y XVII estos bosques de las zonas bajas y de medianías fueron ocupados por cultivos y núcleos urbanos, con lo que se taló casi la totalidad del bosque termófilo, quedando hoy en día sólo algunos vestigios diseminados de lo que fue uno de los bosques más ricos de Canarias.

En la actualidad encontramos lugares donde sobreviven elementos arbóreos dispersos de este ambiente, caracterizados por almácigos (Pistacia atlantica), lentiscos (Pistacia lentiscus), acebuches (Olea eropaea ssp. cerasiformis), dragos (Dracaena draco), palmeras canarias (Phoenix canariensis), sabinas (Juniperus turbinata ssp. canariensis), peralillos (Maytenus canariensis), marmulanes (Sideroxilon marmulano), y en la frontera con el monteverde aparecen también barbusanos (Apollonias barbujana), mocanes (Visnea mocanera), madroños (Arbutus canariensis), e incluso sanguinos (Rhamnus glandulosa) y delfinos (Pleiomeris canariensis). En muchos casos, al coincidir con la zona de cultivos de las medianías, la biodiversidad de este ecosistema nos muestra el grado y tipo de intervención a la que se ha sometido, siendo difícil encontrar un porcentaje significativo de esos árboles conviviendo juntos, bien sea debido a las diferentes condiciones ambientales que estas especies requieren, o a la excesiva fragmentación que han sufrido estos bosques por parte del hombre. En otros casos se trata de formaciones dominadas por una especie, como palmerales, frecuentes en las islas orientales, sabinares y acebuchales, situados en cauces y laderas de barrancos, a salvo de la influencia humana.

Posiblemente, estos ambientes fueron los más ricos y diversos de las islas. Su posición en la frontera real entre dos pisos bioclimáticos se manifiesta por la convivencia de especies de ambos, junto a otras exclusivas de este ambiente.

Este tipo de vegetación sólo se conserva, como ya se ha indicado, de forma aislada y fragmentada que ocupan, en general, zonas escarpadas e inaccesibles, de escaso interés para las actividades humanas, o también como sabinares, acebuchales y palmerales más o menos extensos, sobre todo en La Gomera y Gran Canaria, pero empobrecidos en cuanto a su composición florística.

Numerosos arbustos endémicos de la Región macaronésica, de Canarias, insulares e incluso locales se hallan en estas comunidades, pudiendo formar estructuras cerradas e intrincadas, como sucede con granadillos (Hypericum canariense), balos (Plocama pendula), vinagreras (Rumex lunaria) retamares de retama blanca (Retama monosperma) y guaydiles (Convolvulus floridus). Otras hierbas y arbustos comunes son el espinero (Rhamnus crenulata), chaorras (Sideritis sp.), poleos (Bystropogon sp.), magarzas (Argyranthemum sp.), mato risco (Lavandula canariensis), tabaibas (Euphorbia sp.), tedera salvaje (Ruta sp.), Duraznillo (Messerschmidia fruticosa), tomillos (Micromeria sp.), incienso (Artemisa canariensis), orobal (Withania aristata), jazmín (Jasminum odoratissimum), lengua de pájaro (Globularia salicina), jaguarzo (Cistus monspeliensis), tasaigo (Rubia fruticosa), faro (Allagopappus dichotomus), tajinastes (Echium sp.), corona de la reina (Gonspermum sp.), corazoncillos (Lotus sp.), escobones ( Teline sp.), jocama (Teucrium heterophyllum), espina blanca (Asparagus scoparius), cabezote (Carlina salicifolia) y cornical (Periploca laevigata), junto a otros elementos más raros como el moralito (Rhamnus integrifolia), malva de risco (Lavatera acerifolia), oro de risco (Anagyris latifolia), cabezones (Cheirolophus sp.), trébol de risco (Dorycnium sp.), rosalitos ( Pterocephalus sp.), Buplerum sp., Convolvulus sp., dama (Parolinia sp.) y el palo de sangre (Marcetella moquiniana). También destacan las comunidades rupícolas, las cuales crecen en riscos y paredes, como las cerrajas (Sonchus sp.), oreja de ratón (Aichryson sp.), pastel de risco (Greenovia sp.), cruzadilla (Hypericum reflexum), col de risco ( Crambe sp.), culantrillo (Pimpinella sp.), Monanthes sp., Tolpis sp. y bejeques (Aeonium sp.). En los lugares más húmedos podemos encontrar siemprevivas (Limonium sp. ), malfuradas ( Hypericum grandifolium), flores de mayo (Pericallis sp.), sauces (Salix canariensis) y batatilla (Davallia canariensis).

La flora del sotobosque puede enriquecerse al acercarnos al límite superior del bosque termófilo, cuando por encima se dan las condiciones para el desarrollo del monteverde, no ocurriendo lo mismo en las vertientes a sotavento porque el pinar es un ecosistema pobre en especies botánicas.

La fauna de los bosques termófilos tiene pocos elementos exclusivos de este piso, y la mayoría de ellos frecuenta tanto las zonas áridas inferiores como los bosques del piso montano.

Entre los insectos e invertebrados artrópodos más comunes podemos citar a los saltamontes (Oedipoda canariensis y Acrotylus insubricus), la araña de las piteras (Cyrtophora citricola), el robusto escarabajo rinoceronte (Oryctes nasicornis), la cochinilla de la tunera (Dactylopius coccus) que vive sobre la tunera (Opuntia ficus-barbarica) y la tunera india (Opuntia dillenii), plantas exóticas que junto a las también foráneas piteras (Agave americana) constituyen parte inseparable de los paisajes de las zonas bajas y medias, y compitiendo por el espacio y los nutrientes con la flora natural de la Islas Canarias.

Dentro de los invertebrados no artrópodos, sobresale el grupo de los moluscos terrestres, como la chuchanga (Hemicycla chersa), caracol endémico, propio también del cardonal-tabaibal y fácilmente diferenciable por las características bandas de crecimiento de su concha.

También habitan reptiles como el lagarto tizón (Gallotia galloti), lisas (Chalcides sp.) y perenquenes (Tarentola sp.).

Numerosas aves encuentran cobijo y alimento en los palmerales. El mirlo (Turdus merula cabrerae) y el cuervo (Corvus corax) se alimentan de sus dátiles, mientras que el herrerillo (Parus caeruleus), pequeño pájaro que ha diferenciado cuatro subespecies en el archipiélago, atrapa insectos en los repliegues del tronco. El buho chico (Asio otus canariensis) utiliza frecuentemente las palmeras para anidar. Otras aves que se pueden observar ocasionalmente en estos ambientes son el mosquitero (Phylloscopus collybita canariensis), la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala leucogastra), el canario (Serinus canaria), el bisbita caminero (Anthus berthelotii berthelotii), la curruca tomillera (Sylvia conspicillata orbitalis), la abubilla (Upupa epops ), la perdiz moruna ( Alectoris barbara koenigi) , el triguero (Emberiza calandra thanneri) o el ratonero común (Buteo buteo insularum).

Las sabinas también son fuente de alimento para el cuervo, que al comer sus frutos colabora en la difícil dispersión de estos árboles.

Otras aves, como el cernícalo (Falco tinnunculus canariensis), la paloma bravía (Columba livia canariensis) y el vencejo unicolor (Apus unicolor) anidan en los escarpados riscos de los barrancos, mientras que la lavandera cascadeña o alpispa (Motacilla cinerea canariensis) está ligada a los arroyos y saucedas, alimentándose de insectos acuáticos.

En los acantilados costeros anidan aves pelágicas como la pardela cenicienta (Calonectris diomedea borealis), el petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii), el paiño de Madeira (Oceanodroma castro), e incluso el águila pescadora (Pandion haliaetus haliaetus).

Características ambientales

Clima: Mediterráneo seco.

Piso bioclimático: Termomediterráneo seco.

Franja altitudinal: 200-700 metros, en función de la isla de que se trate y de la orientación dentro de la misma isla. En general, en las zonas norte la franja altitudinal de este ecosistema abarca desde los 200 hasta los 500 metros de altura, y en la zona sur desde 400 a 700 metros.

Precipitación anual: 350-600 mm., concentrada en invierno.

Temperatura media anual: 18-20ºC. al sur y entre 15 y 18ºC al norte, sin heladas.

Insolación: media, cierta influencia del mar de nubes que hace disminuir la radiación solar.

Suelos: neutros, moderadamente húmedos y muy arcillosos.

Período de descanso: invierno (árboles)

Humedad relativa variable con una media anual del 60%.

Amenazas: asentamientos humanos, pastoreo, talas para cultivos, utensilios agrícolas…

Hay que mencionar la amenaza que supone la erosión hídrica que sufren los suelos de estos ecosistemas por tratarse, en la mayoría de los casos, de un bosque abierto en el que el sustrato no está protegido por las copas de los árboles y de una orografía con marcadas pendientes que impide la acumulación de nutrientes, que junto a lo reducido y fragmentado que se encuentran estas áreas, determina que muchas especies botánicas de las enumeradas anteriormente se encuentren amenazados de extinción o en situación vulnerable, como algunas siemprevivas, cabezones, rosalitos, chaorras, coles de risco, magarzas, etc, o en otros casos por tratarse de plantas con una distribución espacial muy localizada. A esto se añade determinadas prácticas agrícolas como la sustitución de abonos naturales por fertilizantes químicos que propician la mineralización del suelo y el abandono de cultivos en laderas de elevada pendiente.

Así, en el conjunto de la flora de la zona costera y la de los ambientes termófilos existen 158 especies vegetales amenazadas, lo que supone el 64%de toda la flora canaria amenazada. De esas 158, 90 se encuentran en peligro de extinción y las restantes 68 en situación vulnerable.

La distribución potencial del bosque termófilo abarca todas las islas, con escasas manifestaciones en las partes más altas (por encima de los 500 metros de altitud) de Fuerteventura y Lanzarote, si prescindimos de los palmerales naturales o seminaturales presentes en estas dos islas.

Lugares:

El Hierro: La Dehesa, laderas de la zona sur, riscos de El Golfo, Tibataje.

La Gomera: Laderas de Vallehermoso, Roque Cano, laderas de Agulo y Hermigüa, Barranco de Valle Gran Rey, Alojera, Barranco del Cabrito, Taguluche, Tazo, Epina.

Tenerife: Riscos de Teno y de Buenavista, Laderas de Los Silos, Cuevas Negras, Interián, Acantilados de La Culata, Las Furnias (Icod) y Anaga ( Afur, Laderas de Bajamar, Aguirre, El Draguillo, Las Palmas, Ijuana, Valle Brosque y de Crispín, Barranco del Cercado, Anosma), algunos barrancos del Sur (Barranco de El Rey, del Infierno, del Río, de Tamadaya y de Erques), Ladera de Güimar, Barranco de Badajoz y del Río (Güimar), Ladera de Tigaiga, Ladera de Santa Ursula y Barranco de Ruiz.

Lanzarote: Macizo de Famara.

Fuerteventura: cotas del Macizo de Jandía y de Betancuria.

Gran Canaria: Bandama, Tamadaba, Los Marteles, Barranco de los Cernícalos, Valle de Agaete, Güigüí, Fataga, Tafira, Pilancones.

La Palma: Barranco del Agua, Juan Mayor, Barranco del Jorado, Guelguén, Barranco de Franceses, Barranco de Gallegos, Las Breñas.

Texto escrito por Salvador González Escovar