GEOGRAFÍA DE LANZAROTE

26 agosto, 2011

Geología y Geomorfología de Lanzarote.

Geología de Lanzarote.

En términos geológicos Lanzarote se considera una isla plana, ya que su construcción se sitúa sobre un zócalo de basalto. Sobre el mismo se han producido una serie de erupciones volcánicas donde la más reciente aconteció en el año 1824, Volcán de Tinguatón (volcán Nuevo). Estos episodios eruptivos han dado lugar al actual relieve de la isla con una orientación sur-suroeste y nor-noroeste. En esta planicie de volcanes cuaternarios, se observan dos grandes alturas, al norte el macizo de Famara y al sur el macizo de los Ajaches.

EDAD      FORMACIÓN

15 m.a     Macizo mioceno de Los Ajaches

10-6 m.a. Macizo mioceno de Famara

3 m.a       Erosión de los dos Macizos

1-2 m.a.   Construcción de pequeños estratovolcanes y de los conos de escoria subrecientes

Período histórico. Volcanismo histórico.

Fuente: Anguita, F. et. al. 2002

En la isla se aprecian dos formaciones de la Serie Antigua o Basáltica (Serie I y series basálticas iniciales, una al nordeste y la otra al sur), si bien, la mayor parte de la isla está formada por las dos últimas series basálticas (Series II y III).

En zonas del nordeste, estos materiales aparecen cubiertos de depósitos sedimentarios cuaternarios (jables, derrubios de ladera y caliches). La Serie basáltica III ocupa parte del sur, sureste y noreste de la isla, siendo sus formaciones de épocas cuaternarias. Estos materiales están compuestos por lavas basálticas y por piroclastos que proceden de conos de cinder que se encuentran bien conservados, recubiertos a su vez de caliches.

En la isla se aprecian dos formaciones de la Serie Antigua o Basáltica (Serie I y series basálticas iniciales, una al nordeste y la otra al sur), si bien, la mayor parte de la isla está formada por las dos últimas series basálticas (Series II y III).

En zonas del nordeste, estos materiales aparecen cubiertos de depósitos sedimentarios cuaternarios (jables, derrubios de ladera y caliches). La Serie basáltica III ocupa parte del sur, sureste y noreste de la isla, siendo sus formaciones de épocas cuaternarias. Estos materiales están compuestos por lavas basálticas y por piroclastos que proceden de conos de cinder que se encuentran bien conservados, recubiertos a su vez de caliches.

Serie I.

Esta Serie o primera etapa comienza en el Mioceno (15,5 m.a) y se corresponde la Formación o Complejo Basal que está constituido por los dos macizos de la isla, Macizo de Famara y Macizo de los Ajaches y por una serie de afloramientos localizados en la parte central insular y que posteriormente fueron cubiertos por erupciones posteriores estando en la actualidad varios centenares de metros bajo el nivel del mar. Otro edificio volcánico perteneciente a esta Serie es el de Tías aunque de menor volumen. Este periodo se prolongó por más de 12 m.a. con amplias etapas de actividad alternadas por otras de menor actividad y más cortas. Es en este período cuando se alcanza un desarrollo subaéreo mayor.

El Macizo de Los Ajaches se ubica en el extremo Sureste de la isla y presenta los materiales más antiguos de la misma. Su punto más alto está en la Atalaya de Femés con 608 m. Al contrario que en el Macizo de Farmara, aquél se generó en un período de un m.a. dentro de un solo ciclo eruptivo. Su extensión, menor que el anterior, es aproximadamente de unos 46 km2. Su construcción comenzó hace unos 15 m.a. aproximadamente debido a la actividad eruptiva muy alta conformando un gran edificio volcánico o escudo-isla (HANSEN, A., 2002) que una vez establecido sufriría un período de desmantelamiento de unos 3 m.a. Este periodo de receso de actividad volcánica dio paso hace 10 m.a. a la formación en el Nordeste del Macizo de Famara.

El Macizo de Famara se localiza en el Norte de la isla y se construyó en un periodo de unos 6,3 m.a. (COELLO et al.) Ocupa una superficie de aproximadamente 138 km2, o lo que es lo mismo, el 15 % de la superficie insular. El macizo posee una planta rectangular, con su eje mayor de 22 km, y su eje menor con una media de 9 km. (HANSEN, A., 2002).

En esta primera Serie también cabe mencionar, aunque con unos volúmenes menores, la formación del Macizo de Tías compuesto por pequeños afloramientos discontinuos espacialmente. (ROMERO, C., 2003).

Ambos macizos miocenos constituyen las mayores alturas de la isla y dado su edad presentan signos inequívocos de una gran erosión que ha incidido en la apertura de barrancos y en la formación de imponentes acantilados de los que sobresalen los Riscos de Famara.

Serie II.

Después de la formación de la Serie I existe un periodo importante de tiempo de cierta inactividad caracterizado por las fuerzas de los distintos agentes erosivos que actuaron como modelador de los relieves basálticos miocenos. Esta segunda Serie comenzó hace aproximadamente 2,7 m.a. En esta etapa se produjo la formación de la playa levantada de los 50 metros.

Esta Serie puede subdividirse en dos subseries: Serie II A y Serie II B. (FUSTER et al.,1968).

La Serie II A se caracteriza por la alta erosión de los edificios que ha incidido en la creación de redes de drenaje relativamente definidas. Ejemplos de este periodo en el conjunto volcánico de Famara son Montaña Roja, Chimia, San Rafael, la Atalaya de Haría, etc., y en el caso de Los Ajaches, Montaña Roja.

La Serie II B sufren también una alta erosión pero con una mayor de las estructuras. Pertenecen a esta subserie: Caldera Riscada, Montaña de Guanapay, Caldera Gritana, Tinasoria, etc.

Serie III.

Es en esta Serie donde la isla crece en mayor superficie cubriendo amplias zonas pertenecientes a la Serie II. Estas zonas abarcan el sector central de la isla desde el Macizo de Famara en el Norte y el de Los Ajaches al Sur. La superficie ocupada ronda los 600 km2 aproximadamente. Esta actividad volcánica arranca desde los 1,7 m.a. y viene definida por la presencia de una banda de actividad o rift de orientación NE-SO (HANSEN, A., 2002) que creó una alineación de edificios volcánicos. Entre los conos volcánicos, las zonas llanas se configuran como paisajes con formas de valle. Los conos presentan una diferente morfología. Esta alineación de conos genera una división de la isla en su sector central. Presentan unos rasgos especiales los edificios creados por el hidrovolcanismo como el caso representativo del volcán de El Golfo.

La conservación de los edificios volcánicos presenta un mayor grado. Esta etapa se encuentra entre entre las playas de 10 y 5 m. (FUSTER et al.) Los conjuntos volcánicos que se generaron en este periodo siguen directrices paralelas que recorren la isla en dirección NE-SW. En la directriz más septentrional se encuentran los volcanes de Soo, El Cuchillo, Montaña Tinajo, Caldera Blanca, etc. La alineación central está formada por la Montaña de Tamia, Tisalaya y Tinache, y paralelamente a costa S, las Calderetas de Guatiza, Tinamala, Guenia, Tahíche, Zonzamas, Mina, Montaña Blanca, Guardilama y la Atalaya de Femés, forman una tercera alineación. (REYES BETANCORT et al., 2000).

Serie IV.

Esta Serie la forman los materiales de lavas y volcanes más recientes. Por incluirse en esta última fase, los materiales se caracterizan por la juventud de los mismos motivando que la generación y desarrollo de suelos aún esté en un primer estadio. Todos los volcanes presentan conos de tipo cinder bien conservados que emitieron extensas coladas aa con bloques en superficie y coladas pahoehoe con frecuentes tubos volcánicos. (REYES BETANCORT et al., 2000).

En esta etapa destacan el cono gigante de escorias de La Corona y las grandes erupciones históricas de 1730-1736 y 1824. Otros volcanes de entidad presentes en la zona de La Corona son la Quemada de Orzola y Los Helechos-La Quemada que dieron lugar a un malpaís con una superficie de unos 50 km2 en el Norte de la isla.

Las erupciones históricas de Timanfaya de 1730-1736 tuvieron unas amplias dimensiones. De los acontecimientos eruptivos en época histórica constituye, sin duda, el de mayor rango.

El Archipiélago Chinijo tiene su origen geológico en dos las dos últimas Series (III y IV) separadas por un intervalo de erosión-sedimentación. Constituye la prolongación de Lanzarote hacia el Norte de las líneas de debilidad estructural que organizan el vulcanismo reciente del sector septentrional de Lanzarote. (PÉREZ-CHACÓN, E. y SUÁREZ RODRÍGUEZ, C., 1993)

Geomorfología de Lanzarote.

Macizo de los Ajaches.

El Macizo de Los Ajaches conforma junto a la plataforma lávica del Rubicón y el malpaís de Las Breñas una península en el Sur de la isla. Es el más antiguo macizo del conjunto de la formación insular. La altitud máxima que presenta se localiza en la Atalaya de Femés con 608 m. La vertiente Este, conformada por una red de drenaje con barrancos encajados. Se configura como los relieves más accidentados de la isla presentando una costa escarpada. Hacia el Norte descienden valles suaves de fondo plano y de perfiles transversales tendidos. La plataforma lávica del Rubicón está constituida tanto por rocas, piroclastos y lavas. Constituye una superficie llana alterada por la presencia de Montaña Roja localizada al suroeste de la unidad.

Macizo de Famara.

El Macizo de Famara, ya descrito, se alza al Norte de la isla ocupando una gran superficie junto con la meseta de Famara-Guatifay constituyendo esta última un lomo erosionado que se desarrolla hacia el Este. Las mesetas de Famara, al Sur y la de Guanapay, al Norte están separadas por el Valle de Haría.

Área central.

Constituye el sector más extenso del conjunto insular. El límite Norte viene establecido desde la Caleta de Famara hasta la Ensenada del Banco. El límite Sur está marcado desde las Salinas del Janubio a Playa Quemada. Desde los puntos culminantes de la alineación de los volcanes descienden rampas de pendiente suave hacia el mar. Dichos puntos culminantes vienen definidos por más de un centenar de pequeñas colinas.

Principales formas del relieve.

Volcanes.

La isla de Lanzarote cuenta con volcanes de distinta tipología y morfología localizados principalmente en el área central de la isla. Por lo general se trata de estructuras simples. La diversidad de los edificios volcánicos viene definida por diferentes aspectos: el índice de explosividad, los mecanismos eruptivos estrombolianos, por el contacto de los magmas básicos con rocas cubiertas de agua, el contenido del magma, el contacto con la atmósfera, el recorrido hasta la superficie, etc.

El periodo de actividad volcánica que dio lugar a la formación de esta gran parte de la isla entre los macizos miocenos comenzó hace 1,7 m.a. en el que la superficie y forma insular quedó definida como se conoce en la actualidad. Dicha actividad comenzó en un primer momento en los bordes de dichos macizos preexistentes para luego completarse en una banda de actividad magmática o rift de orientación NE-SO que generó una alineación de volcanes instaurados en dicha orientación.

Los conos volcánicos están distribuidos desde la zona central de esa orientación estructural hacia el Oeste. Entre ellos se asientan valles de fondo plano y alargados. Hacia el Este, las formas de valle son sustituidas por rampas que ha evolucionado conformando estructuras de glacis debido a la erosión.

La alineación de conos volcánicos con mayor estructuración va desde Montaña Roja en Yaiza hasta Las Calderas en Guatiza. Es en su tramo central donde la concentración es mayor. Ejemplos de conos de esta cadena son: Montaña Tahíche, Montaña Guardilama, Montaña Blanca, Caldera Quemada, Caldera de Las Chozas, Montaña Tesa, Montaña Guatisea, Caldera de Gaida, Guardilama, Tinasoria, etc.

Con respecto a los edificios y conos hidromagmáticos, el agua participó decisivamente en su configuración debido a la proximidad de las bocas eruptivas al mar o a producirse las erupciones en una plataforma de abrasión marina. (HANSEN, A., 2002).

Ejemplos de edificios hidrovolcánicos son el volcán de El Golfo, el del Cuchillo que se ubica en la alineación de los volcanes de Soo.

Malpaíses de lavas y piroclastos.

La superficie de las lavas pahoehoe se ven alteradas cuando se consolidan y la lava que existe bajo ellas actúan derivando en el escape de gases subterráneos. Por ello aparecen fragmentos superficiales escoriáceos transformando su superficie en una colada de tipo aa (ROMERO, C., 2003). Una amplia zona de Timanfaya recoge este tipo de paisaje volcánico. Los materiales escoriáceos que componen estos malpaíses son normalmente ásperos, irregulares tanto en morfología como en volumetría.

Otras áreas significativas son la zona de Las Breñas, la de Tías, la de Ancones, etc. dominadas por malpaíses evolucionados. En el Norte de la isla, el Volcán de la Corona y su malpaís abarca una amplia superficie de la misma.

Áreas de piroclastos o rofe.

En el Sur y Sureste de Timanfaya se localizan extensas áreas de materiales piroclásticos finos caracterizando un paisaje dominado por el color negro. Estos materiales, en su mayoría, fueron expulsados por las erupciones históricas de 1730-1736, y posteriormente transportados por el viento hacia dichas zonas donde se asientan en la actualidad formando arenales volcánicos. El espesor varía de unas zonas en función de la topografía preexistente. Se conoce a esta capa como rofe o lapilli.

El caso de La Geria es paradigmático de este proceso y el uso que el hombre ha realizado posteriormente de esta zona para el cultivo de la vid definiendo un paisaje agrario característico de Lanzarote.

Rampas suaves y glacis.

Los glacis y las rampas suaves presentes en Lanzarote están distribuidos desde la zona central de orientación estructural de los conos volcánicos hacia el Oeste y el Este. Entre ellos se asientan valles de fondo plano y alargados. Hacia el Este, las formas de valle son sustituidas por rampas que ha evolucionado conformando estructuras de glacis debido a los procesos de la actividad erosiva.

Plataforma lávica excéntrica.

La plataforma lávica excéntrica de los Llanos del Rubicón y Montaña Roja se localiza en el Sur de la isla. Con una superficie de más de 50 km2 es la unidad de relieve que junto al Macizo de Los Ajaches vertebra el Sur lanzaroteño. La base de esta plataforma está compuesta de materiales de la Serie I. Esta superficie, que se alzaba entre 20 y 50 m. sobre el nivel del mar, fue recubierta posteriormente por lavas de erupciones provenientes del volcán de Montaña Roja.

Formas de modelado.

Macizos antiguos de dorsal (tipos de barrancos).

Los dos ejemplos de estos macizos son los de Famara y Los Ajaches. En ellos aparecen diversos tipos de valles y barrancos debido a las condiciones de los materiales de las capas lávicas y al proceso de modelado que han sufrido por la erosión.

Se pueden establecer tres tipos de barrancos asociados a estos macizos:

– Valles labrados en su totalidad sobre afloramientos de la Serie I

– Valles desarrollados sobre superficies lávicas y conos volcánicos más o menos recientes.

– Valles mixtos, que en sus tramos altos y medios se han tallado sobre la Serie I y en los tramos bajos se instalan sobre afloramientos de rocas más recientes. (ROMERO, C.,2003)

Dentro del primer grupo de barrancos se incluyen los valles en U que debido al desmantelamiento de los materiales más antiguas de dicha Serie. Ejemplos de estos valles son los de Temisa (Famara), La Higuera (Los Ajaches), etc.

Las capas lávicas de mayor potencia de las últimas fases de la Serie I ocasiona que los niveles de ensanchamiento no sean tan acusados como en el caso anterior por lo que el nivel de encajamiento es mayor configurando un tipo de barranco más alargado, profundos y estrechos definiendo otro tipo de barrancos como el barranco de Tenegüime, el Valle del Palomo, etc. (Famara) y el barranco del Parrado, de Los Dises, etc. (Los Ajaches). En este primer grupo tienen presencia también los valles colgados y los pequeños valles en V. Los primeros son el resultado del retroceso del nivel marino y de la acción de la erosión marina que dejó al descubierto grandes caídas al mar salvando importantes desniveles (Valle Chico en Famara). Los pequeños valles en V son de recorrido corto y estrechos. Se localizan en el Macizo de Famara (Valles de Fuente Sala y de Fuente Dulce, etc.) Otro tipo de barrancos de este primer grupo son los que han sufrido una erosión torrencial y marina además de una obturación de los mismos en su desarrollo por conos volcánicos convirtiéndolos en áreas endorréicas como en los casos del Valle de Femés, Guinate, etc.

Un segundo grupo lo conforman los valles desarrollados sobre superficies lávicas y conos volcánicos más o menos recientes que se caracterizan por el bajo nivel de encajamiento al pertenecer a materiales de las Series II y III que no han estado sometidos como en caso de los anteriores a grandes procesos erosivos.

Finalmente, el tercer grupo lo compone los valles mixtos que debido a obturaciones en sus tramos medios han originado que en los tramos superiores el nivel de encajamiento sea mayor, al actuar la erosión sobre materiales de la Serie I, que en el tramo final.

Formas de modelado erosivas.

Acantilados, escarpes.

Los procesos erosivos marinos que han actuado sobre los edificios de la Serie I han sido intensos provocando el desmantelamiento de los mismos. Ello, junto a la erosión torrencial generó el retroceso de las estructuras primigenias ocasionando la formación de acantilados y escarpes.

En la vertiente Este de los macizos los afloramientos de los materiales de la Serie quedan interrumpidos de modo brusco a través de escarpes que, en ningún caso, llegan a alcanzar alturas superiores a los 100 m. y que hoy corresponden a acantilados muertos en Famara, pero aún activos en Los Ajaches. (ROMERO C., 2003). En la vertiente Oeste de dichos macizos, la potencia y nivel de los acantilados es mayor debido a la desaparición, mediante erosión marina, de los flancos occidentales de los edificios originales. (ROMERO, C., 2003).

Playas.

Las formas del relieve presentes en el litoral se caracterizan por la acción de diferentes factores como la composición de los materiales geológicos, el oleaje y los procesos morfogenéticos terrestres. La mayoría de las playas están formadas por arenas biogénicas u organógenas (jables). Otras playas están conformadas por granos de origen volcánico. El dominio inframareal y la dinámica biosistémica de este tipo de geoformas de contacto entre el medio marino y terrestre se desarrolla en el epígrafe correspondiente al medio marino.

Formas de acumulación.

Las formas de acumulación tanto marinas como continentales en el ámbito de los macizos antiguos. Estos procesos de acumulación están vinculados a las formas erosivas de incisión de una manera directa o indirecta. Los depósitos detríticos de carácter marino, eólico, coluvial y torrencial están bien representados en la isla. (ROMERO, C., 2003) Los dos macizos antiguos presentan distintos niveles marinos en su ámbito litoral mostrando los cambios de nivel a los que la isla ha estado sometido.

Depósitos de ladera.

Los fondos de valle de ambos macizos están configurados por formaciones detríticas aluviales. Por lo general son recientes. En las laderas las formas de acumulación pueden ser por depósitos por gravedad, por procesos torrenciales y eólicos (abanicos detríticos, como el de la zona Norte del Risco de Famara) y por acumulación de depósitos detríticos acumulándose sobre la plataforma o llanura inferior (glacis).

Jable.

El Jable es una formación sedimentaria de acumulación de arena de origen marino que está presente en la isla en una amplia extensión. Son arenas activas que atraviesan la isla debido a la acción de los vientos alisios que la empujan desde la zona de bahía de Penedo hacia la costa Este de la isla en la proximidades de Guasimeta. Esta capa de arenas organógenas ha cubierto las rampas por las que transcurren hasta llegar al Sur de Arrecife.

 

Litoral

La singularidad del paisaje de Lanzarote es bien conocido, sus contrastes de colores, ambientes, relieve, etc., y el conjunto de sus valores ambientales y socioculturales son el refrendo de su proclamación como reserva de la biosfera. En éste, el paisaje volcánico juega un importante papel, siendo su principal manifestación, que contrasta en el litoral con las blancas playas arenosas. De la misma forma, sus fondos marinos son una continuidad de sus paisajes terrestres, donde alternan playas arenosas sumergidas, acantilados (veriles), taludes de coladas basálticas o de arena, etc., resaltando en algunas zonas las anfractuosas formas de las coladas o malpaises, donde el mar esculpe sus formas, tubos volcánicos, cuevas sumergidas, rasas intermareales, etc.

Lanzarote es la isla más oriental del archipiélago, una de las más cercanas a la costa africana, con 169 km de costa donde alternan en el paisaje submarino las formas suaves y aplaceradas.

Lanzarote y Los Islotes comparte su plataforma insular con 461 km², la segunda más amplia de Canarias, que comparte con Fuerteventura y juntas suponen el 51,2% de la plataforma costera del archipiélago. Esta característica geomorfológica, además de su cercanía a la costa africana que le permite aprovechar la gran riqueza y productividad de sus aguas, además de la influencia de algunos procesos oceanográficos (pequeños afloramientos locales, remolinos, filamentos, etc.).

El litoral de Lanzarote es variado y singular, contrastando las suaves formas de los sectores más antiguos, como Los Ajaches, en el sureste, donde predominan los acantilados, señales de la erosión marina del macizo y las playas de cantos o arenas claras. Sin embargo, en los tramos más jóvenes, de reciente formación, como la costa de Timanfaya o del Malpaís de La Corona.

Estos sectores, especialmente el primero, en los que los malpaíses llegan al mar y se adentran en él, son abruptos, con pequeños cantiles o amplias rasas intermareales de difícil acceso y variadas formas, intercalados por playas de cantos, gravas o arena oscura en el oeste y arenas blancas en el norte de la isla.

En Órzola y Arrecife, la geomorfología costera ofrece los sectores más singulares de Canarias, conformando sus principales hábitats de bajíos y rasas intermareales de gran belleza visual, pues la costa baja se adentra en el mar, formando entrantes, canales, islotes, etc., alternando el color oscuro del basalto con el del mar y la blanca arena. De la misma forma, el paisaje volcánico de Los Islotes, largamente esculpido por el mar, proporciona unas de las imágenes costeras de mayor belleza del archipiélago.

Sistemas dunares en Lanzarote.

En la isla de Lanzarote encontramos varias áreas de acumulación de arenas, que se distribuyen por la isla de La Graciosa, los litorales orientales de Lanzarote (entre Órzola y Guatiza –donde se mantiene algunas flechas dunares litorales de gran valor paleogeomorfológico–) y, de mayor importancia, dada su extensión, el gran sistema eólico de “El Jable”, que se extiende entre Caleta de Famara, al Norte, el litoral entre Arrecife y Guacimeta, al sur, los pueblos de Soo y Tiagua, al Oeste, y las estribaciones del Macizo de Famara, al Este.

La poca profundidad del mar en este sector acoge una gran dinámica submarina de sedimentos calcáreos que se estabilizan en el brazo de mar existente entre La Graciosa y Lanzarote, lo que favorece un ecosistema peculiar submarino, caracterizado por la presencia de sebadales. Los grandes temporales removilizan estos sedimentos, y los ponen a disposición de corrientes y oleaje, que los desplazan hacia tierra. Una vez en tierra, el viento se encarga de trasladar las arenas, generando formas de acumulación en tránsito.

El Jable de Lanzarote se extiende sobre una gran extensión prácticamente llana, con una ligera pendiente hacia el interior de la isla. Se trata éste de un ámbito escasamente estudiado en cuanto a la dinámica sedimentaria. Este sistema dunar se alimenta de los materiales aportados a las playas de Famara y Caleta de Famara, los cuales son movilizados por los vientos, preferentemente alisios, y desplazados hacia el interior de la isla. Las arenas atraviesan el territorio emergido, desbordándolo por el litoral de sotavento, entre Arrecife y el Aeropuerto de Guacimeta. Así, históricamente el campo de dunas atravesaba la isla de Lanzarote de norte a sur, pero hoy en día los depósitos se encuentran muy alterados, y la dinámica sedimentaria eólica en franco retroceso.

Se caracteriza por presentar dos zonas muy diferentes, en cuanto a su dinámica y morfología: una unidad occidental, caracterizada por arenas de tonos más claros, carbonatadas, y otra donde predominan arenas de tonos más oscuros, con menor concentración de carbonatos. En algunos sectores, el desarrollo de la cobertura vegetal ha reducido drásticamente la dinámica del sistema, por lo que existen escasas formas de dunas, y son las láminas de arena las geoformas dominantes. También el crecimiento urbano del antiguo núcleo pesquero de Caleta de Famara, y la localización errónea de algunas urbanizaciones sobre el litoral (especialmente en Caleta de Famara, así como en la Urbanización Islands Home), han paralizado parcialmente los aportes, por lo cual el sistema ha ido progresivamente degenerando, quedando tan sólo en activo algunas dunas que discurren por el fondo llano del valle de Teguise (figuras 4 y 5). Las principales consecuencias de esta paralización de aportes han sido, por un lado la reducción y muerte arenoso para suministro de las escasas dunas barjanas que se mueven a lo largo del valle.

La extracción del recurso arena para edificaciones también ha supuesto una disminución de las arenas en tránsito, siendo hoy muy puntuales los lugares donde se concentran geoformas con importantes volúmenes. Así, otro de los conflictos ambientales que alteran la dinámica de El Jable es la proliferación de áreas extractivas de arenas calcáreas en el ámbito interior del sistema, especialmente al este de Tiagua, Munique y Soo. Estas extracciones, además del impacto directo sobre el recurso, la vegetación y el hábitat, han removilizado una gran cantidad de arenas, exponiéndolas al viento; de esta forma afectan a viviendas, cultivos e infraestructura viaria, lo que ha obligado al Cabildo Insular de Lanzarote a procurar medidas para el mantenimiento expedito de algunas vías que cruzan el área principal de movimiento de arenas, especialmente en épocas de fuertes vientos.

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