GEOGRAFÍA DE FUERTEVENTURA

26 agosto, 2011

Fuerteventura.

Según Fúster et al. (1968, 1980 y 1984) y Araña, V., y Carracedo, J.C. (1978), los materiales que afloran en la superficie de la Isla forman parte de un conjunto de formaciones geológicas sedimentarias marinas y volcánicas submarinas y subaéreas que, desde finales del Jurásico, se han ido acumulando y superponiendo para la construcción del edificio insular. Configuran dos grandes tipos de unidades geológicas denominadas Complejo Basal y Series Volcánicas Subaéreas.

El complejo basal.

Define a un imbricado conjunto de formaciones sedimentarias, formaciones volcánicas submarinas y formaciones plutónicas que conforma el basamento del bloque insular, si bien aflora en superficie en el Macizo de Betancuria, donde alcanza cotas superiores a los 700 metros de altitud sobre el nivel del mar.

Sobre el Complejo Basal, y superpuestos a una discordancia erosiva muy patente, aparecen con frecuencia depósitos detríticos sedimentarios de tipo continental. Son conglomerados poco seleccionados, con cantos de diferentes tipos litológicos del Complejo, que indican unas condiciones de aridez y transporte rápido cuando se produjo la denudación y deposición. Su espesor es muy variable, a veces de decenas de metros.

Series volcánicas subaéreas.

Los materiales volcánicos superpuestos al Complejo Basal surgen en dos ciclos de actividad efusiva aérea. El más antiguo, de edad Miocena, dio origen a la denominada Serie I(Basáltica Antigua). El más reciente, a lo largo del Cuaternario, a las Series II, III y IV.

La Serie I ocupa toda la zona centro-oriental de Fuerteventura, extendiéndose hasta la Península de Jandía, donde alcanza 800 m. de potencia en el Pico de la Zarza.

Desde el punto de vista petrológico, esta Serie I es bastante monótona, estando constituida principalmente por basaltos de diferentes tipos (olivínicos, augíticos, plagioclásicos, etc.).

Existen algunas intrusiones de tipo sálico (traquitas y sienitas), que son los únicos productos diferenciados del volcanismo basáltico alcalino en esta Isla.

Desde el punto de vista volcanológico, presenta ciertas diferencias según los sectores donde se localiza, y en función del corte vertical observado, existiendo materiales propios de fases más explosivas en la base (piroclastos, conos enterrados, pocas coladas y gran número de diques), con emisiones más tranquilas de tipo fisural.

Existen importantes diferencias entre la Serie I de la zona centro-norte de la Isla y el Macizo de Jandía, generándose tramos estratigráficos diferenciados en ambos sectores. Así, en el norte es posible detectar tres tramos estratigráficos en los que resulta de interés el tramo medio, donde aparecen depósitos detrítico-sedimentarios que han sido interpretados por Fúster. Como laháricos y de nube ardiente. No ocurre lo mismo en el Macizo de Jandía, donde el nivel medio es muy similar a los niveles superiores de emisiones fisurales, de tal suerte que, morfológicamente, la Serie I en la zona norte resulta mucho más ruiniforme que en el sur, lo que ha de explicarse conforme a esta diferenciación litológica.

Volcanismo Cuaternario.

Parece probable que los volcanes de esta serie se remonten a hace más de 4 m.a. y los más recientes sean anteriores a 0.69 m.a. Petrológicamente, estamos ante basaltos de tipo olivínico normales.

La característica fundamental es la de su acción remodeladora sobre los materiales y morfologías del Complejo Basal y de la Serie I, aunque su extensión superficial no determine grandes unidades morfoestructurales. Por tanto, la Serie III supone el inicio de la actividad volcánica durante el Cuaternario, reconfigurando con sus emisiones los contornos de la Isla y la superficie insular.

Con la Serie IV se inicia la última fase de actividad efusiva en la Isla, y de mayor crecimiento superficial, pues surge el conjunto volcánico del Bayuyo con el malpaís del norte, que hace crecer la isla por Fúster et al. (1968) el lado septentrional, y surge el islote de Lobos.

La diferenciación con la Serie III se hace por el estado de conservación de conos y coladas, presentando malpaíses frescos y, lo que es más importante, sin encostramiento calcáreo de ningún tipo y, como en el caso de la Serie III, los materiales son mayoritariamente basaltos de composición olivínica.

 

Geomorfología.

Conforme a los datos de Criado, C. (1991), la geomorfología estructural de la isla de Fuerteventura aparece condicionada por la antigüedad de sus materiales, observándose formas volcánicas directas, formas volcánicas derivadas (diques exhumados, necks y cuchillos) y formas alomadas asociadas al Complejo Basal.

En su conjunto, la configuración morfoestructural de la Isla obedece a su larga evolución geológica y a la construcción en dos grandes etapas de formación: la que conforma el Complejo Basal y la correspondiente a la actividad volcánica subaérea.

La uniformidad litológica del Complejo Basal hace que las morfologías asociadas a este cuerpo sean muy homogéneas, al tiempo que poco diversas. Se caracteriza por la presencia de un relieve montañoso, en el que se encaja una red de drenaje dendrítica que individualiza lomas coronadas por suaves cimas, con laderas de pendientes homogéneas que conectan hacia el interior de la Isla con extensas rampas detríticas y hacia el mar con acantilados que pueden superar los 30 metros de desnivel.

En localizaciones puntuales pueden diferenciarse en el Complejo Basal relieves más abruptos y vigorosos que rompen la continuidad de los cordales de lomas, constituidos por las intrusiones traquíticas, que, por la naturaleza más resistente del material, permanecen a modo de cerros testigo. Otras veces afloran culminaciones ruiniformes a modo de túmulos labrados en gabros sieníticos.

Las formas de relieve que caracterizan a la Serie I subaérea son los cuchillos, cerros estrechos y alargados, con vertientes de pendientes superiores a las de otros materiales más recientes, con culminación bien en cresta bien alomada, fruto de la erosión diferencial sobre las coladas basálticas tabulares, por lo que constituyen formas derivadas y no directas. Criado, C. (1991) distingue, además de las crestas y lomas, los cuchillos masivos y los de Jandía.

Al mismo tiempo, existen, asociados a la Serie I, una serie de relieves excepcionales y anómalos en el conjunto de emisión de esta serie basáltica, que son las intrusiones sálicas que, además de afectar al conjunto del Complejo Basal, intruye los tramos inferiores de la Serie I. No son abundantes, pero destacan enormemente por su magnitud y por anular a su alrededor completamente a los materiales de la Serie I. Los principales relieves que afloran son Montaña de Tindaya y Montaña de Tebeto, al norte de la Isla, y los Morros de Pozo Negro, El Roque de Barlovento, el Cuchillo del Palo y la intrusión de la Degollada de Agua de Cabras al Sur. Su morfología está relacionada bien con necks o pitones denudados por la erosión, bien con diques de afloramiento longitudinal que afloran a lo largo de fisuras con direcciones estructurales.

La Serie II se localiza principalmente en la zona centro-norte de la Isla, ocupando una escasa superficie en el conjunto de la Isla. Si bien sus centros de emisión son aún reconocibles, las coladas muestran fuertes signos de abarrancamiento y recubrimiento por arcillas y costras calcáreas.

Dentro de esta Serie resultan singulares, por lo excepcional de su aparición en el conjunto del Archipiélago, los volcanes de lava de la subserie II-B1, si bien también aparecen conos de escorias. En ambos casos, pueden distinguirse sus coladas asociadas. Destaca Criado, C. que es difícil determinar la altura de los centros de emisión al enlazar sin solución de continuidad con sus coladas asociadas. A excepción del volcán de La Ventosilla, que presenta depresión cratérica, casi todos los volcanes de lava culminan en un rellano convexo. Las coladas de los volcanes de lava se caracterizan por su delgado espesor, que denota derrames muy fluidos, con potencias generales que no superan los 10 metros, si bien localiza un espesor superior a 30 metros en el Barranco de Río Cabras, con coladas que muestran la típica disyunción columnar. En el litoral, las coladas de Morro Valdés interactúan con el agua al alcanzar el litoral, mostrando densos paquetes de pillow lavas.

En el caso de los centros de escorias, de naturaleza típicamente estromboliana a la vista de las capas piroclásticas que se disponen subhorizontalmente, aún pueden reconocerse algunos de sus elementos a pesar de la antigüedad de estas emisiones, por ejemplo los cráteres en herradura, con la excepción de La Caldereta, que como indica el topónimo hace referencia al cráter calderiforme que posee. En cuanto a sus coladas, el corte más potente es el del Barranco de La Herradura, donde los paquetes pueden alcanzar los 50 metros de espesor.

La prolongada acción de los agentes morfogenéticos pone de manifiesto una multitud de formaciones sedimentarias tales como depósitos aluviales y depósitos de arenas eólicas, así como el recubrimiento de amplias superficies encostradas con capas de carbonato cálcico, denominadas vulgarmente caliches.

La escasez de materiales recientes de las Series III y IV hace visible la prolongada acción de los agentes erosivos sobre el relieve.

Las grandes unidades se pueden agrupar en los siguientes conjuntos:

Relieves asociados al complejo basal.

Lomas y valles de Betancuria.

Relieves alomados del Norte.

Intrusiones sálicas.

Grandes relieves tabulares de la serie I.

Valles y Cuchillos del Norte.

Valles y Cuchillos Orientales.

Macizo de Jandía.

Montaña Cardón.

Conjuntos volcánicos recientes.

Islote de Lobos.

Conjunto volcánico del Malpaís del Norte.

Conjunto volcánico del Malpaís de La Arena.

Conjunto volcánico del Malpaís Grande y Malpaís Chico.

Volcán y Malpaís de Jacomar.

Conos y coladas de las Series II y III.

Incisiones en materiales recientes.

Barranco de Los Molinos.

Barranco de Esquinzo.

Barranco de La Herradura.

Barranco del Río Cabras.

Barranco de La Torre.

Grandes sistemas dunares.

Dunas de Corralejo.

Jable del Istmo de La Pared.

Jable de Vigocho.

Pequeños sistemas dunares (superficies de jable).

Jable del Cotillo.

Jable de Majanicho.

Jable de La Angostura (Punta de Jandía).

Jable de Lajares.

Grandes llanos.

Llanura litoral del Este.

Llanura central de Antigua.

Llanos de La Taca.

Llanos de Villaverde-Lajares.

Pequeños llanos endorreicos.

Llanos del Roque-Lajares.

Llano de La Oliva.

Grandes valles en “U”.

La Matilla – Tetir – Casillas del Ángel.

Relieves residuales del interior.

Relieves dendríticos del Sur.

 

Litoral.

Como el resto de las Islas Canarias, la isla de Fuerteventura se ha formado por acumulación sucesiva de materiales volcánicos que han sido emitidos a lo largo de millones de años, en ciclos separados por períodos de calma aparente, en los que han intervenido los procesos morfogenéticos.

Su configuración subaérea viene a constituir la de un Macizo Volcánico Antiguo, conforme a la clasificación de Romero, C. (1987), dada la importante desmantelación de los materiales emitidos durante un prolongado período de tiempo que se circunscribe al Mioceno Inferior y Medio, si bien existen modestas emisiones posteriores de época Pliocena y Holocena.

Este maduro relieve tiene una extensión aproximada de 1.730 km2, y cuenta con dos cuerpos diferenciados y separados por el Istmo de Jandía: la isla principal y el macizo de Jandía.

La base sobre la que se eleva el edificio insular es una corteza de tipo oceánico algo más gruesa de lo normal, de unos 18 km., considerada por algunos autores como una corteza de transición e incluso de tipo continental. Sobre dicha corteza se elevan las islas de Fuerteventura y Lanzarote, que constituyen un edificio volcánico único, alargado en dirección NE-SO, y que se levanta desde fondos marinos profundos: 3.000 m. hacia el Oeste y 1.500 m. hacia el borde continental africano. Ambas islas están separadas por el Estrecho de la Bocaina, donde los fondos alcanzan una profundidad máxima de 40 m.

Fuerteventura, la segunda isla del Archipiélago en extensión y en perímetro costero, presenta varias características de conformación litoral y parámetros físicos que la hacen singular, implicando una presencia y distribución biológica igualmente singular.

El sector norte de Fuerteventura, correspondiente a la cara enfrentada a Lanzarote, es una costa baja formada por brazos rocosos y pequeñas calas por lo general con borde arenoso.

Hacia el Este (Corralejo) y Sureste, destacan al principio grandes playas de arena clara, y hacia el sur, una sucesión de calas, pequeñas playas y acantilados bajos, que se suelen elevar sin dejar rasa intermareal.

Al igual que la plataforma insular, de 0 hasta unos 250-300 m profundidad, los fondos son extensos, de constitución variable entre rocosos más o menos uniformes y arenosos.

En el sector norte, o Estrecho de la Bocaina, suelen ser rocosos uniformes con depósitos de arena gruesa.

Hacia el Este, frente a Lobos, en el Río, son poco profundos y más irregulares, predominando las formaciones de jable compactado alternadas con depósitos de arena clara, y cantiles basálticos con la base extraplomada y depósitos inferiores de grandes cantos de desprendimiento.

Fuerteventura es, con diferencia, la isla del Archipiélago que alberga mayor superficie de arenas costeras. También es la isla en la que el acelerado despliegue de infraestructuras y urbanizaciones está generando mayores interferencias en la dinámica sedimentaria.

El principal agente marino movilizador de los sedimentos de la línea de costa es el oleaje.

Las corrientes contribuyen a la deposición sedimentaria en la orilla, especialmente en sectores donde incrementan su velocidad a causa de la presencia de cambios bruscos de la alineación costera, o a la aparición de brazos de mar, como el que se abre frente al islote de Lobos. La Corriente de Canarias tiene un papel análogo, pero comparativamente inferior debido a la reducida velocidad que registra en los fondos someros, donde se desarrolla el grueso de la actividad sedimentaria del litoral sumergido. Además, el viento desempeña un papel crucial en el modelado y en los movimientos de los depósitos arenosos, y contribuye a erosionar las arenas fósiles que cubren algunos espacios del interior de la Isla.

Dos son las principales fuentes de suministro de sedimentos en la costa de Fuerteventura:

Aportes sólidos de la red de barrancos:

Los barrancos que drenan la Isla arrastran los productos de la erosión pluvial. Se trata de materiales de naturaleza basáltica, con una elevada proporción de minerales de color oscuro y densidad elevada.

Aportes de sedimentos procedentes de organismos bentónicos (jable):

Los mayores campos de dunas se encuentran en el extremo Norte de la Isla y en la península de Jandía, al Sur. En su formación juega un papel determinante el viento, que traslada la arena desde la línea de costa hasta tierra adentro. Las formas y la escasa densidad del jable propician que sea fácilmente transportable. En los sectores mencionados se desarrollan campos de dunas costeras y áreas extensas cubiertas de un tapiz de arena de jable. Muchos de estos enclaves carecen de suministro actual, y experimentan una intensa erosión eólica. La potencia del jable oscila entre superficies someras y depósitos que alcanzan varias decenas de metros (se han medido más de 30), que coinciden con depresiones del terreno o con dunas apoyadas en obstáculos montañosos que interfieren la circulación eólica.

La abundancia de jable fósil en el interior de la Isla atestigua que la productividad en organismos bentónicos de la plataforma litoral sumergida ha sido muy elevada desde tiempos remotos. En la actualidad, el jable se genera en la vertiente occidental, frente a la que se constata la existencia de afloramientos de aguas profundas que aportan nutrientes.

La elevada productividad orgánica de las zonas afectadas por los afloramientos, junto a la notable amplitud de la plataforma litoral sumergida de esta porción de la Isla, generan un gran desarrollo de organismos bentónicos productores de arena. Esta riqueza de nutrientes está en el origen de la pasada abundancia de mejillones y percebes.

Dunas de Corralejo.

Estos depósitos de arenas organógenas, se denominan localmente jables. Estas arenas tienen una clara procedencia marina, al estar formadas por fragmentos bioclásticos de naturaleza calcárea y caparazones de foraminíferos.

El campo dunar comprende una amplia franja de arenas que se extienden desde Corralejo hasta la Montaña de Los Apartaderos, quedando limitado al Este por el litoral oriental y al Oeste por el Malpaís del Norte, sobre el que se asienta.

De acuerdo con los datos de Meco et al. (Criado, C., 1991), las paleodunas sobre las que discurren las actuales arenas podrían tener una edad aproximada de 15.000 años, habiéndose generado con un nivel marino más bajo que el actual.

Jable del Istmo de La Pared.

Constituye una franja de 54 km2 que sirve de nexo de unión entre el cuerpo principal de la isla de Fuerteventura y la península de Jandía. Supone un vano estructural entre las emisiones del resto de la Isla y la formación del macizo antiguo de Jandía, conformándose como una unidad periférica respecto a los centros de emisión del edificio Jandía. Llega a alcanzar una escasa altitud respecto al nivel del mar, con algunos relieves interiores que constituyen subunidades en el Istmo como Montaña Banzar a 318 m., Loma Negra a 323 m. y Montaña del Paso, con 257.

Aquí se localiza la formación dunar de mayor potencia de la Isla; tanto desde el punto de vista de arenas fósiles como de movilización de arenas con transporte actual.

La morfología interna del espacio que ocupa se ha debido principalmente al devenir geomorfológico desde el Plioceno hasta la actualidad, con unas incisiones propias de climas más húmedos y con encostramientos calcáreos de fases iniciales correspondientes a climas más áridos.

La principal fuente de alimentación de los sedimentos procede de una formación dunar fósil, de edad Pliocena, cuya potencia oscila entre pocos metros hasta 100 m, allí donde se registran las mayores acumulaciones. En la actualidad, estos depósitos de arenas fundamentalmente organógenas están removilizadas por el viento, dando lugar a una amplia tipología de depósitos eólicos.

De acuerdo con Pérez Chacón, E. y Alonso Bilbao, I. ( ), la costa presenta una clara disimetría: la de barlovento tiene acantilados activos labrados sobre una formación dunar fósil y está sometida a intenso oleaje, mientras que en la de sotavento los acantilados ya no son funcionales, localizándose unas extensas playas, de unos 15 km de largo, y una anchura próxima a los 700 m en las zonas más amplias. Durante la mayor parte del año, y especialmente en verano, los sedimentos circulan impulsados por el viento a través del istmo hasta la costa de sotavento. Sin embargo, el flujo eólico se ve interrumpido actualmente por urbanizaciones turísticas, carreteras y extracciones, por lo que se ha alterado la alimentación natural de las Playas de Sotavento que, en las últimas décadas, están experimentando una considerable erosión.

Igualmente, indican que en este sector de sotavento destaca también la presencia de una barrera arenosa, de aproximadamente 3 km de longitud y separada unos 400 m del paleoacantilado. Esta flecha arenosa presenta distintas aperturas o bocanas, a través de las que fluye el agua marina en función de la marea. Ello ha permitido que, entre la barra y el paleoacantilado, se forme un “lagoon” costero; éste permanece completamente cubierto durante la pleamar, pero queda expuesto durante las bajamares vivas.

Pequeños Sistemas Dunares (superficies de jable)

Jables del Cotillo, Majanicho y La Angostura (Punta de Jandía).

El Jable de Majanicho se inserta dentro un área deprimida en medio del Malpaís del Norte, fluyendo las arenas de Norte a Sur, y frenándose por la existencia de un claro frente de colada. Está constituido por dos lenguas que entran en la Isla de NE a SO, con una actividad arenosa actual debida a la removilización de las arenas ya existentes a partir de primitivas dunas, formando pequeñas nebkas a día de hoy.

En el caso del Cotillo, los rasgos sedimentológicos aportados por Criado, C. (1991) indican que aún existe una fuente de alimentación más importante relacionada con las calas arenosas del litoral del Tostón. También cuenta con un sustrato de paleodunas originadas durante una regresión marina sobre la que se ubican pequeñas nebkas.

De forma similar, aparece una importante extensión de jable al norte del faro de la Punta de Jandía, constituido en inicio bajo condiciones paleoclimáticas y que está formado por pequeñas nebkas con bastante circulación de arena a día de hoy. Esta movilización parece ser fruto, igualmente, de la remoción de antiguas superficies dunares.

Jable de Lajares

Al sur y este de Lajares se localizan importantes depósitos de arenas organógenas que fueron acumulados en un antiguo nivel de amplia rasa marina, hoy enterrada por el Malpaís del Norte. Las emisiones de los volcanes del Bayuyo generaron procesos de endorreísmo en las cuencas de la Cañada de Melián y entre la Montaña de La Costilla y la Montaña de La Jaqueta, haciendo que las arenas fosilizaran dentro de los cauces. Se generaron así importantes depósitos arenosos posteriormente arramblados por la escorrentía.

Las paleodunas del Barranco de Los Encantados descansan sobre materiales del Complejo Basal, que representan la primera fase de crecimiento submarino de la isla de Fuerteventura, y sobre materiales serie antigua (serie I). La conservación de estos afloramientos, junto con las dunas antiguas ricas en fósiles del Cuaternario, es esencial para entender los procesos geológicos que han intervenido en la formación y, en la evolución reciente de la isla.

Por la potencia de tales depósitos, parece ser que el campo dunar pudo ser muy amplio, llegando a unirse por el SE al conjunto de paleodunas del complejo de Corralejo.

Actualmente existe removilización de arenas por eolización, como en el resto de superficies de jable aquí descritas, con un origen en procesos bioclásticos.

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